Antes de subir un e-book a la red

Categora (El libro digital, General, Marketing para vender libros, Publicar un libro) por Manu de Ordoñana el 10-11-2012

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Si te has decidido por la autoedición y quieres subir tu e-book a los diferentes portales digitales más visitados, no está de más conocer cómo funciona la red y qué cosas hay que hacer para que tu libro sea visible en las debidas condiciones. A mi juicio, cinco son los requisitos previos que hay cumplir con meticulosidad:

  • Diseño. Recurre a los profesionales del sector para corregir tu libro, maquetarlo y diseñar la portada. Al parecer, los criterios a seguir para construir una portada sugestiva en Internet no son los mismos que para un libro en papel destinado a exponerse en el anaquel de una librería.
  • Formatos. Cada e-reader admite determinados formatos, no todos, así que tendrás que ofrecer tu e-book en varias versiones, mínimamente en MOBI para el Kindle de Amazon, en FB2 para el Papirus y en ePub y PDF para los dispositivos más universales. Asegúrate de que la visibilidad del texto es correcta en esos formatos, para que el comprador no sufra una decepción al encontrar errores en los signos o en los tipos de letra.
  • Categorías. Las tiendas virtuales no tienen limitaciones físicas e incluyen millones de títulos. Mira cómo están organizados y selecciona el género y el subgénero literario que define tu obra. En Internet, las categorías ayudan muchísimo a encontrar lo que uno quiere.
  • Metadatos. Piensa ahora en las palabras clave, dedica un tiempo a elegir las más adecuados, es muy importante, con ellos el lector inicia la búsqueda. Para ello, haz una prueba tú mismo. Si, por ejemplo, has escrito un libro de cocina, selecciona la categoría e introduce las palabras claves que tú utilizarías para la búsqueda… a ver qué sale. Haz que algún familiar o amigo repita el proceso y analiza cómo actúa, igual te da alguna pista.
  • Sinopsis. Si has logrado que un visitante se fije en tu libro, pinchará para saber más del contenido. Esmérate en la sinopsis, es el último eslabón, quizá el decisivo.

¿Acaba aquí tu trabajo? Pues no. En varios espacios de este blog, hemos defendido que el escritor debe también preocuparse del marketing para que su libro tenga visibilidad y aparezca en las primeras páginas de los buscadores, además de promocionar su imagen para ser conocido por el gran público.

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Hoy tenemos una herramienta muy útil para realizar esta tarea con poco dinero: las redes sociales. Es cierto que todavía el primer medio de difusión es el boca a boca, las recomendaciones de los amigos, pero se aprecia un importante crecimiento de la web como fuente de información, incluso entre los fans de lo impreso, que además son los más dispuestos a comprar un e-book.

Algunos editores españoles atribuyen a sus colegas neoyorquinos la opinión de que, en un próximo futuro, ningún escritor publicará un libro si no tiene 5.000 seguidores en Facebook. Lo cuentan a título de broma, pero a lo mejor resulta que se convierte en realidad. Todavía no nos damos cuenta de la influencia que tiene la web a la hora de descubrir, compartir y adquirir información… también para comprar libros. Pero no sólo de Facebook o de Twitter vive el escritor diletante…

El problema es que la mayoría de nosotros hemos llegado tarde ala era Internet (o nacido demasiado pronto) y tenemos pánico a todo lo que sea virtual (bastante hemos hecho con comprar un ordenador y aprender a escribir con el Word), mucho más a eso tan misterioso que se llama red 2.0 (la 3.0… ni nombrar). El Marketing Social es tan reciente que convendría aclarar en qué consiste y para qué nos puede servir. Quizá habría que dedicar un artículo entero a desmitificar ese mundo, igual no es tan complicado.

Publicar libros gratis

Categora (El libro digital, General, Publicar un libro) por Manu de Ordoñana el 04-11-2012

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La revista “Consumer” publicó a finales de septiembre un interesante artículo sobre las posibilidades que se abren a los escritores diletantes para autoeditar su libro sin gastar un euro. Existen varios portales digitales que ofrecen ese servicio de anunciarlo en sus librerías para que el lector lo pueda comprar a través de Internet, tanto en versión papel como en versión digital, sin necesidad de pasar por una editorial.

