El contrato de edición

Categoría (Derechos de autor, General, Publicar un libro) por Manu de Ordoñana el 09-05-2013

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Si has tenido la suerte de encontrar un editor que se anime a publicar tu libro por su cuenta y riesgo, lo normal es que te proponga un contrato de edición para obtener todos los derechos presentes y futuros sobre la obra. Está en su derecho, él pone el dinero, él marca las pautas. No hay que olvidar que de cien proyectos que le llegan quizá sólo diez salen adelante y, de esos diez, uno genera beneficios, cuatro cubren gastos y cinco producen pérdidas, así que no te extrañe que quiera resarcirse para que, al menos, ese uno que tiene éxito le dé satisfacciones y le permita conseguir un rendimiento.

Contrato editorial

Aun así, tú como autor tienes también tus derechos y has de tratar de defender tus intereses. Discute lo máximo que puedas y firma el contrato escrito (las sugerencias que propone escritores.org te pueden ayudar), las palabras se las lleva el viento. No hace falta que consultes a un abogado para ello ─si eres miembro de alguna asociación de escritores, su consejo te puede ser útil─, ya que la tramoya jurídica no es complicada, sólo hace falta un poco de sentido común y algunas indicaciones sobre los aspectos más relevantes que tendrás que tener en cuenta a la hora de discutirlo:

  • Vas a ceder los derechos de publicación, distribución y venta de tu libro a cambio de una prestación económica. ¿Estás de acuerdo en hacerlo con carácter de exclusiva? Si lo haces, habrás concedido autorización para que el editor haga lo que quiera con él, incluso vender sus derechos a otra editorial. No digo que eso esté mal, pero asegúrate de que el porcentaje que te  corresponde por cada libro vendido sea respetado.
  • Podrías limitar el ámbito a una lengua o a una zona geográfica (por ejemplo, el español y los países de habla hispánica), con lo cual, si se vende bien, tú podrás negociar otros contratos con otras editoriales para otros mercados (en inglés, para EE.UU).
  • Una fórmula provechosa es ceder tus derechos sobre el libro impreso y conservar los del libro digital (o dejarlo abierto). De esta forma, lo puedes situar tú directamente en cualquiera de los portales de venta electrónica de libros. Piensa que muchas editoriales no tienen experiencia en este tipo de mercados y quizá no se opongan a esta cláusula.
  • El porcentaje habitual que se suele cobrar por derechos de autor es en torno al diez por  ciento sobre el precio de venta al público. Intenta defenderlo, pero te costará mejorarlo. Si estás consagrado, pide un anticipo, igual cuela. Recuerda que los ingresos obtenidos se incrementarán cada año a tu base imponible en tu declaración de la renta.
  • Otro asunto importante es la duración del contrato. El editor te propondrá duración indefinida, tú trata de reducir el plazo, si fuera posible, un año. Así transcurrido ese periodo, recuperas tu libertad para negociar con quien  quieras.
  • Conviene que  se establezca el número de ejemplares que el editor va a publicar en la  primera edición y pactar las condiciones para el caso de que haya una segunda, así como la modalidad, el formato y la colección a la que se incorpora, sin dejar de señalar los plazos de entrega a que se compromete cada parte.
  • Una de las  ventajas que, para un autor desconocido, supone un acuerdo de este tipo es  la labor de difusión que la editorial hará para promocionar el libro, ya  que ella es la primera interesada en lograr el máximo de ventas. Aun así, procedería que el contrato recogiera las acciones de marketing a realizar  por cada parte y asignar un presupuesto.
  • Concierta el número de ejemplares que la editorial te va a entregar gratis y el precio  que te cobrará por cada uno de más que le pidas (los autores tienen muchos  compromisos). También el número de ellos que se enviarán a la prensa, a la crítica e incluso a los prescriptores literarios.
  • En caso de litigio, puede resultar útil acudir al arbitraje, en lugar de a los  tribunales de justicia ordinarios, en cuyo caso, es prudente reconocerlo en la cláusula correspondiente. Propón que sea una asociación de  escritores que disponga de una comisión paritaria para arbitrar diferencias, como tiene ACEC.
  • Es importante establecer la nulidad automática del contrato si el editor no cumple alguna de las cláusulas.

