El patrocinio y la cultura

Categoría (General, Publicar un libro) por Manu de Ordoñana el 22-05-2012

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Hasta hace bien poco, en España, ha sido el Estado el que se ha encargado de financiar la cultura, con sus lógicas consecuencias de partidismo, dependencia ideológica y, finalmente, mediocridad. Ahora, como la Administración tiene cada vez menos dinero, se aplica en discurrir otro modelo que tienda a favorecer la participación de la sociedad en la creación artística, a través de una nueva ley de mecenazgo ─lo siento, me gusta más patrocinio; dejemos crowfunding para los sajones─ que, según el secretario de Estado de Cultura, José María Lassalle, será aprobada como muy tarde en otoño, para entrar en vigor el 1 de enero de 2013.

Esto es una buena noticia. Mira por donde, la crisis nos va a permitir poner un marcha una nueva receta para que mucha más gente tenga acceso a la actividad creativa, para llevar la democracia a la cultura, para que sea un bien de todos, la envolvente de conceptos tan anhelados como la libertad, el procomún y la globalidad. Grandes calamidades han precedido siempre a etapas de esplendor. Ahora también.

Al parecer, la ley no pretende privatizar la cultura, sino instaurar un régimen mixto, de forma que la iniciativa ciudadana complemente la labor de la Administración, fórmula al gusto de casi todos, que se viene reclamando desde hace tiempo. Nadie quiere un liberalismo a ultranza, pero tampoco es bueno que la cultura esté en manos de los políticos y de sus turbios intereses. Como siempre, la solución está en el medio, aunque su implantación será lenta, los viejos hábitos no desaparecen fácilmente.

Ley 49/2002, de 23 de diciembre, de régimen fiscal de las entidades sin fines lucrativos y de los incentivos fiscales al patrocinio, actualmente en vigor, permite a los particulares deducir un 25% del importe de la donación, de la cuota íntegra del IRPF, mientras que la empresa puede llegar a deducir hasta un 35% de dicho importe, de la cuota del impuesto de sociedades. Se dice que el ministro quiere subir la desgravación hasta el 60 o 70%, como ocurre en Europa, pero, al parecer, tropieza con el criterio de su colega de Hacienda.

A primera vista, el proyecto tiene visos de ir por el buen camino, ni todo privado ni todo público. El objetivo no es llegar al 100%, sino que la sociedad adquiera esa sensibilidad que le falta y comprenda el interés que para todos tiene apadrinar el talento. La futura ley no sólo se dirige a las corporaciones y las grandes fortunas, sino que también busca la complicidad de la población, que las personas físicas aporten su óbolo y tengan derecho a la misma exención fiscal.

Leía el otro día en “El País” un artículo de Ania Elorza en el que presentaba dos casos de “micropatrocinio” que bien pueden servir de orientación a artistas diletantes que quieran dar vida a su primera obra:

Nicolás Ocio, jardinero de profesión, quería realizar un cortometraje algo distinto, en blanco y negro, sin diálogos, con la cámara al ras del suelo. Una familia de Vitoria le regaló 15.000 libros que ocupaban espacio. Él se los llevó y aprovechó el día del libro para venderlos a peso. Con el producto de la venta vio realizado su sueño: el video en el que actuaron treinta personas, fue filmado en seis días. Y además, con presencia en los medios por la originalidad del procedimiento. Eso se llama ingenio, adquirir notoriedad y… gratis.

Sara Iñiguez, intérprete de Rubia, no encontraba manera de financiar la edición de su primer disco, necesitaban 4.000 euros. La solución vino a través de la plataforma de mecenas Verkami: 200 personas pusieron dinero de su bolsillo, en 40 días cubrieron la suscripción, el disco ya está en el mercado. El regalo de Rubia fue ofrecer a sus mentores ir de cañas con todo el equipo. “Hubo gente que no nos conocía de nada, alguno puso hasta 300 euros. Ahora algunos se han convertido en amigos”.

