14 maneras de ser creativo

Categoría (Consejos para escritores, General) por Manu de Ordoñana el 10-01-2013

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Navegando en la web, el otro día tropecé con un artículo en francés, escrito por Eric Mainville, en el cual el autor sugiere 14 maneras de ser creativo. Son recomendaciones simples, de sentido común, que me he permitido traducir con alguna libertad y traerlas a este blog: quizá te sirvan para salir de un apuro:

14 maneras de ser creativo

1.- Aislarse. Crear algo, cualquiera que sea el campo en que te mueves, lleva su tiempo, un tiempo en el que el autor está solo, lleno de dudas, de interrogantes, al no encontrar el camino. Por eso, la mayoría de la gente prefiere las actividades sociales, es lo más cómodo, la vida social nos incita a no ser creativo. Y cuando consigues aislarte de verdad, la pregunta que te surge es algo así como «¿qué quiero hacer?», un enigma cuya solución es construir un programa de trabajo, que te puede convertir en un auténtico creador, si eres capaces de cumplirlo. Read the rest of this entry »

La inspiración literaria

Categoría (General, Marketing para vender libros, Publicar un libro) por Manu de Ordoñana el 21-12-2012

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La mayoría de los escritores han sufrido alguna vez el síndrome de la página en blanco, un estado patológico en el que el cerebro se bloquea y nada serio surge de su interior. Sentado frente a tu ordenador, tratas de concentrar tu atención en el escenario en que dejaste el relato el día anterior, lees el último párrafo que has escrito, lo relees una y otra vez, pero no encuentras el hilo conductor, no aciertas a pergeñar una continuación. Así, al cabo de un rato, decides: “Hoy no estoy inspirado, así que me voy a dar un paseo”.

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El vulgo tiende a creer que los artistas sólo son capaces de producir en esos momentos de inspiración en que la musa está despierta: el estro, el numen ─o cualquier otra palabreja que se le ocurra a algún iluminado para justificar su indolencia─, como único motor de la creación artística, un estado propicio inoculado por los dioses sobre un grupo de elegidos que han sido capaces de descifrar el lenguaje de la revelación.

No parece sensato admitir esa interpretación, al menos en lo que afecta a la mayoría de los mortales. Leí hace algún tiempo que una novela se construye con un 5% de inspiración y un 95% de trabajo. Eso parece más razonable, aunque me atrevería a decir que la primera tiende a cero para el común de los escritores y que el trabajo y sólo el trabajo es el único componente que hace crecer una obra literaria.

¿No será que estamos confundiendo el concepto de “inspiración” con el de “disposición” o el de “motivación”? En su tercera acepción, el DRAE define la inspiración como “efecto de sentir el escritor, el orador o el artista el singular y eficaz estímulo que le hace producir espontáneamente y como sin esfuerzo”. ¡Qué bien! Que alguien me diga que ha sido capaz de escribir un libro de forma espontánea y sin esfuerzo.

Es evidente que hay personas mejor dotadas que otras para el ejercicio literario, pero eso entra dentro del ámbito del talento, del don natural que todo ser humano posee hacia una u otra disciplina, una cualidad innata que es preciso educar a lo largo del tiempo para conseguir el fundamento. Sin ese aprendizaje, no surge el genio, por mucha “inspiración” que nos llegue del averno. Digamos que eso sería el núcleo, el fondo necesario, pero no suficiente. A partir de ahí viene el trabajo, el esfuerzo del autor, el verdadero artífice que abre paso a la culminación de un libro.

Aun así, conviene matizar. En todo proceso de creación artística, hay dos etapas bien diferenciadas. La primera es la elección del motivo, la segunda, la producción del objeto. Cuanto más tiempo dediques a la búsqueda de un buen argumento, a estructurar la trama y a perfilar los protagonistas, más sencillo te resultará luego la redacción del texto. Si eres capaz de construir un bosquejo de la historia con una extensión de cuatro o cinco páginas y una descripción de los personajes más relevantes, junto a los dos o tres giros que toda novela ha de contener para introducir el elemento sorpresa, probablemente, el síndrome de la no inspiración se desvanecerá.

No quiero decir con esto que, hecha esta labor previa, vas a estar libre de esos periodos de apatía que acechan a los que se dedican al quehacer intelectual. Llegarán, ciertamente, pero llegarán por ser inherentes a la naturaleza humana; son lapsos de debilidad creativa provocados por los vaivenes de la vida, propios de caracteres sensibles más propensos a estados de ánimo variables, poco dispuestos a la disciplina interna. La actividad literaria exige un sacrificio de la mente, sobre todo, al principio, cuando por la mañana enciendes tu ordenador y sientes la tentación de cumplir cualquier tarea urgente que tienes pendiente, antes de iniciar lo que verdaderamente es importante: escribir. Es la pereza intelectual a que nos empuja la ley del mínimo esfuerzo.

