El miedo en la literatura. Segunda parte

Categoría (General, Taller literario) por Ana Merino y Ane Mayoz el 05-11-2018

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En todos los cuentos de miedo se sugiere la idea de que por detrás de la realidad cotidiana existe otra regida por leyes desconocidas y a menudo irracionales. La narración se presenta en primera persona, de modo que el lector se identifica con el protagonista y asiste paso a paso a su descubrimiento del horror. La atmósfera está marcada por la oscuridad, la noche, las presencias inesperadas, los largos pasillos, los ruidos o tormentas y los objetos extraños que intimidan a los personajes. Todo esto aparece contado de una forma intensa y escueta, evitando cualquier descripción superflua; procurando desde el primer momento atrapar al lector por ese gran interrogante: ¿qué va a pasar aquí?

El párrafo

El párrafo es una unidad de expresión imprescindible en los cuentos de miedo. Sirve para ampliar la información sobre lo que se está contando y para expresar una idea completa, ya que incrementa la tensión a medida que avanza la trama. Cada párrafo contiene una función clara respecto a los otros párrafos y la extensión de cada frase irá en relación a lo que queramos conseguir: la oración breve resulta especialmente adecuada en los momentos de suspense, de emociones fuertes, donde la trama se acelera y el ritmo es más rápido; la distensión, la relajación posterior, se explaya enseguida en frases un poco más extensas, lo que aporta un ritmo más lento.

La estructura

La estructura tiene mucha importancia en los cuentos de miedo. Consta de cuatro partes bien definidas: introducción, nudo, distensión y desenlace.

El inicio del cuento, una vez más, es fundamental. Además de describir el lugar del suceso, tiene que aparecer el matiz que califica al cuento de miedo como tal. Dependiendo de esa ambientación, el lector quedará más o menos atrapado por la lectura. Para que la descripción se impregne del toque misterioso, hay que utilizar un determinado lenguaje. En él predominará lo nominal frente a lo verbal.

En el nudo, los elementos ambientales se intensifican. Lo misterioso no sólo se encuentra en el lenguaje sino también en la acción. Empiezan a pasar sucesos extraños, el personaje se halla atrapado, desconoce la causa… Ahora domina la acción, hay abundancia de verbos, el ritmo se intensifica, y las oraciones breves contrastan con las oraciones más extensas.

Tras la primera sacudida, el hilo narrativo se relaja, la acción pierde fuerza; llega la distensión. Pero esta relajación tiene que ser breve para que no se disipe del todo el efecto conseguido. Sintácticamente volvemos a las frases un poco más extensas.

En el desenlace, el misterio se aclara; gracias a la intensificación del vocabulario en torno al campo semántico del miedo y a las frases que se caracterizan por su brevedad. Una vez resuelta la trama, la frase se alarga y el vocabulario pierde su densidad tenebrosa para poner punto final al cuento.

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