Reconvertir las librerías

Categoría (El mundo del libro, General) por Manu de Ordoñana el 16-05-2012

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“Si no somos capaces de adaptarnos e innovar, sufriremos mucho; si no remontamos en diez o doce meses, veremos muchos cierres de librerías, tanto de pequeñas y medianas como de las grandes”. Estas palabras fueron pronunciadas por Antoni Daura con motivo de la Diada de Sant Jordi en Barcelona. Daura es presidente del gremio de libreros de Cataluña y lleva 26 años en el oficio con su librería Parcir en Manresa.

No cabe duda que el contexto económico no colabora, muchos establecimientos que otrora fueron emblemáticos en pleno centro de la ciudad han tenido que cerrar sus puertas, no sólo por la crisis, sino por la competencia que les hace Internet. Y eso que acabamos de empezar. La venta en la red de productos de consumo, como alimentos, ropa, artículos deportivos, electrónica de consumo y un sinfín de cosas más, presenta cifras de facturación crecientes año a año.

El mercado del libro no es ajeno a este fenómeno, con el agravante de la incipiente implantación del libro digital. El comercio se va desplazando progresivamente hacia las multinacionales del sector de la distribución, las grandes superficies y los grandes operadores como Amazon y Google. Si la industria tradicional no espabila, a corto plazo veremos desaparecer de nuestras calles las librerías que en otro tiempo fueron nuestro orgullo, lugar de encuentro, pábulo de nuestros sueños.

La librería no ha aspirado nunca a obtener grandes beneficios, ningún librero pretende hacerse rico, le basta con el prestigio que le otorga su profesión. Pero debe entender que el modelo de negocio ha cambiado, que no debe esperar a que el cliente entre en la tienda tan sólo a comprar un libro, si no se le ofrece algo más. Hay que reconvertir el espacio, dinamizarlo con otras iniciativas innovadoras dentro de la cultura… y del ocio

¿Qué es lo que tiene que hacer? Nadie tiene la varita mágica. Pero sí saber que no hacer nada es quizá morir, aunque sea con las botas puestas y el almacén a rebosar. Ponía Daura el ejemplo de La Central, una cadena de librerías que, tras vender un 43% de sus acciones a la editorial Feltrinelli, tiene el proyecto de inaugurar en Madrid una tienda de 1.200 metros cuadrados para, además de vender libros, ofrecer servicio de restaurante. La iniciativa no está mal, veremos el resultado. En cualquier caso, la salida del sector no tiene por qué ser unidireccional: “No creo que todas las librerías debamos tener una cafetería”.

Lo que sí parece necesario es que la reconversión de las librerías debería contar con el apoyo de las editoriales, por su mayor capacidad financiera. Sin embargo, el aire que corre es más bien frío, la industria editorial está mirando mucho más la cuenta de explotación, los resultados a corto, los mecenas del Renacimiento se fueron para no volver… ¿Seguro? Quizá alguno medita la resurrección.

¿Cómo afecta todo esto al escritor diletante? La directora de la Feria del Libro de Buenos Aires, Gabriela Adamo, lo tiene claro: “Creo que ni el escritor ni el lector van a perder, aunque tal vez cambien su forma de escribir y de leer”, aunque luego reconoce que las librerías son las que más van a perder, pero no todavía. En América Latina aún no perciben el riesgo porque el e-reader apenas ha entrado. “El Kindle está presente en la Feria, pero no se puede comprar físicamente en Argentina, hay que pedirlo al extranjero y que te lo envíen por correo”. Conforme avance el carro, piensa, se irán acomodando los melones.

En defensa del libro impreso. Los puntos de venta

Categoría (El mundo del libro, General) por Manu de Ordoñana el 09-05-2012

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Son numerosos los foros en los que se anuncia la desaparición del libro impreso y el incierto porvenir que le espera a la novela. Se asocian así dos hechos que, a mi juicio, no están relacionados de ninguna manera. Una cosa es el formato y otra diferente el contenido, si bien existe alguna influencia, como ya se ha dicho en artículos anteriores de este blog. Es éste un pequeño alegato en defensa del libro impreso, de la necesidad que tiene el sector de reconvertirse para sobrevivir al embate de las nuevas tecnologías. Empezaremos por los puntos de venta.