Por eso, sería más lógico hablar de talento sumado a disposición y dejar la inspiración para el mundo de los sueños.

La misión del escritor. Concienciar o entretener

Categoría (General, Marketing para vender libros, Publicar un libro) por Manu de Ordoñana el 14-12-2012

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A los analistas que observan la evolución social de la cultura les llama la atención la banalización de la literatura, la falta de contenido cultural que, en general, poseen los libros de éxito. Perciben que el entretenimiento es el único motivo que persiguen los escritores modernos; su objetivo es dar respuesta a las exigencias del lector con el sólo propósito de vender el máximo número de ejemplares, para lo cual han de recurrir a escenarios exóticos, personajes al límite, mundos irreales llenos de violencia y pasiones desordenadas. Al parecer, eso es lo que vende.

Esta finalidad mercantilista no es en sí reprobable, los artistas tienen que vivir, han de susbsistir con su trabajo, los mecenas ya no existen o están en otras guerras, aunque, dicho sea de paso, no son muchos los escritores españoles que viven de la literatura. Pero ¿significa eso que han de renunciar a despertar la conciencia de la plebe, a descubrir la injusticia, a censurar los excesos de la clase dominante? ¿Quién será entonces el responsable de poner al descubierto los pesares que aquejan a nuestro planeta, si los medios de comunicación están al servicio del poder institucional y han enterrado su papel de defender la democracia?

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La literatura ha perdido ese cometido que la comunidad le asignaba antaño de educar al pueblo, de presentarle dilemas para hacerle pensar, de propiciar el debate social y político mediante la aportación de ideas y argumentos diferentes a los que utiliza la prensa. Y lo ha perdido porque el lector así lo ha querido: no busca en el libro la exposición de un conflicto, sino un texto ligero y bien escrito que le ayude a pasar un rato, con eso se conforma; y si además le llega a estremecer, miel sobre hojuelas. Es el tributo que esta generación ha pagado por la llegada de Internet y la cultura audio-visual.

Algunos autores no se sienten legitimados a plantear la opinión que tienen sobre los problemas que afectan a la sociedad contemporánea, dicen que no están preparados para el ejercicio intelectual, entienden que ése no es su rol. Su único objetivo es proporcionar placer literario, escribir historias emocionantes en prosa elegante sobre asuntos abstractos carentes de ideología, con el sólo propósito de entretener a un público cada vez más reacio a adentrarse en el complejo mundo de la reflexión profunda.

Otros, en cambio, piensan que el escritor tiene la obligación de verter sus ideas sobre las cuestiones en las que es competente, interpretar su fondo y apuntar soluciones, o al menos, provocar la duda para que cada uno de nosotros adopte la que considere oportuna o más idónea a su manera de ser. Su tarea consistiría en pintar la vida, contar sucesos que aporten alguna enseñanza, exponer formas diferentes de pensar, sentimientos escondidos que nos ayuden a interpretar la condición humana.

Entre ambos extremos, hay un campo inmenso de posiciones intermedias. El propósito de entretener tiene que seguir siendo un recurso, el recurso necesario para conseguir la atención del cliente; sin él, no hay mensaje. Pero eso debería de ser el medio, no el fin. El objetivo último de un libro sería crear interrogantes y señalar las rutas que existen para hallar satisfacción. Es el soporte ideal para ayudar a la gente a pensar, para hacerle entender que hay muchas formas de interpretar la vida, sobre todo, si el autor tiene la habilidad de escribir bien y ser ameno. Para difundir una idea, el discurso enrevesado no es el camino.

El escritor tiene que dar testimonio de los conflictos de la época, denunciar los abusos y desvelar las causas que los han producido; olvidar las tragedias acaecidas, por muy dolorosas que hayan sido, es correr el riesgo de que se repitan. Y también sugerir remedios, aun a sabiendas de que pueden ser erróneos, porque, al final, es el criterio de un simple mortal que quizá ha tenido la oportunidad de dedicar algún tiempo a profundizar en el tema. Se trata de evitar la opinión uniforme, de crear una sociedad heterogénea, abierta a todas las creencias.