De todos modos, si vas a negociar un contrato con una editorial que se arriesga a asumir toda la inversión, tu margen de maniobra es pequeño. Ellos tienen la fuerza, la experiencia y el conocimiento del mercado, así que no te pases en tus pretensiones, no vaya a ser que se arrepientan y tengas que volver a empezar. Otra cosa es si lo que te proponen es un contrato de co-edición y tú vas a financiar parte del coste de la edición. Aquí sí que estás en posición de imponer algunas condiciones. Pero ése es otro modelo de negocio.

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Derechos de autor.

Editores sin conciecia.

Coeditar o autoplublicar

Categoría (Derechos de autor, General, Publicar un libro) por Manu de Ordoñana el 18-04-2013

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Desde el momento en que te has metido en la aventura de escribir un libro es porque te has sentido capaz de crear una novela digna de ser leída. Yo no puedo entrar a cuestionar tu designio, pero sí hacerte ver la importancia que tiene el cerciorarte de que eso es verdad, de que tu obra tiene un cierto valor y que merece la pena seguir trabajando para hacerla llegar al gran público, bien sea mediante coedición o autopublicacion. Por eso he insistido varias veces en que resulta útil contratar un buen corrector de textos, primero para que te dé su opinión, y segundo para que el léxico sea respetable.

Autoedición

Piensa que si logras que algún editor se interese por tu novela, la va a leer un profesional que se dedica a eso, que tiene veinte o treinta originales en lista de espera. Si se encuentra dos o tres errores en las primeras páginas, la va a dejar, sin cargo de conciencia alguno, y ni siquiera te va a contestar ni explicar el porqué de su decisión. Es una desventura que, habiendo llegado a ese punto, pierdas la oportunidad por un defecto de forma.

Si has superado esos filtros y un par de expertos conocidos ─que no amigos─ te aportan su opinión positiva, tienes ahora dos alternativas. La de autopublicar es una de ellas, tu cubres todos los gastos, tú corres todos los riesgos. Hemos comentado varias veces las ventajas e inconvenientes de esta fórmula y seguiremos haciéndolo. La otra es la coedición, de la que nos vamos a ocupar en este artículo.

Es cierto que las editoriales están pasando un mal momento. Con esto de la crisis, la gente compra menos libros. El que gusta de la lectura se provee en las bibliotecas públicas o se suscribe a determinadas colecciones por un precio fijo; el ebook avanza poco a poco y los jóvenes tienen otras aficiones. A nadie le ha extrañado que el número de títulos publicados en España en 2012 haya descendido un 6,2% respecto 2011 y un 20% respecto a 2008. De esos casi 70.000 títulos, tan sólo un 31% quedan incluidos en ese epígrafe tan amplio que se llama “literatura”.

No te extrañe pues que la industria editorial sea tan reacia a meterse en aventuras con autores desconocidos. Están para ganar dinero y eso no sólo es perfectamente lícito, sino también es necesario. Y aquí viene la paradoja, ya que esa debilidad puede convertirse en una oportunidad para el escritor diletante. Se trata de convencer al editor tradicional para que publique tu novela compartiendo el riesgo. Como los números ayudan a establecer los conceptos, voy a poner un ejemplo:

Si has escrito una novela decorosa, pongamos de 250 páginas, estimo que el coste de imprimir mil ejemplares se sitúa en torno a los 4.000 euros: dos mil a la imprenta, otros mil por corregirlo, y el resto para el ISBN, la portada, el maquetado, la galerada y los gastos de transporte. Busca una editorial de toda la vida, honrada, con vocación de servir a la comunidad cultural de tu región y cuya línea editorial corresponda al contenido de tu libro y hazle la siguiente oferta: Me comprometo a comprar 400 de esos 1000 libros a un precio de 5 euros, con la condición de que me permitas venderlos por mis propios medios. A ti te corresponde la distribución por los canales tradicionales (librerías, grandes superficies, tiendas especializadas), pero yo puedo hacerlo por los canales atípicos como Internet, en la vía pública, a instituciones y otros establecimientos. Incluso hasta puedes renunciar a los derechos de autor, pero sólo sobre esta primera tirada.

¿Qué has conseguido con eso? Compartir el riesgo al 50%. Es posible que, si tu novela tiene un cierto “gancho”, tu compañero de viaje se sienta atraído por la solución que le has propuesto. Él hará sus números y calculará los ejemplares que necesita vender para “hacer parra”. Ellos tienen una clientela fija y saben que, de una forma u otra, lograrán su objetivo: al menos, no perder dinero. Los tiempos que corren no dan para otra cosa.

