Humor literario I

Categoría (El oficio de escribir, General, Taller literario) por Ana Merino y Ane Mayoz el 05-05-2018

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¿De dónde procede el término humor? No hay acuerdo acerca de su etimología. Para unos, del latín humos, “tierra”; aunque más lógico parece hacerlo descender de la voz latina umidus, “humedad”, que origina la otra acepción de la palabra humor, “líquido humoral”, de donde dicen los eruditos que viene eso de estar de buen o de mal humor, según sea el líquido predominante que empapa el cuerpo en un momento dado. Lo único incuestionable es que las bestias desconocen el humor. Y que para los seres racionales que poseen su sentido constituye una forma de ser, una actitud constante ante la vida e incluso ante la muerte.

Hay que empezar por distinguir lo cómico de lo humorístico. La palabra humor comenzó a usarse en el siglo XVIII para referirse a un determinado tipo de obras que provocaba la risa, pero que eran muy diferentes de los géneros cómicos por entonces en boga. No es fácil encontrar fronteras entre ambas ideas. Lo cómico parece ser todo aquello que mueve a reír, que no busca sino la pura diversión, el entretenimiento y el regocijo. Los humoristas suelen definir el humor buscando matices que agregan a lo cómico un elemento serio, a veces incluso triste o desagradable en su fondo. El cómico pretende solamente reírse de las cosas; el humorista ríe también, pero se aproxima más a ellas, y descubre al mirarlas un fondo de tristeza, e incluso de tragedia.

El humor existe en todo. Es parte de la vida misma. Está en el hombre. Pero lo hallamos, en principio, en estado primario, en bruto, en potencia. Por eso la calidad del humor depende de cómo lo tratemos, de la sensibilidad y de la intencionalidad de la persona. Por todo esto, en su evolución, el humor ha ofrecido tan dispares y hasta contradictorios matices.

Esta disparidad también se ve a la hora de definir el humor. En cualquier diccionario se lee: “Estilo literario en que se hermanan la gracia con la ironía y lo alegre con lo triste.” Hay autores que han intentado aportar su granito de arena en este sentido:

José Francés: “El humorista es un hombre al que ante las humanas miserias le nace, alma adentro, una inmensa pena que cuando llega al cerebro ya se ha hecho risa.”

Castelao defiende: “El humor es la socarronería de las gentes cultas, así como la socarronería es el humor de las gentes incultas.”

Aunque en una ocasión Jardiel Poncela dijo que pretender definir el humor era tanto como querer pinchar una mariposa con un poste de telégrafos, sí lo definió: “El humor es la intelectualización de lo festivo.”

Wenceslao Fernández Flórez: “El humor es la sonrisa de una desilusión.”

Miguel Mihura: “El humor es un capricho, un lujo, una pluma de perdiz que se pone en la cinta del sombrero.” Y añadió: “Es verle la trampa a todo, comprender que todo tiene un revés.”

Gonzalo Torrente Ballester: “El humor supone recobrar por la inteligencia lo que el sentimiento destruye y reconstruir por el lirismo lo que desbarata la razón”.

Y la definición que aúna todas las opiniones es esta: “El humor es indefinible”.

Cuando el escritor escribe una obra humorística es perfectamente consciente del ángulo desde el que trata el tema. El humorista, en cuanto artista, nace con ese don; en cuanto estrictamente escritor, se hace, se pule e igualmente “hace” su actitud. Se trata de dos categorías bien distintas entre sí, aunque necesariamente tengan que complementarse y completarse. El don, la “vena” del verdadero humorista, es un “algo”, una “serpiente” que se entrelaza y se extiende por toda su obra, diga ésta lo que diga.

Entre los diferentes autores de novela humorística, hay que destacar a cuatro. El primero es “Ramóncín” Gómez de la Serna creador de las greguerías a través de las cuales da una visión del mundo desde un ángulo diferente: el humorístico. Su mejor arma para crear humor es la metáfora insospechada. El siguiente escritor es “Vences-la-o” Fernández Flórez. El humor como actitud ante la vida, burlona y comprensiva, preside la mayor parte de su obra. Este es un humor menos intelectualizado y, a veces, poetizado. En tercer lugar, tenemos a “Camelo” José Cela quien presenta una serie de retratos breves de tono irónico, desenfadado y jocoso. Es un escritor cuya actitud y estilo literarios son pura y auténticamente humorísticos. Por último, hay que destacar el nombre de “Avaro” de Laiglesia. Este juega con el humor absurdo y negro, pero deformando los hechos para provocar la risa.

Además, no podemos omitir el nombre de Jardiel “Pónsela”, autor puente entre Gómez de la Serna y Laiglesia. A pesar de que su principal inclinación ha sido el teatro, también ha hecho sus pinitos dentro del género narrativo en el que destaca lo imposible, lo absurdo, lo fantástico.

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