Es evidente que los canales de venta tradicionales del libro están tocados. Estamos viendo cómo se produce el cierre de algunas librerías ubicadas en los lugares más céntricos de la ciudad ─y si aguantan es porque el precio de los locales se ha desplomado─ las que sobreviven lo hacen de mala manera.

Las editoriales no lo están pasando mejor. Si el número de títulos aumenta cada año, las tiradas son cada vez más reducidas, con lo cual el coste se incrementa y el beneficio se reduce, más si los precios de venta tienden hacia abajo, como ocurre ahora con la feroz competencia que reciben de nuevos sellos editoriales surgidos al amparo de Internet. Y no me refiero sólo a las multinacionales, también a pequeñas industrias que han puesto en marcha emprendedores avispados que se apañan en la red.

El problema está en la estructura del negocio, la cadena es muy larga. Desde el autor que escribe la novela hasta el lector que la compra en una librería, el producto pasa por numerosas manos y cada mediador recibe su recompensa. Hay que achatar la pirámide y eliminar en lo posible los escalones intermedios.

De otra parte, la producción a escala como la que se ha hecho hasta ahora es insostenible, la oferta sigue creciendo pero la demanda se contrae. Todo contribuye a la reducción del margen, el modelo hace aguas por todos los lados.

Una solución es especializarse. Las librerías deberían apreciar la conveniencia de acercarse más al autor, de comprarle el libro directamente y, sobre todo, de reducir su catálogo. No puedo negar que, hoy en día, me pierdo cuando entro en una librería, me encuentro desorientado, no sé por donde empezar, salvo cuando voy a comprar algo concreto.

…A comprar algo concreto, he aquí un punto de reflexión. Cada vez más, el cliente decide la compra porque ha descubierto un libro de su interés en la prensa o en una página web. Yo he llegado a un acuerdo con un librero amigo. Cuando eso me ocurre, le escribo un correo y le pido que me lo consiga, si no lo tiene en stock. Cada cierto tiempo, le visito y me llevo lo que tiene guardado para mí. Me hace un pequeño descuento y todos contentos…

Por otra parte, el escritor debería acostumbrarse a sufragar el coste de impresión o a encontrar mecenas que lo financien. Quedaría entonces un solo eslabón entre el autor y el comprador, algo así como un almacenista-distribuidor, lo que permitiría ajustar el precio de venta y detener la dura competencia que le viene del e-book, o que le va a venir, porque, a mi entender, la tecnología de los actuales dispositivos de lectura no ha llegado ni mucho menos a su cénit.

La amplitud de las librerías es finita, no hay forma de almacenar la enorme cantidad de libros que todavía hoy se publican. Bastaría con mantener existencias de los más vendidos ─igual no pasan de la docena─ y pedir el resto en la medida en que lo solicitan. Así se aliviaría la limitada capacidad financiera del establecimiento y se liberaría un espacio para acometer nuevas iniciativas creadoras de valor… y de beneficio. Reinventar las librerías… sólo hace falta un poco de imaginación.

 

El Mataburros. Los archisílabos

Categoría (El Mataburros, General) por Manu de Ordoñana el 03-05-2012

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Archi es un prefijo que proviene del griego “arkho” ─yo mando─ y denota calidad superior en la autoridad (archiduque, arcipreste). A partir del siglo XVI, se extendió su significado extensivo para reforzar la categoría del título que subsigue. En lenguaje informal, se ha popularizado su uso para reforzar el adjetivo a que se antepone y dar más fuerza al lenguaje: es archisabido que…

Con ese sentido, Aurelio Arteta (catedrático de Filosofía Moral y Política en la Universidad del País Vasco) se “inventó” el término “archisílabo” para designar una serie de vocablos largos de uso cotidiano que han desplazado a la palabra más corta de la cual proceden. El fenómeno es preocupante por su creciente aplicación en casi todos los ramos del saber: periodistas, políticos, científicos, profesores universitarios y demás ralea siguen empeñados en inventar expresiones cada vez más sofisticadas para suplantar a otras ya existentes, de igual significado, pero que, a su entender, carecen de potencialidad para deslumbrar al auditorio.

