Editorial Amarante. Una oportunidad para el escritor diletante

Categoría (El mundo del libro, General, Publicar un libro) por Manu de Ordoñana el 22-11-2011

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Muchas editoriales en lengua castellana se han dado cuenta de las ventajas que ofrece publicar libros digitales. Otras se han creado nuevas con el mismo objeto ─hasta el diario “La Vanguardia” acaba de lanzar una─, con la particularidad de que la inversión que han tenido que realizar ha sido modesta, simplemente el desarrollo de un software bien organizado y de fácil manejo.

Este tipo de editoriales digitales representa una excelente oportunidad para que tú, escritor diletante, puedas publicar tu libro, ya que subirlo a su librería es totalmente gratuito. Ya hay varias que ofrecen este servicio en la actualidad y supongo que otras muchas van a aparecer en el próximo futuro.

Una de ellas, de reciente creación, es editorial Amarante, tan reciente que sólo ha incorporado a su librería ocho títulos de siete autores diferentes. Creo que es una buena ocasión para aprovechar esta etapa inicial, en la que no hay mucha competencia, para que tu libro aparezca en posiciones preferentes durante algún tiempo. El precio de la descarga es de 2,94 euros, salvo uno que cuesta 3,54 y otro 4,35. Desconozco el importe que reservan para el autor: quise enviar el original de mi novela “Árbol de sinople”, pero advertí que el género de novela histórica no coincide con su línea editorial.

Amarante apuesta definitiva y únicamente por el libro electrónico (ebook) de calidad, a buen precio y con el suficiente atractivo para hacer de su sello editorial un punto de referencia, ofreciendo todos los formatos de lectura y sin barreras. Su eslogan es “el libro es el contenido, no el continente

La editorial Amarante está presente en las principales librerías virtuales y distribuye sus ebooks a través de ibookstore, amabook, Barnes Noble, Kobo y otros más, así como a través de Smashwords para el Kindle y muy pronto, con Amazon. Comprar en la tienda de Amarante es muy rápido y bastante fácil. No necesitas registrarte. Te envían el ebook a tu email para que te lo descargues desde allí.

Si quieres publicar ti libro en Amarante, puedes enviar el texto a su dirección de correo electrónico editorialamarante@gmail.com, adjuntando tu curriculum literario y una breve sinopsis del libro. En función del género y del argumento, la editorial analiza si la obra coincide con su línea editorial y te contesta si lo acepta o lo rechaza. Les gusta la novela de misterio, el thriller, la novela negra, la novela oscura, la ciencia ficción y la literatura fantástica, es decir, todo lo que sea dejarse llevar por la imaginación y la fantasía en estado puro. No les gusta la novela histórica, ni la novela rosa.

El futuro de las librerías (2)

Categoría (El libro digital, El mundo del libro, General) por Manu de Ordoñana el 08-11-2011

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Decíamos ayer que el futuro de las librerías es incierto, al menos tal y como hoy está estructurado el negocio. Si entras en una librería de tipo medio, te encontrarás siempre con miles de libros expuestos en estanterías monumentales a la espera de que un lector incauto se digne fijarse en alguno, lo extraiga de la hilera y lo hojee. Pero este acto no es definitivo, no se traduce en una compra: la mayoría de las veces lo devuelve a su lugar primigenio con un gesto reprobatorio para justificar su albedrío, si presume que un empleado lo está observando con el rabillo del ojo.

Probablemente, la rotación de existencias en una librería tradicional sea de las más bajas que existen en el ámbito empresarial y eso tiene un coste financiero que no siempre se valora. No digo que todo ese gasto sea por cuenta del librero, quizá se reparta entre toda la cadena: editor, distribuidor y punto de venta. Pero eso no evita que a uno eso le parezca un procedimiento irracional. La única forma que existe para financiar ese sobrecoste es subir el precio para incrementar el margen. Eso es lo que se ha hecho, ése ha sido el error. Al final, el libro no deja de ser un producto de consumo y no un artículo de lujo.

En un escenario de superproducción ─cada vez se editan más títulos y se venden menos libros─, junto a una contracción de la demanda, el librero ha de incidir en su función de valorar, filtrar y aconsejar a sus clientes, algo que muy pocos hacen. Y no sólo eso. Debería de asumir también la labor de enseñarles a descargar un e-book, a comprarlo en Internet y a verlo en cualquiera de los dispositivos de lectura, es decir, incorporar el libro digital a su tienda como un complemento al libro impreso, en un afán de cambiar los hábitos de lectura ─y de aprendizaje: quizá eso sea lo más importante─, lo que probablemente para algunos será una herejía. Por eso, hablamos de una nueva definición.

Una librería que se limite a mantener el modelo actual tiene ese futuro incierto del que hablábamos al principio. Tendría que especializarse, reducir el número de volúmenes expuestos, limitarse a mantener existencias de los más vendidos y, al mismo tiempo, garantizar la disponibilidad de cualquier título en un plazo máximo de 24 horas, para lo cual tendría que contar con el soporte de un distribuidor local con reparto expreso, a la manera en que funcionan las centrales farmacéuticas.