Claro que también te puedes preguntas para qué necesito un socio si la mitad de los gastos los soporto yo y él no corre ningún riesgo. “Por la marca”, te respondo. El valor de un libro gana tanto cuanto más prestigiosa es la editorial que lo publica. Si eres de esa opinión, inténtalo… y cuéntanos cómo te ha ido. Bajo estas condiciones, tendrás fuerza para negociar un contrato ventajoso, de forma que seas tú el beneficiado si el negocio funciona y hay una segunda parte. Pero de eso hablaremos en el próximo episodio.

Instrucciones básicas para maquetar un libro

Categoría (General, Publicar un libro) por Manu de Ordoñana el 28-03-2013

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Maquetar es el oficio de diseño editorial que consiste en organizar contenidos escritos y visuales en un espacio concreto para conseguir un conjunto armonioso que resulte amable para leerlo. Es trabajo que tiene gran valor y corresponde hacerlo a profesionales, para lo cual disponen de herramientas específicas como Scribus o InDesign. Sin embargo, la maquetación del texto de un libro escrito en páginas sucesivas, dividido en capítulos (sin imágenes), es tarea más sencilla que el escritor diletante que opte por la autoedición puede asumir y ahorrarse así el coste de maquetación (¿un euro por página?).

Instrucciones básicas para maquetar un libro

Intentaremos exponer aquí las cualidades que conviene atribuir a un texto de este tipo. Son normas sencillas que se pueden aplicar desde el principio, en el momento de iniciar la redacción, y sirven para cualquier editor de textos, aunque el autor de este artículo las ha desarrollado sobre el Word de Microsoft. No haremos pues referencia a la composición del libro y tampoco a los formatos de lectura que utilizan los e-readers, temas que trataremos en próximos artículos.

Salto de página en cada capítulo.- Si tu novela consta de muchos capítulos cortos (de una o dos páginas), no es bueno el salto de página, ya que el lector se encontrará a menudo páginas con poco texto al cambiar de capítulo. Es mejor que sea todo seguido, aun a riesgo de que alguna vez el título o el número del capítulo quede en solitario en la parte de abajo de la página. Por el contrario, si los capítulos son largos, conviene el salto de página; le das un respiro al lector y ánimo para atacar el siguiente.

Título de los capítulos.- Poner un título a cada capítulo es práctica poco habitual en la novela. Lo normal es numerarlos, separarlos por tres asteriscos o simplemente dejar dos o tres líneas en blanco. Los caracteres que incorpores deberías ser de un tamaño superior al del texto y preferiblemente en negrita.

Primera letra del capítulo.- Resaltar la primera letra del capítulo es un artilugio estético. Puedes hacerlo con un tipo de letra más sofisticado (Buckingham, por ejemplo), mayor tamaño y en negrita.

Márgenes.- Son los espacios en blanco que hay que dejar alrededor del texto impreso. Lo mejor es conservar el que te propone Word por defecto: 2,5 cms arriba y abajo y 3 cms a cada lado.

Tipo de letra.- Cada editor tiene su propia tipografía; tú también puedes elegir la que más te guste. Es una decisión muy personal, sólo tienes que asegurar una visibilidad correcta combinando el tamaño de la misma y el interlineado. Particularmente, a mí me gusta Verdana, su lectura en Pdf es nítida y agradable a la vista.

Resaltar palabras o textos.- Sólo en los casos que lo requiera la narración, de acuerdo con las normas que dicta la gramática (negrita, cursiva, tipo de letra diferente).

Tamaño de letra.- Usa un tamaño más bien grande, no le obligues al lector a un esfuerzo innecesario. Verdana 14 es adecuado si escribes en Word y vas a publicar tu libro en tamaño 21 x 15 cms.

Interlineado.- Es la separación que existe entre dos líneas. Selecciona el interlineado 1,0 en el icono correspondiente, teniendo cuidado de no accionar la opción “Agregar espacio antes o después del párrafo”.

En cualquier caso, es cuestión de combinar los tres atributos (tipo de letra, tamaño e interlineado) y probar hasta quedar satisfecho, de modo que el bloque de texto respire adecuadamente. Con otros tipos de letra más ligeros, el interlineado 1,5 puede resultar útil.

Alineación justificada.- Es la opción recomendada, a izquierda y a derecha, a pesar de que en algunas líneas, el espacio entre palabras puede ser excesivo, si al final de la línea hay una palabra larga.

