Roland Barthes. Diez razones para escribir

Categoría (Consejos para escritores, General) por Manu de Ordoñana, Ana Merino y Ane Mayoz el 16-10-2020

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La crítica literaria contemporánea reflexiona de nuevo sobre la finalidad y la función de la literatura. La pregunta ahora no es tanto qué es la literatura, sino para qué sirve. Bajo este nuevo enfoque, uno se pregunta cuál sería la respuesta de Roland Barthes (1915-1980), puesto que para él este dilema ocupaba una posición esencial dentro de su obra crítica.

En 1969, el semiólogo francés repuso, con su famoso decálogo “Diez razones para escribir”, a la encuesta lanzada por el periódico Corriere della Sera sobre el tema “Para qué sirve la escritura”. En su decálogo se percibe su posición ante el problema, pero antes aclara: “Al no ser la escritura una actividad normativa ni científica, no puedo decir por qué ni para qué se escribe. Solamente puedo enumerar las razones por las que yo imagino escribir”.

1.- Para buscar el placer que, como es sabido, está relacionado con el encanto erótico.

2.- Para realizar un trabajo cuyo origen es desconocido, porque la escritura desplaza tanto a la palabra como al individuo y a la persona.

3.- Para poner en práctica un «don», exponer una opinión distinta y marcar la diferencia.

4.- Para ser reconocido, recompensado, amado, discutido, confirmado.

5.- Para apoyar ideologías o contra-ideologías.

6.- Para obedecer los mandatos de una tipología lingüística secreta, mantener una postura beligerante y hacer una evaluación permanente.

7.- Para complacer a mis amigos e irritar a mis enemigos.

8.- Para resquebrajar el sistema simbólico de la sociedad.

9.- Para producir nuevas sensibilidades y debilitar la sumisión de los sentidos; es decir, crear fuerzas nuevas capaces de contemplar el mundo de una manera diferente.

10.- Finalmente, y como resultado de la multiplicidad y la contradicción deliberada de estas razones, para desbaratar la idea, el ídolo, el fetiche de la Determinación Única, de la Causa (causalidad y «causa noble»), y acreditar así el valor superior de una sociedad pluralista, sin causalidad, ni finalidad ni generalidad, como lo es el texto mismo.

 

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