El IVA cultural en Europa

Categoría (El mundo del libro, General) por Manu de Ordoñana el 01-09-2012

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Hace unos días, la Unión de Asociaciones Empresariales de la Industria Cultural Española solicitó al gobierno español que retrasara seis meses la aplicación de la subida del IVA del 8 al 21%, que se comenzará a aplicar a partir de este uno de septiembre, alegando que ese incremento de trece puntos sobre el precio de los espectáculos culturales como el cine, el teatro, el circo y los conciertos asestará el golpe de gracia definitivo al sector, sin que sirva para que Hacienda recaude más dinero

Un estudio realizado por una empresa de servicios independiente afirma que la recaudación de Hacienda en los cines descenderá casi diez millones de euros con un IVA del 21%. Y, lo que es más grave, obligará a cerrar 859 salas (el 21% de las 4.044 registradas en 2011). El tipo de IVA que se pretende aplicar a partir del uno de septiembre será uno de los más altos de la zona euro, muy por encima de la media (un 10,1%).

Llegado a este punto, no estaría mal hacer un pequeño repaso a cómo está la situación en Europa. Como ocurre a menudo, los números cambian los conceptos:

IVA cultural en Europa

País

IVA cultural  %

Precio de una   entrada de cine

PIB

PPA

Alemania

7

7,90

31.400

30.100

España

21

6,60

23.300

26.500

Francia

7

10

30.600

28.800

Italia

10

8

26.000

26.200

Irlanda

9

10-11

34.900

36.300

Portugal

13

6-7

16.000

18.500

Reino Unido

20

8-10

27.700

27.600

El precio de una entrada de cine en España es hoy uno de los más bajos de Europa, a pesar de que ha crecido un 36% desde 2004, un 17% más que el IPC. Con el nuevo IVA, ese precio subirá de 6,8 a 7,4 euros, si las empresas lo repercuten íntegramente al consumidor y, si lo hacen al 50%, se quedará en torno a los siete euros. ¿Ustedes creen que eso es una catástrofe tan grande como para producir la pérdida de 43 millones de espectadores y la destrucción de 4.500 empleos directos? ¿Ustedes creen que por 40 o 80 centavos, la gente va a dejar de ir al cine? Me extrañaría.

A mí me parece que el problema es otro muy diferente: el sector cinematográfico está en declive, el público ha perdido la afición, prefiere otros soportes para la visión y, sobre todo, la calidad de las producciones deja mucho que desear. Según se desprende del Anuario de la SGAE, los españoles compraron 98 millones de entradas de cine en 2011, lo que quiere decir que cada ciudadano de este país ha ido al cine dos veces durante al año pasado. ¿Cuál es pues el problema? Habrá algo más que el IVA, ¿no? A este enfermo no hay quien lo cure.

En muchas ciudades europeas, por menos de veinte euros al mes, puedes comprar un abono para ver todas las películas que quieras cualquier día de la semana y a cualquier hora, sean de estreno o no. Así consiguen que vaya más gente al cine y, sobre todo, crear hábito, un objetivo que los profesionales del marketing tienen siempre presente a la hora de diseñar sus campañas a largo a plazo. Aquí la única promoción que se hace es el “día del espectador”, un descuento del diez por ciento una vez cada semana. ¡Qué poca imaginación!

En cualquier caso, es verdad que la medida que ha tomado el gobierno es inapropiada y no va a solucionar ningún problema. Si la asistencia al cine se mantiene ─es previsible un descenso, sobre todo por la situación económica─, ese incremento del IVA apenas le va a suponer unos ingresos suplementarios de unos 100 millones de euros, una cantidad ridícula para la magnitud del problema. Pero es que además, de esa cantidad, tendrá que detraer más de un 50% para pagar durante dos años a esos 4.000 trabajadores que van a perder su empleo y a compensar la pérdida de ingresos por el IRPF y las cuotas de la Seguridad Social. Todo un negocio.

 

Autoeditar es la solución

Categoría (El libro digital, General, Publicar un libro) por Manu de Ordoñana el 26-08-2012

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Es grato constatar el creciente número de ciudadanos que ocupa su tiempo libre en la escritura, sin ningún afán lucrativo ─salvo excepciones─, con el único propósito de publicar su libro. Menos grato es comprobar lo difícil que es encontrar un editor que quiera arriesgarse a hacerlo. Los tiempos son de crisis y los empresarios del sector están mohínos, las ventas no hacen más que bajar y los resultados de sus cuentas, en números rojos.

