El Mataburros. Surgir efecto

Categoría (El Mataburros, General) por Manu de Ordoñana el 18-07-2013

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Un lector ha visto escrita la expresión “surgir efecto” y pregunta si es correcta; él opina que hay que decir “surtir efecto”… y parece que tiene razón.

La primera acepción que ofrece el DRAE para el verbo ”surtir” es “proveer a alguien de algo” ─además de “brotar, saltar, o simplemente salir, especialmente hacia arriba”─, con lo cual es válido decir “surtió efecto la medida, el remedio, el consejo” para confirmar que se obtuvo el resultado esperado. Joan Corominas, en su Breve Diccionario Etimológico de la Lengua Castellana dice que “surtir” ─voz emparentada con el sortir catalán, occitano o francés ─ya se utilizaba en 1590 en el sentido de producir (efecto),

Por el contrario, el propio Corominas apunta que el verbo “surgir” se empieza a utilizar a partir del siglo XVIII para designar acciones como “alzarse”, “aparecer”, pero con la connotación marítima de “estar fondeada una nave”: “navis surgit in portu”, para anunciar que la nave aparece, se levanta en el puerto, es decir, “está quieta allí, está fondeada”. Más tarde, se fueron añadiendo nuevas interpretaciones, de forma que el DRAE le adjudica hoy tres significados: Surtir, brotar hacia arriba el agua; dar fondo una nave; y aparecer, brotar, manifestarse. Todas ellas son de carácter intransitivo y no permiten la compañía del complemento directo, con lo cual se hace difícil admitir “surgir efecto”.

El verbo “surgir” proviene del latín “surgere”, formado con la raíz del verbo regere (dirigir, conducir, regir, gobernar) y el prefijo “sub”. Soporta tres traducciones de carácter intransitivo (elevarse, levantarse, ponerse en pie, salir de la cama; crecer, engrandecer, aumentar; y brotar, nacer, aparecer) y una de transitivo (izar, levantar, elevar), como “caput surgere” para “levantar la cabeza”. Por este lado, llegamos también a la misma conclusión.

Veamos lo que dice al respecto Carlos Arroyo en su Dicccionario de Analfañol: “Surgir efecto es una divertida transformación de la locución “surtir efecto” (dar el resultado esperado), por la cercanía ortográfica y semántica entre los verbos “surgir” y “surtir”, que ha obtenido numerosos adeptos en la prensa nacional: «Su enseñanza surgió efecto (El País)», «Esta amenaza surgió su efecto y los agentes se marcharon (El Mundo)». «El batería de Metallica demandó a Napster, pero no surgió efecto (ABC)». «Los italianos se pasaron un poco riendo en la cara de su rival, y la provocación surgió un efecto (El Mundo)».

El diario deportivo AS, en su edición del 1 de mayo de 2013, nos informa que el futbolista del Celta Iago Aspas fue indultado por el Comité de Complicación y podrá jugar el próximo partido de Liga frente al Athletic, tras aceptar las alegaciones presentadas por el club vigués. La iniciativa surgió efecto y los peñistas adquirieron el 83 por ciento de las localidades despachadas, hasta que se agotó el papel.

También el diario ABC utiliza la misma fórmula en su edición del 3 de abril de 2013, para explicar el origen de la palabra “escrache”, que tan de moda se ha puesto ahora en España. El periodista Israel Viana afirma que el término se empezó a utilizar en Argentina, en 1995, para designar el espectáculo que el pueblo solía montar frente a la casa de los responsables de los asesinatos de la dictadura, que no habían sido juzgados: “El escrache pronto surgió efecto, pues Magnacco ─encargado de los partos de las mujeres detenidas en la Escuela de Mecánica de la Armada─ fue despedido y su comunidad de vecinos le pidió que se marchase. Esta práctica siguió “surgiendo efecto” durante el “corralito” de 2001 y se convirtió en una forma de expresar el descontento y la reprobación hacía los políticos y los directivos de los bancos que habían quebrado, abarcando otros delitos como la corrupción. La sufrió incluso el presidente Fernando de la Rúa y los miembros de su Gobierno, a quienes consideraron responsables de la ruinosa situación económica del país.

