El corrector de textos

Categora (General, Publicar un libro, Taller de creación literaria) por Manu de Ordoñana el 04-04-2013

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Has terminado de escribir tu libro, lo has maquetado más o menos bien, y ahora te preguntas: ¿qué hago con él? ¿Lo presento a una editorial? ¿Me busco un agente literario? ¡Bah! No me merece la pena. Me decido por la autoedición, hacerlo todo yo, buscar una imprenta de confianza y que me impriman 500 ejemplares. Si vendo 200, me declaro satisfecho, igual recupero la inversión.

Pero antes tienes que hacer un par de cosas más: lo de componer el libro lo veremos en el próximo artículo, aquí vamos a tratar de un tema peliagudo: la corrección del texto, un trabajo complicado y difícil de evaluar. Los profesionales buenos cobran un dineral y siempre te queda la duda de si el dinero gastado ha merecido la pena. La verdad que es un oficio poco valorado, más bien denostado… los escritores tenemos mucho ego.

Corregir libros

Aun así, te recomiendo ─mucho más si eres debutante─ que te entregues a un buen corrector, que dediques un tiempo a encontrar un colaborador honesto, competente y no demasiado exigente. La tarifa que se aplica oscila entre 4-5 euros la página para una revisión a fondo, no sólo ortográfica; la broma te va a costar por lo menos 1.000 euros. Créeme, merece la pena si el resultado es de tu agrado. Pídele antes que te explique las cuestiones que va a mirar y el tiempo que va a emplear en cada una de ellas, así podrás valorar su competencia.

El lector se merece un respeto. Como mínimo, has de estar seguro de que la publicación no tenga faltas de ortografía, la puntuación sea correcta y la gramática responda a las normas de la RAE; la redacción ha de ser perfecta; el estilo, amable, equilibrado. Te sorprenderías la cantidad de errores que cometemos todos al escribir, errores que no somos capaces de descubrir, a pesar de nuestra erudición, pero que un entendido lo consigue si se aplica con afición.

Y luego que no canse. ¡Cuántas veces, no te has enfadado con una trama enrevesada, has cerrado el libro y lo has abandonado para siempre! Eso no tiene que suceder nunca, un espectador imparcial te advertirá siempre de esos pasajes, para que los corrijas y les des vida. No menosprecies la labor del corrector, piensa que tendrá que dedicar un montón de horas para cumplir su cometido, leer y releer cada párrafo ─cortos siempre que puedas─ hasta estar seguro de que es comprensible y no va a producir ese rechazo fatal.

Enmendar un texto exige un esfuerzo intelectual serio para descubrir palabras repetidas que afean la lectura, cacofonías, abusos de gerundios, adverbios terminados en –mente, diálogos imprecisos, episodios incoherentes y personajes poco creíbles.  Reformar un escrito es un ejercicio que implica una concentración profunda para destapar contradicciones y eliminar repeticiones, defectos ambos muy frecuentes, incluso en autores consagrados. Y qué decir del ritmo: un profesional detecta enseguida cuándo la acción disminuye y el relato pierde intensidad; será capaz de proponerte algún giro en el argumento para que la historia recobre la vida, alguna sorpresa para recuperar la atención del lector. ¿Sabías que, en algunos países, existe la carrera de corrector de textos?

Cuando iba por la mitad de mi última novela, pensé que sería prudente escuchar una opinión antes de proseguir. Yo que creía que había hecho una maravilla… ¡vaya vapuleo que me dieron! Lo comprendí enseguida: me había excedido en la redacción de episodios de guerra que a nadie interesaban. Me aconsejaron que los redujera a la mitad, que los hiciera más cortos y que introdujera más sentimiento, intercalando los pensamientos de la protagonista, una joven que investiga la muerte de su padre, fusilado al terminar la Guerra Civil Española. Sólo ese consejo ya vale los mil euros que pagué por la corrección.