Frente a esta situación, el escritor diletante sólo tiene una solución: autoeditar. Desde que Amazon aterrizó en España, algunos escritores desconocidos han obtenido un cierto éxito con el ebook, lo que les ha permitido publicar luego en papel. No sólo está Amazon, hay otras muchas editoriales que ofrecen el mismo servicio, Bubok es una de ellas, parece gente seria.

Y digo esto, porque hay que tener cuidado en la selección, analizar despacio el contrato que te proponen, algunos son leoninos. En muchos casos, la editorial se reserva todos los derechos, absolutamente todos, a poder publicar tu libro en cualquier formato ─en papel o en digital─, en cualquier país del mundo, incluso a vender esos derechos sin consultarte. Igual, eso a ti no te importa, pero al menos entérate, que luego no te coja de sorpresa si tienes éxito en el mercado.

Yo creo que, para empezar, una buena estrategia es situar tu obra en alguna de estas plataformas digitales de prestigio, quizá en dos o tres: una grande, una mediana y otra pequeña. Pero antes gástate algún dinero en el diseño, en la portada y en la maquetación, para que el texto sea visible cualquiera que sea el dispositivo de lectura. Y también, comprueba que no tienes ningún compromiso legal adquirido previamente, por haber firmado algún pre-acuerdo, incluso bajo la modalidad “Print on demand”, es decir, mediante pago de alguna cantidad.

Tienes que saber que el solo hecho de aparecer en la librería de Amazon no es sinónimo de éxito. Si no haces nada especial, lo probable es que nadie descargue tu libro, aunque sea maravilloso. Tienes que hacer algo más, dicen que el boca a boca por Internet funciona, las redes sociales, el twitteo y esas cosas. También algunas fórmulas que te ofrecen los portales para realzar tu posición… pagando, claro. Ésa es tu elección, en este campo, los consejos son de valor dudoso.

Una vez cumplida esta actuación, puedes pensar en publicar tu libro en papel. Aquí tienes dos vías, o lo contratas a una de esas nuevas editoriales que se encarga de todo ─otra vez cuidado con el contrato─ o lo haces tú mismo y ordenas la impresión a una imprenta, en cuyo caso asumes la gestión de lo que viene detrás: promoción, distribución, almacenaje, transporte y el cobro, claro está. Parece que es un trabajo ímprobo, pero no lo es tanto, de verdad. Si haces una tirada de 500 ejemplares, la empresa la puedes controlar tú solo. A poco que vendas la mitad, ya habrás cubierto los gastos, te darás cuenta de cómo es el mercado, percibirás muchos detalles que te van a enriquecer, es otra manera de pasar el rato, no sólo de pan vive el hombre.

Al parecer, la mayoría de los que se han decidió por la autoedición valora positivamente la experiencia, si bien reconocen que el beneficio económico que han obtenido es escaso ─salvo algunos que presumen de obtener unos ingresos mensuales dignos, como para vivir de ellos─, lo que tampoco parece preocuparles. En definitiva, pocos son los que pretenden ganar dinero con este negocio, tan sólo que alguien nos lea, para satisfacer nuestro ego.

¿Debe el Estado subvenir la cultura?

Categoría (El mundo del libro, General) por Manu de Ordoñana el 20-08-2012

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Admitamos que la cultura, en su concepción restringida al mundo de las Artes y las Letras, es un bien público y, si bien no es una necesidad básica como la bolsa de la compra, sí lo es para la formación de valores cívicos que protegen la convivencia. Y si es un bien público, es un mercado imperfecto en el que la creación no patrocinada difícilmente alcanzaría la cantidad óptima que reclama la sociedad, con lo cual estaríamos justificando la intervención del Estado.

El problema que se plantea a continuación es hasta dónde tiene que llegar esa implicación. Si el Estado tiene la misión de distribuir la riqueza a través de una política fiscal justa, en este campo, el resultado está pervertido, ya que la política cultural se financia con los impuestos de todos los ciudadanos y se invierte en ofrecer un servicio a los segmentos más acomodados de la población, que son los que consumen este tipo de productos. No creo yo que sean muchos los pobres que compren libros, que vayan al teatro o que visiten un museo…

Por otro lado, si es el artista recibe un salario del Estado ─o buena parte de su remuneración─ estará inclinado a protegerlo, a adularlo, a no contrariarlo, lo que llega a producir una fauna de creadores subvencionados cuyo talento es inversamente proporcional al de los favores que recibe. Son ellos, los privilegiados del sistema, los que ahora ponen el grito en el cielo ─les recomiendo que lean este artículo titulado “Un grito #por la cultura”─, para que papá-Estado los siga protegiendo, como si eso fuera un derecho natural.

