El punto de vista interno

Categoría (General, Taller literario) por Ana Merino y Ane Mayoz el 05-06-2015

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El narrador interno se ubica dentro de la historia, interviene en ella y narra los hechos en primera persona, todo esto lo convierte en un personaje que forma parte de la historia que se cuenta. Desde el momento en que el narrador participa de la trama ya se da una aproximación mayor a la historia: aproximación de la historia al narrador, que la ofrece como algo personal, y aproximación al lector, que se transforma en un tú, en un interlocutor. Por lo tanto, la primera persona se utiliza con un fin muy claro: uno, acercar la historia y dos, implicar al lector en sus dudas e incertidumbres.

Si el narrador es un personaje de la historia, éste puede ser narrador protagonista o bien narrador testigo:

Narrador protagonista

En este caso el narrador es protagonista de la historia y nos cuenta, en primera persona, con sus propias palabras, lo que siente, piensa, hace u observa. La acción del relato es la historia de este personaje y todos los personajes existen porque se relacionan con él.

Con esta fórmula se tiene la ventaja de poder hablar de la intimidad de los protagonistas sin que parezca que se les manipula. Es él mismo quien aparece como responsable de su propia historia. Es un modo sencillo de ofrecer la integridad y la dimensión completa de los personajes.

Lo más difícil es adecuar las palabras del narrador a su forma de ser y de comportarse. Se va a definir a partir de cómo cuenta y cómo actúa; por eso tiene que haber coherencia. Esto, en el punto de vista omnisciente, no es relevante ya que no es un personaje de la acción y no se le conoce.

Narrador testigo

Este narrador narra también en primera persona, pero es un personaje secundario que no cuenta sus andanzas, sino las del protagonista. Por lo general, suele ser un personaje que conoce muy bien al protagonista, que convive mucho con él.

Un caso claro de este narrador es el Doctor Watson que nos relata las aventuras de Sherlock Holmes. Aunque él esté mezclado en la narración, cuenta las vicisitudes de un personaje que tiene más peso que él en la historia. No en vano, la mayoría de los escritores de novela negra americana ha utilizado este narrador testigo que no es sino el detective que comienza a investigar una trama y que no sabe más que el lector acerca de ella, así el lector va descubriendo e intrigándose con las mismas cosas que el detective. El famoso Philip Marlowe de Raymond Chandler o el detective Sam Spade de Dashiell Hammet son los ejemplos más destacados de este tipo de narrador usado en la novela negra.

Su forma de contar no le permite acceder a la vida interior del personaje principal más que de una manera limitada. Puesto que no está dentro del protagonista no puede referirnos lo que piensa o siente, exceptuando los casos en los que éste deja ver lo que siente o piensa a través de sus acciones o gestos. En ocasiones se coloca tan al margen de la acción que no interviene en ella, sino que ha oído la historia de boca de otra persona o nos la cuenta a través de cartas que ha leído, diarios íntimos…

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