En defensa del libro impreso. Los puntos de venta

Categoría (El mundo del libro, General) por Manu de Ordoñana el 09-05-2012

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Son numerosos los foros en los que se anuncia la desaparición del libro impreso y el incierto porvenir que le espera a la novela. Se asocian así dos hechos que, a mi juicio, no están relacionados de ninguna manera. Una cosa es el formato y otra diferente el contenido, si bien existe alguna influencia, como ya se ha dicho en artículos anteriores de este blog. Es éste un pequeño alegato en defensa del libro impreso, de la necesidad que tiene el sector de reconvertirse para sobrevivir al embate de las nuevas tecnologías. Empezaremos por los puntos de venta.

Es evidente que los canales de venta tradicionales del libro están tocados. Estamos viendo cómo se produce el cierre de algunas librerías ubicadas en los lugares más céntricos de la ciudad ─y si aguantan es porque el precio de los locales se ha desplomado─ las que sobreviven lo hacen de mala manera.

Las editoriales no lo están pasando mejor. Si el número de títulos aumenta cada año, las tiradas son cada vez más reducidas, con lo cual el coste se incrementa y el beneficio se reduce, más si los precios de venta tienden hacia abajo, como ocurre ahora con la feroz competencia que reciben de nuevos sellos editoriales surgidos al amparo de Internet. Y no me refiero sólo a las multinacionales, también a pequeñas industrias que han puesto en marcha emprendedores avispados que se apañan en la red.

El problema está en la estructura del negocio, la cadena es muy larga. Desde el autor que escribe la novela hasta el lector que la compra en una librería, el producto pasa por numerosas manos y cada mediador recibe su recompensa. Hay que achatar la pirámide y eliminar en lo posible los escalones intermedios.

De otra parte, la producción a escala como la que se ha hecho hasta ahora es insostenible, la oferta sigue creciendo pero la demanda se contrae. Todo contribuye a la reducción del margen, el modelo hace aguas por todos los lados.

Una solución es especializarse. Las librerías deberían apreciar la conveniencia de acercarse más al autor, de comprarle el libro directamente y, sobre todo, de reducir su catálogo. No puedo negar que, hoy en día, me pierdo cuando entro en una librería, me encuentro desorientado, no sé por donde empezar, salvo cuando voy a comprar algo concreto.

…A comprar algo concreto, he aquí un punto de reflexión. Cada vez más, el cliente decide la compra porque ha descubierto un libro de su interés en la prensa o en una página web. Yo he llegado a un acuerdo con un librero amigo. Cuando eso me ocurre, le escribo un correo y le pido que me lo consiga, si no lo tiene en stock. Cada cierto tiempo, le visito y me llevo lo que tiene guardado para mí. Me hace un pequeño descuento y todos contentos…

Por otra parte, el escritor debería acostumbrarse a sufragar el coste de impresión o a encontrar mecenas que lo financien. Quedaría entonces un solo eslabón entre el autor y el comprador, algo así como un almacenista-distribuidor, lo que permitiría ajustar el precio de venta y detener la dura competencia que le viene del e-book, o que le va a venir, porque, a mi entender, la tecnología de los actuales dispositivos de lectura no ha llegado ni mucho menos a su cénit.

La amplitud de las librerías es finita, no hay forma de almacenar la enorme cantidad de libros que todavía hoy se publican. Bastaría con mantener existencias de los más vendidos ─igual no pasan de la docena─ y pedir el resto en la medida en que lo solicitan. Así se aliviaría la limitada capacidad financiera del establecimiento y se liberaría un espacio para acometer nuevas iniciativas creadoras de valor… y de beneficio. Reinventar las librerías… sólo hace falta un poco de imaginación.