Porque la injerencia del Estado en la producción cultural conduce al proteccionismo. Cuando la libre competencia no funciona con normalidad, los creadores noveles tienen grandes dificultades para hacerse un hueco, el mercado es de los consagrados. Los artistas no son tontos, saben que la tarta tiene un tamaño y hacen lo imposible para impedir que los nuevos participen en el reparto. No quiero entrar aquí a indagar los privilegios que seguramente tienen esos grupos de “divinos” que se han organizado en corporaciones cerradas para la defensa de sus intereses… y no quiero entrar porque no los conozco, sólo los imagino en un país como éste. Pero a uno le llega todavía el recuerdo de lo que ocurrió con la SGAE…

El patrocinio del Estado es también un medio de propaganda: el que paga, manda. La política cultural tiende a convertir a los artistas en servidores de la clase política, a favorecer el patriotismo, a alimentar un cierto modelo de nacionalismo que intenta proteger la producción de sus adeptos, en detrimento de la libertad del creador. Ésta es una tendencia que se observa con nitidez en el campo de la educación. Los programas escolares están sitiados por el pensamiento único, poniendo en cuestión el futuro del individuo frente al Estado-Nación. Ya veis lo que al final ha pasado con la asignatura de “Educación para la Ciudadanía”.

La cultura es un patrimonio del hombre individual. El objetivo de la educación tendría que ser la promoción de esa autonomía individual, una formación liberal al servicio de las artes y las letras. Éste debería ser el meollo de la política cultural de un país, subvenir la formación de artistas, la promoción de actividades que hagan surgir el máximo número de creadores, asegurar esa infraestructura que lo permita, en lugar de financiar realizaciones concretas ─salvo excepciones, claro─ y favorecer a los capitalistas que arriesgan su dinero. Ellos están para ganarlo, y también para perderlo, si lo hacen mal.

La libertad de expresión es la que de verdad genera las obras de arte ─también salvo excepciones, claro─, la que abre la puerta a nuevas tendencias, la que da rienda suelta al talento, a la espontaneidad, al advenimiento del genio, y también, probablemente, la irrupción de los mecenas privados ávidos de financiar la infinita variedad de gustos personales que jamás el Estado sería capaz de descubrir, menos de satisfacer.

¿Qué es la cultura?

Categoría (El mundo del libro, General) por Manu de Ordoñana el 14-08-2012

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En el uso cotidiano, la palabra “cultura” se emplea para dos conceptos diferentes, dice Wikipedia en un artículo bien organizado:

  • Excelencia en el gusto por las bellas artes y las humanidades, también conocida como alta cultura.
  • Los conjuntos de saberes, creencias y pautas de conducta de un grupo social, incluyendo los medios materiales (tecnologías) que usan sus miembros para comunicarse entre sí y resolver sus necesidades de todo tipo.

Por abuso de la lengua, la primera interpretación está más arraigada en el sentir popular. Y sin embargo, la segunda es más propia: un conjunto de formas de pensar, de actuar y de comunicarse que son comunes a la mayoría de las personas que forman parte de un colectivo, y que se manifiestan a través de los valores, las tradiciones y las creencias.

Así entendida la cultura, nadie pone en duda la responsabilidad que recae sobre el sector público de velar por su desarrollo, por su papel dinamizador en la creación de bienestar y, al mismo tiempo, por el potencial que posee para acelerar el crecimiento económico. En España, la industria cultural representa el 3,2% del PIB y da empleo a cerca de 500.000 trabajadores, amén de impulsar otras materias como la educación, el turismo, la industria manufacturera o la investigación.

En ese sentido, el Estado tendría la obligación de invertir en actividades con capacidad para generar riqueza, no para subvencionar la producción artística, sino para dotar la infraestructura cultural. Estoy tratando de defender el rol del Estado como responsable de proveer a la sociedad el fundamento que active la producción, no que sea él el creador ─léase promotor mediante ayuda directa─, ya que esa función debe corresponder a la iniciativa privada. O dicho de otro modo, que la Administración no se meta nunca a empresario.

Si se trata del acervo artístico, debe ser el gobierno quien financie su conservación y dejar a la industria que disfrute de los beneficios. España es el segundo país ─después de Italia─ que cuenta con más lugares y monumentos declarado Patrimonio dela Humanidad. Con ese bagaje, el presupuesto que haría falta para mejorar el rendimiento económico sería muy bajo en comparación con los resultados que cabría esperar.

Lo mismo ocurre con la lengua. La riqueza idiomática del castellano y el número de usuarios le otorgan una posición privilegiada que el Estado debe proteger y extender a través de actuaciones culturales que propaguen sus virtudes, con un coste poco elevado. Muchas empresas pueden beneficiarse de esta ventaja competitiva para mejorar su posición vía internacionalización.

