¿Es posible la cultura sin intermediarios?

Categoría (El mundo del libro, General, Marketing para vender libros) por Manu de Ordoñana el 14-03-2011

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Al amparo del debate que se ha producido en el mundo de la cultura con la aprobación de la llamada Ley Sinde, no está de más que nos hagamos una pregunta: ¿Es posible la cultura sin intermediarios? ¿Es posible la literatura sin editores, sin librerías?

La respuesta no es la misma para todos los sectores. Es difícil entender el cine sin la Warner o la Fox. Los grandes éxitos cinematográficos no desaparecerán nunca, pero probablemente sí ese montón de películas de calidad dudosa que a menudo te tragas en la tele, impuestas a las cadenas televisivas por distribuidoras de medio pelo. Por el contrario, emergerá el cine independiente hecho con un presupuesto modesto que cuenta historias complejas desde formatos diferentes. Los creadores que perciban el cambio tendrán una oportunidad para triunfar; los que no, serán los eternos descontentos que demandan protección con leyes conservadoras para mantener el statu quo. En ese sentido, saldremos ganando.

Alguien podrá alegar que precisamente ese tipo de cine es el que busca la mayoría de la gente, de igual forma que los mayores niveles de audiencia en televisión corresponden a esos programas basura que infestan nuestras pantallas. Es entonces cuando uno se pregunta cuál es el rol de la cultura. Os sugiero que hagáis un recorrido por diferentes países europeos y comparéis el nivel cultural (o educativo, si lo preferís) medio del ciudadano con la calidad de los contenidos que la televisión ofrece. A que no os lleváis ninguna sorpresa…

Algo parecido sucederá en el ámbito discográfico. No creo que desaparezcan los grandes sellos, pero sí los de tamaño medio, para dejar paso a plataformas digitales en las que los artistas venderán directamente sus producciones, aunque nunca podrán prescindir del promotor. Éste juega un papel importante en la difusión de un disco y tiene reconocido su derecho a una remuneración.

En la literatura, es probable que ocurra algo similar. No es cierto que los editores garanticen la calidad de los libros que publican. Diría que incluso al revés. Las editoriales han perdido aquella misión sacrosanta que aplicaron en sus inicios de buscar escritores desconocidos, con talento, para lanzarlos a la fama. Hoy se limitan a publicar lo que saben que se va a vender, es decir lo que hacen los autores consagrados. Ése es el espacio que les corresponde y dejémosles que lo ocupen a su legitimo entender. Muchas tendrán que cerrar…

Surgirá con fuerza el libro digital y allí ya no es tan necesaria la presencia de intermediarios y distribuidores. Cada autor tendrá que encontrar la forma de colocar su libro en la red y adquirir notoriedad para que el gran público lo descargue a su tablet. En ese campo, la figura del agente literario se hará indispensable para promocionar a escritores noveles, orientarles en el enfoque de la obra y hacer la publicidad adecuada. Es un oficio con futuro para nuevos profesionales honestos y adaptados a los nuevos tiempos.

El Mataburros. Dilucir

Categoría (El Mataburros, General) por Manu de Ordoñana el 10-03-2011

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Soy aficionado a las carreras de caballos. Desde muy niño, mis padres me llevaban en verano al hipódromo de Lasarte y allí aprendí a gozar de ese espectáculo y a estimar a los animales. Durante muchos años, he escuchado por los altavoces la expresión: “El resultado se dilucirá por fotografía”, cuando se producía una llegada apretada y el juez no era capaz de apreciar con su vista cuál había sido el caballo vencedor. A mí me parecía que el término “dilucirá” era incorrecto, pero el locutor lo usó durante tantos años que supuse que el errado era yo. Nunca se me ocurrió comprobarlo en el diccionario… hasta hace unos días.

“Dilucir” no existe en el DRAE, pero sí existe “dilucidar”: Aclarar, elucidar, explicar, poner en claro un asunto o una cuestión. Ésta es la palabra correcta… aunque ahora ya existen técnicas más modernas para dilucidar el orden de llegada.

El término también se utiliza en otros ámbitos deportivos. Enrique Bernaola nos cuenta en el Marca del 24 de julio de 2010 la victoria de Contador en el Tour de France, a falta de correrse la última etapa: “Será una jornada donde todo estará preparado para la tercera marcha triunfal de Contador en la capital francesa y para ver un bonito espectáculo al sprint donde se dilucirá el maillot verde entre Pettachi y Hushovd. El ciclismo español vuelve a estar de fiesta y todo gracias a Contador, ¡enhorabuena campeón!”. El maillot verde se “dilució” a favor de Petacchi, aunque en París ganó al sprint Cavendish.