Por cierto, no hace falta llegar hasta el último capítulo para que la examine un experto; a mitad de camino, o antes incluso, conviene que te hagan la primera criba. Y un consejo: vete preparado a recibir un varapalo, sé humilde y escucha sus consejos; no te enfrentes a él, no discutas su criterio ─sólo tímidamente─, te expones a que se relaje y sea tolerante, la peor actitud que puede adoptar un corrector. Escúchale y luego haces lo que te dé la gana; al final, tú eres el autor, tú eres el que tiene la última palabra… y la responsabilidad final de la calidad literaria. Pero ten en cuenta que, en la mayoría de los casos, tendrá razón, aunque sólo sea por la experiencia que acumula. Y si te dice que desistas, lo que has escrito no vale nada, hazle caso y no pierdas el tiempo.

Ya sé que los profesionales que se dedican a esto son caros y están muy ocupados. Una solución es buscar algún filólogo, si eres mujer (y viceversa), que se gane la vida impartiendo clases, dirigiendo talleres literarios o cosa parecida. Tienen experiencia, mucha paciencia, y sus honorarios suelen ser moderados. Si encuentras uno bueno, trátalo como oro en paño, es el complemento ideal que necesita tu talento para crear una obra de arte.

14 maneras de ser creativo

Categora (General, Publicar un libro, Taller de creación literaria) por Manu de Ordoñana el 10-01-2013

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Navegando en la web, el otro día tropecé con un artículo en francés, escrito por Eric Mainville, en el cual el autor sugiere 14 maneras de ser creativo. Son recomendaciones simples, de sentido común, que me he permitido traducir con alguna libertad y traerlas a este blog: quizá te sirvan para salir de un apuro:

14 maneras de ser creativo

1.- Aislarse. Crear algo, cualquiera que sea el campo en que te mueves, lleva su tiempo, un tiempo en el que el autor está solo, lleno de dudas, de interrogantes, al no encontrar el camino. Por eso, la mayoría de la gente prefiere las actividades sociales, es lo más cómodo, la vida social nos incita a no ser creativo. Y cuando consigues aislarte de verdad, la pregunta que te surge es algo así como «¿qué quiero hacer?», un enigma cuya solución es construir un programa de trabajo, que te puede convertir en un auténtico creador, si eres capaces de cumplirlo.

2.- Empezar.- Lo más difícil de todo es ponerse a escribir, incluso para crear algo simple, trivial. Es un momento doloroso que hay que superar, para vencer el miedo que nos bloquea. No hay más remedio que salvarlo, quizá mediante algún truco: no mires la cima del monte, da sólo el primer paso. Lo importante es comenzar, luego ya será más fácil.

3.- Organizarse.- En contra de lo que se cree, los artistas no son chiflados dotados del don de crear espontáneamente bajo el efecto de la inspiración. Son personas organizadas que poseen un método: cada uno ha de encontrar el suyo, las herramientas que precisa, su ritual. Sólo una recomendación: lleva siempre contigo una libreta y un bolígrafo, las ideas te pueden surgir en cualquier momento.

4.- Alimentarse.- Para saber escribir, hay que saber leer. Y para saber leer, hay que saber vivir (Guy Debord). La creación ex nihilo no existe. Incluso el genio precoz que fue Rimbaud leyó a todos los poetas que le precedieron antes de dedicarse a la poesía.

5.- Intercambiar.- La discusión con los colegas es otra manera de alimentarse. Es quizá la más natural, la más vital. Aunque para escribir, hay que aislarse, también es necesario intercambiar opiniones. Samuel Beckett escribía en una habitación situada enfrente de una cárcel. Todos los días sentía la necesidad de comunicarse con un preso que estaba dentro y lo hacía enviándole señales luminosas con un espejo. En ese momento, eso era para él más importante que escribir.