Al final, sólo hace falta un poco de capacidad intelectual para discernir cuáles son las inversiones que, con menos dinero, producen rendimientos más altos. La cultura es una de ellas, otra es la educación y otra es la investigación y el desarrollo. Sobre estas tres disciplinas, nunca hay que meter la tijera, todo lo contrario. Claro que el resultado no es inmediato y si algo caracteriza a nuestros políticos es su poca visión a largo plazo.

Con los principios que hemos manejado en este artículo, no es difícil colegir cuál va a ser el criterio que vamos a defender sobre el modelo de financiación que el Estado debería de aplicar a la promoción de la cultura, en su concepción restringida al mundo de las Artes y las Letras. Será en el próximo.

Preocupación en el mundillo de la cultura

Categoría (El mundo del libro, General) por Manu de Ordoñana el 08-08-2012

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El mundillo de la cultura anda un tanto revuelto, razones no le faltan. El plan de recortes que ha aprobado el Gobierno y la subida del IVA se han sumado a otros factores que ya venían inquietando desde el crash de 2008: la crisis económica que afecta al bolsillo del consumidor, la piratería, las dificultades de las empresas para asimilar las nuevas tecnologías y la competencia creciente de las multinacionales que han desembarcado en el país.

A partir del uno de septiembre, España dispondrá del IVA cultural más alto de la zona euro, con un incremento del 8 al 21% que gravará las entradas a los cines y espectáculos teatrales y culturales, el mismo que se aplicará al libro digital. Esta subida afecta también al material escolar, salvo los libros de texto, los álbumes, las partituras, los mapas y los cuadernos de dibujo, según la resolución del 2 de agosto que desarrolla el decreto-ley 20/2012 de 13 de julio sobre el nuevo IVA a determinados bienes y servicios.

Por ahora, se salva el libro en papel que conserva el tipo reducido del 4%, veremos si para siempre. La subida tampoco afecta a los servicios profesionales prestados por escritores, colaboradores literarios, autores de obras teatrales y artistas en general, incluidos aquellos cuya remuneración sea en forma de derechos de autor.

Tanto la prensa como los profesionales del sector han mostrado su preocupación ante una medida que les produce indignación. El mes pasado, el diario “El País” convocó a una treintena de representantes del cine, el teatro, la música y el arte para analizar la crisis, entre ellos, Pedro Almodóvar, Nuria Espert, Mario Gas, Juan Diego Botto, Alberto San Juan, Soledad Lorenzo, Anni B Sweet, Paco León y Miguel Abellán.

El grito a favor de una cultura que agoniza fue unánime, todos mostraron su temor ante lo que está ocurriendo y, aún peor, lo que asoma por la esquina ─en ese momento, no conocían el detalle de la subida del IVA que anunció el gobierno la semana pasada─. “La cultura no es lujo, es un bien de acceso público. Cortar en cultura produce ciudadanos poco pensantes. Para ser un ciudadano libre tienes derecho al pan y también a leer un buen libro, a ver una buena peli, a ir al teatro”, dijo el actor Juan Diego Botto,

Alguno ha llegado a decir que la cultura no debería tributar porque trabaja con material sensible, subir los impuestos a la cultura es promover la piratería y el mercado negro. Jorge Herralde, editor de Anagrama, se lamenta de que apenas se venden libros. La gente no entra en las librerías y las instituciones han congelado las compras de las bibliotecas públicas, que era lo que ayudaba a muchos negocios a pagar el alquiler. Muchas librerías están en peligro.

Muchas librerías… y otras muchas cosas más. ¿Cuántos comercios han tenido que cerrar en España a consecuencia de la  crisis? Aquí parece que cada uno sólo quiere defender su parcela, le preocupa muy poco la miseria que padecen los estratos más débiles de la sociedad, que apenas tiene recursos para comprar el pan. Entre pan y cultura, primero, el pan, luego ya veremos. En este país, estamos muy acostumbrados a que, cuando algo va mal, venga Papá-Estado a solucionarlo, sin preguntar antes cuál es la responsabilidad de cada cual.

Otra cuestión es si la medida adoptada por el Gobierno va a ser positiva para las arcas del Estado. Es posible que la recaudación adicional que consiga con el IVA sea inferior al coste total que le va a suponer el descenso de las contribuciones a la Seguridad Social, el impuesto de sociedades y el IRPF, añadido al incremento de las prestaciones por desempleo, con una destrucción de más de cuatro mil empleos sólo en el sector de Música en vivo, Artes Escénicas y Cine. Claro que este mismo argumento sirve para rechazar los recortes en el resto de actividades económicas.

