El cierre de Megaupload: ¿Una actuación populista?

Categoría (Derechos de autor, General) por Manu de Ordoñana el 30-01-2012

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El pasado 19 de enero, El FBI suspendió el portal de Megaupload, un sitio en la red que ofrecía un servicio de alojamiento y descarga de archivos, a través del cual el internauta podía bajar a su ordenador o visualizar en línea cualquier tipo de archivo: películas, discos, fotografías, libros, etc., utilizando webs de enlace que incluían  índices ordenados de sus contenidos. La plataforma permitía el acceso a través de dos tipos de cuentas. Una era gratuita con ciertas limitaciones para su uso, como el número de archivos, su tamaño y la velocidad de descarga. La otra era Premium, sin restricción alguna, a cambio de una suscripción anual.

La web, creada el 21 de marzo de 2005 en Hong Kong, era el décimo tercer sitio más visitado del mundo, tenía 180 millones de usuarios registrados y era visible en 18 idiomas diferentes. Por su culpa ─según las autoridades norteamericanas─, la industria del ocio ha dejado de percibir 500 millones de dólares, aunque otras fuentes tan solventes como Harvard Business School y los gobiernos de Canadá, Suiza y Holanda aseguran que esa cifra es “irreal y tendenciosa”.

La demanda que han presentado los fiscales aporta cifras en consonancia con las de los daños que estima la industria. “Las personas acusadas eran miembros de una organización criminal internacional cuyos miembros se hallaban inmersos en infracciones criminales de los derechos de autor y lavado de dinero a escala masiva, ocasionando un daño a los dueños de esos derechos por valor de 500 millones de dólares y con un lucro propio de 175 millones de dólares”. En una operación conjunta realizada en ocho países, la policía arrestó a los administradores de la compañía: siete en los Estados Unidos y cuatro en Nueva Zelanda. Los acusados se enfrentan a penas de prisión de hasta 50 años.

El creador de Megaupload, el alemán Kim Schmitz (Kiel, Alemania, 1974) es un personaje curioso. Conocido bajo el apodo de Dotcom, pesa más de cien kilos y tiene aficiones caras: coches deportivos, rubias despampanantes, jacuzzis, champán… Desde muy joven, supo aprovechar el boom de Internet para ganar dinero, no siempre de forma legal. A los 19 años, saltó los filtros del Pentágono, pirateó su red y pudo ver imágenes del palacio de Sadam Hussein. A los 20, le arrestaron por “espionaje electrónico”. A los 27, después de que dos de sus amigos murieran en el 11-S, amenazó públicamente a Osama Bin Laden y ofreció diez millones de dólares por información para cazar al saudí. Y ahora, con 37 años, acaba de ser detenido en Nueva Zelanda por dirigir “una organización criminal de dimensiones mundiales”.

La clausura de la web y el arresto de sus directivos se ha producido en un momento crucial en EE UU, después de las protestas que ha ocasionado la discusión de la ley antidescargas, conocida como la ley SOPA, pendiente de aprobación en el Congreso y en el Senado, cuyo objetivo persigue el robo de material protegido por derechos de autor, autorizando el cierre sin orden judicial de páginas web sospechosas de no respetar la propiedad intelectual.

Esta doctrina legislativa que permite a las autoridades el cierre de cualquier página web puede que sirva para frenar la piratería salvaje que la mayoría de los ciudadanos condenamos, pero no olvidemos que se presta a que se cometan abusos, a que los gobiernos impidan la circulación de noticias que no sea de su agrado, a que la industria cultural presione para suspender actividades que considere lesivas a sus intereses económicos, sin tener en cuenta los del usuario. La legislación tendría que limitarse a atender las denuncias que demuestren la ilegalidad de los contenidos y sólo cerrar aquellos enlaces que conducen a espacios protegidos, pero no permitir que se criminalice de entrada a los proveedores de archivos hasta que éstos demuestren su inocencia.

Porque, al final, esta conducta no sirve para nada. El cierre de una página web no restablece el equilibrio que ha de existir entre el derecho a la propiedad intelectual y la libertad de expresión que ofrece Internet. Por cada web que se cierra hoy surge mañana otra con tecnología más avanzada o en países donde la actuación judicial es más complicada ─si existen paraísos fiscales, pronto aflorarán los digitales─. Ya entiendo que el problema es difícil de solucionar, habría que afrontarlo de forma global y eso, por ahora, parece imposible. Hace mucho tiempo que la tecnología menosprecia la legalidad y burla la acción de la justicia.