La misión es enseñar, la dificultad está en hacerlo de forma entretenida, para que el mensaje sea fácil de captar. Como decía Mariasun Landa, al comentar la película “En la casa” en el diario Noticias de Gipuzkoa: “Al ser humano no le basta con sobrevivir, quiere más. Y para aplacar esa insatisfacción, ese deseo de abrirse a otras realidades, de vivir otras vidas, de sentir con otros corazones, nacieron las ficciones. En la ficción queremos encontrar algo que nos divierta, nos entretenga, pero, también, a menudo, a la ficción le pedimos algo más: que nos forme, o nos deforme o nos transforme. Nos emocione, al menos”.

Formatos de lectura digital

Categoría (El libro digital, General) por Manu de Ordoñana el 24-11-2012

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Muchos lectores, tentados por las nuevas tecnologías, se animan a comprar ─o cambiar─ un dispositivo de lectura digital sin saber muy bien en la jungla en que se meten. Se encontrará con siglas que no conoce, como Pdf, ePub, Mobi, Azw y otras muchas más, sin entender lo que significan. Vaya pues aquí un cuadro resumen de los principales lectores que hay en el mercado y los formatos (propietarios y abiertos) de lectura que soportan, sin entrar a analizar todavía los métodos que existen para pasar de uno a otro, que no siempre están permitidos.

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Txt. El texto plano almacena exclusivamente caracteres, pero no estilos tipográficos (negrita, subrayado, bastardilla), por lo cual los archivos son muy ligeros. Su lectura está garantizada en cualquiera de los dispositivos de lectura que hay en el mercado.

Pdf. Es el formato más antiguo, anterior incluso a la aparición del libro digital, diseñado con el fin de proteger la integridad de los documentos. Los formatos PDF pesan poco, la calidad de lectura es óptima y se adaptan a la mayoría de los modernos dispositivos de lectura, tabletas y smartphones. Tiene el inconveniente de que no se pueden repaginar ni adaptar al tamaño de la pantalla.

ePub. Es un formato abierto que se adapta a la mayoría de los dispositivos de lectura, salvo el Kindle de Amazon. Está orientado a la lectura de textos simples, ya que tiene algunas limitaciones con la paginación avanzada. Por lo demás, parece el formato ideal para la lectura de un libro digital y así lo han entendido la mayoría de los constructores.

Html. Es el formato propio de la web, es decir, de las páginas de Internet, pero sirve como formato para libro electrónico.

Fb2. FictionBook es un formato abierto para archivos de libros electrónicos creado por un grupo de desarrolladores rusos, que utiliza un único archivo XLM para albergar los metadatos, el texto y las imágenes, lo que permite mantener la estructura del libro. FB2 no permite incorporar tecnología DRM para protección de derechos digitales. Es el formato nativo del Papyre, el dispositivo de lectura más vendido en España hasta la llegada del Kindle.

Opf. Open eBook (OEB) es un formato abierto basado en el lenguaje XLM que ha servido de base para otros formatos más modernos como el Lit, el Prc de Mobipocket Reader y finalmente el universal ePub utilizado en los lectores actuales.

Mobi. Es un formato abierto ideal para la visualización de textos, ya que el diseño de la página se ajusta de forma automática al tamaño de la pantalla. Fue desarrollado en el año 2000 por la empresa francesa Mobipocket S.A. que, en abril de 2005, fue comprada por Amazon, pero, en diciembre de 2011, Amazon certificó su defunción (siendo sustituido por Azw), por lo cual su futuro es incierto.

Azw. Es un formato propietario diseñado por Amazon para su lector de libros Kindle. Está basado en la tecnología de Mobipocket con algunas pequeñas mejoras y tiene su propio formato de protección DRM, lo que permite al usuario leer el libro que ha comprado en cualquier dispositivo ─no sólo con el Kindle─ y en cualquier parte del mundo, pero no copiarlo, ni siquiera alojarlo en su lector, ya que reside en el servidor de Amazon.

Lit. Es el formato propietario diseñado por Microsoft para libros electrónicos, un software de lectura electrónica con tecnología ClearType que incluye funciones de resaltado e inserción de marcadores y aporta una gran nitidez al texto en la pantalla. En agosto de 2012, Microsoft anunció la retirada de este formato, pero el mercado espera el lanzamiento de otro nuevo mejorado.

Ibooks. Es un formato propietario creado por Apple para sus Mac Apps, basado en el ePub, que permite al autor utilizarlo para convertir su libro a ese formato y venderlo a través de Apple iBookstore.