Con la potencialidad hemos topado. El sufijo “dad” es un buen instrumento para la creación de archisílabos: transversalidad, sustancialidad, contextualidad, sacralidad, intencionalidad.

Otro sufijo que sirve para el estiramiento es “ción”: “matización” por “matiz”, “tutorización” por “tutoría”, “ejercitación” por “ejercicio” y así unas cuantas más, casi todas ellas reconocidas por el DRAE, salvo las que suelen emplear los más pedantes: “secuenciación” por “secuencia”, “domiciliación” por “domicilio” o “excomulgación” por “excomunión”.

Claro que también los adjetivos tienen una propuesta para competir en ese afán de alargar el léxico, con la desinencia “al” que, colocada al final, añade una sílaba para ganar estatura: “delicuencial” por “delictivo”, “motivacional” por “motivador”, “aspiracional” por “aspirante”.

audicionar, visionar, chiticallar

La variedad de archisílabos es inagotable. Los verbos forman un piélago en el que los archisílabos se han instalado para prolongar la acción hasta límites que tienden al absurdo: “concientizar” por “concienciar”, “subjetivizar” por “subjetivar”, “basamentar” por “basar”,”direccionar” por “dirigir” y el inefable “vehicular” que tanto prestigio concede al intelectual que lo promueve.

Un verbo del largo recorrido que cautiva a los que frecuentan los medios financieros es “monetarizar” (no incluido en el DRAE), una prolongación de “monetizar” con el significado de “dar curso legal como moneda a billetes de banco u otros signos pecuniarios” o “Hacer moneda”.

Aunque he recibido una formación técnica y ejercido como tal en el mundo de la empresa, no puedo ocultar que me costó algún esfuerzo retener el significado del término “trazabilidad”, cuando hace unos veinte años se empezaron a implantar en España los sistemas de aseguramiento de la calidad: “Conjunto de procedimientos preestablecidos que permite conocer el historial y la trayectoria de un producto o lote de productos a lo largo de un proceso productivo”. ¿Otro archisílabo”? El DRAE lo admite y ofrece una definición parecida. Se supone que la palabreja deriva del verbo inglés “trace” (seguir la pista, rastrear), en cuyo caso hubiera sido suficiente atribuir al procedimiento el vocablo “trazado”, mucho más agradable al oído que esa molesta trazabilidad.

“Nunca uses una palabra larga donde puedas usar una corta”. Esta regla que dictó Orwell hace ya unos cuantos años parece que no ha tenido mucho éxito. La opulencia tiene más seguidores, sobre todo cuando las ideas escasean. Adquirir notoriedad es la regla de oro, aunque el precio sea la vacuidad del discurso. La pomposidad seduce, la precisión aburre, obliga a pensar.  

Para terminar, transcribo literalmente el último párrafo del primer artículo escrito por Aurelio Arteta, allá por el año 1995, por considerarlo ilustrativo. Dice así: “¿Que una lengua, al fin producto histórico y cosa viva tiene que evolucionar? Pues claro, hombre, pero no está mandado transformarla sólo a golpes de pedantería, ignorancia, pereza o memez de sus usuarios. También está escrito que, quien tenga oídos para oír, que oiga”.

