El Mataburros. Mi señora

Categoría (El Mataburros, General) por Manu de Ordoñana el 15-02-2011

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Es frecuente emplear el término “señora” para referirse a la esposa de uno: “presente usted mis respetos a su señora”. Los medios de comunicación lo utilizan habitualmente: “Pero un presidente no puede evacuar consultas de Estado con su señora”, escribe Gabriel Albiac en el ABC del 22/12/2010, refiriéndose a Zapatero. Aunque es un vocablo aceptado por la Real Academia Española, lo encuentro improcedente. Veamos lo que dicen los “supercicutas”:

Señor (a) se aplica a la persona que ocupa un alto rango en la escala social y lo manifiesta en su aspecto físico y en su forma de comportarse. También se antepone como tratamiento al apellido y, en algunos casos, al nombre. Tiene el significado de dueño, propietario y designa al que manda en un sitio o gobierna ciertas cosas. Por antonomasia, escrito con mayúscula, se aplica a Dios, especialmente considerado en la Eucaristía. Como sustantivo femenino, el DRAE ofrece tres acepciones: Mujer que por sí posee un señorío, mujer del señor y mujer o esposa.

Por lo tanto, es correcto decir “mi señora” cuando uno habla de su esposa. Sin embargo, esta interpretación me resulta lesiva, evoca en mi mente el concepto de sumisión… o de propiedad. No me gusta. Repugna la imagen sentimental que uno tiene de la mujer, como ser ideal y pleno de perfección: “Toda aquella noche no durmió don Quijote, pensando en su señora”. ¡Qué romántico!

Es curioso que el DRAE admita el término “señora” para designar a la esposa, pero no el de “señor” para designar al marido. Ya lo sabéis, mis queridas lectoras; a partir de ahora, tenéis autoridad para utilizar expresiones como ésta en la tertulia con las amigas: “Mi señor es un bendito: me obedece en todo, nunca protesta”.

 

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