 

 

La ley Sinde ya es vigente

Categoría (El mundo del libro, General) por Manu de Ordoñana el 07-03-2011

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El viernes pasado, de 4 de marzo, el Boletín Oficial del Estado publicó la Ley 2/2011 de Economía Sostenible. Al día siguiente entró pues en vigor la denominada Ley Sinde, que autoriza a un juez a ordenar el cierre de páginas web que permitan la descarga de contenidos protegidos por derechos de autor.

Ahora habrá que esperar a que el Ministerio de Cultura desarrolle el Reglamento y establezca la normativa para constituir la Comisión de Propiedad Intelectual, órgano que se encargará de examinar las denuncias y solicitar la orden judicial correspondiente, si encuentra fundamento a la demanda.

Mientras tanto, la Audiencia Provincial de Barcelona ─informa “El País” del 5 de marzo de 2011─ ha condenado al titular de la web elrincondejesus.com a indemnizar a la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) con 2041 €, por “facilitar la descarga directa de obras musicales de su repertorio” como compensación de los ingresos que ha dejado de percibir por tal licencia.

Lo curioso de la sentencia es que la citada página web se limita tan sólo a ofrecer enlaces a otros servidores para que el internauta pueda realizar allí sus descargas. Concluye el juez que la web que pone al servicio del público la posibilidad de bajar una obra protegida viola la ley de Propiedad Intelectual, al margen de si ha sido él u otro quien las haya colgado en la Red.

Esta interpretación va en sentido contrario a sentencias anteriores de otros juzgados que han considerado legales los enlaces a redes p2p, como eMule. Si el Tribunal Supremo la confirma y sienta jurisprudencia, cualquiera de nosotros podemos delinquir, si enviamos a un amigo un enlace para que escuche el Aurtxo Txikia cantado por Ainhoa Arteta y el Orfeón Donostiarra. La verdad es que, en este país, cada día resulta más difícil no ser un delincuente…

¡Qué país Miquelarena!

La cultura es un poco de todos

Categoría (Derechos de autor, El libro y la lectura, El mundo del libro, General) por Manu de Ordoñana el 04-03-2011

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Un asiduo de este blog me ha enviado un correo para expresar su desacuerdo con el contenido del artículo “Derechos de autor” publicado el 11 de febrero de 2011. Opina que mi argumento de que “el creador no es propietario completo de su obra, ya que se ha inspirado en la creación de otros artistas que le precedieron y se ha aprovechado del conocimiento que subyace en el entorno en que se mueve, al que consideran de dominio público”, le resulta débil, lo considera un sofisma. Opina que los artistas incorporan a su obra parte de su yo, lo más profundo de su talento, a través de un ejercicio de reflexión profundo y lleno de dificultad, que eso sólo ya justifica el derecho a la propiedad moral e intelectual de lo ha creado y a ser retribuido merecidamente. Considera que admitir la piratería contribuiría a frenar la creatividad de los artistas y provocaría el advenimiento de una sociedad vulgar y falta de originalidad.

El lector tiene parte de razón… pero no toda. A mí también los argumentos que alegan esos colectivos para defender la descarga gratuita de contenidos me parecen insuficientes. Yo no dudo del derecho que tiene un autor a proteger su obra. Lo que digo es que ese derecho no le autoriza a cometer desmanes con ella o permitir que lo hagan los intermediarios en su nombre. El artista ha recibido un legado intelectual de sus antepasados que le ha servido para la creación de su obra. En ese sentido, no es propietario exclusivo de ella, sólo una parte. La otra es de dominio público. Por eso, entiendo que la cultura es un poco de todos. Por cierto, no sólo la cultura… algunos otros recursos, también.

Veamos un ejemplo: En 2009, terminé de escribir mi primera novela, una novela histórica que titulé “Árbol de sinople”. Es cierto que tardé tres años en escribirla y que me dejé en ella la piel. Sin duda, fue un esfuerzo importante merecedor de una gratificación. Pero ¿eso me concede el derecho a su completa propiedad?