6.- Rumiar.- “Los lectores no llegan a entender un libro hasta que consiguen rumiarlo”, en el sentido que da Nietzsche a esta palabra. Esta capacidad de rumiar, de digerir lentamente una obra es una habilidad que conviene cultivar, un proceso que lleva su tiempo. Somos demasiado impacientes, apreciamos los actos que nos aportan beneficio inmediato. Hay que aceptar periodos improductivos, al menos, en los primeros momentos.

7.- Copiar.- Los artistas copian… todos copian. Se puede copiar para aprender, como lo hace un pintor con los lienzos de los grandes maestros. Te puedes inspirar en una obra ya escrita, tomar prestada una idea, sin necesidad de llegar al plagio. Pensar que un creador es capaz de construir algo partiendo de cero es un error, lo que hace es recomponer, un trabajo de curandero además de creativo.

8.- Despegar.- Crear es entrar en contacto con tu verdadera personalidad, es sacar a la luz lo mejor que tienes dentro. Si te preguntas qué efecto quieres producir en el lector, la respuesta es: sacudir la parte más digna del ser que me está leyendo.

9.- No acelerar.- Es importante mantener un ritmo y no acelerarlo, descubrir tus puntos fuertes, conocer el momento del día en que eres más creativo, en el que podrás obtener el máximo rendimiento.

10.- Centrarse. La distracción es el azote de nuestro tiempo, la infoxicación. Con Internet, la atención se dispersa hacia multitud de fuentes de información. Aprende a hacer sólo una cosa, concéntrate en una tarea y trata de concluirla.

11.- No juzgar. Aceptar ideas si analizarlas es un criterio que sirve para una sesión de brainstorming. Nos molesta aceptar lo nuevo, ya que lo valoramos en función de lo que conocemos. Prescindir de tu opinión (por un tiempo) es la única forma que tienes para admitir una novedad.

12.- Corregir. Es un de los puntos más importantes. Un texto no surge al primer intento, corrígelo las veces que sean necesarias. Un libro nunca está concluido, siempre se te ocurrirá una mejora. Hay autores que cambian el contenido incluso después de publicarlo y su contenido evoluciona, sobre todo si es digital.

13.- No comparar. Este criterio es válido para todo en la vida, nos evita el sufrimiento.

14.- Exagerar. Describir la realidad no es suficiente, no funciona si pretendes escribir un buen libro. Hay que exagerar. Cuando Simenon creó a Maigret, exageró el personaje. El hombre es pesado, fuma su pipa constantemente, bebe cerveza siempre que puede y tiene las mismas costumbres. Eso hace que el personaje parezca real.

Empezar a escribir

Categora (General, Publicar un libro, Taller de creación literaria) por Manu de Ordoñana el 04-01-2013

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Tras cumplir los requisitos previos, elegido el argumento y diseñado los perfiles de los protagonistas principales, llega el momento de la verdad: hay que empezar a escribir la novela que te hará famoso. A pesar de tus buenas intenciones, de la recompensa que recibirás cuando la publiques y tengas el libro en tus manos, el camino que te espera es arduo y pleno de dificultades. Seguro que vas a encontrar numerosas razones para justificar tu pereza y dejar para mañana lo que tendrías que hacer hoy.

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Si llegado ese punto y, día tras día, pospones el instante fatal que te abrirá la puerta a la gloria, tienes que utilizar algún truco para salir del atasco. Uno es iniciar la redacción, no por el primer capítulo, sino por algún episodio intermedio que te sea más cómodo, menos trabajoso, lo que te resulte más sencillo: un diálogo, la descripción de un paisaje, una escena de amor… cada uno tiene sus debilidades. Yo lo hice así en mi primera novela, empecé con el tercer capítulo. Cuando lo terminé, lo corregí varias veces hasta que quedó a mi gusto. Eso me dio ánimo para proseguir y me metí con el primero.

