Mikel Alvira publica una nueva novela

Categora (Estafeta literaria, General) por Manu de Ordoñana el 30-09-2012

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Mikel Alvira acaba de publicar su decima novela, El mar que te debía ─amén de otros relatos cortos y obras poéticas─, en la que el autor utiliza la historia reciente de nuestro país como pretexto para suscitar emoción, creando una novela intensa y rápida con sorpresa final.

Mikel Alvira

Sinopsis

Durante las vacaciones de Semana Santa, Virginia y su hija adolescente viajan en autocaravana desde Hondarribia hasta Saint Henri, un pueblo costero de Las Landas. Allí se topan con un coro de fascinantes personajes marcados todos ellos por los recuerdos: dos ancianos que comparten un secreto, un médico enredado en una relación extramatrimonial, los miembros de una cédula de extrema derecha, una antigua militante independentista, una joven florista enamorada y un audaz surfista indignado, entre otros. Madre e hija llevarán al lector a transitar el intenso mundo de las relaciones personales, con sus miedos e ilusiones.

El autor

Mikel Alvira (Pamplona-Iruñea, 1969) es un prolífico escritor de gran inquietud creativa y continua reflexión, tanto en prosa como en poesía. Si en El Silencio de las Hayas y en Cuarenta días de mayo ahondaba en la condición humana, en Llegará la lluvia abordaba las relaciones personales, algo que, sin estridencias y con gran sensibilidad, también desarrolla en El mar que te debía.

El libro ya está a la venta en las principales librerías de la zona Norte (País Vasco, Cantabria, Navarra, La Rioja), en Madrid y en Barcelona, así como en Málaga, Granada, Cádiz, Almería, Valencia y Burgos. Poco a poco, irá llegando al resto de España y, más tarde, a América Latina. El libro está también a la venta en Internet y pronto aparecerá la versión digital.

Reconvertir la industria editorial

Categora (El mundo del libro, General) por Manu de Ordoñana el 26-09-2012

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El pasado fin de semana se celebró en la isla de Mallorca la quinta edición de las tradicionales Conversaciones Literarias de Formentor, que fue inaugurado por Ignacio Polanco con unas bellas palabras: “Tiempo, silencio y espacio, vindicó el presidente dela Fundación Santillana, celebrando la vieja tradición de leer y escribir, la inventiva, el recuerdo y la palabra que se plasma en los libros que nos ayudarán a ser más inteligentes, más tolerantes y más curiosos”.

Como era de esperar, las conversaciones se iniciaron con un panel de editores, distribuidores y libreros que describieron los graves daños que la crisis está causando a la industria cultural. Recalcaron la caída de ventas y, a la vez, abrieron las incógnitas que plantea la creciente competencia del libro electrónico, que ha multiplicado por nueve sus ventas, mientras que la penetración del libro tradicional ha caído hasta un 22%.

“Es una situación de extrema gravedad para la industria que afecta a toda la cadena de valor del libro. El futuro está aquí, ahora, bienvenido el futuro”, diagnosticó Pilar Reyes, directora de editorial Alfaguara, que coincidió con otras voces editoriales al señalar la amenaza cultural que representa la hegemonía de los mayoristas de la red. “Amazoon, Google o Apple dictan las reglas y manejan el mercado, a veces hasta la censura de alguna obra electrónica por palabras inapropiadas”, acusó Sigrid Kraus, editora de Salamandra.

Un centenar largo de gente ligada a la creación, la industria y el comercio del libro ─y bastantes lectores─ debatieron sobre el rol del libro, la cadena industrial y la necesidad de reinventar el sector para sobrevivir en un escenario en el que las tiradas van a seguir reduciéndose, lo mismo que el número de títulos, a pesar de cada día aparecen más escritores noveles que quieren publicar.

Diana Hernández, editora de Blackie Books, recién llegada de la piscina, constató que entre los bañistas vio seis personas con libros tradicionales en las manos y tan sólo uno con libro electrónico. Es cierto que el soporte digital está entrando poco a poco, a una velocidad sensiblemente inferior a lo que habían previsto algunos “gurús”. Eso es una buena noticia, hay tiempo para reorganizar el negocio, pero hay que hacerlo.

