Publicar un libro
Categora (General, Árbol de sinople) por Manu de Ordoñana el 08-01-2010
Tags : Árbol de sinople, manu de ordoñana, novela historica, ser escritor
Has terminado de escribir tu novela, la has corregido con extremo cuidado y ahora te preguntas cuál es el siguiente paso. Está claro: buscar un editor que quiera publicarla. Es lo primero que se nos ocurre a todos… ¡Ardua tarea! Si no eres un personaje célebre por tu actividad profesional o por tu vida pública, lo tienes complicado. Pregunta a los libreros y verás que todos te contestan lo mismo: la gente no compra un libro si no conoce al autor.
A no ser que hayas escrito una obra maestra, te resultará muy difícil convencer a una editorial para que publique tu libro. Los tiempos no son buenos y el negocio es incierto, con lo cual nadie quiere correr riesgos. A no ser que seas un escritor afortunado, esa rara avis que todos deseamos ser…
Un día le llega a Camilo José Cela (http://es.wikipedia.org/wiki/Camilo_Jos%C3%A9_Cela) un encargo delirante. Escriba usted –que lleva cuarenta años escribiendo novelas- un drama, paga la Administración Pública. El escritor, que no es dramaturgo, responde lanzando un órdago de farol: 100 millones de las antiguas pesetas (unos 600.000 euros) por la obra, o nada. Le dan los cien millones y el escritor escribe, naturalmente, una obra irrepresentable. La obra no se representa. La profesión le pone a parir como siempre. Lea en la revista Proscritos el artículo completo Escritores con dinero de Miguel Pérez de Lema en: (http://www.proscritos.com/larevista/notas.asp?num=7&d=m&s=m2&ss=1).
Es verdad que, en las grandes ciudades, existen pequeños editores que se animan a publicar novelas de autores debutantes (casi siempre a cambio de alguna aportación económica), pero luego viene el problema de la distribución a través de librerías y se vuelve a plantear el problema inicial: si el autor no es conocido, el libro no se vende y, al cabo de un mes, desaparece de las estanterías y duerme olvidado en un sótano oscuro.
Yo intenté este camino y desistí de inmediato, cuando recibí la primera negativa. Me dí cuenta que ese no era el camino y que corría el riesgo de consumir esfuerzos inútiles deambulando de editorial en editorial para recibir siempre la misma respuesta: la novela no está mal, pero nadie compra el libro de un desconocido. Así que exploré otras vías…
Preguntando aquí y allá, descubrí que había otras alternativas posibles. Pronto descarté algunas de ellas por su elevado coste, mas no obstante las voy a reseñar en próximos artículos, aunque sólo sea para mantener el rigor de la investigación. Son las siguientes:
- Buscar una editorial alternativa
- Contratar un agente literario.
- Solicitar una subvención pública para financiar la publicación.
- Presentar la novela a algún concurso literario.
- Hacer una edición electrónica y colgarlo en la red.
- Editar la novela por mi cuenta y crear mis propios canales de distribución.
En próximos artículos, escribiré sobre la oponión que me merecen cada una de estas estrategias.

“La historia despierta una gran curiosidad y la novela histórica permite al lector entender fácilmente una ciencia árida de naturaleza” (
“¡Cállate, agote! Tu opinión cuenta menos que la del perro. ¡No eres nadie!”. Estas palabras, recogidas en un documento de 1957, reflejan el desprecio que se les tenía a los agotes (texto recogido de euskonews.com, al igual que la imagen).
Conocer la técnica y dominar la gramática son los dos requisitos previos que te hacen falta para empezar. El siguiente paso es elegir un buen argumento. Yo me incliné por la fórmula más sencilla y decidí escribir una novela histórica basada en un hecho verídico del que ya se habían ocupado antes varios historiadores. Tenía pues el argumento y me limité a novelar la historia.
Desde muy joven he tenido la ilusión de escribir algún día una novela. Pero sabía que no lo podría hacer hasta llegar al retiro y disponer del tiempo necesario para dedicarme a ello con plena dedicación. Con esa idea, me fui preparando a lo largo de mi vida, estudiando la técnica de escribir y, sobre todo, leyendo, leyendo muchos libros de todo tipo; no sólo a los grandes maestros.