Claro que esa situación se puede repetir con frecuencia, cada día por la mañana cuando te sientas frente al teclado, miras la pantalla en blanco, te rascas la cabeza una y otra vez y… nada que hacer: no aciertas a componer un triste párrafo que tenga algún valor literario. Un recurso es repasar lo que has escrito el día anterior, eso te ayudará a refrescar la memoria y recuperar la ilusión. Si no, relee la sinopsis que elaboraste tiempo atrás, quizá allí encuentres la motivación que te falta. Y como última solución, acude al alegato que nos sugiere Vargas Llosa al evocar el compromiso que adquiriste contigo mismo cuando decidiste escribir el libro.

No te desesperes, eso nos pasa a todos. La práctica de la reflexión exige un aislamiento casi completo, un entorno de paz al que no siempre tienes acceso. Sumergirte en la soledad que precisas para aflorar el talento que llevas dentro no es tarea fácil. Estamos más dispuestos a recibir la belleza que a crearla, porque eso supone un esfuerzo intelectual que la mente mal educada rechaza con obstinación por mor de la inercia. La relación con la comunidad que la vida social nos ha inculcado desde la niñez nos hace tender al mínimo esfuerzo, no a estrujarnos el cerebro. Por eso insisto a menudo en que escribir es, ante todo, cuestión de disciplina, de no dejarse llevar por las muchas tentaciones que el mundo exterior nos brinda.

No te extrañe que para alcanzar ese estadio, cada escritor tenga sus manías, que no son más que excusas para justificar ese miedo que nos invade antes de penetrar en el agujero negro del universo creativo. En Internet, encontrarás incontables declaraciones de escritores de renombre que cuentan sus extravagancias para escuchar el canto de las musas: unos exigen silencio absoluto a su alrededor, otros prefieren escuchar música mientras escriben. Valle Inclán se iba al parque del Retiro, el campo y el trino de los pájaros estimulaba su imaginación. Mientras unos prefieren escribir por la mañana, tras bien dormir y mejor desayunar, otros padecen la vena poética instigados por Selene… cuestión de temperamento. Hemingway escribía sentado en las terrazas de los cafés parisinos, enfrentado a un vaso de whisky. Dicen que Menéndez Pelayo escribió páginas magistrales de su “Historia de los heterodoxos españoles” bajo los efluvios del alcohol, lo que se me ocurre harto complicado.

Sea de una forma o de otras, todos los que se dedican a este oficio de escribidor están de acuerdo en afirmar que, una vez arrancado el carro, no hay quien lo pare, el pensamiento vuela y las ideas fluyen incesantes con admirable facilidad. Es la hora de producir, trata entonces de mantener la concentración, no permitas que te interrumpan y da suelta a tu imaginación. Se trata de conseguir que la inspiración te ilumine durante mucho tiempo, hasta que la fatiga te someta y puedas irte contento a descansar.

Elegir un buen argumento

Categora (General, Publicar un libro, Taller de creación literaria) por Manu de Ordoñana el 27-12-2012

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Si estás firmemente decidido a escribir una novela, tu primera tarea es seleccionar el tema, suponiendo que nada tienes en la cabeza, es decir, partiendo de cero. ¡Hombre! Alguna idea te ha de rondar, si has llegado a esa conclusión: un valor a realzar, un vicio a denunciar, una noticia chocante que has leído en la prensa, un hecho de la vida real que te ha impresionado, una historia ficticia que has inventado a partir de un acontecimiento, un personaje singular que has conocido. Motivos hay muchos, sólo tienes que reflexionar y dedicarle tiempo.

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Otra fórmula es sentarte frente al ordenador y empezar a escribir lo que se te ocurra. Algunos autores lo hacen, son capaces de iniciar una novela tan sólo con una idea vaga de lo que quieren conseguir, animados por su férrea voluntad de saber que van a cumplir su objetivo: terminarla y obtener algo digno. Nada que objetar al procedimiento: cada escritor conoce sus habilidades y elige el método de trabajo que más le conviene. Mas, si se me permite decirlo, la fórmula se me ocurre poco práctica para un escritor diletante que pretende abordar su primer engendro, aunque, insisto, el acto de escribir es una experiencia íntima y personal que cada cual debe enfocar en la forma que considere más próxima.