BBeB. Es un formato propietario utilizado por los dispositivos de lectura de Sony Corporation. Sus contenidos con extensión .lrx están protegidos por DRM.

Pdb. Es un formato propietario diseñado por Palm Digital Media para sus dispositivos Palm, con un buen soporte para smartphones y PDA’s. En julio de 20019, Barnes Noble anunció que adoptaba este soporte para sus Nook’s, pero no en la versión color.

El escritor y las redes sociales

Categoría (General, Marketing para vender libros, Publicar un libro) por Manu de Ordoñana el 16-11-2012

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Has terminado de escribir tu novela, la has presentado a un concurso literario, la has enviado a varias editoriales, te has puesto en contacto con dos o tres agentes literarios… y no has conseguido nada, estás igual que al principio, aunque con el animo más apagado. No te  preocupes, es lo normal. El mundo editorial ha cambiado mucho en los últimos años, pero los autores siguen pensando como antaño y eso no vale.

Lo primero que tiene que hacer el escritor actual es entender que este cambio se ha producido y que, para vender su libro, los viejos procedimientos no sirven, tiene que dedicar parte de su tiempo a ser empresario, a promocionar su obra, a hacerse conocido. Y eso, cualquiera que sea la forma que haya elegido para publicar, ya sea en papel, ya sea como e-book.

Para conseguirlo, no siempre es necesario gastar dinero ni hacer publicidad en los medios tradicionales, sólo hace falta tener voluntad y adentrarse en el mundo de Internet. El mensaje es muy claro: crear una página web, un blog, escribir artículos con frecuencia semanal ─por ejemplo─ en los que el autor dé su opinión sobre diferentes materias relacionadas con la creación literaria, no precisamente sobre el libro que ha escrito, que al final cansa. El objetivo es mantener contacto con los lectores y darse a conocer.

En EE.UU. ha surgido la figura de lo que podríamos llamar el editor digital o editor 2.0, algo que aquí podríamos denominar asesor literario ─nada que ver con el agente literario actual─, que pone a disposición del autor una guía online para explicar a sus asociados el uso básico de la web, cómo crear un blog y cómo tener presencia en las redes sociales 2.0, además de recomendar la forma de hacer buen uso de las herramientas digitales y ofrecer recursos para la promoción y venta de libros en Internet.

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Cuando hablamos de redes sociales, la gente interpreta que nos estamos refiriendo a Facebook, Twitter o Linkedin. No necesariamente. Es cierto que ese tipo de portales permite a cualquiera que tenga “gancho” conseguir una comunidad de fans que siguen al gurú en todas sus manifestaciones, pero eso ocurre sobre todo con las grandes figuras mediáticas, que tienen medios humanos y económicos para mantener el flujo de información. ¿Se imaginan ustedes lo que supone tener treinta millones de seguidores en Twitter, como Lady Gaga, y responder a todas sus peticiones?

Redes sociales son también todas aquellas plataformas que permiten el intercambio de ideas sobre temas variopintos entre ciudadanos aficionados a ellos. En nuestro caso, estamos hablando de las que tienen como motivo el ámbito literario, las hay a montones. Disponen de un foro en el que se discute sobre la materia, se comentan libros nuevos ─no precisamente los best-sellers─ y cada uno cuenta su experiencia. Trata de participar en ellos, intenta que tu opinión sea valorada y, si puedes, influye en el líder para que hable bien de ti y difunda tu obra. La opinión del prescriptor va creciendo en importancia dentro del mundo editorial 2.0. Al final, se trata de que alguien con prestigio hable sobre tu novela. A partir de ahí, el efecto multiplicador de Internet hará el resto.

Otra forma de darte a conocer es el e-mailing, es decir, hacerte con una buena base de datos de correos electrónicos ─una forma es que el propietario del blog ofrezca su dirección de email, para que el lector se ponga en contacto con él─ de personas que  tengan algún tipo de afición literaria y enviarles un e-mail cada vez que publicas un artículo en tu blog. Simplemente se lo anuncias con dos líneas explicando el contenido y le das la opción de entrar a él en tu página web si el asunto le interesa, así como la de darse de baja, para no crear spams.

El problema es que pocos escritores son capaces de crear una página web, eso exige conocimientos que no están al alcance de cualquiera. Pero no así su mantenimiento, es decir, el incorporar cada semana el artículo que has escrito, eso está al alcance de cualquiera. Por eso, lo recomendable es tener un asesor que te la construya de una sola vez y te enseñe a alimentarla para no depender más de él, verás que no es tan difícil.