El formato de tu eBook

Categoría (El libro digital, General, Publicar un libro) por Manu de Ordoñana el 25-12-2011

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Ya que estamos metidos en esta rebosante revolución digital, el escritor diletante tiene ahora una oportunidad para hacerse un hueco en el mercado. El número de dispositivos de lectura va a aumentar vertiginosamente en los próximos años y, por otra parte, están apareciendo numerosas editoriales digitales que te permiten colgar la última novela que has escrito a coste cero ─o casi─ para que el lector la descargue a un precio que tú previamente has decidido, precio del cual te corresponde un porcentaje que la editorial se encargará de liquidarte cada cierto tiempo, en función de las condiciones del contrato. Hasta aquí, todo perfecto.

El problema se plantea cuando tú eliges una plataforma cualquiera y quieres subir tu libro. Normalmente, el proceso de incorporación no es complicado, cada editorial tiene su procedimiento, pero suelen ser parecidos y, a poco que poseas algún conocimiento informático llegas casi siempre a puerto y consigues el esperado mensaje de “instalación concluida felizmente” o algo parecido.

Ya sabes que tienes que tener disponible la información que te van a pedir a lo largo del proceso: título de la obra, sinopsis, texto completo de la novela, datos del autor y seudónimo si lo tienes, foto del autor, imagen de la portada ─las dos en 72 ppp para que no ocupen mucho espacio─, diez o doce palabras descriptivas (palabras clave para que tu título aparezca en las primeras posiciones cuando el visitante teclea una o varias de esas palabras para buscar el libro que le interesa) y el nº de tu cuenta para que te transfieran las ganancias.

Te recuerdo que la sinopsis es una poderosa herramienta para tener éxito: si el comprador ha descubierto tu libro, querrá saber de qué va el asunto, así que tienes seis u ocho líneas para convencerle de que eso es lo que él está buscando. Tampoco hay que despreciar el diseño de la portada: muchas compras se deciden por cosas nimias o triviales.

Y ahora llegamos a lo importante: convertir el texto de tu novela a un formato compatible con el e-reader. Pero antes, quisiera darte un consejo: elimina las páginas iniciales que se incluyen en un libro impreso, con el título, la editorial, el ISBN y demás información que nada aportan, incluidas las páginas en blanco que aquí no sirven para nada. Se trata de que el lector, en cuanto abre el e-book, se encuentra de inmediato con el título de la novela en la primera línea, el nombre del autor en la segunda ─ambos con algún tipo de letra resaltada─ y el inicio del relato en la cuarta. Ni siquiera creo que hace falta incorporar la portada, aunque claro esto es una opinión muy particular…

Vamos con el formato del texto. Hasta ahora, se ha utilizado con éxito el formato PDF, fácil de convertir partiendo de un texto .doc escrito en Word. Pero eso ya no vale. Ahora, el texto tiene que ser visible en cualquiera de los dispositivos de lectura que hay en el mercado ─con anchos de pantalla diferentes─ y ha de permitir la lectura horizontal y vertical. El PDF tiene fija la anchura del texto y no se adapta a los diferentes estándares.  

Siempre que tu documento sea de texto y no esté basado en imágenes, la solución al problema se llama ePub. En los tres próximos artículos, intentaré aportar unas instrucciones sencillas sobre estos tres aspectos:

  • Convertir un texto Word en ePub.
  • Convertir un texto PDF en ePUB.
  • Mejorar un texto ePUB con Sigil.

Pero antes quisiera recordarte que yo no soy un experto informático, simplemente un aficionado. Sólo pretendo aportarte mi experiencia, (al parecer ya soy capaz de hacer las conversiones con una cierta facilidad), aunque para ello tendrás que tener unos mínimos conocimientos de cómo se descargan programas y cómo se manejan archivos y carpetas. Ya verás lo fácil que es.