Me inclino más por el trabajo previo, extenso, meditado, profundo, empezando con la elección de un buen argumento que dé cabida a lo que intentas comunicar. ¿Cómo se consigue eso? Con tiempo… y con trabajo. Dale vueltas al asunto, piensa en lo que quieres decir y a través de qué medios, qué papel asignas a cada personaje (por cierto, que no sean muchos, para no embrollar al lector). Anota todas las ideas que se te ocurran y trata de hacer una sinopsis lo más elaborada posible.

Muchos novelistas exploran la vida cotidiana: el entorno que les rodea les proporciona material para denunciar una injusticia, plantear un debate o llamar la atención sobre algún exceso; el mundo actual no está exento de individuos corruptos que se atreven a pervertir el orden social. Otros recurren a experiencias vividas en algún momento de su existencia. Y los hay que prefieren investigar el pasado, adentrarse en épocas turbulentas de maldad desatada: las guerras son lugares propicios para descubrir situaciones de violencia y personajes desalmados que te ayudan a construir una trama. Si bien una novela situada en tiempos o lugares remotos exige un trabajo de investigación no exento de dificultades, tiene la ventaja de ofrecer todo lo demás: la acción, los personajes, el escenario y hasta el desenlace.

Ten en cuenta que no siempre la historia que vas a contar ha de ser un fin en sí mismo, sino el recipiente que te va a servir para transmitir un mensaje y dar vida a unos personajes que van a llamar la atención del lector, le van a emocionar por su extravagancia o su carácter singular. No tengas prisa en esta primera parte, tómate el tiempo necesario para encontrar un buen argumento, en el que los protagonistas se puedan mover a sus anchas, en el que tú mismo te sientas a gusto, en el que todos los elementos estén en su sitio y el relato sea consistente.

Si has trazado la parte narrable y has perfilado los protagonistas, es conveniente definir una lista de los pasos que tienes que dar antes de empezar la redacción. El primero sería elegir el tipo de narrador que vas a utilizar ─se supone que conoces las diferentes opciones─. El segundo, elaborar un esquema de la obra, quizá media docena de páginas. El tercero, esbozar cómo va a empezar la novela y cómo va a terminar, aunque luego cambies el criterio en función de su desarrollo. El cuarto, dividir el trabajo en una serie de fases y fijar lo que quieres exponer en cada una de ellas.

Cumplidos estos trámites, quizá sea el momento de construir un alegato ─es un consejo que nos sugiere Vargas Llosa─, a modo de compromiso contigo mismo, para que luego, cuando lleguen los inevitables periodos de debilidad, puedas recuperar el entusiasmo al releer su contenido. A partir de ahí, ya te puedes sentar ante el ordenador: procúrate un entorno sosegado y entrégate a tu tarea, verás como las ideas emergen de tu conciencia sin mayor esfuerzo. Eso es lo que la gente entiende por inspiración, aunque en realidad  no es más que método, disciplina y concentración.

La motivación del escritor

Categora (General, Publicar un libro, Taller de creación literaria) por Manu de Ordoñana el 13-09-2012

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A menudo me encuentro con viejos compañeros a los que no he visto hace tiempo y, claro, después de intercambiar nuestros achaques, la conversación deriva hacia cómo llevamos mutuamente la jubilación. Cuando les cuento que, desde que me retiré de la vida laboral, me dedico a escribir, son muchos los que comentan lo mismo: ¡Cuánto me gustaría escribir a mí también! El problema es que me da pereza, no sé cómo empezar, me va a salir un churro… aunque, la verdad, siempre se me ha dado bien eso de escribir, reconocen poniendo cara de buenos.