 

El Mataburros. Los archisílabos

Categoría (El Mataburros, General) por Manu de Ordoñana el 03-05-2012

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Archi es un prefijo que proviene del griego “arkho” ─yo mando─ y denota calidad superior en la autoridad (archiduque, arcipreste). A partir del siglo XVI, se extendió su significado extensivo para reforzar la categoría del título que subsigue. En lenguaje informal, se ha popularizado su uso para reforzar el adjetivo a que se antepone y dar más fuerza al lenguaje: es archisabido que…

Con ese sentido, Aurelio Arteta (catedrático de Filosofía Moral y Política en la Universidad del País Vasco) se “inventó” el término “archisílabo” para designar una serie de vocablos largos de uso cotidiano que han desplazado a la palabra más corta de la cual proceden. El fenómeno es preocupante por su creciente aplicación en casi todos los ramos del saber: periodistas, políticos, científicos, profesores universitarios y demás ralea siguen empeñados en inventar expresiones cada vez más sofisticadas para suplantar a otras ya existentes, de igual significado, pero que, a su entender, carecen de potencialidad para deslumbrar al auditorio.

Con la potencialidad hemos topado. El sufijo “dad” es un buen instrumento para la creación de archisílabos: transversalidad, sustancialidad, contextualidad, sacralidad, intencionalidad.

Otro sufijo que sirve para el estiramiento es “ción”: “matización” por “matiz”, “tutorización” por “tutoría”, “ejercitación” por “ejercicio” y así unas cuantas más, casi todas ellas reconocidas por el DRAE, salvo las que suelen emplear los más pedantes: “secuenciación” por “secuencia”, “domiciliación” por “domicilio” o “excomulgación” por “excomunión”.

Claro que también los adjetivos tienen una propuesta para competir en ese afán de alargar el léxico, con la desinencia “al” que, colocada al final, añade una sílaba para ganar estatura: “delicuencial” por “delictivo”, “motivacional” por “motivador”, “aspiracional” por “aspirante”.

audicionar, visionar, chiticallar

La variedad de archisílabos es inagotable. Los verbos forman un piélago en el que los archisílabos se han instalado para prolongar la acción hasta límites que tienden al absurdo: “concientizar” por “concienciar”, “subjetivizar” por “subjetivar”, “basamentar” por “basar”,”direccionar” por “dirigir” y el inefable “vehicular” que tanto prestigio concede al intelectual que lo promueve.

Un verbo del largo recorrido que cautiva a los que frecuentan los medios financieros es “monetarizar” (no incluido en el DRAE), una prolongación de “monetizar” con el significado de “dar curso legal como moneda a billetes de banco u otros signos pecuniarios” o “Hacer moneda”.

Aunque he recibido una formación técnica y ejercido como tal en el mundo de la empresa, no puedo ocultar que me costó algún esfuerzo retener el significado del término “trazabilidad”, cuando hace unos veinte años se empezaron a implantar en España los sistemas de aseguramiento de la calidad: “Conjunto de procedimientos preestablecidos que permite conocer el historial y la trayectoria de un producto o lote de productos a lo largo de un proceso productivo”. ¿Otro archisílabo”? El DRAE lo admite y ofrece una definición parecida. Se supone que la palabreja deriva del verbo inglés “trace” (seguir la pista, rastrear), en cuyo caso hubiera sido suficiente atribuir al procedimiento el vocablo “trazado”, mucho más agradable al oído que esa molesta trazabilidad.

“Nunca uses una palabra larga donde puedas usar una corta”. Esta regla que dictó Orwell hace ya unos cuantos años parece que no ha tenido mucho éxito. La opulencia tiene más seguidores, sobre todo cuando las ideas escasean. Adquirir notoriedad es la regla de oro, aunque el precio sea la vacuidad del discurso. La pomposidad seduce, la precisión aburre, obliga a pensar.  

Para terminar, transcribo literalmente el último párrafo del primer artículo escrito por Aurelio Arteta, allá por el año 1995, por considerarlo ilustrativo. Dice así: “¿Que una lengua, al fin producto histórico y cosa viva tiene que evolucionar? Pues claro, hombre, pero no está mandado transformarla sólo a golpes de pedantería, ignorancia, pereza o memez de sus usuarios. También está escrito que, quien tenga oídos para oír, que oiga”.

