Microrrelato. La montaña
Este microrrelato pertenece al libro El Gato de Cheshire (1965). Se llama así en homenaje al felino de Alicia en el país de las maravillas.
Este microrrelato pertenece al libro El Gato de Cheshire (1965). Se llama así en homenaje al felino de Alicia en el país de las maravillas.
Es perfectamente lícito que un escritor utilice la IA para localizar información, buscar errores, mejorar la claridad de un texto e incluso crear borradores, a condición de que, luego, lo adapte a su propia manera de escribir.
García Reig ha optado por el tipo de cuento llamado metaliterario, en el que el escritor crea un texto narrativo cuyo objeto de análisis es el propio cuento.
Palabras que acarician el corazón, enternecen el alma, abrazan la vida. “Las palabras son para mí cuerpos tocables, sirenas visibles, sensualidades incorporadas” (Pessoa).
Este relato que pertenece al libro El porqué de las cosas (1994) plasma muy bien el estilo de Monzó: una prosa que fluye de forma natural, austera en las formas ―quiere llegar sin dificultad a los lectores― y que cuenta la historia a la vez que la cuestiona.
Solo se entiende a Thomas Bernhard cuando, ante el aturullamiento de su prosa, te ves sonriendo. Entonces comprendes que es un humorista y un provocador nato.
Juan José Millas nos propone un interesante cuento narrativo, que cumple las condiciones que Hemingway dio al microrrelato: “Es como un iceberg, cuya masa visible solo supone una octava parte de su totalidad”.
“El descubrimiento de Dostoyevski ha sido para mí más importante aún que el de Stendhal. Dostoyevski es el único hombre que me ha enseñado algo en psicología”. (Nietzsche)
En este microrrelato, la escritora argentina Ana María Shua nos ofrece una revisión de esa famosa historia de aventuras por medio del humor ¿quizá parodiando la importancia del sentido que se le ha dado a esa frase?
Escribir claro y conciso es condición indispensable para lograr que una novela sea leíble y obtenga el beneplácito del público.