El Mataburros

El Mataburros. Señora Presidenta

Categoría (El Mataburros, General) por Manu de Ordoñana el 23-05-2013

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En estos últimos días, me han llegado dos correos electrónicos de un par de amigas que me piden opinión sobre un texto un tanto provocador que circula por la web, titulado “Contra la tontuna lingüística, un poco de gramática bien explicada” al parecer escrito por una profesora de un instituto público en el que arremete contra políticos y periodistas que hacen mal uso de la lengua castellana, unos por motivos ideológicos y otros por ignorancia de la gramática al utilizar la palabra “presidenta”. Según ella, al que preside, se le llama “presidente” y nunca “presidenta”, independientemente del género (masculino o femenino) del que realiza la acción.

Angela Merkel

Con el fin de investigar de dónde procede el citado texto, me metí en Internet y tecleé el título en el buscador. Me sorprendió encontrar 15.900 resultados, al parecer la controversia no es de ahora, la primera referencia es de noviembre de 2009 y la autora del artículo se llama “Reme”, según dice Ramón en su espacio “Entretenimiento y humor”.

Existen sustantivos que poseen el género incorporado mientras que otros los adquieren por concordancia, mediante marcas formales que lo atestiguan, como la terminación genérica –o, -a en sustantivos que designan a personas o animales. Pero existen sustantivos animados que sirven para los dos géneros, de modo que no se puede distinguir el sexo por la desinencia y hay que acudir al artículo o al adjetivo para saberlo (el pianista/la pianista, el personaje masculino/ femenino). Son sustantivos comunes en cuanto al género y los hay de varios tipos. Uno de ellos es el de los sustantivos de una sola terminación (sin variante en –a), que corresponden a nombres de personas acabados en –nte, procedentes de participios de presente latinos, también llamados “participios activos”.

La Nueva Gramática de la Lengua Española (apartado 2.5i) permite utilizarlos con modificadores masculinos o femeninos, pero sin modificar la terminación (muchos estudiantes/muchas estudiantes), con lo cual parecería que nuestra profesora tiene toda la razón y “presidente” serviría para asignar tanto a un hombre como a una mujer.

Pero… siempre hay excepciones que confirman la regla. El siguiente apartado de la dicha Gramática (2.5j) dice que se dan algunas oposiciones a esa norma con las terminaciones –ante/-anta y –(i)ente/-(i)enta, sin connotaciones particulares o significados añadidos. Se trata de los siguientes casos:

cliente / clienta, comediante / comedianta, congregante / congreganta, dependiente /dependienta, figurante / figuranta, intendente / intendenta, presidente / presidenta, sirviente / sirvienta.

Por eso, el DRAE nos explica que el término “presidente” proviene del latín “praesĭdens, -entis” y admite la palabra “presidenta” con las acepciones siguientes: Mujer que preside, presidente (cabeza de un gobierno, consejo, tribunal, junta, sociedad, etc.), presidente (jefa del Estado) y coloquialmente, mujer del presidente, con lo cual sería correcto decir tanto la presidente Merkel como la presidenta de Navara, Yolanda Barcina.

(ver aquí el artículo de BBVA).

Claro que ahora alguien se preguntará quién es la Real Academia Española para dictar normas sobre la forma en que han de expresarse los hispano-hablantes. Aquí cada uno tendrá su opinión, aunque son pocos los que le desautorizan para cumplir esa misión, junto a las 21 Academias de América Y Filipinas que, con ella, integran la Asociación de Academias de la Lengua Española, según una tradición secular que les confía la responsabilidad de fijar la norma que regula el uso correcto del idioma.

Aunque alguna vez podamos disentir sobre las decisiones que adopta la Academia ─nada anormal en asuntos de índole tan personal─, su criterio es recoger las voces que el pueblo utiliza habitualmente o que se han generalizado por la influencia de lenguas extranjeras. Y en este caso, acierta, ya que la palabra “presidenta” es de uso común desde tiempo inmemorial (aunque, en algunos casos, se emplea en sentido despectivo), tal y como recoge el diccionario de la RAE del año 1803 en el que encontramos la definición de “presidenta” como “la muger del presidente”, “la que manda y preside en alguna comunidad” según nos cuenta Pablo Ramos Hernández en su blog “La Crítica Mordaz”.