La moda del archisílabo / El País / 21 sep 1995

Arrecian los archisílabos / El País / 10 ago 2005

Archisílabos / El País / 16 dic 2008

Archisílabos a tutiplén / El País / 5 feb 2010

Dilo en archisílabos / El País / 19 abr 2012

El vook y la nueva literatura

Categoría (El libro digital, General) por Manu de Ordoñana el 27-04-2012

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Descubro con estupor el progresivo desprecio que el libro impreso ha empezado a producir en determinados ambientes intelectuales. No sólo son los jóvenes, sino que también personas cultivadas, profesionales de prestigio y sesudos catedráticos confiesan sin ningún rubor que han dejado de leer libros impresos y que les basta el alimento de Internet para estar al día. El ordenador les facilita el acceso a la información que necesitan para cumplir su misión. Los libros son superfluos y no les aportan ningún beneficio.

Es evidente que la progresiva sofisticación de las máquinas ha contribuido de forma radical a reducir el trabajo del hombre para satisfacer sus necesidades vitales, pero al mismo tiempo ha condicionado su comportamiento. Esa liberación de su tiempo libre no se ha canalizado a enriquecer las facultades más nobles de su espíritu sino a fomentar el ocio, la comodidad y el reduccionismo.

Internet ofrece tal cantidad de información que te acaba distrayendo. Al final, no eres capaz de descubrir la que tiene valor, sino que aceptas la que viene resumida, es superficial o poco conflictiva. Si leer era antes un acto interior que exigía soledad y concentración, ahora el lector sólo pretende asistir a un espectáculo. Eso hace que, poco a poco, la cultura vaya desapareciendo de los libros para ser absorbida por la nube digital que te la devuelve degradada, aunque, eso sí, a la velocidad de la luz, para que sea asequible a través de formatos de fácil interpretación.

Trasladado esto al mundo de la cultura, se diría que esa actitud negativa hacia todo lo que supone un esfuerzo intelectual también se está reforzando con la tecnología. Los nuevos dispositivos electrónicos de lectura están coadyuvando a la pereza mental, al rechazo de contenidos que encierran dificultad. Palabra escrita, sonido e imagen juntos en el mismo soporte. ¿Qué tipo de literatura puede salir de aquí, si el objetivo es satisfacer los sentidos más que procurar la reflexión?  

No pasará mucho tiempo sin que veamos cómo las novelas digitales serán más visuales que textuales, lo que ya se ha dado en denominar vooks. Esta nueva presentación supone un cambio radical en la forma de escribir, o mejor dicho, en la forma de construir. En ese contexto, ¿quiénes serán los nuevos escritores? ¿Veremos algún día una creación de este tipo compuesta por Ana María Matute? Lo dudo. Si esta tendencia se confirma, la lectura masiva será pasto de lo superficial y el libro de papel adquirirá rango de obra de arte para exhibir a título de distinción.

La lectura ─y en consecuencia el conocimiento─ es un proceso activo que exige la participación del individuo. Los jóvenes dicen que no leen novelas porque son demasiado largas para seguirlas en pantalla. El problema es saber si esa afirmación no encierra otra lección. En el fondo, ¿no estarán diciendo que la literatura que demandan es la liviana, la simplota, ésa que “engancha”, que se lee fácil?

Una nueva literatura va a surgir con el vook. ¿Será una oportunidad para el escritor diletante?

Solicitar el ISBN

Categoría (El libro digital, General, Publicar un libro) por Manu de Ordoñana el 21-04-2012

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El ISBN (International Standard Book Number) es un identificador de libros para uso comercial, así como el ISSN lo es para publicaciones periódicas (revistas, periódicos). Fue creado en el Reino Unido en 1966 y adoptado como estándar internacional en 1970. Hasta la reforma que entró en vigor en el 2007, el ISBN estaba compuesto por 10 dígitos de longitud, y dividido en cuatro partes: código de país o lengua de origen / editor / número del artículo / dígito de control. Después de la reforma, el ISBN pasó a tener 13 dígitos incorporando el prefijo “978”.