Yo los animo siempre de la misma forma. Empieza por redactar cosas sencillas, cuentos cortos, de una página. Por ejemplo, coge el periódico por la mañana, elige un titular atractivo y léelo despacio. A continuación, siéntate ante tu ordenador y suponte que eres tú el reportero que tiene que dar la noticia. Escribe una página, bien reproduciendo lo que has leído previamente, bien modificando el suceso al dictado de tu imaginación.

Si eres versado en la lectura ─haber leído mucho es cuestión benéfica pero no indispensable─, te darás cuenta de las carencias de tu prosa, de la debilidad de tu lenguaje, y seguramente descubrirás tu inopia gramatical. No te preocupes, eso es lo normal, aquí nadie nace sabido.

Una solución es apuntarte a un taller de creación literaria, aportan unos cimientos suficientes como para empezar, luego tú tienes que hacerte el camino. Bajo mi experiencia ─antes de iniciarme yo participé en dos de ellos, uno de un año de duración y el otro de seis meses─, los presenciales son más enriquecedores. Si no tienes tiempo o no existen en tu localidad, puedes inscribirte en alguno por Internet, los hay a montones. Uno de ellos es el que organiza Fuentetaja Literaria ─prometo que no tengo comisión─, no lo conozco pero me han hablado bien de él: El único problema es que resulta un poquito caro.

Pero antes de meterte en semejante tinglado, reflexiona sobre las razones que te impelen hacia esta ocupación. Tienes que estar motivado, asumir que escribir un libro es la cosa más extraordinaria que puedes hacer en tu vida, pero también tener en cuenta la dificultad que encierra el proyecto, que el desánimo no te doblegue, aunque alguna vez te supere, que no se convierta en miedo.

Si dedicas cuatro o cinco horas al día, terminar una novela de 250-300 páginas te va a costar dos o tres años de tu vida. Piénsatelo antes, acéptalo desde el principio y luego no te desanimes. Ver tan lejos el final produce congoja, impotencia, ganas de mandar todo a la porra, sobre todo cuando la inspiración te abandona, y eso ocurre impepinablemente, incluso más veces de lo que uno quisiera. Cuando llegue ese momento, no te aflijas, reactiva tu ilusión, pon en marcha tus recursos para reavivar la llama.

Alguna vez, cuando te levantas de la mesa tras una larga jornada de trabajo y constatas que sólo has escrito una o dos páginas de valor ─alguna vez incluso ninguna─, te entrará la depresión y te preguntarás si realmente lo que estás haciendo sirve para algo, sobre todo al principio, hasta que has escrito el primer tercio. Recuerda que, cuando has superado las cien primeras páginas, el proceso es irreversible, casi seguro que culminas la obra.

Y para terminar, una recomendación: La mayoría de los escritores coinciden en afirmar lo importante que es practicar todos los días, siquiera media hora, algunos propugnan hacerlo en el mismo lugar y a la misma hora (en el momento del día en que estés más inspirado), para crear un clima de energía creadora. Te creas una obligación que se convierte en rutina, tu mente se acostumbra a pensar siempre en lo mismo y las ideas surgen con más facilidad. Has de tener disciplina y ser perseverante, no dediques tu atención a solucionar otros asuntos urgentes en detrimento de lo importante ─que es escribir tu libro─, si no quieres perder el hilo. No sabes lo que cuesta volver a empezar.

10 claves para escribir un libro

Categora (General, Taller de creación literaria) por Manu de Ordoñana el 26-01-2011

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Bubok es una plataforma on line que te ofrece la posibilidad de publicar gratis el libro que has escrito, así como contratar una serie de servicios editoriales para que tenga un acabado profesional. El equipo de Bubok nos ha enviado un correo titulado “10 claves para escribir un libro” (por cortesía de Diana Morales, coordinadora de los talleres literarios de Portal del escritor):

1) Planifica tu libro. Escribir un libro es como construir un edificio: antes de empezar a escribir asegúrate de tener un plano. Piensa bien que quieres contar, cómo vas a organizar la información en capítulos, cómo vas a terminarlo. 