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El Mataburros. Abertzale

errores gramaticales

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El Mataburros. Subrealista

Categoría (El Mataburros, General) por Manu de Ordoñana el 11-04-2013

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Durante los pasados días de la Semana Santa, tuve tiempo para leer la prensa despacio, arrellanado en un sillón, sin el agobio que provoca mantener los compromisos adquiridos en la web. En una de esas incursiones, me llevé un pequeño susto al encontrar escrita la palabra “surrealista”: “Otra vez estos periodistas… qué poco consultan el diccionario”, pensé. Pero cuando volví a encontrar el mismo error ─eso creía yo─ en otro diario y repetido dos veces, empecé a dudar y me fui al mataburros. ¡Cielos, qué sorpresa! Ni subrealismo, ni subrealista: ninguno de los dos términos existen en la lengua castellana. ¡Suspenso!

El María Moliner define el surrealismo como un movimiento literario y artístico surgido después de l Primera Guerra Mundial y relacionado con las teorías psicoanalíticas, cuyas obras pretenden ser una manifestación del subconsciente. Sinónimos: Superrealismo, suprarrealismo. Y surrealista es un adepto a este movimiento y, por extensión, extravagante, absurdo.

Subrealismo

El diccionario panhispánico de dudas dice que surrealismo proviene del francés surréalisme. Designa el movimiento artístico y literario surgido en Francia a comienzos del siglo XX y caracterizado por dar primacía a lo inconsciente y a lo irracional. La palabra francesa está formada por el prefijo sur– cuyos equivalentes en español son los prefijos sobre, super o supra. De ahí otros nombres como superrealismo, suprarrealismo que, aunque formalmente más adecuados, no han conseguido desplazar a surrealismo, denominación que se ha impuesto con claridad en todo el ámbito hispánico y resulta, por ello, lo más recomendable. Lo mismo ocurre con surrealista frente a las alternativas sobrerrealista, superrealista y suprarrealista.

El SECO dice más o menos lo mismo. Pero añade que el DRAE da preferencia a forma superrealismo: Movimiento literario y artístico, cuyo primer manifiesto fue realizado por André Breton en 1924, que intenta sobrepasar lo real impulsando con automatismo psíquico lo imaginario y lo irracional.

Me puse a investigar las ediciones digitales de los periódicos en castellano y comprobé que, en todos los artículos encontrados, se  utiliza con propiedad el término “surrealista”… salvo alguna excepción. Así el cronista deportivo Jorge Sanz Casillas, critica en el diario “El Mundo” de 07/12/2012 la labor del árbitro del partido Español-Sevilla que terminó con el resultado de empate a dos: Muñiz Fernández repartió dos penaltis en la primera mitad y expulsó erróneamente a José Antonio Reyes: dos tarjetas amarillas para el jugador que vio la primera en el 33′ por saltar con el brazo armado y la segunda siete minutos después y de la forma más subrealista.

 Por contra, el desliz es más frecuente en el mundo del arte: “pintura subrealista”, “movimiento subrealista” o “película subrealista” son expresiones de uso corriente entre los que se dedican a ese comercio. El pasado mes de noviembre, el portal todocolección sacó a subasta un cuadro subrealista ─precioso, por cierto─ estilo onírico titulado “Les mythics du monde”, en acrílico sobre cartón, del año 1979, vendido en subasta por 21,00 €, su precio de salida. A pesar de este lapsus calami, el sitio ha alcanzado un cierto prestigio entre los coleccionistas de habla hispánica. Pertenece a la empresa Zoconet S.L., con sede en Campanillas (Málaga), y se dedica a la intermediación para la compra de todo tipo de artículos a través de Internet, habiéndose especializado en las subastas online de antigüedades y obras de arte.

Léxico y vocabulario

El Mataburros. Accesible y asequible

Categoría (El Mataburros, General) por Manu de Ordoñana el 28-02-2013

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A consecuencia del último artículo publicado en este blog en la sección “El Mataburros”, titulado “Inasequible al desaliento”, un lector advierte el error que algunos medios de comunicación cometen al usar indistintamente las palabras “accesible” y “asequible”.

Accesible y asequible

Y tiene razón… en parte, ya que son dos son adjetivos parónimos y de significados cercanos, que a menudo se utilizan con la misma intención, hasta el punto de que el María Moliner los considera sinónimos (asequible, accesible, alcanzable, posible). El DRAE ofrece tres acepciones a “accesible” (que tiene acceso; de fácil acceso o trato; de fácil comprensión, inteligible) y sólo una a “asequible” (que puede conseguirse o alcanzarse) y advierte que no es aplicable a personas, con lo cual no es correcto decir “era un hombre asequible”, sino “era un hombre accesible” o “era un hombre tratable”.

