Carlos Balladares. Mi decálogo del buen escritor

Categoría (Consejos para escritores, General) por Manu de Ordoñana, Ana Merino y Ane Mayoz el 15-01-2021

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Carlos Balladares Castillo, en su permanente deseo de dominar el arte de la narrativa, reformula sus principios escriturales tras asistir a un taller para escritores con el novelista Álvaro D’Marco. En un artículo publicado en El Nacional de Venezuela el 20 de julio de2020, nos ofrece una serie de consejos que pueden adaptarse a cualquier arte, oficio o profesión y que nosotros hemos resumido en estos diez puntos:

1.- Escribir, escribir y escribir. No se puede escribir sin leer, pero si un día no tienes tiempo para ambas actividades y debes escoger, no lo dudes: ¡Escribe! Solo escribiendo podrás analizar tus errores y virtudes; es el único medio para progresar. Puedes ponerte metas e incrementarlas poco a poco. Empieza por 500 palabras diarias, después sube a 1.000 y así hasta llegar a 2.000 al día, el ideal que aconseja Stephen King en su magnífica obra Mientras escribo. Pero no te relajes: todos los días a la misma hora y la cantidad de palabras que te propusiste. Sé disciplinado, hasta que la obligación se convierta en hábito.

2.-Apunta todas las ideas que te vengan a la mente. Lleva a mano un cuaderno de notas un trozo de papel también puede servir para apuntar lo que se te ocurra a lo largo del día. Y no seas perezoso: anota todo lo que tenga relación con lo que estás escribiendo. Más tarde, ya tendrás tiempo para descartar lo que no valga. Y no es malo usar un diario con información sobre lo que has hecho durante el día: número de palabras escritas, tiempo dedicado a la lectura y al resto de actividades (salud, comidas, ejercicios físicos, ocio, películas, etc.).

3.- Convierte la literatura en el fundamento de tu vida. La mente del escritor debe ser siempre curiosa —como la del científico—para observar lo que pasa alrededor. Si no estás escribiendo, piensa en lo que vas a escribir, como si fuera una obsesión. Si no lo haces así, olvídate;esto no es lo tuyo. Esa obsesión hará que encuentres soluciones a los problemas que vayan surgiendo. Es algo probado en el funcionamiento de la mente: la inteligencia es crear o descubrir nuevas relaciones y eso solo se logra observando, investigando y pensando en ello continuamente. De esta forma, dispondrás de mil recursos para escribir. ¿Miedo a la página en blanco? ¡Absurdo! Todo es “literalizable”, todo puede ser convertido en literatura, en símbolos y palabras.

4.- Lee y lee mucho. Pero hazlo con la mentalidad de un escritor, despacio y con atención: toma notas y descubre las fórmulas que utiliza la competencia. No leas de manera pasiva y trata de comprender las intenciones del autor y la estructura que convierte un relato en una obra de arte. También aquí has de crearte el hábito de la lectura y dedicarle un tiempo cada día, de forma que su falta te genere un cierto síndrome de abstinencia. Separa a los maestros y ten tus favoritos para releerlos una vez al año. Aprende de ellos, conoce sus técnicas e incluso imítalos al principio, solo al principio. No solo ficción, también otros géneros, pero sin caer en el desorden. Y un poco de teoría no viene mal.

5.- Escribe solo para ti. Julio Cortázar, Jorge Luis Borges y Mario Vargas Llosa son muy claros: no se escribe para lograr fama, sino para hacer realidad lo que son tus “fantasmas” o “demonios”, para expulsar de tu ser esa idea-tema-historia que tienes dentro. Escribir es crear un universo. Cuando escribas piensa solo en la existencia del relato, del cual tú eres un personaje más: el que quedó “vivo” para relatarlo.

6.- Traza un plan desde el principio. Es un error empezar a escribir sin ninguna idea inicial y sin definir el proyecto que quieres emprender. Algunos escritores recomiendan un plan detallado; otros son más modestos y se conforman con un boceto mínimo, resumido en un párrafo. Es un buen consejo, ya que, si no eres capaz de explicar lo que vas a escribir, es mejor que no te metas. Eso de “la página en blanco” es una insensatez; solo ocurre cuando se comienza de la nada. Otra cosa es que la historia vaya cambiando a medida que va creciendo.

7.- Sigue un método. Escribe con el corazón y corrige con la razón. Primero plasma la idea del relato, luego esboza los personajes y finalmente selecciona el ambiente. Pero una vez que has empezado, no te detengas hasta terminarlo. Será una obra en bruto “el magma”, como lo llamó Vargas Llosa que tendrás que rehacer. Retoca la gramática y haz fluido el lenguaje, que el vocabulario se corresponda con el carácter de cada personaje. Leer el texto en voz alta te ayudará a descubrir las discordancias, tanto en el tono (la actitud emocional del narrador) como en el ritmo (la velocidad de las escenas y lo que se narra). Y deja para el final el título y la síntesis que aparecerá en la contraportada, tareas a las que conviene dedicar especial atención en el espacio digital. Y ahora, descansa, déjalo dormir durante algún tiempo y vuelve a releerlo bajo la perspectiva de un extraño.

8.- Termina lo que has empezado. Por muchas enmiendas que hagas, nunca conseguirás alumbrar “la obra perfecta”. En algún momento, hay que decir ¡basta! De nada sirve tener mil proyectos comenzados y ninguno terminado. Incluso yo diría que no inicies uno nuevo sin terminar el precedente, sin perjuicio de que vayas esbozándolo. Una fórmula es fijar una fecha tope de finalización o una cantidad máxima de palabras, a condición de ser tolerante. Lo importante es poner la última piedra, no la primera.

9.- El objetivo es publicar. Es preciso hacer público tu libro para que la gente te lea. De lo contrario, nunca sabrás su valor. Escribir todos los días está muy bien, pero conviene que alguien te diga si vas por el buen camino y te oriente sobre los defectos que has cometido. No solo te deben leer tus amigos y conocidos, también los maestros. Si no los encuentras, contrata los servicios de un corrector profesional. Y si no tienes recursos, envía tu manuscrito a varios editores para que te lo revisen o preséntalo a un concurso literario.

10.-Escribir es buscar la felicidad. La escritura es una terapia. Esto lo habrás leído en muchos decálogos y es verdad. Razón tenía Gustave Flaubert al afirmar: “Escribir es una manera de vivir. No digo que sea fácil, ya que muchas veces te sentirás agobiado porque no encuentras el camino: las ideas, las emociones y esa historia que parece tener vida propia no se convierte en el texto deseado. Pero sabes que trabajando, insistiendo, cometiendo errores y corrigiéndolos, pensando y “tecleando” una y otra vez, algún día tendrás lo que has soñado toda la vida: ¡Tu libro!

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