2) No te dejes vencer por la página en blanco. No olvides que todo lo que escribas puede ser después corregido, re-escrito o incluso borrado, así que, simplemente, escribe. Sin prisa, sin presiones, pero con constancia. Recuerda que no se trata de escribir una obra maestra, solo de terminar tu libro. 

3) Lee. La lectura es el oxígeno del escritor, te inspirará y te motivará. Si estás escribiendo una novela o un poemario, lee novelas y poemas. Si estás escribiendo un libro de no ficción ─un ensayo, un libro de auto-ayuda, un recetario…─ lee libros parecidos. Leer es el calentamiento de la escritura. 

4) Imponte un horario fijo de escritura. Puede ser dos horas cada tarde, las mañanas del fin de semana, o tres horas el jueves por la noche… No importa. Lo esencial que, una vez decidas tu horario de escritura semanal, lo respetes. Solo alcanzarás la cima de la montaña si caminas aunque sea poco a poco. 

5) Ten siempre a mano un diccionario. Es la herramienta básica del escritor, tanto para escribir una novela como un libro de no-ficción; en especial el Diccionario de Sinónimos y Antónimos. Te ayudará a expresarte mejor y a no repetirte. Si escribes ficción (novelas, relatos, poesía…) te será también muy útil un Diccionario Ideológico. 

6) Busca tu propia voz. No intentes escribir de forma complicada, con frases largas o con un lenguaje complejo. Sé tú mismo/a. Ten en cuenta que el primer propósito del lenguaje es transmitir ideas, por lo que la claridad y la sencillez pueden ser nuestros mejores aliados, especialmente si estás escribiendo tu primer libro. Imagina a tu futuro lector como a un amigo, no como a un juez. 

7) Documéntate a cada paso. Necesitas la precisión, la concreción y la exactitud para que tu libro sea interesante. Esto es así para cualquier tipo de escrito: si eres novelista y tu personaje viaja a Londres busca nombres de calles o lugares concretos de la ciudad. Si habla con un antropólogo, busca los términos que éstos utilizan para expresarse. Y si escribes un libro de no-ficción reunir datos es un paso esencial para que éste resulte útil a tus lectores. 

8) Busca opiniones externas. Pásale tu libro a amigos, a conocidos o ─mejor aún─ a personas que creas que reúnen las características de tus futuros lectores. Pídeles su opinión de forma muy concreta: qué les ha gustado más de tu libro y qué menos; si en algún momento se han aburrido o si hay algo que no se entiende bien. No te pongas a la defensiva e intentes convencerles de que tu libro es muy bueno: acepta sus opiniones y tómalas en cuenta a la hora de revisar. 

9) Revisa lo escrito. Relee lo que vayas escribiendo y ve haciendo los cambios que creas oportunos. Cuando termines el libro, déjalo reposar unos días y después vuelve a leerlo con nuevos ojos. No temas reorganizar los capítulos, alterar frases o expresiones o incluso recortar trozos enteros. Las palabras son tu material de trabajo, moldéalas como necesites. 

10) No olvides que a escribir se aprende escribiendo. Nadie nace escritor. El primer libro siempre cuesta más y puede que el resultado no nos satisfaga al 100%… No importa, tómatelo como una práctica: el próximo saldrá mejor. Escribir es como cualquier otra actividad en la vida, cuanto más la practicamos, mejores son los resultados. 

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Sobre el blog

Un pequeño rincón literario

Nací en 1940 y, a los 69 años he concluido mi primera novela, tras haberme jubilado después de trabajar cuarenta años como ingeniero industrial. Sólo a partir de ese momento, he podido dedicarme a mi afición favorita: ESCRIBIR.

En este blog, pretendo dar a conocer mi pequeña obra y contar la experiencia que he vivido para adaptarme a este mi nuevo oficio. Incorporaré poco a poco artículos cortos que alternarán teoría y práctica, para luego intercambiar opiniones y hacer ameno este pequeño rincón literario.