La novela está basada en un hecho real sucedido en la provincia de Gipuzkoa a finales del siglo XVI. La historia la cuenta con lujo de detalles José Antonio Azpiazu en un magnífico libro titulado “Historia de un rapto”, del que yo obtuve abundante información. Lo mismo ocurrió con numerosos documentos encontrados en varios archivos que hacen referencia al caso, con los apoyos que me prestaron ciertas personas haciéndome recorrer los escenarios, hablándome con voz experta de los personajes, de las costumbres de la época y un sinfín de pequeños detalles que me sirvieron para dar a luz el engendro. ¿Qué decir de las dos “profas” que educaron mi saber literario, que corrigieron el texto y aportaron sugerencias de notable contenido? No; yo no considero que la obra me pertenece al 100%.

El Mataburros. Rescollo

Categoría (El Mataburros, General) por Manu de Ordoñana el 01-03-2011

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Hará unos cincuenta años que leí por primera vez “Madame Bovary” de Flaubert. Como tenía olvidado el argumento de la obra, hace unos días, me decidí a releerla, cosa poco habitual en mí: casi siempre que vuelvo a leer un libro del que guardo un grato recuerdo, me llevo una desilusión. El caso es que había ya abordado la segunda parte, cuando al final del capítulo segundo, encontré escrita la siguiente frase: “La señora Lefrançois dormía al calor del rescollo, mientras que el mozo de cuadra, con una linterna en la mano, esperaba al señor y a la señora Bovary para llevarlos a su casa”.

Me llamó la atención el sentido de cosa caliente que el traductor daba a la palabra rescollo. Pensaba yo que un rescollo era un residuo, un vestigio o algo similar, utilizado con frecuencia en la expresión:” Son rescollos del pasado”. Así que acudí de inmediato al diccionario y me llevé una sorpresa al constatar que el vocablo “rescollo” no existe en el DRAE. Sí existe en cambio rescoldo, término que admite tres acepciones:

  • Brasa menuda resguardada por la ceniza.
  • Escozor, recelo o escrúpulo.
  • Residuo que queda de un sentimiento, pasión o afecto.

Eso quiere decir que algunos hemos venido empleando de forma indebida la palabra “rescollo”, en lugar de rescoldo que es la correcta. Quizá la confusión es el resultado de una extraña simbiosis entre rescoldo y escollo para obtener este “rescollo” que ni quema, ni escuece, ni es un peligro para la navegación.

 

 

El azar y la creación artística

Categoría (El mundo del libro, Estafeta literaria, General) por Manu de Ordoñana el 25-02-2011

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Si alguien es capaz de demostrar la autoría original de una combinación de elementos, ya sean escritos, sonoros o visuales, adquiere la propiedad de tal hallazgo y puede inscribirla en el Registro de Propiedad Intelectual. A partir de ahí, nadie la puede utilizar sin su consentimiento. En ese sentido, la ley protege el monopolio del artista y limita la libertad de expresión, ya que excluye a los demás del uso de esa producción, lo que supone una buena porción de palabras, melodías o imágenes que reduce la capacidad creativa del que viene detrás.

Llegado a este punto, conviene hacer la siguiente pregunta: ¿Es lógico que se considere propiedad intelectual un conjunto de elementos que pueden originarse al azar, sin necesidad de intervención humana?

Ya Borges (Otras inquisiciones. Nota sobre Bernard Shaw) ponía el dedo en la llaga, en 1951, cuando escribía lo siguiente: “A principios del siglo XIX, John Stuart Mill temió que se agotara algún día el número de combinaciones musicales y no hubiera lugar en el porvenir para indefinidos Webers y Mozart. A finales del siglo XIX, Kurd Lasswitz jugó con la abrumadora fantasía de una biblioteca universal, que registrara todas las variaciones de los 25 símbolos ortográficos, o sea, cuanto es dable expresar, en todas las lenguas”.

Claro que su respuesta a tal disquisición metafísica fue totalmente racionalista: “Quienes practican ese juego ─advierte Borges─, olvidan que un libro es más que una estructura verbal o que una serie de estructuras verbales: es el diálogo que entabla con su lector y la entonación que impone a su voz y las cambiantes y durables imágenes que deja en su memoria… la literatura no es agotable, por la suficiente y simple razón de que un libro no lo es. El libro no es un ente incomunicado: es una relación, es un eje de innumerables relaciones. Una literatura difiere de otra, ulterior o anterior, menos por el texto que por la manera de ser leída: si me fuera otorgado leer cualquier página actual ─ésta, por ejemplo─ como la leerán el año 2000, yo sabría cómo será la literatura del año 2000”.

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