No es fácil hacer predicciones a largo plazo, pero tampoco hay que cerrar los ojos. El ebook terminará por imponerse, lo que nadie sabe es cuándo. Es posible que tarde diez años, aunque yo creo que el plazo será más largo, quizá veinte o treinta. La gente joven ─la infancia mucho más─ piensa en código binario, ellos son los consumidores del futuro y verán el libro en papel como una antigualla de colección o para exhibir en el museo.

A pesar de los avances tecnológicos, el e-reader no ha hecho más que empezar. Hay que presumir que, en media docena de años, su diseño mejorará notablemente, quizá se unifiquen los formatos de lectura y aparezcan soportes más flexibles, baterías intercambiables o de muy larga duración, así como la intermodalidad con lo audio visual. Aunque el precio ya es asequible, hay que esperar a que todavía baje, y sobre todo, que descargar un título no cueste más de tres euros.

Los expertos están cada vez más convencidos de que, en un tiempo no muy lejano, los libros no se adquirirán de forma individual, sino que primará el servicio de préstamos mediante suscripción: el Spotify de libros, un modelo que está triunfando en el segmento musical. Por una módica cantidad ─pongamos que diez euros al mes─ tendrás derecho a bajarte cualquier libro del mercado y a disfrutar de él durante un periodo, algo parecido a lo que ofrecen hoy en día las bibliotecas públicas, pero desde Internet y sobre un dispositivo electrónico de última generación.

Todo ello a expensas de solucionar el problema de la propiedad intelectual, problema que sin duda se resolverá, no a gusto de todos, pero sí del autor, que no verá mermados sus ingresos para seguir creando, al final eso es lo que importa. El gran perjudicado será el editor y la cadena de distribución… lo siento, toca reconversión.

Tiempo para escribir

Categora (General, Publicar un libro) por Manu de Ordoñana el 19-09-2012

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¡Cuánto me gustaría escribir una novela… el problema es que no tengo tiempo! Cuántas veces hemos oído este comentario a gente culta, con posibles, incluso poseedores de una historia atractiva, una disculpa cándida que les permite mantener limpia la conciencia, no ser objeto permanente del remordimiento.

Es cierto que todos estamos inmersos en el mundo de la multitarea, siempre tenemos cosas que hacer, unas importantes, otras menos importantes pero urgentes, otras nada importantes pero amenas. Al final, nos dejamos llevar por lo cómodo, lo que exige el menor esfuerzo intelectual, la disciplina es atributo de una minoría, cualquier excusa sirve para dejarse llevar por la molicie, escabullirse a la creación de valor con el tópico del “mañana empiezo”… como el fumador que al levantarse cada día proclama tras encender el primer pitillo: mañana lo dejo.

Y sin embargo, el individuo empeñista sí que encuentra tiempo para hacer las cosas que quiere, no es que trabaje más horas que los demás, no… es que se organiza mejor, es más productivo. Es el que sabe aprovechar los pequeños momentos que, a lo largo del día, le son permitidos, es el que sabe ordenar su tiempo y establecer las prioridades. Y, claro, el que luego cumple el programa que se ha trazado.

Este panorama, aplicable a cualquier actividad del ser humano, sirve también para el que quiere escribir un libro. La falta de tiempo no es una coartada para eludir la promesa que te has hecho… todavía no hemos hablado de plazos, no hay prisa para concluir la obra, si son tres años no pasa nada, cuatro tampoco, tú tienes una motivación por encima de todo, escribir una novela es la ilusión de tu vida.

Ya sé que trabajas de lunes a viernes. Cuando llegas a casa, estás cansado, tienes que cuidar a los hijos, conversar con tu esposa. Vale, de acuerdo. Pero no digas que no puedes disponer durante el día de varios periodos cortos de cinco o diez minutos para pequeñas reflexiones, apuntar las ideas que se te ocurran, perfilar algún personaje, diseñar el escenario del próximo episodio. Con esa notas que has tomado, antes de acostarte o levantándote un poco antes ─según tu ciclo vital─ no te resultará difícil escribir media página… tan sólo media página.