Libros en red. Otra oportunidad para el escritor diletante

Categoría (El libro digital, General, Publicar un libro) por Manu de Ordoñana el 20-12-2011

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Libros en Red es una empresa editorial radicada en Estados Unidos (LibrosEnRed Corp), cuya sede operativa está en Buenos Aires (Argentina). Lleva once años en el mercado y se ocupa de publicar libros tanto en versión digital como en papel, previo pago de una cantidad no irrelevante. La corrección del texto, el editing y el informe de obra son servicios complementarios que se facturan aparte.

La editorial te ofrece cinco opciones (existe una sexta llamada “locación de obra” dirigida a profesionales) para publicar tu libro, cada una tiene su coste y su regalía. La regalía es el importe que cobra el autor por la venta de cada ejemplar, calculado en porcentaje sobre el precio de venta, una vez descontados todos los costos.

  • Edición electrónica. Permite editar tu libro sólo en versión digital, en cualquiera de los formatos susceptibles de ser leídos en los dispositivos de lectura existentes en el mercado. Regalías del 40%. Distribución en todo el mundo a través de Internet. Costo: 295 US$.
  • Edición Profesional. Permite editar tu libro en versión digital y en versión papel (impresión bajo demanda). Regalías del 40%. Distribución en todo el mundo a través de Internet y catálogos de libros. Dos ejemplares en papel gratuitos. Costo: 495 US$. Incluye la tramitación del ISBN.
  • Edición Absoluta. Permite editar tu libro en versión digital y en versión papel (impresión bajo demanda). Regalías del 50%. Distribución en todo el mundo a través de Internet y catálogos de libros. Veinte ejemplares en papel gratuitos. Campaña de lanzamiento del libro que incluye diseño y exposición de banner, y publicación de reseña en nuestro boletín mensual. Costo: 995 US$. Incluye la tramitación del ISBN.
  • Edición Premium. Permite editar tu libro en versión digital y en versión papel (impresión bajo demanda). Regalías del 50%. Distribución en todo el mundo a través de Internet y catálogos de libros. 40 ejemplares en papel gratuitos. Campaña de lanzamiento del libro que incluye diseño y exposición de banner, publicación de reseña en nuestro boletín mensual y la edición de un fragmento de tu obra como material promocional. Promoción más activa que en la opción anterior. Costo: 1395 US$. Incluye la tramitación del ISBN.
  • Audiolibro. Permite editar tu libro en versión audio, a partir de un texto o de una grabación, hecha por locutores profesionales. Precio a convenir en función de la extensión de la obra.

Las opciones con versión impresa incluyen la maquetación y el diseño de la portada, con lo cual el libro pasa a formar parte de su librería y se incorpora al catálogo de portales tan relevantes como Amazon.com y Barnesandnoble.com. Cada vez que Libros en Red recibe un pedido, imprime un ejemplar del libro, lo encuaderna y lo envía al domicilio del comprador, con lo cual no hay existencias en almacén: el libro se fabrica bajo pedido. Este procedimiento evita la inversión inicial en la imprenta, pero tiene un gran inconveniente: producir un libro unitario tiene un coste muy alto de fabricación, con lo cual hay que venderlo a un precio elevado. El resultado es que, si no eres un genio, no vas a vender muchos.

 

El nuevo Kindle de Amazon

Categoría (El libro digital, General) por Manu de Ordoñana el 15-12-2011

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Si Amazon aterrizó en España el pasado 15 de septiembre con su tienda de objetos físicos, a finales de noviembre lo ha hecho con la de los virtuales. Al mismo tiempo, ha puesto en el mercado el nuevo Kindle, un moderno dispositivo de lectura inalámbrico, con wifi integrado y pantalla de tinta electrónica de 6 pulgadas, a un precio realmente competitivo: 99 € + 2,99 € de gastos de transporte, al que hay que añadir el de algún que otro accesorio. ¡Un bonito regalo de Navidad!

Es un artefacto que ha sido diseñado específicamente para la lectura de texto. La pantalla emplea tinta de verdad, de manera que la imagen parece una página tradicional que se puede leer en cualquier parte, sin reflejos, incluso a plena luz del día. Es cómodo y fácil de transportar, fino como una revista y más ligero que un libro de tapa blanda: pesa 170 gramos y cabe en cualquier bolsillo. Puede albergar hasta 1.400 libros, la descarga se realiza directamente al dispositivo sin necesidad de pasar por tu PC y el tiempo de descarga de un libro no llega al minuto. Es fácil de usar desde el primer día, no tienes que instalar ningún software ni sincronizarlo. Además incluye un diccionario que te permite buscar la definición del término que no conoces sin interrumpir la lectura.