El Diccionario Panhispánico de Dudas atribuye a “accesible” la siguiente definición: “Adjetivo que se aplica a la persona o cosa a la que se puede acceder sin dificultad. No es sinónimo de asequible, aunque ambas sean voces semánticamente próximas y se confunden con frecuencia”. Mientras que accesible pertenece a la familia léxica derivada del verbo latino accederé (llegar, acceder), asequible procede de un derivado del verbo latino assequi (conseguir, adquirir). De ahí que  para referirse a objetos, que por su precio moderado, pueden ser adquiridos sin dificultad o con el sentido de “precio moderado”, se use con preferencia asequible y no accesible.

Por el contrario, el mismo diccionario define “asequible” como “que se puede conseguir o adquirir”. Resulta entonces que si una persona es asequible, estamos atribuyéndole un carácter venal, o sea, que es fácil de comprar, cuando en realidad deberíamos utilizar el adjetivo “accesible” si lo que queremos es asignarle la condición de “amable”.

Lo mismo ocurre en el mundo del deporte cuando se conoce el resultado del sorteo de una competición de copa y exclamamos gozosos que a nuestro equipo favorito le ha tocado un rival asequible, con lo cual estamos afirmando se le puede comprar la victoria con dinero, aunque el diccionario panhispánico de dudas interpreta que el término “asequible” es correcto cuando, dicho de un rival, significa “que se le puede derrotar”, como hace el diario Marca al opinar que Bielorrusia será un rival asequible para que España esté en Londres 2012.

Conviene evitar el empleo de “asequible” para expresar la idea de que “permite un fácil acceso o entrada” o referido a personas “afables o de buen trato”, sentidos que corresponden a accesible y que el pueblo aplica de forma correcta. Sólo para indicar que “algo es fácil de comprender”, los dos adjetivos son válidos: “Escribe novelas asequibles (o accesibles) para cualquier lector”.

Aun así, el otro día leí en “El Correo” del día 15 de mayo de 2009 la siguiente noticia: Azkuna y José Blanco presiden el calado del túnel de Basurto. El alcalde de Bilbao, Iñaki Azkuna, y el ministro de Fomento, el socialista José Blanco, presidirán hoy el acto que pone fin a las obras del túnel entre Basurto y Zorroza, una infraestructura que… El evento protocolario se desarrollará a partir de las nueve de la mañana. Las autoridades partirán en tren desde la estación de la Concordia, ya que el lugar donde se producirá el calado no es asequible por carretera.

Ortografía

El Mataburros. Inasequible al desaliento

Categoría (El Mataburros, General) por Manu de Ordoñana el 17-01-2013

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Leía ayer en “El Diario Crítico” un artículo publicado el 16 de enero de 2013, en el cual el ministro de Economía defiende la reforma laboral: “De Guindos, inasequible al desaliento: la recuperación económica llegará en los próximos meses. El Gobierno, como es su obligación, pasa de pronósticos y previsiones negativas, y se atreve a prometer que la recuperación económica llegará en los próximos meses, ha adelantado el responsable de Economía en el gabinete de Rajoy”. Sí, este gobierno tiene un mérito enorme: es capaz de cundir el desaliento y hacer inasequible el camino recto.

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Aunque todo el mundo la utiliza y la entiende, la expresión “inasequible al desaliento” aplicado a una persona no parece ortodoxa. Si asequible es algo que se puede conseguir o alcanzar, inasequible será lo contrario y se debería aplicar sobre todo a objetos, que por su precio moderado, pueden ser adquiridos de forma conveniente para cualquier bolsillo, no a personas como es el caso.

Un artículo de Wikipedia titulado “Desinformación arroja cierta luz sobre el carácter de esta locución, al analizar los adjetivos disuasivos: “Algunas palabras y expresiones no admiten réplica ni razonamiento lógico: son los llamados adjetivos disuasivos, contundentes y negativistas que obligan a someterse a ellas y excluyen el matiz y cualquier forma de trámite inteligente. Para ello se utiliza la polaridad, un concepto lingüístico y semántico por el cual las palabras negativas atraen por concordancia otras palabras negativas en el sintagma de negación. Su contundencia emocional, el pathos retórico y emotivo del mensaje, eclipsa toda posible duda o ignorancia, principios de cualquier forma razonable de pensamiento (por ejemplo, la constitución o la integración europea es irreversible). La misma aplicación tienen los adjetivos incuestionable, inquebrantable, inasequible, insoslayable, indeclinable y consustancial. Su maximalismo sirve para remachar cualquier discurso y crear una atmósfera irrespirable de monología. Además, según Noam Chomsky, muchas de estas palabras suelen atraer otros elementos en cadena formando lexías: adhesión inquebrantable, inasequible al desaliento (incorrecto, ya que inasequible significa inalcanzable, inconseguible), deber insoslayable, turbios manejos, legítimas aspiraciones, absolutamente imprescindible. Lexías redundantes como totalmente lleno o absolutamente indiscutible, inaceptable o inadmisible”.