El ISBN lo solicita el editor, así que si quieres publicar por tu cuenta, puedes gestionar el ISBN directamente en la Agencia Española del ISBN, aunque, eso sí, tendrás que pagar 45 euros.  Para ello, tienes que entrar en su página web y enviar los formularios a través de su Acceso Telemático. Si tienes alguna duda, puedes dirigirte a su email (agencia@agenciaisbn.es). Es bastante fácil:

Primer paso. A la izquierda, tienes una pestaña “Autores/Editores. Información. Solicitudes”. Pinchas en “Solicitudes”. Encontrarás un formulario de solicitud de ISBN para autor/editor que tienes que rellenar. Es fácil de interpretar. Te van a pedir una copia del DNI digitalizada y el certificado de que has pagado los 45 euros. Lo puedes hacer mediante tarjeta de crédito o mediante transferencia, incluso vía Paypal. No está de más que te leas antes los “Términos y condiciones”. Rellenas la ficha y la envías. Tendrás que esperar cuatro o cinco días.

Segunda paso. Recibirás un correo electrónico en el que te confirman el número de la solicitud, así como el acceso a un formulario bibliográfico en la dirección que te señalan, a la cual podrás entrar mediante el nombre de usuario y la contraseña que te han asignado. Si estás gestionando varios títulos, la contraseña para todos ellos será siempre la misma. Introduce pues usuario y contraseña para entrar en el formulario.

A la izquierda, aparecen 3 opciones: Consulta (ahí pasara la tuya cuando envíes el formulario), Altas (lo que tienes que hacer) y Ayuda (te aconsejo que abras esta página y te la estudies bien, incluso imprímela para consultarla al rellenar el formulario).

Pincha ahora en Altas. Te encuentras con el formulario que tienes que rellenar. Hay que cumplimentar todas las que tienen asterisco. Es relativamente sencillo, pero hay algunas cosas que conviene tener en cuenta:

  • Si tu obra tiene más de un volumen tienes que indicarlo. Si es un solo volumen, no hace falta.
  • 1.- Autor. Tienes que rellenar dos casillas (Autor si lo eres, seleccionando en el desplegable de la izquierda) y dos apellidos con el nombre.
  • 7.- Lenguas. Publicación: Castellano.
  • 9.- Edición: Nº y mención de edición = 1 / Nº de impresión = 1
  • 10.- Descripción física. Si es un libro en papel, se entiende fácil, pero si es electrónico, ten en cuenta lo siguiente:

                   – Soporte: (N) Archivo de Internet.

                    – Nº de pag/soporte = 1  

                   – Tamaño: Las dos casillas en blanco.

                   – Descripción: Formato Pdf / ePub / etc. y el peso. Yo escribí: Formato Pdf de 842 kb.

  • 13.- Precio. En España, el precio lo establece el editor, es decir, tú mismo. Debes incluirlo sin IVA y si tiene decimales, parece que sólo acepta el punto para separar entero y decimales.
  • 14.- Tirada. Si es ebook no hace falta indicarlo.
  • 15.- CDU / 16.- BIC. Tienes que rellenar sólo uno de los dos: El  CDU es la clasificación utilizada en la mayor parte de los catálogos bibliográficos de España.  El BIC es el Sistema de Clasificación de Materias BIC para el sector del libro. Te recomiendo el BIC: es más fácil de interpretar. Pincha en el botón + de la derecha y te aparecerá una tabla para que selecciones la materia BIC que corresponde a tu libro. En mi caso, seleccioné FJH: Ficción / Aventura histórica, al tratarse de una novela histórica.
  • 17.- Notas. Para libro digital tienes que indicar la URL: Edición digital localizable en http://… (la dirección del enlace en que está alojado tu libro en Internet). Esto no siempre será posible. Yo lo solucioné metiendo la URL en la que está anunciado mi libro.

Ya tienes rellenada la ficha. Haz clic en “Enviar” y a esperar dos o tres días. Es posible que, al cabo de ese tiempo, te digan que hay algún error. Te vuelven a enviar la ficha para que la corrijas, con una nueva contraseña. Al final, llegarás a hacerlo bien, no te desesperes.

El e-book no termina de arrancar

Categoría (El libro digital, El mundo del libro, General) por Manu de Ordoñana el 15-04-2012

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Durante el año 2011, el registro de libros digitales en el ISBN se incrementó un 55% con respecto al año precedente, al subir de 12.948 a 20.119 títulos, mientras que el libro impreso sufrió un retroceso del 14,2% al pasar de 96.238 a 82.495 títulos. A pesar de que el número de títulos registrados representa el 17,9% sobre el total, la cuota de mercado de los e-books es todavía pequeña, ya que apenas supone el 4% de los ingresos totales del sector. Claro que a eso contribuye y mucho el pirateo: tan sólo el 27% de los españoles que leen libros digitales declara hacer la descarga legal mediante pago electrónico.

