Hay novelas que aun sin ser largas no logran comenzar de verdad hasta la página 50 o la 60. A algunas vidas les sucede lo mismo. Por eso no me he matado antes, señor juez (Juan José Millás).
Estamos ante un interesante cuento narrativo, puesto que cumple a la perfección con las características que Hemingway dio al microrrelato. Este lo comparó con un iceberg cuya masa visible solo supone una octava parte de su totalidad. El escritor argentino Ricardo Piglia también reflexionó sobre las características de un buen cuento; afirmaba que debía contener dos historias: la que está escrita, y leemos, y la que subyace debajo de esa y aporta todo el sentido al cuento.
Empecemos por la última oración que es la que sorprende al lector y le pone en antecedentes de la situación. El narrador protagonista está explicando en una carta dirigida a un juez por qué no se ha matado antes. Por el título sabemos que está sufriendo por amor. Lo atrayente de este micro es el planteamiento de su autor, Juan José Millás, quien compara la vida con una novela. Al más puro estilo realista ―“la novela es como un espejo que se pasea a lo largo del camino”, decía Stendhal― se ha igualado la vida del personaje principal con el desarrollo de una novela. Hay novelas largas y cortas; las hay que comienzan de forma torrencial, con acciones rompedoras que atrapan al lector hasta el final ―al estilo, por ejemplo, de Corazón tan blanco de Javier Marías― y hay otras que, de forma discreta, sin grandes alharacas, nos van llevando página tras página hasta el momento en que pasa algo fundamental que rompe con esa tranquilidad narrativa y lo cambia todo: La tregua de Mario Benedetti.
El protagonista de esta historia ha estado viviendo su vida y viendo cómo pasan los días, uno tras otro. Al igual que el lector de una novela sigue leyendo página tras página para descubrir a dónde le lleva la trama, nuestro enamorado ha continuado viviendo con la esperanza de que llegara su gran momento. Pero, y ahora viene lo importante, a pesar de haberse agarrado a la ficción, a la literatura en último término, y haber conseguido salvarse hasta ahora, ha tomado la gran decisión de su vida lo que justifica el hecho de la escritura de esta carta dirigida a un juez. Lo que estamos leyendo nosotros, los lectores, es la confesión del último acto de su vida.
Me parece fantástico. Cuanto se puede decir con tan poco. Invita a pensar, como todos los buenos microrrelatos. Genial
No puedo más que ratificar la genialidad de Millás.
«… hasta la página 50 o la 60…». ¿Y no podría querer decirnos que su vida ha merecido la pena a partir de cierta edad y por eso no ha querido acortarla, se puede suponer, antes de quedarse sin su amor ( Q.E.P.D.)?