Por eso decía en el artículo anterior lo importante que es escribir todos los días, aunque sólo sea diez minutos, para evitar que otros asuntos extravíen tu mente, para que sólo pienses en lo que estás haciendo. Al final de la semana, con más tiempo disponible, es posible que consigas completar dos o tres páginas, a falta de una inspección final cuando la redacción esté terminada.

Existen numerosos tratados sobre cómo gestionar el tiempo, enfocados sobre todo a cuadros directivos, que te pueden servir de modelo, también cursos de entrenamiento a seguir por Internet. El fundamento es siempre el mismo: dividir el proyecto ─escribir un libro─ en etapas, establecer una agenda de compromisos y marcar fechas tope para su ejecución. Parece simple pero es eficaz, apuntar  los logros te produce satisfacción… y también motivación para continuar.

Si tu novela va a tener una extensión de trescientas páginas, proponte escribir diez al mes, un objetivo razonable que a nadie abruma. A ese ritmo, necesitarás dos años y medio para completarla y otro medio para corregirla ─te recomiendo que contrates el servicio de algún experto─, con lo cual te has puesto en los tres años, el plazo que habías previsto.

Ya la tienes lista, la cuestión será entonces qué hacer con ella. Editor no vas a encontrar, eso es casi seguro. Mas no te preocupes, hay varias soluciones, la tecnología está de tu parte, sólo que tendrás que implicarte en el mercadeo, hoy sólo escribir no vale, hay que hacer algo más para adquirir notoriedad y que la gente te lea… Seguiremos hablando del gobierno.

La motivación del escritor

Categora (General, Publicar un libro, Taller de creación literaria) por Manu de Ordoñana el 13-09-2012

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A menudo me encuentro con viejos compañeros a los que no he visto hace tiempo y, claro, después de intercambiar nuestros achaques, la conversación deriva hacia cómo llevamos mutuamente la jubilación. Cuando les cuento que, desde que me retiré de la vida laboral, me dedico a escribir, son muchos los que comentan lo mismo: ¡Cuánto me gustaría escribir a mí también! El problema es que me da pereza, no sé cómo empezar, me va a salir un churro… aunque, la verdad, siempre se me ha dado bien eso de escribir, reconocen poniendo cara de buenos.

Yo los animo siempre de la misma forma. Empieza por redactar cosas sencillas, cuentos cortos, de una página. Por ejemplo, coge el periódico por la mañana, elige un titular atractivo y léelo despacio. A continuación, siéntate ante tu ordenador y suponte que eres tú el reportero que tiene que dar la noticia. Escribe una página, bien reproduciendo lo que has leído previamente, bien modificando el suceso al dictado de tu imaginación.

Si eres versado en la lectura ─haber leído mucho es cuestión benéfica pero no indispensable─, te darás cuenta de las carencias de tu prosa, de la debilidad de tu lenguaje, y seguramente descubrirás tu inopia gramatical. No te preocupes, eso es lo normal, aquí nadie nace sabido.

Una solución es apuntarte a un taller de creación literaria, aportan unos cimientos suficientes como para empezar, luego tú tienes que hacerte el camino. Bajo mi experiencia ─antes de iniciarme yo participé en dos de ellos, uno de un año de duración y el otro de seis meses─, los presenciales son más enriquecedores. Si no tienes tiempo o no existen en tu localidad, puedes inscribirte en alguno por Internet, los hay a montones. Uno de ellos es el que organiza Fuentetaja Literaria ─prometo que no tengo comisión─, no lo conozco pero me han hablado bien de él: El único problema es que resulta un poquito caro.

Pero antes de meterte en semejante tinglado, reflexiona sobre las razones que te impelen hacia esta ocupación. Tienes que estar motivado, asumir que escribir un libro es la cosa más extraordinaria que puedes hacer en tu vida, pero también tener en cuenta la dificultad que encierra el proyecto, que el desánimo no te doblegue, aunque alguna vez te supere, que no se convierta en miedo.

Si dedicas cuatro o cinco horas al día, terminar una novela de 250-300 páginas te va a costar dos o tres años de tu vida. Piénsatelo antes, acéptalo desde el principio y luego no te desanimes. Ver tan lejos el final produce congoja, impotencia, ganas de mandar todo a la porra, sobre todo cuando la inspiración te abandona, y eso ocurre impepinablemente, incluso más veces de lo que uno quisiera. Cuando llegue ese momento, no te aflijas, reactiva tu ilusión, pon en marcha tus recursos para reavivar la llama.