Una de las razones que alegan para justificar este procedimiento es el precio elevado que hay que pagar por cada descarga, precio ─en muchos casos próximo al del libro impreso─ que no tiene ninguna justificación a tenor de los costes de producción y de distribución. Es verdad que el libro digital soporta un IVA del 18%, frente a un 4% del libro impreso. El Congreso aprobó a principios de marzo equiparar ambos IVAs al 4%, pero se desconoce cuándo entrará en vigor el decreto.

Un informe reciente de la firma Bowker “Global eBook Monitor” señala que un 13% de los internautas españoles ha pagado en el año 2011 por la compra de libros electrónicos, un 8% declara que no conoce esa opción y un 79% que la conoce pero que no la utiliza. La investigación se realizó simultáneamente en diez países y los resultados se han obtenido mediante encuestas a más de mil usuarios en cada uno de ellos. Los países más activos en este mercado son India, Australia y Brasil. España ocupa una posición intermedia según se aprecia en la tabla siguiente:

En España, el porcentaje de compradores de e-books es el mismo para hombres y mujeres (13%), mientras que en el resto de países predominan los hombres, salvo EE.UU. y Reino Unido, en los que ganan las mujeres. En cualquier caso, las diferencias son escasas, salvo en Alemania, país en el que se produce la mayor divergencia (hombres el 18% y mujeres el 8%) y Francia (hombres el 15% y mujeres el 8%).

En cuanto a edades, un 27% de los jóvenes españoles de 18-24 años dice haber comprado al menos un e-book en los últimos seis meses. Ese porcentaje va descendiendo con la edad para situarse en el 7% en la franja de personas mayores de 55 años. El cuadro siguiente recoge esa evolución comparando los datos obtenidos en España y en Francia:

A pesar de las predicciones tan optimistas que lanzaron algunos gurús sobre el futuro del libro digital, su irrupción no ha sido tan espectacular. Sin embargo, aunque el crecimiento es lento, se produce de forma continuada y hay que suponer que esa tendencia se mantendrá en los próximos años, ya que la oferta sigue creciendo: cada vez hay más plataformas y librerías que venden e-books.

En cualquier caso, la situación está muy lejos de ser lo que predecía Idboox.com en aquella crónica tan catastrófica que publicó en el mes de septiembre de 2011:

  • 2013: Las ventas de libros electrónicos superan las ventas de libros impresos, incluso los usados. Las ventas de revistas digitales comienzan a igualarse a las de las revistas impresas. 
  • 2015: Muerte de las librerías locales. Las más pequeñas se convierten en cibercafés. Sobreviven marginalmente las especializadas en libros raros o de coleccionista.
  • 2019: Hecatombe entre los editores: sólo sobrevive un pequeño número de ellos. Los gigantes como Random House y Penguin transforman sus filiales más pequeñas en editores exclusivamente digitales.
  • 2025: Termina la transición de los libros impresos a los electrónicos, incluso en los países en vías de desarrollo. En el mejor de los casos, el libro se considera una curiosidad y en el peor una molestia. Los libros de colección aún no han desaparecido. Un pequeño número de lectores sigue leyendo libros impresos, pero en general todos los libros están disponibles en versión digital.

Editores de bolsillo

Categoría (El mundo del libro, General, Publicar un libro) por Manu de Ordoñana el 10-04-2012

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En estos últimos años, han proliferado las editoriales que se  anuncian para ayudar al escritor diletante a publicar el libro que acaba de escribir. Y como siempre ocurre cuando se crea un mercado nuevo, hay empresas responsables que quieren perdurar y hacen bien su trabajo, junto a otras que sólo persiguen el dinero fácil y rápido, sin ningún afán de permanecer (ver en este enlace la opinión de un autor que se siente engañado).

