La verosimilitud

Categoría (General, Taller literario) por Ana Merino y Ane Mayoz el 11-03-2016

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Algún sabio literato de cuyo nombre no logro acordarme dijo aquello de que la literatura es contar una pequeña mentira para decir una gran verdad. En ese sentido, el literato propone un pacto al lector: éste creerá esa mentira que el escritor cuenta y se meterá en su mundo como si fuera real, pero a cambio esa historia deberá ser verosímil, es decir, creíble.

Desde la buena ciencia-ficción hasta los buenos realistas todos cumplen ese trato con el lector y en ello reside también el hecho mágico de la Literatura, ese que nos hace creer que Gregorio Samsa se convirtió, una mañana cualquiera, en escarabajo.

Bioy Casares piensa que lo que hace verosímil la ficción es “un largo proceso de enredar al lector, de darle pruebas, falsas pruebas —somos una variedad de prestidigitadores y nos gustaría que nos tuvieran, como a ellos, por magos— de que eso ha pasado, de que yo no lo he visto, pero lo vio otra persona que merece mi confianza y a quien por ver eso le pasó esto y aquello. Escribiendo conseguimos que la gente crea cosas irreales. Es claro que no creen para siempre, creen mientras leen, y no creen del todo, sino en la medida necesaria y habitual para la lectura.”

Jorge Luis Borges es uno de los indiscutibles maestros de lo verosímil. Ubicado casi siempre en lo fantástico y lo imaginario, Borges construye sus ficciones, con elementos de la realidad. Es un realista, pero un realista que escribe acerca de un tiempo y una realidad irreales.

Una manera de introducir a un lector en un mundo de árboles animados y de pequeños hombres azules es hacerlo entrar a través de una sólida puerta de caoba. Con toda naturalidad el lector abrirá esa puerta y se introducirá en el mundo de lo imposible, precisamente porque ese mundo está construido bajo las rígidas normas de lo posible. Entre esas dos regiones se mueve Borges, controlando los accesos y las fronteras de modo que la puerta de entrada a lo fantástico nos conduzca también a lo creíble.

La perspectiva de la narración, en los cuentos de Borges, contribuye también a la verosimilitud del argumento. El narrador en tercera persona funciona como alguien dentro del relato que ha oído aquello que nos cuenta en boca de otro o ha leído un libro o un manuscrito…

Dentro del relato, el narrador en primera persona asume una postura ambigua: de un lado, participa emitiendo sentencias breves y de otro, se debate ante la duda y recurre a la suposición. Ambas actitudes del narrador vienen a probarnos que él no es la fuente de lo narrado sino un simple transmisor; por tanto este narrador siempre visible pierde el dominio de la historia, que no nace de él sino de más allá: de la propia realidad.

Otra técnica de verosimilitud que Borges utilizó con frecuencia es emplear un tipo de narrador erudito que, a partir de un texto que ya existe —una fuente próxima o remota—, se nos ofrece un resumen o comentario del mismo. En estos casos, el relato estará repleto de intervenciones de un narrador que nos documenta sobre el hecho con citas eruditas, notas sobre los comentarios a ese libro, lapidarias definiciones, áridas listas, abundantes referencias históricas, etc.

En definitiva, es imprescindible que el lector se sumerja en la historia y no salga a la superficie hasta el final de ella, pase lo que pase durante la misma. Para lograr este objetivo están estos trucos que confieren ese halo de verosimilitud a lo que se cuenta.

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