La moda del archisílabo / El País / 21 sep 1995

Arrecian los archisílabos / El País / 10 ago 2005

Archisílabos / El País / 16 dic 2008

Archisílabos a tutiplén / El País / 5 feb 2010

Dilo en archisílabos / El País / 19 abr 2012

El vook y la nueva literatura

Categoría (El libro digital, General) por Manu de Ordoñana el 27-04-2012

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Descubro con estupor el progresivo desprecio que el libro impreso ha empezado a producir en determinados ambientes intelectuales. No sólo son los jóvenes, sino que también personas cultivadas, profesionales de prestigio y sesudos catedráticos confiesan sin ningún rubor que han dejado de leer libros impresos y que les basta el alimento de Internet para estar al día. El ordenador les facilita el acceso a la información que necesitan para cumplir su misión. Los libros son superfluos y no les aportan ningún beneficio.

Es evidente que la progresiva sofisticación de las máquinas ha contribuido de forma radical a reducir el trabajo del hombre para satisfacer sus necesidades vitales, pero al mismo tiempo ha condicionado su comportamiento. Esa liberación de su tiempo libre no se ha canalizado a enriquecer las facultades más nobles de su espíritu sino a fomentar el ocio, la comodidad y el reduccionismo.

Internet ofrece tal cantidad de información que te acaba distrayendo. Al final, no eres capaz de descubrir la que tiene valor, sino que aceptas la que viene resumida, es superficial o poco conflictiva. Si leer era antes un acto interior que exigía soledad y concentración, ahora el lector sólo pretende asistir a un espectáculo. Eso hace que, poco a poco, la cultura vaya desapareciendo de los libros para ser absorbida por la nube digital que te la devuelve degradada, aunque, eso sí, a la velocidad de la luz, para que sea asequible a través de formatos de fácil interpretación.

Trasladado esto al mundo de la cultura, se diría que esa actitud negativa hacia todo lo que supone un esfuerzo intelectual también se está reforzando con la tecnología. Los nuevos dispositivos electrónicos de lectura están coadyuvando a la pereza mental, al rechazo de contenidos que encierran dificultad. Palabra escrita, sonido e imagen juntos en el mismo soporte. ¿Qué tipo de literatura puede salir de aquí, si el objetivo es satisfacer los sentidos más que procurar la reflexión?  

No pasará mucho tiempo sin que veamos cómo las novelas digitales serán más visuales que textuales, lo que ya se ha dado en denominar vooks. Esta nueva presentación supone un cambio radical en la forma de escribir, o mejor dicho, en la forma de construir. En ese contexto, ¿quiénes serán los nuevos escritores? ¿Veremos algún día una creación de este tipo compuesta por Ana María Matute? Lo dudo. Si esta tendencia se confirma, la lectura masiva será pasto de lo superficial y el libro de papel adquirirá rango de obra de arte para exhibir a título de distinción.

La lectura ─y en consecuencia el conocimiento─ es un proceso activo que exige la participación del individuo. Los jóvenes dicen que no leen novelas porque son demasiado largas para seguirlas en pantalla. El problema es saber si esa afirmación no encierra otra lección. En el fondo, ¿no estarán diciendo que la literatura que demandan es la liviana, la simplota, ésa que “engancha”, que se lee fácil?

Una nueva literatura va a surgir con el vook. ¿Será una oportunidad para el escritor diletante?

Solicitar el ISBN

Categoría (El libro digital, General, Publicar un libro) por Manu de Ordoñana el 21-04-2012

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El ISBN (International Standard Book Number) es un identificador de libros para uso comercial, así como el ISSN lo es para publicaciones periódicas (revistas, periódicos). Fue creado en el Reino Unido en 1966 y adoptado como estándar internacional en 1970. Hasta la reforma que entró en vigor en el 2007, el ISBN estaba compuesto por 10 dígitos de longitud, y dividido en cuatro partes: código de país o lengua de origen / editor / número del artículo / dígito de control. Después de la reforma, el ISBN pasó a tener 13 dígitos incorporando el prefijo “978”.