Yo no soy partidario de utilizar este tipo de servicio, ya que no hace falta mucha ciencia para hacerlo todo tú solo, pero comprendo que hay autores que prefieren dedicar su esfuerzo a la noble tarea de escribir y contratar la publicación a un especialista. Y, claro, aquí no me estoy refiriendo al escritor consagrado que ya tiene su editor, sino a ti, escritor debutante, que acabas de ingresar en el gremio.

Lo primero que tienes que asumir es que ninguna editorial te va a publicar el libro sin una contraprestación económica. Tienes que pensar en la autoedición y eso hay que pagarlo. Y aquí es donde aparece esa retahíla de pequeños editores que conocen bien tu mentalidad, saben que estás dispuesto a soltar un dinero por tocar con tus manos el fruto de tu esfuerzo. Es ahí donde tienes que tener cuidado, porque muchos prometen demasiado y te puedes llevar un chasco.

Si introduces la palabra “autoedición de libros” en cualquier buscador de prestigio, encontrarás miles de resultados. ¿Qué criterio has de seguir para seleccionar uno fiable? No hay respuesta a esa pregunta. Lo recomendable es analizar lo que te ofrece cada uno y juntar los dedos. Quizá si te apoyas en alguna palabra clave suplementaria, consigas reducir la lista del buscador, pero siempre aparecerá un buen puñado de páginas.

Más o menos, todos te ofrecen lo mismo, sólo varían las cantidades y el precio, así que tú eres el que tienes que decidir en base a los objetivos que te has planteado. Sólo una recomendación: desconfía de los editores que te garantizan la venta de un cierto número de ejemplares, porque eso es imposible. Opta por aquél que te proponga unas condiciones claras y fáciles de entender y, desde luego, léete el contrato, incluso la letra pequeña y no gastes mucho dinero. ¡Mucho cuidado con las exclusivas ad aeternum!

El otro día, salseando en la red, me topé con una pequeña editorial que reúne esas características. Se llama nuevosescritores, pertenece al grupo Éride y tiene su sede en Madrid. Si entras en su página web, verás que la edición básica (tiene otra avanzada que igual te viene mejor) de un libro de 200 páginas cuesta tan sólo 160 € e incluye los siguientes cometidos:

1.- Corrección básica. Sólo la ortografía con un programa de software. Debes enviar el texto corregido.

2.- Maquetación básica. Sólo la supervisión. El original debe ser definitivo. Mejor en Pdf para evitar sorpresas.

3.- Tramitación del ISBN.

4.- Depósito legal. Envío de 4-5 ejemplares a la Biblioteca Nacional por cuenta del editor.

5.- Portada. La composición es por cuenta del editor. Tú sólo has de elegir una plantilla del catálogo que ofrece el editor y enviar una imagen para la portada y tu fotografía para la contraportada.

6.- La redacción de la sinopsis de la obra es por tu cuenta, lo mismo que la biografía.

7.- Formato. En torno a 14×21 cms, en función del número de páginas. Si quieres el libro con solapas, hay que pedir presupuesto.

Con ese material, la editorial se encarga de publicar el libro y tú recibes tres ejemplares, pero tienes la posibilidad de comprar más a un precio preferencial. Si, por ejemplo, pides 50 libros, te cobran 200 €, con lo cual te sale cada uno a 6,79 euros. Sé modesto y empieza por colocar tú solo esos 53 ejemplares de la primera tirada. Luego, si quieres avanzar, la propia editorial te asesora sobre posibles canales de distribución e incluso pone a tu disposición una tienda online en la que hay registrados casi 300 títulos.

Ya ves que nuevosescritores no realiza gestión alguna para promocionar o distribuir el libro, sólo mejorarlo y publicarlo. Las ventas serán fruto de tu trabajo del autor y de tu capacidad de movimiento. Eso es lo que me gusta de su propuesta, no te engañan ni te prometen nada, para que no te hagas ilusiones. El único punto que plantea alguna duda es la exclusiva. En el contrato que tienes que firmar, otorgas al editor una licencia en exclusiva por un año de duración, con lo cual te comprometes, durante ese tiempo, a no publicar tu novela en otra editorial, ni subirla a ningún portal digital tipo Amazon o Google Books. Mientras tanto, el editor pude hacer lo que quiera con ella. Es sólo un año, tú verás si te conviene.

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