Alguna vez, cuando te levantas de la mesa tras una larga jornada de trabajo y constatas que sólo has escrito una o dos páginas de valor ─alguna vez incluso ninguna─, te entrará la depresión y te preguntarás si realmente lo que estás haciendo sirve para algo, sobre todo al principio, hasta que has escrito el primer tercio. Recuerda que, cuando has superado las cien primeras páginas, el proceso es irreversible, casi seguro que culminas la obra.

Y para terminar, una recomendación: La mayoría de los escritores coinciden en afirmar lo importante que es practicar todos los días, siquiera media hora, algunos propugnan hacerlo en el mismo lugar y a la misma hora (en el momento del día en que estés más inspirado), para crear un clima de energía creadora. Te creas una obligación que se convierte en rutina, tu mente se acostumbra a pensar siempre en lo mismo y las ideas surgen con más facilidad. Has de tener disciplina y ser perseverante, no dediques tu atención a solucionar otros asuntos urgentes en detrimento de lo importante ─que es escribir tu libro─, si no quieres perder el hilo. No sabes lo que cuesta volver a empezar.

El Mataburros. Conducir un programa

Categora (El Mataburros, General) por Manu de Ordoñana el 07-09-2012

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Conducir un programa de televisión es una expresión que se lee y se escucha con frecuencia en los medios de comunicación, a pesar de que el verbo utilizado no tiene el significado que se quiere manifestar, la de dirigir la transmisión de un programa de radio o de televisión en el que participan personas invitadas. Al parecer, el término proviene del inglés “conductor”, director de una orquesta. De las varias acepciones que da el diccionario de la Academia de la Lengua, la cuarta es la que más se le acerca: “Guiar o dirigir un negocio o la actuación de una colectividad”. Quizá por eso, su uso se podría considerar como válido.

El diccionario María Moliner lo admite literalmente: “Presentar un programa de radio o televisión”. En ese sentido, la palabra correcta debería ser presentador; es la que se ha empleado tradicionalmente en España para designar a la persona que lleva un programa y explica al público cómo es el espectáculo o quién es el artista.

No parece conveniente el uso de director ya que su papel es el de dirigir el programa en su totalidad, siendo responsable de traer a los invitados, preparar el guión, dirigir las cámaras, etc., salvo en los casos en que además de todo eso, el mismo sea el presentador.

Animador también podría servir como la persona que da vivacidad a una reunión y consigue un buen ambiente, aunque esta figura corresponde más al que realiza actividades lúdicas o al artista que canta, baila o ejecuta números de variedades. Tampoco estaría mal anfitrión, por aquello de que participan varios invitados.

Pero ninguna de estas expresiones refleja con exactitud el rol que desempeñan algunos personajes en la televisión, que actúan al mismo tiempo como presentadores, como animadores e incluso hacen de directores, asumiendo el papel de estrella, el que entusiasma al público, la “vedette” del espectáculo. Y como no hay palabra específica en castellano para esa función, tendríamos que inventarla, así que no estaría mal quedarnos con la que ya existe y dar por bueno la de conductor de un programa.

El diario ABC, en su edición del 25 de mayo de 2012, publica una noticia de la agencia EFE sobre la entrevista que Carlos Francino, conductor de la cadena SER, le hizo Rubalcaba: “No tengo el móvil de Rajoy”. El líder de la oposición ha abogado por mantener el diálogo con el presidente del Gobierno para buscar soluciones a la crisis, pero ha reprochado que el jefe del ejecutivo no telefonee al PSOE.

Cristina Tapia en el “Noticias de Gipuzkoa” del dos de marzo de 2011, titula así una entrevista que hace a Pedro García Aguado, terapeuta y conductor del programa de televisión Hermano Mayor: “Comida en la mesa, la cama hecha, ropa limpia… Hay padres que están creando auténticos discapacitados”.

