Artificios literarios. Segunda parte

Categoría (General, Taller literario) por Ana Merino y Ane Mayoz el 07-12-2019

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Al analizar el punto de vista interno, se dijo que era un narrador que interviene en la historia, que forma parte de ella y que, por lo tanto, utiliza la primera persona en el verbo. Esto quiere decir que es un personaje, además de narrador. Un caso era el del narrador protagonista, en el que el personaje principal del relato es quien cuenta lo que le sucede a él mismo.

Pues bien, dentro de este tipo de narrador, hay que tener en cuenta una técnica denominada monólogo interior. Consiste en que el personaje entrega el relato a vaivenes de la mente y desórdenes del pensamiento. Estos vaivenes aparecen sin presentación alguna. De esta forma, la conciencia del protagonista se muestra en pleno funcionamiento, desordenada, superponiendo unas ideas sobre otras. Gracias a esta técnica el lector tiene acceso a lo más íntimo del personaje, accede a sus experiencias emocionales expresadas por él mismo en el momento en que surgen en su mente. Fue concretamente el novelista francés Edouard Dujardin, su inventor en 1898, quien lo definió así:

“El monólogo interior, como cualquier monólogo, es un discurso del personaje puesto en escena, y tiene como fin introducirnos directamente en la vida interior de este personaje sin que el autor intervenga con explicaciones y comentarios y, como cualquier monólogo, es un discurso sin oyente y un discurso no pronunciado; pero se diferencia del monólogo tradicional por lo siguiente: en cuanto a su materia, es una expresión del pensamiento más íntimo, más próximo al inconsciente; en cuanto a su espíritu, es un discurso anterior a cualquier organización lógica, y reproduce ese pensamiento en su estado naciente o con aspecto de recién llegado; en cuanto a su forma, se realiza en frases directas reducidas a un mínimo de sintaxis.”

Posteriormente llegaría Arthur Schnitzler (1862—1931) narrador y dramaturgo austríaco, amigo de Freud, quien quiso ahondar en la psique de sus personajes y lo puso en práctica en su obra El teniente Gustl de 1900. Supuso una innovación estilística para la época. Me medio siglo más tarde, se consolidó como técnica literaria en el Ulyses de James Joyce.

“…y le volví la espalda cuando se escapaba con cara de darse mucha cuenta de qué mal hacía pero tuvo la desvergüenza de hacerme la corte una vez le está bien empleado boca irresistible y esos ojos de pescado hervido de todos los mayores imbéciles que he conocido y a eso lo llaman un procurador solamente que a mí me fastidia tener una discusión larga en la cama o si no es eso habrá sido cualquier putilla con la que se ha enredado en algún sitio o la ha pescado a escondidas si le conocieran tan bien como yo sí porque anteayer estaba garrapateando algo como una carta cuando yo entré en la salita para enseñarle lo de la muerte de Dignam en el periódico como si algo me lo hubiera dicho y él lo tapó con el secante haciendo como que pensaba en negocios así que muy probablemente eso era para alguna que se imagina que le ha conquistado porque todos los hombres se ponen un poco así a su edad especialmente para los cuarenta como él ya va ahora con vistas a sacarle todo el dinero que pueda no hay tonto como un tonto viejo y …” (Ulyses, James Joyce)

En este caso se presenta sin ningún tipo de signo ortográfico que delimite y ordene esas palabras. Otra posibilidad es que contenga la puntuación conveniente como en el siguiente ejemplo:

“Supongo que lo dirás por mis prontos, a ver, ¿por qué otra cosa si no?, pero con todo. Recuerdo que de chicos, Paco, cuando me perseguía, siempre con ‘pequeña’ a vueltas, como un estribillo, que hubo una época que me gustó Paco, como lo oyes, yo era una niña, desde luego, que entonces apenas si reparaba en que ni hablar sabía, porque la familia de Paco era un poco así, ¿cómo te diría?, bueno, un poco, lo que se dice una familia artesana, y en cuanto le rascabas asomaba el bruto, pero como andaba siempre de broma se pasaba el rato con él, que en la vida he visto un hombre más colado, te digo mi verdad”.  (Cinco horas con Mario, Miguel Delibes)

Tal y como Dujardin ha mencionado en su definición, existe también el monólogo tradicional que se diferencia del anterior en que expresa, de forma ordenada y lógica, sus pensamientos y sentimientos. Lo importante en los dos casos es que ambas técnicas se caracterizan por decir lo que el personaje piensa y siente en un diálogo consigo mismo.

Pues el caso es que he estado aburriéndome sin saberlo, y dos mortales años…, desde que murió mi santa madre… Sí, sí hay un aburrimiento inconsciente. Casi todos los hombres nos aburrimos inconscientemente. El aburrimiento es el fondo de la vida, y el aburrimiento es el que ha inventado los juegos, las distracciones, las novelas y el amor.” (Niebla, Miguel de Unamuno)

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