Esa figura del asesor literario o editor digital es lo que falta en el mercado, al menos en el mercado español. Quizá existan buenos informáticos de la web, quizá existan asesores y/o prescriptores que conozcan el mundillo literario, pero no profesionales que ofrezcan el servicio de las dos cosas al mismo tiempo. La demanda existe, mas no la oferta… por ahora.

Publicar libros gratis

Categoría (El libro digital, General, Publicar un libro) por Manu de Ordoñana el 04-11-2012

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La revista “Consumer” publicó a finales de septiembre un interesante artículo sobre las posibilidades que se abren a los escritores diletantes para autoeditar su libro sin gastar un euro. Existen varios portales digitales que ofrecen ese servicio de anunciarlo en sus librerías para que el lector lo pueda comprar a través de Internet, tanto en versión papel como en versión digital, sin necesidad de pasar por una editorial.

La revista ha analizado las fórmulas que ofrecen los tres portales de mayor difusión que existen hoy en el mercado en lengua castellana (Lulu, Bubok y Amazon), que te permiten vender tu obra a través de Internet, sin otorgar exclusivas, una de las grandes ventajas que ello representa, ya que no adquieres compromiso alguno… si no te funciona, eres libre de utilizar otras vías de distribución. Los dos primeros permiten la publicación del libro en las dos versiones (papel y digital), mientras que Amazon sólo permite la digital y a través de su tienda. Para ello, es necesario seguir una serie de pasos que aparecen en sus páginas web, fáciles de interpretar.

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Versión digital

Hay que subir un archivo en formato adecuado (normalmente aceptan formatos como Doc, Docx o PDF), crear una portada, describir el libro con aspectos como la sinopsis, título o categoría y, finalmente, elegir el precio de venta, así como seguir las recomendaciones de maquetación y edición de los textos para asegurar su correcta visualización en los diferentes dispositivos de lectura.

El precio de venta lo decides tú mismo. El reparto del beneficio neto es del 80% para el autor y 20% para las plataformas Lulu y Bubok. Mientras, en Amazon existen dos opciones: en la primera el autor gana un 35% del precio de venta; en la segunda, el reparto es de 70% para el autor y 30% para Amazon, una vez descontados los gastos de envío.

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Versión en papel

Sirve el archivo anterior y esto, a veces, es un inconveniente ya que es preferible composiciones diferentes para una y otra versión. En función de su tamaño, Bubok y Lulú calculan el número de páginas y el coste de impresión. Tú tienes que elegir el precio de venta que nunca puede ser inferior al del coste. La diferencia es el beneficio y se reparte en la misma proporción 80-20.

Aplican la fórmula “impresión bajo demanda”, es decir, cuando reciben un pedido, imprimen el número de ejemplares solicitados ─generalmente, uno─ y lo envían por correo garantizado, con lo cual el precio que paga el cliente se dispara. A título orientativo, el coste de imprimir una novela de 300 páginas no baja de 12 euros (en función del tipo de papel). Si tú le añades un beneficio de 2 euros, se pone en 14, con el transporte en torno a los 21, un precio que nos parece excesivo para comprarlo por Internet, aunque tiene la ventaja de que el autor no arriesga nada.

Portada y contraportada

Lulú y Bubok disponen de portadas predeterminadas que tú puedes seleccionar a tu gusto, no así Amazon que no ofrece un panel de plantillas predefinidas. Los tres aceptan portadas personalizadas que tú tienes que diseñar previamente y subirlas en formato .jpg.

Formato de lectura

El cuadro anterior recoge los formatos que cada portal admite para subir el texto: nada que objetar. En cuanto al formato de descarga, Amazon utiliza exclusivamente el Mobi, con lo cual el usuario está obligado a descargarlo en su Kindle, dispositivo que no reconoce otros formatos como ePub o Pdf, o los reconoce con errores. Ésta es una limitación de Amazon.

Servicio de promoción

Las tres plataformas disponen de un servicio de promoción y divulgación de las obras que existen en su catálogo, algunas gratuitas, otras de pago… las más eficaces. Aun y todo, desconfía y no te gastes el dinero en eso.

Al final de todo, el problema es el mismo. Por mucho que tu libro esté incorporado en un montón de escaparates, si no eres conocido, nadie lo va a comprar. Es importante recordar esta idea tan simple, para no llevarte luego un desengaño. Muchos escritores diletantes se desesperan porque no venden ni un ejemplar, a pesar de tener expuesta su novela por doquier.

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