La revista ha analizado las fórmulas que ofrecen los tres portales de mayor difusión que existen hoy en el mercado en lengua castellana (Lulu, Bubok y Amazon), que te permiten vender tu obra a través de Internet, sin otorgar exclusivas, una de las grandes ventajas que ello representa, ya que no adquieres compromiso alguno… si no te funciona, eres libre de utilizar otras vías de distribución. Los dos primeros permiten la publicación del libro en las dos versiones (papel y digital), mientras que Amazon sólo permite la digital y a través de su tienda. Para ello, es necesario seguir una serie de pasos que aparecen en sus páginas web, fáciles de interpretar.

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Versión digital

Hay que subir un archivo en formato adecuado (normalmente aceptan formatos como Doc, Docx o PDF), crear una portada, describir el libro con aspectos como la sinopsis, título o categoría y, finalmente, elegir el precio de venta, así como seguir las recomendaciones de maquetación y edición de los textos para asegurar su correcta visualización en los diferentes dispositivos de lectura.

El precio de venta lo decides tú mismo. El reparto del beneficio neto es del 80% para el autor y 20% para las plataformas Lulu y Bubok. Mientras, en Amazon existen dos opciones: en la primera el autor gana un 35% del precio de venta; en la segunda, el reparto es de 70% para el autor y 30% para Amazon, una vez descontados los gastos de envío.

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Versión en papel

Sirve el archivo anterior y esto, a veces, es un inconveniente ya que es preferible composiciones diferentes para una y otra versión. En función de su tamaño, Bubok y Lulú calculan el número de páginas y el coste de impresión. Tú tienes que elegir el precio de venta que nunca puede ser inferior al del coste. La diferencia es el beneficio y se reparte en la misma proporción 80-20.

Aplican la fórmula “impresión bajo demanda”, es decir, cuando reciben un pedido, imprimen el número de ejemplares solicitados ─generalmente, uno─ y lo envían por correo garantizado, con lo cual el precio que paga el cliente se dispara. A título orientativo, el coste de imprimir una novela de 300 páginas no baja de 12 euros (en función del tipo de papel). Si tú le añades un beneficio de 2 euros, se pone en 14, con el transporte en torno a los 21, un precio que nos parece excesivo para comprarlo por Internet, aunque tiene la ventaja de que el autor no arriesga nada.

Portada y contraportada

Lulú y Bubok disponen de portadas predeterminadas que tú puedes seleccionar a tu gusto, no así Amazon que no ofrece un panel de plantillas predefinidas. Los tres aceptan portadas personalizadas que tú tienes que diseñar previamente y subirlas en formato .jpg.

Formato de lectura

El cuadro anterior recoge los formatos que cada portal admite para subir el texto: nada que objetar. En cuanto al formato de descarga, Amazon utiliza exclusivamente el Mobi, con lo cual el usuario está obligado a descargarlo en su Kindle, dispositivo que no reconoce otros formatos como ePub o Pdf, o los reconoce con errores. Ésta es una limitación de Amazon.

Servicio de promoción

Las tres plataformas disponen de un servicio de promoción y divulgación de las obras que existen en su catálogo, algunas gratuitas, otras de pago… las más eficaces. Aun y todo, desconfía y no te gastes el dinero en eso.

Al final de todo, el problema es el mismo. Por mucho que tu libro esté incorporado en un montón de escaparates, si no eres conocido, nadie lo va a comprar. Es importante recordar esta idea tan simple, para no llevarte luego un desengaño. Muchos escritores diletantes se desesperan porque no venden ni un ejemplar, a pesar de tener expuesta su novela por doquier.

Autoeditar es la solución

Categora (El libro digital, General, Publicar un libro) por Manu de Ordoñana el 26-08-2012

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Es grato constatar el creciente número de ciudadanos que ocupa su tiempo libre en la escritura, sin ningún afán lucrativo ─salvo excepciones─, con el único propósito de publicar su libro. Menos grato es comprobar lo difícil que es encontrar un editor que quiera arriesgarse a hacerlo. Los tiempos son de crisis y los empresarios del sector están mohínos, las ventas no hacen más que bajar y los resultados de sus cuentas, en números rojos.