Si se trata de un libro impreso o un texto en Pdf, es posible emplear el párrafo llamado ordinario en el que se cortan con un guión las palabras al final de cada línea, para mantener un solo espacio entre dos correlativas. Pero nunca en un ebook, ya que el convertidor de texto situará el guión donde le corresponda ─no siempre al final de la línea─, según  el tamaño de letra elegido por el usuario.

Sangrado del párrafo.- El sangrado es bastante popular en el ámbito de la literatura en castellano; sirve para distinguir un párrafo del siguiente y evitar la línea en blanco entre ambos.

Línea en blanco.- Si el párrafo no es sangrado, conviene dejar una línea en blanco entre dos párrafos. De no existir, es fácil confundir un párrafo con el siguiente, cuando la última línea es larga o plena.

Número de página.- En la barra de herramientas, tienes la función “Insertar” / “Número de página”. Puedes hacerlo al principio o al final de cada página, a la izquierda, en el centro o la derecha. Si optas por la derecha, recuerda que, en la versión papel, tendrás que activar la opción “Páginas pares e impares diferentes”. Utiliza la herramienta “Formato número de página” para iniciar la numeración en la página que te interese.

Algo más que un agente literario

Categoría (General, Publicar un libro) por Manu de Ordoñana el 14-03-2013

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La función del agente literario es proponer a los editores las obras escritas por sus representados, conseguir que las publiquen y asesorarles en la negociación del contrato. Ése ha sido su principal cometido, sin perjuicio de que pueda también hacer alguna recomendación al escritor para corregir el texto con el fin de potenciar su valor de mercado y hacerlo más atractivo.

Hasta ahora, el agente literario no cobraba por su trabajo al seleccionar los manuscritos recibidos, ni por corregirlos. Su remuneración se iniciaba en el momento en que el libro aparecía en las librerías, y consistía en un porcentaje sobre los derechos que el autor recibía por cada ejemplar vendido, un porcentaje a pactar entre las dos partes y que suele variar entre el 10 y 20%. Es decir, por cada euro que el escritor percibe, el agente se embolsa 0,15 euros, un importe poco oneroso para retribuir trabajo tan ingrato como es leer multitud de originales, seleccionar los más interesantes, ayudar a reconvertirlos y, sobre todo, encontrar un editor que asuma el riesgo, tarea ingrata de la que los escritores huyen, como el gato escaldado del agua fría.

Freelancer

Es una figura bastante común en el ámbito literario de algunos países, sobre todo, en los anglo-sajones, bajo el apelativo de editores freelance (en Francia, por ejemplo, no existe o es muy poco frecuente). Un freelancer es un trabajador autónomo que ofrece sus servicios profesionales a terceros para realizar tareas concretas que son retribuidas en función del resultado ─una cantidad fija, rara vez  una comisión─, no del tiempo empleado, mediante un contrato que sólo obliga durante el tiempo que dura la realización del encargo. Se utiliza en campos muy variados, generalmente en aquéllos relaciones con Internet y las nuevas tecnologías (libros, música, periodismo, producción de videos, programas informáticos, diseño y un largo etcétera).

En España, el nombrecito no ha calado todavía, cosa extraña con esa vocación tan arraigada que tienen nuestros medios de extranjerizar vocablos nuevos. Así pues seguiremos utilizando el término “agente literario” o mejor todavía “asesor literario”, ya que el primero parece limitarse a la simple tarea de intermediar entre el editor y el autor.

El “asesor literario” tendría que cubrir otros campos, ofrecer servicios complementarios que hoy demanda y no encuentra el escritor diletante, perdido en un universo desconocido, creyendo todavía que una pléyade de editores lo están esperando para subirlo a las alturas, sin que él tenga que poner un “duro”.

A través de lo que opinan los visitantes de esta web, deduzco que existe un nicho de mercado para aquellos “mercenarios” que sean capaces de proponer a esos escritores una solución global a cuatro tipos de necesidades, que voy a enumerar en un orden que no necesariamente ha de ser el cronológico:

  • La elaboración de un boceto, su ámbito económico y geográfico, un objetivo de ventas, siquiera aproximado, así como el dinero que el autor está dispuesto a invertir en el proyecto, todo ello, recogido desde el primer momento en un documento que comprometa a las dos partes.
  • El consejo literario en todas sus facetas, antes, durante y después del proceso creativo, con carácter subsidiario, de forma que el escritor conserve siempre su condición de propietario.
  • Un plan comercial para el lanzamiento del libro, las características del producto (maquetado, título, tipo de letra, de papel, diseño de la cubierta, sinopsis y demás atributos para la versión electrónica), los canales de distribución de cada formato (papel y digital) y las acciones a emprender para contactar con las editoriales que quizá han de iniciarse antes de concluir la redacción.
  • La definición de una campaña de promoción y difusión del libro capaz de llegar al público objetivo seleccionado en la primera fase, quizá la tarea más compleja, la más difícil, la que requiere más esfuerzo y una amplia dosis de imaginación en la que todos los recursos harán falta.

