La oración y sus partes. El sustantivo

Categoría (General, Taller literario) por Ana Merino y Ane Mayoz el 06-10-2017

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Existen los sustantivos concretos y los abstractos.  Según lo que predomine en el escrito, el lector asimilará lo que lee de forma distinta.

Los sustantivos concretos nombran a seres u objetos materiales, perceptibles por los sentidos. Las habilidades del escritor se demuestran en buena medida en este campo. Pero el reto está en designar las cosas sin sacralizarlas, sin diluirlas y sin excederlas.

Resulta conveniente usar nombres que respondan a sus verdaderas características —y no a las gastadas por el uso— y emplear un sustantivo específico en lugar de una explicación que rodee al elemento tratado.

El empleo apropiado del sustantivo concreto permite:

  • Otorgar cierto realismo. El nombre aporta un matiz de “confianza”.
  • Conseguir una imagen vívida. El denominar una cosa con su nombre preciso equivale a ajustar al máximo la idea.

Los sustantivos abstractos nombran objetos inmateriales, como los sentimientos, las sensaciones, los elementos relacionados con la imaginación… No tienen un carácter tangible, únicamente por medio del pensamiento se les puede dar forma.

El que un escrito contenga muchos nombres abstractos equivale a que el lector tendrá difícil visualizar lo que lee.

Lo más aconsejable es agrupar distintas clases de sustantivos en un mismo texto. La acumulación es un mecanismo que llama la atención del lector y se puede trabajar de distintas maneras. Por ejemplo: un sustantivo concreto y otro abstracto en una misma frase permiten reforzar una idea.

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