En otro sitio, encontré una alusión a la expresión de marras, atribuyendo su origen a Ortega y Gasset. Me metí a averiguarlo y no descubrí en su obra las mismas palabras, pero sí unas parecidas: inasequible a la lisonja. En el tomo II de sus Obras Completas (El espectador I de 1916, Ensayos de crítica, Ideas sobre Baroja), Ortega dedica más de cincuenta páginas a analizar la figura y la prosa del escritor vasco. En la página 101, dice así:

“Cierto que nuestro vasco es tan inasequible a la lisonja como al vituperio. Le sería placentero, ciertamente, verse convertido en gloria nacional, porque entonces le invitarían a algunos salones, donde podría contar anécdotas ciclópeas a unas mujeres hermosas. La gloria, pues, se le presenta reducida a las proporciones de una grata sobremesa. Por otra parte, no creo que haya nadie en quien los vituperios recibidos despierten más franca hilaridad. No hace mucho, encontré a Baroja sumamente alborozado; acababa de leer un periódico de Cuba, donde un escritorzuelo ultramarino le llamaba “ese grosero buey vasco”.

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El Mataburros. Contra más…

Categoría (El Mataburros, General) por Manu de Ordoñana el 06-12-2012

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Se oye a menudo frases como “contra más dinero tengo, más generoso me siento”, en las que la preposición “contra” se utiliza de forma inadecuada ─que tiene el significado de oposición” ─ en lugar del adjetivo “cuanto” ─sin tilde─ que, antepuesto a los adverbios “más” o “menos”, indica incremento o decremento progresivo de dos magnitudes (cantidad de dinero y generosidad). Así es correcto decir  “cuanto menos fumes, más años vivirás” y no lo es “contra menos fumes…”.

contra-mas-rico, contra-mas-guapo

También es aceptable la variante coloquial “mientras más franqueza haya entre nosotros, mejor nos entenderemos” o “mientras menos esperes de los demás, menos te desilusionarás”, aunque algunas construcciones con la conjunción hacen daño al oído como “mientras más sé, menos sé”, una adaptación moderna del adagio “sólo sé que nada sé” atribuido a Sócrates.

En una estructura de este tipo, el adjetivo “cuanto” debe concordar en género y número con el sustantivo núcleo de la comparación (según el Diccionario Panhispánico de Dudas): “Cuantas más personas conozco, más quiero a mi perro”. Pero si lo que sigue a “más” es un adjetivo, “cuanto” permanece invariable. Así es correcto decir “Cuanto más vieja, más pelleja” y no “cuanta más vieja, más pelleja”.

La prensa escrita también se hace eco de esta mala práctica que se ha incrustado en el hablar popular. Así el “Diario Vasco” de Donostia-San Sebastián publica el 24 de noviembre de 2012 un artículo que le remite la agencia EFE titulado “Más llama a los catalanes a ser constructores de la libertad” en el que el presidente de la Generalitat, Artur Más, insta al electorado a votar a favor de la autodeterminación con la siguiente advertencia: “Contra más difamaciones y más juego sucio hagan los adversarios, se encontrarán con más democracia en las urnas.

Lo mismo hace “La Vanguardia” en su edición del 24 de septiembre de 2012, al incorporar un artículo de Vidal titulado “Se pasó de un padre muy autoritario a todo lo contrario”, en el que Noemí Suriol y Claudia Bruna explican a través del “coaching” ─un anglicismo que ciertos ámbitos tecnológicos y deportivos han adoptado en lugar de “entrenamiento”, “preparación”─ las claves de una buena educación: “Los niños si no tienen un movimiento natural respetado es por el contexto que creamos los adultos que hace que no se arrastren, no gateen, pero contra más rico y natural sea su movimiento, más seguros de sí mismos se sentirán”.

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