Dispone de puerto USB 2.0 (conector micro-B), lo que supone una ventaja adicional para descargar textos de otras fuentes, con lo cual deja de ser un bazar hermético para que cada uno se busque la vida. Por el contrario, parece que no reconoce el formato de lectura ePub, ya que sólo acepta los siguientes formatos compatibles: Kindle (AZW), TXT, PDF, MOBI sin protección y PRC en su formato original, además de  HTML, DOC, DOCX, JPEG, GIF, PNG, BMP por conversión. Admite ocho tamaños de letra y tres estilos de fuente diferentes. Permite añadir notas con el teclado virtual que lleva incorporado, subrayar, recortar pasajes clave y marcar las páginas que te han gustado.

Pero lo más importante de todo es que ofrece una librería de casi un millón de e-books, de los cuales 1600 son gratis, entre ellos muchos de los clásicos. Si quieres hojear el libro y leer algún fragmento antes de comprarlo, lo puedes descargar de forma gratuita y decidir a continuación. Los libros que compres se almacenan automáticamente en tu biblioteca Amazon y puedes recuperarlos de forma gratuita en cualquier momento.

Nada que oponer pues a este nuevo dispositivo que reúne todos los requisitos técnicos que estábamos esperando. La única pega que puede encontrar Amazon es el precio de las descargas. En España, el precio de un libro es fijo y lo establece la editorial, a diferencia de EE.UU. y Reino Unido en que el precio es libre. El descuento máximo que permite la ley es del 5% para los dos formatos (papel y digital) lo que, de momento, impedirá a Amazon realizar esas campañas de promoción agresiva que caracterizan al gigante norteamericano. A eso habría que añadirle el problema del IVA: el libro en papel paga el 4% y la descarga electrónica, el 18%. Eso es la teoría, porque, en la práctica, seguro que Amazon se las arreglará para saltarse la norma, como ya ocurrió en Francia, donde la compañía fue acusada de tirar los precios de los libros digitales, desafiando la ley del precio fijo que también rige en el país galo.

El Mataburros. Exhorbitante

Categoría (El Mataburros, General) por Manu de Ordoñana el 10-12-2011

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Es error bastante frecuente encontrar la palabra “exorbitante” escrita con una “h” intercalada en expresiones como “un precio exorbitante” (por ejemplo, cuando nos acercamos a la pescadería y preguntamos por el de las angulas).

Si entras en el buscador de Google y tecleas “exhorbitante”, obtienes 60.700 resultados, lo que sí parece exorbitante. Probablemente, la confusión proviene porque existen muchas palabras en castellano que sí llevan la “h” intercalada después del prefijo “ex”, como “exhalar”, “exhausto”, “exhibir”, “exhortar”, “exhumar”.

La palabra “exorbitante” procede del latín “exorbitans”, formada por el prefijo “ex” (fuera o más allá) y el sustantivo “orbita” (trayectoria que, en el espacio, recorre un cuerpo sometido a la acción gravitatoria). Exorbitar serviría pues para expresar que un astro se ha salido de su órbita, con lo cual alcanzaría una velocidad altísima, lo que justifica el significado del adjetivo : excesivo, exagerado.

Esta falta de ortografía es también asidua de la prensa escrita. Aparece alguna vez en la mayoría de los diarios españoles, incluso en titulares. Así ABC del 14 de octubre de 2011 titula “La exhorbitante protección de los Derechos Fundamentales” un artículo firmado por Benigno Varela Autrán.

Pero es que no sólo es una vez. Si entras en su hemeroteca y tecleas la palabra de búsqueda “exhorbitante”, te encontrarás con 39 resultados, es decir, a lo largo de su historia, el diario ABC ha cometido 39 veces el error de escribir “exorbitante” con una “h” intercalada. No está nada mal, teniendo en cuenta que el diario ya superó los cien años de existencia, ya que fue fundado en Madrid el 1 de enero de 1903 por Torcuato Luca de Tena y Álvarez-Ossorio.

