Al grito de ‘Yo no soy criada de nadie’, Juanita abandonó el lecho conyugal. Volvió pronto, porque se había olvidado de tender la cama.
Rosa Beltrán
Este microcuento es uno de los que Rosa Beltrán escribió al inicio de su carrera cuando aún era estudiante de Literatura de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Y, a su vez, es el que cierra uno de sus libros más celebrados Amores que matan (1996). En él ya se puede ver el germen de lo que será la obra fundamental de esta escritora mexicana.
Es un cuento cargado de ironía ya desde el título, con una intención clarísima, por parte de la escritora, de mirar y reflejar el mundo desde la óptica de la mujer. En una entrevista comenta que el primer acercamiento que tuvo a la literatura fue oral: Para mí el origen de la narrativa son las historias que contaba mi madre y mis tías… Mi infancia estuvo llena de confusiones poéticas. Su madre le contaba los sucesos de la vida diaria con un toque fantástico, hiperbólico, utilizando un lenguaje coloquial repleto de frases hechas, repetidas en el día a día de su crianza, dentro de un ambiente muy familiar. Bajo este prisma, cuando comenzó a leer, ya sabía que el mundo que veía ella no era exactamente lo que tenía delante, que existían aristas y tonos grises.
Si tenemos en cuenta lo dicho podemos entender mejor la estructura en dos oraciones de este micro. Con la primera, en la que se encuentra la expresión que supone la declaración de intenciones de la protagonista femenina de la historia, se busca afianzar su posición en la pareja y, por tanto, defender su autenticidad como persona: se va porque no es una criada de nadie. Desde el inicio, la historia tiene mucha fuerza debido al orden de aparición de los elementos de la frase: el grito, en primer lugar, y después el nombre de la protagonista que lo emite junto con la contundente acción que lleva a cabo; un golpe en la mesa y después su consecuencia.
Respecto a la segunda oración, y teniendo también en cuenta el orden de sus elementos, podemos decir que es a la inversa. Al principio aparece la acción ―Juanita volvió―, complementada con un adverbio temporal ―pronto― que nos indica que casi no ha pasado tiempo de la primera decisión a la segunda, y luego tenemos la explicación. Juanita se va, pero regresa porque se le ha olvidado hacer la cama. Este chocante final es el que cierra la historia y a la vez aporta el matiz humorístico al cuento, ese toque de humor punzante que caracteriza a la autora.
Con su primer acto reivindica su lugar en el mundo, da un paso adelante y se libera; sin embargo, con el segundo retrocede y no puede evitar hacer lo que tiene totalmente interiorizado; deja de ser criada de otro para ser criada de sí misma. Por más alto que grite lo primero, nunca será libre mientras sienta lo segundo.
Microrrelato. Liberación femenina
Es un cuento cargado de ironía ya desde el título, con una intención clarísima, por parte de la escritora, de mirar y reflejar el mundo desde la óptica de la mujer.
Ahora que lo recuerdo, a mi madre se le olvidó patentar ese comentario y yo, pobre de mí, no podré disfrutar de los derechos de autor en diferido.
Excelente microrrelato que lo admiro desde mi vergüenza como hijo que pudo hacer más por la causa. ¿Qué cual causa? ¡Esa!
La razón y el subconsciente están estrechamente unidos…