Un artículo publicado el 22 de febrero de 2009 en el blog de Televisión Dos ofrece una serie de técnicas para conducir programas, de las cuales se deduce que el conductor debe proyectar su personalidad al programa para hacerlo creíble, de forma que el espectador perciba su carácter ─ a diferencia del actor que representa un papel─, y limita su actividad a programas de corte no dramático, como noticiarios, entrevistas, concursos, charlas, etc. Sí, no está mal, eso podría ser un conductor de programas de televisión.

El IVA cultural en Europa

Categora (El mundo del libro, General) por Manu de Ordoñana el 01-09-2012

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Hace unos días, la Unión de Asociaciones Empresariales de la Industria Cultural Española solicitó al gobierno español que retrasara seis meses la aplicación de la subida del IVA del 8 al 21%, que se comenzará a aplicar a partir de este uno de septiembre, alegando que ese incremento de trece puntos sobre el precio de los espectáculos culturales como el cine, el teatro, el circo y los conciertos asestará el golpe de gracia definitivo al sector, sin que sirva para que Hacienda recaude más dinero

Un estudio realizado por una empresa de servicios independiente afirma que la recaudación de Hacienda en los cines descenderá casi diez millones de euros con un IVA del 21%. Y, lo que es más grave, obligará a cerrar 859 salas (el 21% de las 4.044 registradas en 2011). El tipo de IVA que se pretende aplicar a partir del uno de septiembre será uno de los más altos de la zona euro, muy por encima de la media (un 10,1%).

Llegado a este punto, no estaría mal hacer un pequeño repaso a cómo está la situación en Europa. Como ocurre a menudo, los números cambian los conceptos:

IVA cultural en Europa

País

IVA cultural  %

Precio de una   entrada de cine

PIB

PPA

Alemania

7

7,90

31.400

30.100

España

21

6,60

23.300

26.500

Francia

7

10

30.600

28.800

Italia

10

8

26.000

26.200

Irlanda

9

10-11

34.900

36.300

Portugal

13

6-7

16.000

18.500

Reino Unido

20

8-10

27.700

27.600

El precio de una entrada de cine en España es hoy uno de los más bajos de Europa, a pesar de que ha crecido un 36% desde 2004, un 17% más que el IPC. Con el nuevo IVA, ese precio subirá de 6,8 a 7,4 euros, si las empresas lo repercuten íntegramente al consumidor y, si lo hacen al 50%, se quedará en torno a los siete euros. ¿Ustedes creen que eso es una catástrofe tan grande como para producir la pérdida de 43 millones de espectadores y la destrucción de 4.500 empleos directos? ¿Ustedes creen que por 40 o 80 centavos, la gente va a dejar de ir al cine? Me extrañaría.

A mí me parece que el problema es otro muy diferente: el sector cinematográfico está en declive, el público ha perdido la afición, prefiere otros soportes para la visión y, sobre todo, la calidad de las producciones deja mucho que desear. Según se desprende del Anuario de la SGAE, los españoles compraron 98 millones de entradas de cine en 2011, lo que quiere decir que cada ciudadano de este país ha ido al cine dos veces durante al año pasado. ¿Cuál es pues el problema? Habrá algo más que el IVA, ¿no? A este enfermo no hay quien lo cure.

En muchas ciudades europeas, por menos de veinte euros al mes, puedes comprar un abono para ver todas las películas que quieras cualquier día de la semana y a cualquier hora, sean de estreno o no. Así consiguen que vaya más gente al cine y, sobre todo, crear hábito, un objetivo que los profesionales del marketing tienen siempre presente a la hora de diseñar sus campañas a largo a plazo. Aquí la única promoción que se hace es el “día del espectador”, un descuento del diez por ciento una vez cada semana. ¡Qué poca imaginación!

En cualquier caso, es verdad que la medida que ha tomado el gobierno es inapropiada y no va a solucionar ningún problema. Si la asistencia al cine se mantiene ─es previsible un descenso, sobre todo por la situación económica─, ese incremento del IVA apenas le va a suponer unos ingresos suplementarios de unos 100 millones de euros, una cantidad ridícula para la magnitud del problema. Pero es que además, de esa cantidad, tendrá que detraer más de un 50% para pagar durante dos años a esos 4.000 trabajadores que van a perder su empleo y a compensar la pérdida de ingresos por el IRPF y las cuotas de la Seguridad Social. Todo un negocio.

 

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