Y he empleado adrede la palabra “mercenarios” ─no en su sentido despectivo─ para designar a este tipo de asesores o “freelancers”, con el fin de que los autores que se dedican a este noble arte de escribir sepan de una vez por todas que, para publicar, hay que pagar, que la sociedad no tiene ninguna obligación para con ellos, sentimiento que algunas veces trasciende de los lamentos amargos que algunos manifiestan porque nadie les hace caso. Tendrían que recordar que, en España, todos los años aparecen 80.000 títulos nuevos, los intermediarios no dan abasto y los profesionales que se dedican a esto tienen que vivir, no pueden subsistir con sólo comisiones, porque se arriesgan a leer un montón de manuscritos y no encontrar ninguno digno.

Crowdfunding para publicar libros

Categoría (General, Publicar un libro) por Manu de Ordoñana el 07-02-2013

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El crowdfunding es otra de esas palabrejas inglesas que se ha colado al lenguaje empleado en ámbitos económicos y sociales para designar un fenómeno que está adquiriendo popularidad como fórmula para financiar proyectos de cualquier naturaleza, en la que el poseedor de una idea solicita la participación ciudadana cuando no tiene recursos propios para ponerla en práctica.

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Traducido con alguna libertad, crowdfunding significa “financiado por la plebe”, en base a pequeñas cuotas aportadas por personas ajenas que se sienten vinculadas o comprometidas con el proyecto, cuyo propósito puede ser tan variado como una campaña de protesta ciudadana, la fundación de una eco-aldea (ver la experiencia de Kan Awen en el valle Biert, provincia de Girona) o la creación de una obra de arte. Sería un término sinónimo de mecenazgo, aunque éste parece asignarse a la protección dispensada a un artista por un protector de patrimonio crecido y aquél, a muchas contribuciones de pequeña cuantía, razón por la cual se podría denominar “micromecenazgo”, “patrocinio colectivo”, o “financiación en masa”, expresión esta última que empieza a cobrar respaldo.

En principio, el crowdfunding es una donación a fondo perdido, en las que el padrino no pretende obtener un beneficio financiero, tan sólo algún obsequio en especie o el mero hecho de que su nombre aparezca en una lista de benefactores, aunque también serviría para la puesta en marcha de negocios mercantiles, en cuyo caso la aportación se convertiría en una participación en la sociedad, si es que el proyecto tiene éxito y se crea una compañía para su explotación.

Una de los usos habituales del crowdfunding es para que los escritores obtengan recursos y puedan financiar la publicación de su obra. Dos ejemplos:

Para obtener los fondos, se han creado una serie de plataformas en la web que permiten a los autores explicar su proyecto y las formas que proponen para conseguirlo, así como la recompensa que ofrecen a quienes apuesten por ellos. Una de ellas es Kickstarter que, desde su fundación en 2009, ha financiado más de treinta mil proyectos, de los cuales 2.748 han sido para publicar libros, aunque no todo son elogios.

Otra es Verkami. Vicente Baratas Martín la ha utilizado para dar a conocer su proyecto: obtener 2.000 euros para financiar la edición de cien ejemplares de “Ecos desde Britania”, una trilogía de novela histórica sobre el universo artúrico que el escritor publicó antes en versión blog. Para ello, solicita la colaboración de suscriptoress dispuestos a contribuir con importes de 6 – 10 – 20 – 30 – 50 -300 – 600 euros. A cambio, Baratas ofrece a los mecenas una recompensa que va desde el simple envío de los tres libros hasta incluir una mención especial del patrocinador en la página de agradecimientos, con dedicatoria del autor y logo en la portada.

