El Mataburros. Abertzale

Categoría (El Mataburros, General) por Manu de Ordoñana el 16-10-2012

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Por quinta vez desde su aparición en 2001, la Real Academia Española ha actualizado la versión online de su diccionario, efectuando 1607 cambios ─incluyendo vocablos como “pepero“, “sociata“, “okupa“ o “bloguero“─, con lo cual supera las 20.000 modificaciones que se incorporarán en la próxima edición impresa del DRAE, la vigésima tercera, prevista para 2014. Si te interesa conocer cuáles han sido, no tienes más que acceder a su página web en la columna de navegación izquierda, bajo el título “Consulta de las modificaciones”.

Nadie pone en duda el derecho que asiste al RAE a mantener al día el castellano ─con el consenso de las veintidós Academias de la Lengua Española─, consintiendo la inserción de términos nuevos que gozan del beneplácito popular; el hablar evoluciona, sobre todo el componente léxico, y hay que darle cauce. Los diccionarios nunca están terminados, es una obra viva que ha de recoger las nuevas formas de expresión, con objeto de mantener una norma común para escribir todos de la misma manera, un objetivo que nadie discute.

El problema se presenta cuando contemplamos el resultado. Muchas de las palabras consentidas ─o su nuevo significado─ producen el rechazo de la mayoría o el enfado de algunas minorías. Es cierto que es imposible contentar a todo el mundo, cada uno tiene una opinión y más en el ámbito semántico del lenguaje o el respeto a la tradición. ¿Recordáis la polémica que se produjo hace cuarenta años cuando se propuso eliminar la “p” inicial de psicología? ¿Alguien se acuerda de que en el siglo XVIII “’farmacia” se escribía “pharmacia”, “coro”, “choro” y “Cristo”, “Christo”… quitarle la hache a “Christo”, ¡oh blasfemia! Pues se hizo y ya nadie se acuerda de aquello.

Pero hay veces que uno se queda atónito y otras se pone a temblar… hacen cada judiada. No es cuestión de inundar el artículo con ejemplos, unos pocos son suficientes. El primero es el adverbio solo que, a partir de diciembre de 2010 se escribe sin tilde. ¿Sabías que los académicos estuvieron discutiendo durante varias semanas sobre este punto? Al parecer, las decisiones tienden a adoptarse por consenso y, como no existe la figura del voto particular, las discusiones suelan alargarse hasta que los opositores terminan por aceptar, agotados. También han suprimido la tilde de guion. Entendería que sus señorías dedicaran el tiempo a asuntos de más enjundia, pero no a tales minucias. Si lo que pretenden es modificar las reglas de acentuación, que lo hagan con carácter general… igual es momento de simplificar.

En lo que afecta a la comunidad euskaldún ─vocablo admitido con el sentido de “vasco”, “que habla el vasco”─, el DRAE incorporó el término abertzale prestado del euskera ─perteneciente o relativo a la lengua vasca─, con la siguiente definición: “Dicho de un movimiento político y social vasco, y de sus seguidores: Nacionalista radical”. La Academia dela Lengua Vasca denunció el “error” técnico y científico en el que ha incurrido el DRAE al ligar “abertzale” con “nacionalismo radical”, pero no se ha producidola rectificación. Y advierte: “La Real Academia de la Lengua debería de tener una consideración de respeto hacia otra lengua que en el territorio que hoy comprende el Estado Español está mucho antes que la lengua española”.

La definición correcta de abertzale es “patriota” a secas, al estar formada por la raíz “aberri” = “patria” y el sufijo “zale” = “aficionado”, de la misma forma que “mendizale” es montañero, aficionado al monte. El desaguisado es consecuencia de la interpretación que le han dado algunos medios de comunicación para identificar a la izquierda abertzale, con la perversa intención de extender el epíteto “radical” a todo lo que huele a “nacionalismo vasco”. Lo que es terrible es que esa perversión se contagie a la RAE, que, teóricamente, limpia, brilla y da esplendor”.

No estamos en contra de la incorporación al castellano de expresiones que provengan de las lenguas habladas en la Península Ibérica… todo lo contrario. En la actualidad, hay unas cien palabras que el DRAE reconoce como prestadas del euskera; bueno sería que ese número se incrementase en el futuro, en lugar de inspirarse en otros idiomas para enriquecer el castellano, salvo los casos en que sean vocablos técnicos aceptados por la comunidad científica o de uso universal, que estarían justificados.

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