Bob Dylan y su Nobel

Categoría (El mundo del libro, Estafeta literaria, General) por Manu de Ordoñana, Ana Merino y Ane Mayoz el 27-02-2017

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¿Son mis canciones literatura?” Tras la aprobación del Premio Nobel de Literatura, el propio Robert Allen Zimmerman (su admiración por el poeta Dylan Thomas le llevó a adoptar el seudónimo de Bob Dylan) se manifestó así. En ese momento, muchos consideraron a Leonard Cohen como un candidato más acorde, puesto que él declaró que nació con la ambición de ser escritor. La polémica está servida; si el mismo premiado se lo cuestiona, ¿qué no dirán los demás? Nuestra intención es presentar todas las voces que han expuesto algo significativo al respecto.

He aquí las opiniones de los que se expresaron a favor de la concesión del premio: “El Nobel de este año está justificado y es merecido. Este premio significa una necesaria apertura conceptual, en un sentido antiacadémico y moderno”, lo sentencia el poeta Juan Bufill. “A ver si recordamos que la poesía de los trovadores toda fue escrita para ser cantada. Y nadie lo discute», indica Pere Gimferrer. Otro escritor, Joan-Lluís Lluís, recalca: “Me satisface enormemente porque así que sea un poco más fácil defender que la canción no es solo un estilo musical sino un género literario completo». Lorenzo Silva ha indicado que él no dirá que no tenga mérito literario o que no merezca recibir el Premio. Y Jaume Subirana está convencido de que “a veces está bien aceptar que la literatura puede ser (y quiere ser) más cosas que lo que nosotros creemos o de lo que nos gusta”.

Jennifer Croft afirma: “Como traductora de Tokarczuk al inglés, y ex estudiante de Yevtushenko (ambos candidatos al premio) no estoy indignada. En mi opinión, Dylan es la elección perfecta para el premio de este año”. Confiesa que lo descubrió hace unos pocos años y añade: “Para que la literatura sirva de algo, debe alcanzar a sus lectores y oyentes. Y eso es justo lo que hace Bob Dylan”.

“Dylan es uno de los más grandes bardos y juglares norteamericanos del siglo XX y sus palabras han influido en varias generaciones de hombres y mujeres de todo el mundo”, afirma el poeta estadounidense Allen Ginsberg. Él y Gordon Ball (profesor de la Universidad de Virginia) crearon ya en 1996 un comité para promover su candidatura a este premio. Además, en un documental de Martin Scorsese, No Direction Home, el retrato de Dylan se concibe como el de un hombre poseído por el hecho literario.

Sus traductores están convencidos de que ha conseguido una síntesis muy difícil entre tradiciones musicales y literarias. Exceptuando lo bíblico, que es un elemento central que está ya desde sus primeras canciones, y Shakespeare, las distintas lecturas que Dylan va haciendo en cada época aparecen en sus canciones: lo absorbe todo. Empieza por Rimbaud, después Petrarca, decenas y decenas de citas tomadas del blues y del country… Dylan roba con descaro por todos los lados, hasta de los titulares de los diarios, y no lo oculta, son apropiaciones más que alusiones”, añade José Moreno.

 Y aquí quienes están más que molestos por el galardón:

“Con lo que cuesta que se asimile buena literatura con esfuerzo intelectual, va la academia y bendice la playlist como género literario”, es la valoración del novelista Enrique de Hériz. La escritora Care Santos tiene claro que Dylan es todo (cantautor, músico, compositor de canciones) excepto escritor. Esta opinión también la comparte Mario Vargas Llosa, quien ve la decisión de este año de la Academia sueca como una frivolización de la cultura. Y Darío Villanueva piensa que “es un gran artista de la canción, sus letras son eficaces, pero literariamente muy poco sofisticadas”. “Más que un premio parece un auto premio, el que la Academia Sueca se ha dado a sí misma, en forma de golpe de efecto mediático”, opinión del escritor y periodista Ernest Farrés Junyent. Pero además añade: “Que es un premio a la palabra es evidente. No lo es a la fusión de lenguajes. No lo es a un intérprete. Lo es a un autor de textos, o sea, a un escritor. Pero Bob Dylan es una estrella del rock”.

