Libros en la calle

Categoría (General) por Manu de Ordoñana el 21-02-2013

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La semana pasada coincidí en el portal de mi casa con un vecino que llevaba en una bolsa un montón de libros con la malsana intención de tirarlos a la basura. Eran ejemplares casi nuevos, bien encuadernados: cuentos y novelas para público infantil: “Eran de mi hija pero ya tiene veinte años… es que no tenemos sitio en casa”, dijo el hombre a modo de disculpa.  Le pedí que me los diera. Los llevé a la escuela del barrio y la encargada de la biblioteca los recibió con muestras de satisfacción.

Es habitual escuchar a la gente que no compra libros porque no tiene sitio dónde guardarlos. Las casas de hoy en día son pequeñas y están llenas de cachivaches que no sirven para nada. Quizá ésta sea una de las razones que esgrimen los defensores del e-book, aunque a mí me parece que sólo es una excusa de quien ha perdido el háb¡to de la lectura y no quiere parecer inculto. En cualquier caso, es una realidad constatar cómo, a la muerte de una persona mayor, lo primero que hacen sus herederos es desprenderse de la biblioteca, que con tanto esmero se empleó en construir el finado.

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Viene esto a cuento porque, en una de esas incursiones que suelo hacer en los buscadores de Internet cuando estoy vago, me topé con otra palabreja en inglés que me sorprendió por su sonoridad. Me metí en Wikipedia y allí descubrí su significado: “BookCrossing o BC (pronunciado becé) es la práctica de dejar libros en lugares públicos para que los recojan otros lectores, que después harán lo mismo tras haberlos leído. La idea es liberar “libros en la calle” para que sean encontrados por otras personas, una forma de permitir el acceso a la cultura a las personas con recursos escasos, aunque algunas voces se han levantado en contra de esta práctica, alegando que los libros así se “devaluan” y, al mismo tiempo, se reducen los derechos de autor. La cantinela de siempre…

A mí me ha parecido una excelente idea y por eso la traigo aquí, para que tú, si te quieres desprenderte de un libro, pruebes a dejarlo en un banco, en un bar, en la iglesia, en el autobús, en cualquier sitio visible, antes de arrojarlo al contenedor, para que otro ciudadano se lo pueda llevar si lo encuentra interesante. Y eso lo puedes hacer sin dejar rastro o inscribiéndolo en un fichero para seguirle la pista. En realidad, ésa es la fortaleza del BC. Así se explica que, en poco más de diez años, la red cuente con cerca de 40.000 usuarios en España.

Si decides liberar un libro por esta vía, regístralo antes en BookCrossing: es gratis, aunque se aceptan donaciones para mantener el servicio. Así conseguirás un número de identificación BCID que se incorporará a la base de datos del sistema y obtendrás una etiqueta que deberás incorporar en la cubierta del libro, de forma que la persona que lo encuentre, sea capaz de entrar en la web de BookCrossing y escribir un pequeño comentario para notificar el hallazgo. Una vez leído, se reinicia el proceso. Así de sencillo.

Si existen instituciones como Cáritas que proporcionan asilo y cubren las necesidades básicas a los desvalidos, no sería un disparate crear un organismo al que donar los libros que nos estorban, para ser distribuidos entre quienes los solicitaren, no ya en préstamo ─que para eso están las bibliotecas públicas─ sino en propiedad, que así nace la afición y se transmite la cultura. Primero hay que alimentar el cuerpo, pero luego hay que vestir la mente.

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