Concursos literarios menos reputados

Categoría (General, Marketing para vender libros, Publicar un libro) por Manu de Ordoñana el 11-10-2012

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A muchos autores diletantes, cuando han terminado de escribir su primera novela,  lo primero que se les ocurre es presentarla a un concurso literario. A menudo recibo en esta página consultas sobre cuáles son los mejores o cuáles los que más se adecuan a la obra que han escrito. Mi respuesta es darles la dirección de cuatro o cinco páginas webs que tratan sobre el tema o consultar el libro de Dolores Jiménez Morato que edita Fuentetaja Literaria cada dos años: “Guía de Premios y Concursos literarios en España 2011-2012”, probablemente lo encontrarán en la biblioteca pública de su barrio.

No oculto que mi confianza en eso de los concursos literarios es limitada, al menos, en los que gozan de prestigio. No voy a decir que estén amañados, porque eso no es cierto, aunque es verdad que los grandes, los que dan renombre o tienen un premio sustancial, sí que parece estar, cuando menos, dirigidos. La prueba es que, en la mayoría de los casos, el ganador es un escritor célebre, rara vez un principiante.

El pasado 15 de septiembre, Manuel Rodríguez Rivero, editor, crítico y ensayista, publicaba un artículo en El País titulado “¿Pero hubo alguna vez un premio honrado?”, en el que manifestaba la opinión que le merecen ese tipo de concursos: “Con escasas (y notables) excepciones, el premio literario honrado es el que todavía no ha sido concedido”. Nadie se escandaliza cuando, en la ceremonia de entrega, el representante del jurado anuncia que “abierta la plica, el ganador resultó ser…”, para, acto seguido, pronunciar un nombre que, entre bambalinas, todo el mundo conocía unas semanas antes: un juego de cinismo imbécil que el público acepta y la prensa consiente.

El escritor madrileño se muestra partidario de premiar obras ya publicadas que se han enfrentado al veredicto de la crítica y de los lectores ─como el Goncourt y el Booker─ entre otros, en lugar de textos inéditos, requisito que exigen la mayoría de los concursos que se convocan en España. La razón es clara: las cláusulas que el concursante ha de aceptar para que le admitan su libro son leoninas, la cesión de todos los derechos, absolutamente todos, con carácter universal, tanto en papel como en digital y hasta el fin de los tiempos, a cambio de un porcentaje módico sobre el valor de las ventas que nunca sobrepasa el diez por ciento (como muestra, mira las condiciones que estipula el Premio Nadal, incluso con una dotación tan pobre como 18.000 euros).

Sin embargo, existen numerosos concursos de segundo nivel, cuyo desarrollo se presume más limpio. No otorgan fama, porque no tienen cartel en los medios de comunicación, ni tampoco dinero, porque están mal dotados. Pero tienen la virtud de reconocer el talento del escritor que lo ha obtenido. El simple hecho de enumerar en la solapa de tu libro la relación de premios que has conseguido es una buena carta de recomendación que el comprador valora cuando lo hojea en la estantería. Es un mérito añadido que no debes ignorar a la hora de establecer el Plan de Marketing para vender tu libro.

 

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