Frente a esta situación, el escritor diletante sólo tiene una solución: autoeditar. Desde que Amazon aterrizó en España, algunos escritores desconocidos han obtenido un cierto éxito con el ebook, lo que les ha permitido publicar luego en papel. No sólo está Amazon, hay otras muchas editoriales que ofrecen el mismo servicio, Bubok es una de ellas, parece gente seria.

Y digo esto, porque hay que tener cuidado en la selección, analizar despacio el contrato que te proponen, algunos son leoninos. En muchos casos, la editorial se reserva todos los derechos, absolutamente todos, a poder publicar tu libro en cualquier formato ─en papel o en digital─, en cualquier país del mundo, incluso a vender esos derechos sin consultarte. Igual, eso a ti no te importa, pero al menos entérate, que luego no te coja de sorpresa si tienes éxito en el mercado.

Yo creo que, para empezar, una buena estrategia es situar tu obra en alguna de estas plataformas digitales de prestigio, quizá en dos o tres: una grande, una mediana y otra pequeña. Pero antes gástate algún dinero en el diseño, en la portada y en la maquetación, para que el texto sea visible cualquiera que sea el dispositivo de lectura. Y también, comprueba que no tienes ningún compromiso legal adquirido previamente, por haber firmado algún pre-acuerdo, incluso bajo la modalidad “Print on demand”, es decir, mediante pago de alguna cantidad.

Tienes que saber que el solo hecho de aparecer en la librería de Amazon no es sinónimo de éxito. Si no haces nada especial, lo probable es que nadie descargue tu libro, aunque sea maravilloso. Tienes que hacer algo más, dicen que el boca a boca por Internet funciona, las redes sociales, el twitteo y esas cosas. También algunas fórmulas que te ofrecen los portales para realzar tu posición… pagando, claro. Ésa es tu elección, en este campo, los consejos son de valor dudoso.

Una vez cumplida esta actuación, puedes pensar en publicar tu libro en papel. Aquí tienes dos vías, o lo contratas a una de esas nuevas editoriales que se encarga de todo ─otra vez cuidado con el contrato─ o lo haces tú mismo y ordenas la impresión a una imprenta, en cuyo caso asumes la gestión de lo que viene detrás: promoción, distribución, almacenaje, transporte y el cobro, claro está. Parece que es un trabajo ímprobo, pero no lo es tanto, de verdad. Si haces una tirada de 500 ejemplares, la empresa la puedes controlar tú solo. A poco que vendas la mitad, ya habrás cubierto los gastos, te darás cuenta de cómo es el mercado, percibirás muchos detalles que te van a enriquecer, es otra manera de pasar el rato, no sólo de pan vive el hombre.

Al parecer, la mayoría de los que se han decidió por la autoedición valora positivamente la experiencia, si bien reconocen que el beneficio económico que han obtenido es escaso ─salvo algunos que presumen de obtener unos ingresos mensuales dignos, como para vivir de ellos─, lo que tampoco parece preocuparles. En definitiva, pocos son los que pretenden ganar dinero con este negocio, tan sólo que alguien nos lea, para satisfacer nuestro ego.

El declive de la novela

Categora (El libro digital, Estafeta literaria, General) por Manu de Ordoñana el 28-07-2012

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No hay duda de que la industria editorial está pasando por un mal momento, la caída de las ventas, la irrupción de las multinacionales, la transformación de lo analógico a lo digital y, encima, la crisis económica que duele al bolsillo del lector. Sí, eso hay que comprenderlo, aunque todo esto no le exime de su culpa, los editores no han sabido adaptarse a los nuevos tiempos, los más débiles están ya condenados, los más fuertes aguantan como pueden.

Pero no sólo hay que culpar al sector empresarial, también la tienen los escritores. El talento no ha mejorado, el estilo narrativo es el mismo, la inventiva está por los suelos, el artista está desmotivado, no siente el aliento de la innovación. Los autores tendrían que recuperar la ilusión, la novela tendría que renovarse, adentrarse en caminos nuevos. Hay muchas formas de hacerlo, sólo falta la ilusión… y el apoyo de editores audaces capaces de comprometerse, de liderar ese cambio.

