Anatomía del cuento

Categoría (Consejos para escritores, El oficio de escribir, General) por Manu de Ordoñana, Ana Merino y Ane Mayoz el 14-07-2020

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Gerardo Piña-Rosales (La Línea de la Concepción, 1948) es profesor de literatura en la City University de Nueva York y director honorario de la Academia Norteamericana de Lengua Española. En septiembre de 2009, publicó en la revista Hispania un exquisito artículo: El cuento: Anatomía de un género literario, con la pretensión de romper una lanza en su favor, frente a otros géneros literarios considerados mayores, así como de analizar su anatomía, examinando los diferentes órganos que lo componen e individualizan. Aquí ofrecemos un resumen.

1.- El título.  El título no solo sirve para interesar al lector, sino también para crear el ambiente, sugerir el desenlace o ser clave para su comprensión o interpretación, ya que a veces encierra un sentido críptico, hermenéutico, acorde con su contenido. Puede resumir en una palabra el sentido final del relato, como hizo Kafka en La Metamorfosis.

2.- Las primeras líneas. Las primeras líneas de un cuento son de máxima importancia; se debe buscar la palabra exacta y precisa. Recordemos cómo empieza Metamorfosis: «Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto.» Es suficiente este primer párrafo para caer subyugados ante la prosa hipnótica e implacable de Kafka.

3.- La historia. En el cuento, la historia está constituida por los sucesos que se narran. Para Ricardo Piglia, un cuento siempre cuenta dos historias: la historia reconocible —los hechos— y la historia secreta —clave de la forma del cuento y de sus variantes—. A la primera, es lo que tradicionalmente llamamos argumento. Al argumento se opone la fábula, que alude a todos los acontecimientos o sucesos relacionados entre sí.

4.- La trama. La terminología para el concepto de «trama» es tan confusa como variopinta. En realidad, las distinciones entre acción, trama, conflicto, situación son más de forma que de fondo. La trama del cuento puede ser tradicional, es decir, directa y simple, y a veces, hasta inexistente. Una narración puede ser desarrollada desde muchos ángulos y desde muchas perspectivas, tanto ideológicas como literarias. Pero si tuviéramos que elegir, nos quedaríamos con dos: una de corte tradicional, realista, y otra de tendencia vanguardista, experimental.

5.- El desenlace. El desenlace en el cuento tradicional suele ser sorpresivo o violento. Desde la primera línea, todo en el cuento va dirigido a esa culminación, a ese momento climático en que el lector descubre que la realidad del texto es la verdadera realidad. ¿Quién no ha sentido esa impresión, al terminar de leer Las babas del diablo de Cortázar o Las ruinas circulares de Borges?

6.- Los personajes. Debido a su limitada extensión y a la necesidad de producir un efecto de unidad, conviene que el número de personajes de un cuento sea reducido. Chejov ya lo advirtió cuando respondió a un escritor novel que le había enviado su manuscrito: suprime personajes o escribe una novela. Pero los que subsistan han de poseer alguna característica relevante: singularidad; apariencia física acusada asociada a un concepto o a una idea; naturaleza cuasi-mítica que encarne algún aspecto universal de la condición humana (el mito de don Juan, por ejemplo); personalidad mutable producto de la confrontación entre consciencia e inconsciencia.

7.- Puntos de vista. Frente a los cuatro puntos de vista (omnisciente, semi-omnisciente, objetivo y protagonista) que admite la teoría clásica, Jean Pouillon, bajo una óptica semiótica, distingue las tres maneras diferentes que tiene un narrador para presentar su creación textual:

  • El yo creador es una especie de titiritero que, como un pequeño dios, maneja todos los resortes y mecanismos de los actantes.
  • El yo creador se mezcla con los actantes, confundiéndose con ellos, viendo a través de sus ojos.
  • El yo del autor desaparece tras los actantes, prevaleciendo así la historia sobre el discurso.

8.- Fondo y forma. El fondo del cuento es similar a la de la novela, por cuanto que el mundo intelectual, psíquico y afectivo del escritor se alimenta de anécdotas y de leyendas, de sucesos y de falsas memorias, de sus propias filias y fobias. En cuanto a la forma, el género ha experimentado un buen número de transformaciones y no le podemos negar la sal del cambio y la pimienta de las variaciones, a pesar de su discutible minoría de edad. Y en cuanto al modo en que está escrito el relato —entendiendo por modo la forma discursiva utilizada por el creador para presentar su historia—, puede predominar la narración o el diálogo, o puede haber mezcla de los dos. Bajtín, en su Dialogic Imagination, nos proporciona valiosos instrumentos para profundizar en esta materia

9.- Tono y atmósfera El tono y la atmósfera del cuento dependen de la actitud del narrador. En general, en el cuento, se dan menos cambios de tono que en la novela, pero también puede haber politonalidad: hay cuentos irónicos, sentimentales, moralizantes, etc. El tono y la atmósfera están relacionados con el espacio y el tiempo. Por ejemplo, a través de asociaciones metafóricas, un paisaje campestre evocará una atmósfera bucólica, de paz y de serenidad, mientras que un paisaje urbano degradado, evocará una atmósfera de sordidez, de inquietud y hasta de violencia: «La atmósfera, pues, es la reacción del narrador, es la forma artística que da a su estado de ánimo, la objetivación de un sentimiento vago que penetra el relato por todos sus poros» (Teoría y técnica del cuento, Enrique Anderson Imbert).

10.- Visión del mundo. Pero una obra de arte no se crea en el vacío. «Toda creación artística —ha dicho Francisco Ayala en La estructura narrativa— alude por necesidad a un acontecer en el tiempo, a la condición histórica del hombre». En la obra literaria, hay siempre presente, implícita o explícita, una visión del mundo del autor, que a su vez es parte de una clase social. El cuento responde a una visión fragmentaria de la realidad, aunque ese fragmentarismo no le impide ser a la vez global, pudiendo hasta evocar toda una generación o toda una época.

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