Una de las ventajas del crowdfunding es su tratamiento fiscal. En España, las personas físicas pueden deducir de la cuota íntegra el 25% de la donación y las personas jurídicas el 35%, siempre que dicha donación sea inferior al 10% de la base imponible. Este derecho sólo existe si el beneficiario cumple una serie de requisitos, uno de los cuales es que sea una entidad sin ánimo de lucro. Esto es lo que dice la legislación actual, ya que se espera en breve ─antes del 30 de marzo de 2013─ una nueva Ley del Mecenazgo que va a incrementar las desgravaciones hasta el 60% y el 70% respectivamente, aunque a uno le entran enormes dudas de que el Gobierno apruebe, en este momento, un decreto que suponga una reducción de la recaudación.

La inspiración literaria

Categoría (General, Marketing para vender libros, Publicar un libro) por Manu de Ordoñana el 21-12-2012

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La mayoría de los escritores han sufrido alguna vez el síndrome de la página en blanco, un estado patológico en el que el cerebro se bloquea y nada serio surge de su interior. Sentado frente a tu ordenador, tratas de concentrar tu atención en el escenario en que dejaste el relato el día anterior, lees el último párrafo que has escrito, lo relees una y otra vez, pero no encuentras el hilo conductor, no aciertas a pergeñar una continuación. Así, al cabo de un rato, decides: “Hoy no estoy inspirado, así que me voy a dar un paseo”.

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El vulgo tiende a creer que los artistas sólo son capaces de producir en esos momentos de inspiración en que la musa está despierta: el estro, el numen ─o cualquier otra palabreja que se le ocurra a algún iluminado para justificar su indolencia─, como único motor de la creación artística, un estado propicio inoculado por los dioses sobre un grupo de elegidos que han sido capaces de descifrar el lenguaje de la revelación.

No parece sensato admitir esa interpretación, al menos en lo que afecta a la mayoría de los mortales. Leí hace algún tiempo que una novela se construye con un 5% de inspiración y un 95% de trabajo. Eso parece más razonable, aunque me atrevería a decir que la primera tiende a cero para el común de los escritores y que el trabajo y sólo el trabajo es el único componente que hace crecer una obra literaria.

¿No será que estamos confundiendo el concepto de “inspiración” con el de “disposición” o el de “motivación”? En su tercera acepción, el DRAE define la inspiración como “efecto de sentir el escritor, el orador o el artista el singular y eficaz estímulo que le hace producir espontáneamente y como sin esfuerzo”. ¡Qué bien! Que alguien me diga que ha sido capaz de escribir un libro de forma espontánea y sin esfuerzo.

Es evidente que hay personas mejor dotadas que otras para el ejercicio literario, pero eso entra dentro del ámbito del talento, del don natural que todo ser humano posee hacia una u otra disciplina, una cualidad innata que es preciso educar a lo largo del tiempo para conseguir el fundamento. Sin ese aprendizaje, no surge el genio, por mucha “inspiración” que nos llegue del averno. Digamos que eso sería el núcleo, el fondo necesario, pero no suficiente. A partir de ahí viene el trabajo, el esfuerzo del autor, el verdadero artífice que abre paso a la culminación de un libro.

Aun así, conviene matizar. En todo proceso de creación artística, hay dos etapas bien diferenciadas. La primera es la elección del motivo, la segunda, la producción del objeto. Cuanto más tiempo dediques a la búsqueda de un buen argumento, a estructurar la trama y a perfilar los protagonistas, más sencillo te resultará luego la redacción del texto. Si eres capaz de construir un bosquejo de la historia con una extensión de cuatro o cinco páginas y una descripción de los personajes más relevantes, junto a los dos o tres giros que toda novela ha de contener para introducir el elemento sorpresa, probablemente, el síndrome de la no inspiración se desvanecerá.

No quiero decir con esto que, hecha esta labor previa, vas a estar libre de esos periodos de apatía que acechan a los que se dedican al quehacer intelectual. Llegarán, ciertamente, pero llegarán por ser inherentes a la naturaleza humana; son lapsos de debilidad creativa provocados por los vaivenes de la vida, propios de caracteres sensibles más propensos a estados de ánimo variables, poco dispuestos a la disciplina interna. La actividad literaria exige un sacrificio de la mente, sobre todo, al principio, cuando por la mañana enciendes tu ordenador y sientes la tentación de cumplir cualquier tarea urgente que tienes pendiente, antes de iniciar lo que verdaderamente es importante: escribir. Es la pereza intelectual a que nos empuja la ley del mínimo esfuerzo.

Por eso, sería más lógico hablar de talento sumado a disposición y dejar la inspiración para el mundo de los sueños.

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