El primero resultado corresponde a la edición de Sevilla del 28 de octubre de 2003. En su página 75, el diario informa que el fiscal reitera su petición de sobreseimiento del caso de las indemnizaciones percibidas por José María  Amuchátegu y Ángel Corcóstegui al cesar en sus cargos como directivos del Santander Central Hispano, por entender que los hechos no son constitutivos de delito. En su valoración jurídico-penal de los hechos, el fiscal entiende que “lo exhorbitante que resultan las cantidades pagadas para quien como la inmensa mayoría de los ciudadanos gestiona una economía modesta, tampoco es argumento suficiente para derivar necesariamente la existencia de un perjuicio para la entidad”. Curioso argumento… ¿o quizá desorbitado?

El futuro de las librerías (2)

Categoría (El libro digital, El mundo del libro, General) por Manu de Ordoñana el 08-11-2011

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Decíamos ayer que el futuro de las librerías es incierto, al menos tal y como hoy está estructurado el negocio. Si entras en una librería de tipo medio, te encontrarás siempre con miles de libros expuestos en estanterías monumentales a la espera de que un lector incauto se digne fijarse en alguno, lo extraiga de la hilera y lo hojee. Pero este acto no es definitivo, no se traduce en una compra: la mayoría de las veces lo devuelve a su lugar primigenio con un gesto reprobatorio para justificar su albedrío, si presume que un empleado lo está observando con el rabillo del ojo.

Probablemente, la rotación de existencias en una librería tradicional sea de las más bajas que existen en el ámbito empresarial y eso tiene un coste financiero que no siempre se valora. No digo que todo ese gasto sea por cuenta del librero, quizá se reparta entre toda la cadena: editor, distribuidor y punto de venta. Pero eso no evita que a uno eso le parezca un procedimiento irracional. La única forma que existe para financiar ese sobrecoste es subir el precio para incrementar el margen. Eso es lo que se ha hecho, ése ha sido el error. Al final, el libro no deja de ser un producto de consumo y no un artículo de lujo.

En un escenario de superproducción ─cada vez se editan más títulos y se venden menos libros─, junto a una contracción de la demanda, el librero ha de incidir en su función de valorar, filtrar y aconsejar a sus clientes, algo que muy pocos hacen. Y no sólo eso. Debería de asumir también la labor de enseñarles a descargar un e-book, a comprarlo en Internet y a verlo en cualquiera de los dispositivos de lectura, es decir, incorporar el libro digital a su tienda como un complemento al libro impreso, en un afán de cambiar los hábitos de lectura ─y de aprendizaje: quizá eso sea lo más importante─, lo que probablemente para algunos será una herejía. Por eso, hablamos de una nueva definición.

Una librería que se limite a mantener el modelo actual tiene ese futuro incierto del que hablábamos al principio. Tendría que especializarse, reducir el número de volúmenes expuestos, limitarse a mantener existencias de los más vendidos y, al mismo tiempo, garantizar la disponibilidad de cualquier título en un plazo máximo de 24 horas, para lo cual tendría que contar con el soporte de un distribuidor local con reparto expreso, a la manera en que funcionan las centrales farmacéuticas.

Se trataría de que el librero creara una red social en la que él expusiera sus opiniones sobre las últimas novedades, recomendara los títulos más sugestivos en cada género y tuviera una comunicación interactiva con sus abonados ─lo cual le permitiría conocer sus aficiones─, un núcleo de clientes cautivos que convendrían en utilizar ese canal para adquirir el libro cuyo contenido les ha atraído y de hacer el pedido, cualquiera que fuere el formato, para recogerlo en la tienda si es físico ─con ese plazo de 24 horas, si no lo tiene en stock─, o para descargarlo de la red si es digital, en ambos casos, a través de su sitio en Internet.

¿Sabías que el 36,6% de las librerías tienen web propia (aunque supongo que muy pocas estarán concebidas como redes sociales)? ¿Sabías que el 20% de los que compraron un libro en 2010 consultaron en Internet antes de hacerlo? Pues este porcentaje es todavía pequeño, ya que el ROPO (Research Online Purchase Offline) supone un 60% de las ventas de productos de gran consumo, es decir, un 60% de la gente elige antes el producto en la red y lo compra luego en su establecimiento favorito, frente a un 20% que lo hace directamente online (tienda virtual) y otro 20%, exclusivamente offline (tienda física). ¿Se llegará con el libro a esos porcentajes?

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