El ISBN lo solicita el editor, así que si quieres publicar por tu cuenta, puedes gestionar el ISBN directamente en la Agencia Española del ISBN, aunque, eso sí, tendrás que pagar 45 euros.  Para ello, tienes que entrar en su página web y enviar los formularios a través de su Acceso Telemático. Si tienes alguna duda, puedes dirigirte a su email (agencia@agenciaisbn.es). Es bastante fácil:

Primer paso. A la izquierda, tienes una pestaña “Autores/Editores. Información. Solicitudes”. Pinchas en “Solicitudes”. Encontrarás un formulario de solicitud de ISBN para autor/editor que tienes que rellenar. Es fácil de interpretar. Te van a pedir una copia del DNI digitalizada y el certificado de que has pagado los 45 euros. Lo puedes hacer mediante tarjeta de crédito o mediante transferencia, incluso vía Paypal. No está de más que te leas antes los “Términos y condiciones”. Rellenas la ficha y la envías. Tendrás que esperar cuatro o cinco días.

Segunda paso. Recibirás un correo electrónico en el que te confirman el número de la solicitud, así como el acceso a un formulario bibliográfico en la dirección que te señalan, a la cual podrás entrar mediante el nombre de usuario y la contraseña que te han asignado. Si estás gestionando varios títulos, la contraseña para todos ellos será siempre la misma. Introduce pues usuario y contraseña para entrar en el formulario.

A la izquierda, aparecen 3 opciones: Consulta (ahí pasara la tuya cuando envíes el formulario), Altas (lo que tienes que hacer) y Ayuda (te aconsejo que abras esta página y te la estudies bien, incluso imprímela para consultarla al rellenar el formulario).

Pincha ahora en Altas. Te encuentras con el formulario que tienes que rellenar. Hay que cumplimentar todas las que tienen asterisco. Es relativamente sencillo, pero hay algunas cosas que conviene tener en cuenta:

  • Si tu obra tiene más de un volumen tienes que indicarlo. Si es un solo volumen, no hace falta.
  • 1.- Autor. Tienes que rellenar dos casillas (Autor si lo eres, seleccionando en el desplegable de la izquierda) y dos apellidos con el nombre.
  • 7.- Lenguas. Publicación: Castellano.
  • 9.- Edición: Nº y mención de edición = 1 / Nº de impresión = 1
  • 10.- Descripción física. Si es un libro en papel, se entiende fácil, pero si es electrónico, ten en cuenta lo siguiente:

                   – Soporte: (N) Archivo de Internet.

                    – Nº de pag/soporte = 1  

                   – Tamaño: Las dos casillas en blanco.

                   – Descripción: Formato Pdf / ePub / etc. y el peso. Yo escribí: Formato Pdf de 842 kb.

  • 13.- Precio. En España, el precio lo establece el editor, es decir, tú mismo. Debes incluirlo sin IVA y si tiene decimales, parece que sólo acepta el punto para separar entero y decimales.
  • 14.- Tirada. Si es ebook no hace falta indicarlo.
  • 15.- CDU / 16.- BIC. Tienes que rellenar sólo uno de los dos: El  CDU es la clasificación utilizada en la mayor parte de los catálogos bibliográficos de España.  El BIC es el Sistema de Clasificación de Materias BIC para el sector del libro. Te recomiendo el BIC: es más fácil de interpretar. Pincha en el botón + de la derecha y te aparecerá una tabla para que selecciones la materia BIC que corresponde a tu libro. En mi caso, seleccioné FJH: Ficción / Aventura histórica, al tratarse de una novela histórica.
  • 17.- Notas. Para libro digital tienes que indicar la URL: Edición digital localizable en http://… (la dirección del enlace en que está alojado tu libro en Internet). Esto no siempre será posible. Yo lo solucioné metiendo la URL en la que está anunciado mi libro.

Ya tienes rellenada la ficha. Haz clic en “Enviar” y a esperar dos o tres días. Es posible que, al cabo de ese tiempo, te digan que hay algún error. Te vuelven a enviar la ficha para que la corrijas, con una nueva contraseña. Al final, llegarás a hacerlo bien, no te desesperes.

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