Unos son optimistas, piensan que la novela pervivirá, resurgirá con nuevos bríos, aunque no saben cuándo. Javier Rodríguez Marcos se pregunta hoy en el suplemento Babelia de “El País”: ¿Tiene futuro la novela? José Carlos Mainar le contesta: “Ha funcionado durante más de doscientos años, no tenemos por qué dudar de que lo siga haciendo”. Lo mismo responde Goytisolo: “No es un cataclismo, sino una evolución, no hay causas internas, es un cambio de hábitos sociales”.

La novela es un género que se ha ido transformando desde su nacimiento, allá por los inicios del siglo XIX, para solaz de una burguesía naciente al principio, hasta llegar más tarde a todos los niveles de la sociedad. El problema es que el ser mutante ha sido el lector, y no siempre el autor ha seguido sus pasos. Ésa es cuestión: ¿Debe el escritor olvidarse de su público y alumbrar su pensamiento o tiene que halagarlo y servirle  lo que él quiere recibir?

Ahora están de moda las tramas fluidas, personajes exóticos al borde del precipicio, pasiones al límite, mucho diálogo, descripciones breves y finales angustiosos. El lector perezoso se inclina por comprar ese tipo de novelas, de las que se dice que “enganchan”, pero de dudoso valor literario; son además las que gozan de un mayor empuje publicitario; son la esperanza de la industria editorial, la aparición de dos o tres best-seller al año les ayuda a salvar el ejercicio. ¿Es eso lo que tiene que hacer un escritor comprometido? Que cada uno escoja su camino.

Es cierto que, si el futuro es lo digital, la lectura de un libro dejará de ser una actividad solitaria para convertirse en un  acto social, será interactiva. Compartir la experiencia nos ayudará a descubrir libros afines, los que gustan a la mayoría. El papel del prescriptor, del editor tradicional, del crítico literario tenderá a desaparecer, lo que privará será el boca a boca, la mediocridad, el implante del no esfuerzo. Si esto es así, no cabe duda de que muchos escritores se van a quedar fuera del pastel.

La novela ha perdido influencia como vehículo para transmitir la cultura, las series de televisión han mejorado su técnica narrativa y llegan más fácilmente al gran público, que no quiere libros muy trabajados, sino historias entretenidas. La novela ha descuidado su contenido intelectual, la literatura ha dejado de ser el motor que proporciona movimiento al cambio social, se ha retirado al cubil de las élites: “A diferencia de lo que suele pensarse, la novela es un género de minorías, las mayorías prefieren el mundo de la realidad tangible, el del espacio privativo de la imagen” (Vargas Llosa).

Y mientras tanto, la gente ha dejado de pensar: las teorías neoliberales avanzan, las libertades democráticas retroceden y los políticos se frotan las manos, nadie los quiere pero ellos siguen disponiendo.

El IVA del libro en la Unión Europea

Categora (El libro digital, El mundo del libro, General) por Manu de Ordoñana el 21-07-2012

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Mientras las asociaciones de editores españoles han solicitado al Gobierno la aplicación de un impuesto sobre el valor añadido nulo a libros, periódicos y revistas tanto en papel como digitales, no estaría de más que echáramos un vistazo a cómo está la situación en Europa y sacar alguna conclusión:

Tabla de IVA en los países de la Unión Europea (%)

  • Todos los países aplican un IVA reducido al libro, salvo Dinamarca y Bulgaria.
  • Sólo Francia y Luxemburgo aplican el mismo IVA reducido al libro impreso y al libro digital, medida adoptada en 2012.
  • Los únicos países que aplican el tipo 0 al libro impreso ─pero no al digital─ son Irlanda y Reino Unido.

La legislación europea permite a los estados miembros aplicar el IVA reducido a una serie de artículos de primera necesidad, pero no al libro digital, ya que su descarga se considera un servicio suministrado por vía electrónica ─argumento muy poco convincente─, a pesar de que la directiva del 5 de mayo de 2009 aprobó impulsar el IVA reducido para los libros digitales a partir de 2011. Al parecer, una legislación con carácter vinculante podría aparecer en 2013.