La academia sueca ha justificado el galardón así: “Su obra se ha caracterizado por una nueva expresión poética. “Un gran poeta en la tradición en lengua inglesa, muy original” y que durante 54 años “ha seguido actuando y reinventándose a sí mismo, creando una nueva identidad”. A su vez, subraya su “profunda influencia en la música contemporánea” y lo define como “icono”. También destaca sus trabajos literarios experimentales, como Tarántula y la colección Writings and drawings.

El crítico, historiador literario y miembro de la Academia desde 1997, Horace Engdahl agrega: “Gracias a su obra, ha cambiado nuestra idea de qué puede ser la poesía y cómo funciona”. Otro miembro de la Academia, Per Wastberg, sostuvo que “es probablemente el más grande poeta vivo”.

Otro punto a tener en cuenta es la relación del músico con los distintos y numerosísimos premios que le han concedido hasta el momento. En los dos únicos discursos que dio tras haber recibido el Tom Paine Award (en 1963) y el MusiCares Person Of TheYear (en 2015) surgió el escándalo. En el primero porque sacó a colación al muchacho que asesinó a Kennedy y en el otro porque se preguntaba por el trato especial que le daban los críticos, al meterse con él. En 1970, recogió el nombramiento de la Universidad de Princeton como Doctor Honoris Causa en Música, pero se sintió tan incómodo que reflejó su sentimiento en una canción “Day Of TheLocusts”. En Francia aprovechan sus giras por el país para asegurarse de que comparezca: la Orden de las Artes y las Letras (1990) y La legión de honor (2013). Sí que ha recogido muchos más premios y en la mayoría no hizo más que cantar. Pero también es verdad que no ha asistido a multitud de ceremonias, el Premio Príncipe de Asturias de las Artes en 2007, entre otros, (pues se encontraba en Nebraska).

Además, Dylan ha sido reconocido con distintos galardones, entre ellos el premio Pulitzer, otorgado por la Universidad de Columbia, los periódicos Washington Post y New York Times y la agencia Reuters, por “su profundo impacto en la música y la cultura popular americana, gracias al poder poético de sus composiciones“.

Quizá necesitemos valorar los comentarios de Carlos Vargas para entender mejor al músico. Afirma que no acepta el Premio no porque sea descortés y arrogante, sino porque “él es quien es”, tal como lo mencionó Wästberg, en el mayor diario sueco. “Hay que profundizar en la obra lírica de Dylan y en su historia de vida para poder leer entre líneas y entender que él es el menos interesado en recibir un premio de este género y procedencia, ya que, de aceptar el premio transitaría hacia el reconocimiento del establishment y esto es contra lo que ha lidiado y censurado desde que escribe sus letras, sus poemas, su literatura de contracultura. Dylan nunca se identificó ni se identifica con lo conservador, tuvo inquietudes desde niño por el cine y la música. Aprendió por su cuenta a tocar la guitarra. Leyó y lo influyó de manera muy importante el libro, llevado al cine BoundforGlory, de Woody Guthrie, fue un estilo de vida para Bob Dylan. Creemos que en él los premios no forman parte de su esencia”. Hay que matizar que estas palabras fueron escritas antes de que Dylan se pronunciara sobre la aceptación del premio. Y chocan, y mucho, si tenemos en cuenta todo lo que ha recibido.

Hasta aquí nuestra intención de poner en la palestra todas las partes para que luego cada uno saque sus conclusiones. En esta sociedad en la que vivimos todo es susceptible de ser criticado; un premio de este renombre (cuando declina asistir a la ceremonia, pero se embolsa el jugoso dinero), más.

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