Estrategias narrativas. La naturalidad

Categoría (General, Taller literario) por Ana Merino y Ane Mayoz el 14-06-2016

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Consiste en escribir de forma clara y concisa, utilizando un vocabulario comprensible y un lenguaje sencillo privado de afectación. La naturalidad estriba en narrar una historia como si estuviéramos contándola de viva voz. Pero al mismo tiempo —y para que esa voz que resuena en el texto sea una voz viva y el lector pueda sentirse involucrado por ella—, la escritura ha de transmitir en todo momento el estado de ánimo de los protagonistas de la historia, la actitud emotiva que mantienen frente a los hechos descritos.

Muchos escritores buscan la originalidad con el empleo de un estilo literario propio. Eso está muy bien, si se consigue conservar la naturalidad de la voz propia. Pero es una aventura arriesgada que exige una cierta experiencia y que los autores principiantes deberían eludir. Habitualmente suelen utilizarse cuatro estilos que restan naturalidad al relato y que conviene utilizar ocasionalmente, solo cuando la escena o el personaje lo requieran, ya que, de lo contrario, resultará un texto quizá impecable, pero carente de interés.

Estilo formal.- Aparece cuando se dan los ingredientes necesarios de una buena narración, pero sin el tono adecuado. Es como si el personaje narrara un idilio amoroso con las frases propias de un informe técnico, sin apenas marcas subjetivas. El lector se mantiene al margen de los hechos, no le afectan ni los siente debido a que están contados desde una lejanía heladora y anónima. Por lo tanto, es recomendable utilizarlo en pequeñas dosis y sin abusar.

Estilo retórico/poético.- Un texto lírico, retórico puede resultar  sumamente artificial y cargante porque es posible que el contenido se difumine entre tanto adorno. El lector puede tener la sensación al final del mismo de que no sabe lo que ha leído; el contenido se ha diluido entre la densidad de la prosa. Mejor no abusar de la sintaxis laboriosa, la metáfora puramente decorativa, el vocabulario abstracto…

Estilo asertivo.- El estilo asertivo se apoya, continuamente, en una pura afirmación de hechos. Esta tendencia casi natural hacia este estilo se puede evitar usando modalizadores como: tal vez, puede que, casi, quizá, algunas veces, en cierto modo, prácticamente, al parecer, seguramente, en parte, si no me engaño, hubiera dicho que, hasta donde recuerdo, podría ser, por no decir, etc. Los modalizadores restan rotundidad y las afirmaciones quedan compensadas por la duda o las reservas; pero con ellos la historia adquiere verosimilitud.

Estilo enfático.- El autor enfático más que contar las cosas se las grita al lector en el oído, narra su historia a voces. Este estilo lleva consigo una cercanía excesiva entre el autor y sus lectores y eso no siempre equivale a un buen acercamiento. Puede ser una técnica muy válida a condición de que se use de un modo ocasional, ya que el énfasis satura y representa un riesgo considerable para la credibilidad del argumento.

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