El caso es que, siguiendo las recomendaciones de esa directiva, Francia y Luxemburgo decidieron reducir el IVA del libro digital al nivel del impreso, pero inmediatamente países como Reino Unido, Polonia y Holanda, que han sufrido el efecto negativo de esa decisión en su mercado interior, se han quejado a la Comisión, sobre todo por el IVA hiperreducido del 3% que aplica Luxemburgo al libro digital, lo que ha transferido a ese país más del 90% de las ventas de esos mercados, encabezado por el gigante Amazon que allí ha instalado su sede fiscal.

Fuera de Europa, los tres países en los que el libro digital está más desarrollado ─Estados Unidos, Japón y Corea─, el IVA que se aplica es muy parecido para los dos formatos ─papel y digital─, fórmula que consideran la más acertada para combatir la descarga gratuita y la piratería.

En Estados Unidos, ese IVA sobre los libros es cero en algunos estados ─lo mismo que en Méjico y en Brasil─, pero el sistema fiscal norteamericano no es equiparable al europeo. Allí se aplica un sistema de impuestos en cascada sobre las ventas que realizan las compañías, muy parecido al antiguo IGTE de la época franquista, además de otros de carácter federal, estatal o municipal que varían en cada lugar.

El vook y la nueva literatura

Categora (El libro digital, General) por Manu de Ordoñana el 27-04-2012

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Descubro con estupor el progresivo desprecio que el libro impreso ha empezado a producir en determinados ambientes intelectuales. No sólo son los jóvenes, sino que también personas cultivadas, profesionales de prestigio y sesudos catedráticos confiesan sin ningún rubor que han dejado de leer libros impresos y que les basta el alimento de Internet para estar al día. El ordenador les facilita el acceso a la información que necesitan para cumplir su misión. Los libros son superfluos y no les aportan ningún beneficio.

Es evidente que la progresiva sofisticación de las máquinas ha contribuido de forma radical a reducir el trabajo del hombre para satisfacer sus necesidades vitales, pero al mismo tiempo ha condicionado su comportamiento. Esa liberación de su tiempo libre no se ha canalizado a enriquecer las facultades más nobles de su espíritu sino a fomentar el ocio, la comodidad y el reduccionismo.

Internet ofrece tal cantidad de información que te acaba distrayendo. Al final, no eres capaz de descubrir la que tiene valor, sino que aceptas la que viene resumida, es superficial o poco conflictiva. Si leer era antes un acto interior que exigía soledad y concentración, ahora el lector sólo pretende asistir a un espectáculo. Eso hace que, poco a poco, la cultura vaya desapareciendo de los libros para ser absorbida por la nube digital que te la devuelve degradada, aunque, eso sí, a la velocidad de la luz, para que sea asequible a través de formatos de fácil interpretación.

Trasladado esto al mundo de la cultura, se diría que esa actitud negativa hacia todo lo que supone un esfuerzo intelectual también se está reforzando con la tecnología. Los nuevos dispositivos electrónicos de lectura están coadyuvando a la pereza mental, al rechazo de contenidos que encierran dificultad. Palabra escrita, sonido e imagen juntos en el mismo soporte. ¿Qué tipo de literatura puede salir de aquí, si el objetivo es satisfacer los sentidos más que procurar la reflexión?  

No pasará mucho tiempo sin que veamos cómo las novelas digitales serán más visuales que textuales, lo que ya se ha dado en denominar vooks. Esta nueva presentación supone un cambio radical en la forma de escribir, o mejor dicho, en la forma de construir. En ese contexto, ¿quiénes serán los nuevos escritores? ¿Veremos algún día una creación de este tipo compuesta por Ana María Matute? Lo dudo. Si esta tendencia se confirma, la lectura masiva será pasto de lo superficial y el libro de papel adquirirá rango de obra de arte para exhibir a título de distinción.

La lectura ─y en consecuencia el conocimiento─ es un proceso activo que exige la participación del individuo. Los jóvenes dicen que no leen novelas porque son demasiado largas para seguirlas en pantalla. El problema es saber si esa afirmación no encierra otra lección. En el fondo, ¿no estarán diciendo que la literatura que demandan es la liviana, la simplota, ésa que “engancha”, que se lee fácil?

Una nueva literatura va a surgir con el vook. ¿Será una oportunidad para el escritor diletante?

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