A la vista de tales declaraciones, a mí me surge una pregunta: ¿Cuando toda esta gente se queja ─la mayoría, bien acomodada ─, se está mirando al ombligo o lo hace por convicción? Yo tengo mis dudas; no creo que protesten por solidaridad, ni que les preocupe demasiado qué van a hacer los artistas noveles, lo que les preocupa es su futuro ─al menos, a la mayoría─, que el Estado siga llenando sus hermosas barrigas.

Al final de todo, uno se empieza a cuestionar dos cosas: primero, qué es la cultura y segundo, qué aspectos de esa cultura tendrían que ser subvencionados, tanto en la fiscalidad, como en su financiación. Aunque la pregunta no es sencilla, me atreveré a dar una opinión en el próximo artículo, en plena Semana Grande.

El Mataburros. Remake

Categoría (El Mataburros, General) por Manu de Ordoñana el 02-08-2012

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La palabra remake no está registrada en el Diccionario de la Lengua Española. Es un término inglés que está ampliamente extendido entre los hispanohablantes, sobre todo en el mundo del cine y la televisión, para designar a aquellas creaciones audiovisuales que reproducen fidedignamente la trama, los personajes y la ambientación de una obra anterior. Su equivalente en castellano sería adaptación o nueva versión, incluso reedición, en el caso de una obra literaria. También serviría refrito, que el DRAE define como “cosa rehecha o recompuesta, especialmente refundición de una obra dramática o de otro escrito”.

Otros diccionarios de la lengua española la incluyen en su glosario con significados más o menos parecidos:

  • El diccionario panhispánico de dudas: Anglicismo evitable que puede sustituirse por los equivalentes españoles “nueva versión” o “adaptación”, según los casos.
  • El Seco: Palabra inglesa con que se designa la nueva versión de una obra de éxito, especialmente cinematográfica. Se usa como nombre masculino, un remake, y se suele pronunciar “rimeik”. La denominación alterna a menudo con nueva versión, forma quizá  preferida y también preferible.
  • El María Moliner (inglés, plural remakes): Nueva versión de una película antigua 

A pesar de que cualquiera de los dos vocablos, adaptación o nueva versión, traducen a la perfección su significado, el españolito culto prefiere utilizar el término inglés para demostrar su erudición. Y la prensa también. Si buscas en las hemerotecas de los periódicos españoles, artículos en los que aparece la palabra remake, encontrarás 1539 en la de El País, 948 en la de ABC y 418 en la de El Correo.

El 6 de julio de 2012, La Vanguardia anuncia la celebración en Barcelona de la exposición  “Remakes: Cuando el cine encontró a la moda”, en la que se muestran más de cuarenta fotografías captadas por la cámara de Manuel Outumuro y publicadas en la revista de moda Marie Claire, con escenas de películas imposibles de olvidar: “Los pájaros”, recreada por la actriz Cayetana Guillén Cuervo, “Deseando amar”, con una Ariadna Gil en el papel estelar, “Bonnie & Clyde”, a los que dan vida Pilar López de Ayala y Eduardo Noriega o “Instinto básico”, con la modelo Judit Mascó como álter ego de Sharon Stone, entre otras.

Pero los remakes no son actuaciones exclusivas de la industria audiovisual, también se dan en el campo de la literatura. El 21 de febrero de 2011, el diario El Mundo analiza el éxito obtenido por la editorial Umbriel con la publicación de dos remakes “Androide Karenina” y “Orgullo, prejuicio y zombis”. En el artículo, Lucía González nos explica cómo se cocina un remake literario: “Por encargo, por experimentar, por sacar partido a una moda… Siguen llegando a las librerías remakes literarios, versiones (perversiones, según algunos) de clásicos de todas las épocas. Lo mismo pasa en el cine o en el teatro y la receta cambia según la irreverencia y la osadía que aporten los autores”.

J. Rodríguez Marcos, en un artículo que publicó “El País” el uno octubre de 2011, nos explica los peligros de “rehacer” la obra literaria de escritores contemporáneos protegida por “derechos de autor”. En el año 2004, Alfaguara publicó una adaptación de la obra de Borges “El hacedor”, realizada por el escritor Agustín Fernández Mallo, con la intención de rendir homenaje al autor argentino. Sin embargo, su viuda, María Kodama, no lo entendió así y presentó una reclamación a la editorial que, finalmente, retiró la obra de las librerías, no sin antes expresar su disgusto: “Jamás sospechamos que el libro pudiera ser leído de una manera negativa contra la persona o la obra de Jorge Luis Borges”.

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