Se trataría de que el librero creara una red social en la que él expusiera sus opiniones sobre las últimas novedades, recomendara los títulos más sugestivos en cada género y tuviera una comunicación interactiva con sus abonados ─lo cual le permitiría conocer sus aficiones─, un núcleo de clientes cautivos que convendrían en utilizar ese canal para adquirir el libro cuyo contenido les ha atraído y de hacer el pedido, cualquiera que fuere el formato, para recogerlo en la tienda si es físico ─con ese plazo de 24 horas, si no lo tiene en stock─, o para descargarlo de la red si es digital, en ambos casos, a través de su sitio en Internet.

¿Sabías que el 36,6% de las librerías tienen web propia (aunque supongo que muy pocas estarán concebidas como redes sociales)? ¿Sabías que el 20% de los que compraron un libro en 2010 consultaron en Internet antes de hacerlo? Pues este porcentaje es todavía pequeño, ya que el ROPO (Research Online Purchase Offline) supone un 60% de las ventas de productos de gran consumo, es decir, un 60% de la gente elige antes el producto en la red y lo compra luego en su establecimiento favorito, frente a un 20% que lo hace directamente online (tienda virtual) y otro 20%, exclusivamente offline (tienda física). ¿Se llegará con el libro a esos porcentajes?

El futuro de las librerías (1)

Categoría (El libro digital, El mundo del libro, General, Publicar un libro) por Manu de Ordoñana el 03-11-2011

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Predecir el futuro es un ejercicio arriesgado. ¿Podrá el libro digital imponerse al libro impreso, como auguran los entendidos y avala la evolución de ventas en cada uno de los sectores? La respuesta es ambigua ─al menos a corto plazo─, los dos tienen sus ventajas y sus inconvenientes. Lo que sí parece evidente es que, durante mucho tiempo, los dos formatos tendrán que convivir, repartirse el mercado y adaptarse a las peticiones del cliente. El resultado final dependerá de cómo cada uno se adecúe a las exigencias de la demanda.

Claro que muchas veces las estadísticas son engañosas: las ventas de libros en papel empezaron a decrecer bastante antes de que irrumpiera el libro electrónico:

  • Primero, porque la educación que recibe la juventud no está orientada a las humanidades, se limita a fomentar el conocimiento teórico y producir profesionales bien preparados para atender las necesidades del mercado de trabajo (lo cual es loable, es el papel que la sociedad moderna asigna a la universidad).
  • Segundo, porque la plebe es incapaz de librarse de esos programas basura que, de manera casi generalizada, nos depara la televisión, reduciendo el tiempo de lectura de los ciudadan@s y recortando sus facultades para disfrutar de un relato con cierto contenido intelectual.
  • Tercero, porque el precio que había que pagar por un libro ha sido, hasta hace poco, tan elevado que, en numerosas ocasiones, retraía al público de tan noble propósito, como es comprar un libro.

Fijaos que estoy hablando en pretérito y no en presente: me da la impresión de que las librerías han bajado los precios. No sé si esto es una apreciación objetiva o más bien una dilección. Si es verdad, vamos por el buen camino, los libreros se han dado cuenta del peligro que les acecha y han optado por escuchar la voz del comprador.

Esta actitud debería de ir acompañada de un nuevo ordenamiento en toda la industria editorial ─editores, promotores, distribuidores y puntos de venta─, para achatar la pirámide y hacer que el libro llegue directamente desde el escritor al lector ─desde el productor al consumidor, ¿os suena?─, eliminando la cadena intermedia que no aporta valor, de manera que el precio final sea proporcionado. En esta transformación, se me ocurre que la figura del “agente literario” debe jugar un rol determinante y convertirse en el protagonista único interpuesto entre el autor y la librería.

Los escritores ─no me refiero aquí a los consagrados, sino a los diletantes, los de “a granel”, con mérito suficiente para crear una obra digna capaz de despertar el interés de un público exigente que huye del “best seller”─ tendrán que acostumbrarse a cofinanciar la publicación de su obra ─esto le obligará a limitar su extensión a no más de 300 páginas, mejor 200─ y dejar el resto en mano del agente, que será el que contacte con las librerías, el que administre la parte comercial, sin renunciar por supuesto al formato digital con el que, como hemos dicho al principio, tendrá que convivir durante unos cuantos años.

Aun así, el futuro de las librerías es incierto. La metamorfosis tendría que ser más profunda, la concepción actual del negocio no parece razonable, habría que plantear otro modelo de organización más apropiado, abierto a las nuevas tecnologías, más en consonancia con el tiempo en que vivimos.                

El libro del futuro

Categoría (El libro digital, El mundo del libro, General) por Manu de Ordoñana el 29-10-2011

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Por lo que leo en algunos sitios de la web especializados en artilugios de lectura electrónica, los expertos coinciden en señalar que los contenidos de los libros del futuro van a ser multifuncionales, es decir, van a ser capaces de ofrecer no sólo texto para ser leído, sino también imágenes fijas o cinéticas con texto agregado y música avenida al escenario del relato, a través de un juego sincronizado de palabras, movimiento y sonido ─la incorporación del olor es cuestión de tiempo─ capaz de brindar un nuevo panorama de ocio integrado estimulador de todos los sentidos.

Asi, cuando el autor nos presente a un personaje, el lector posará el dedo en el lugar en que está escrito su nombre y, automáticamente, aparecerá su imagen en la pantalla, incluso con un pie para describir sus rasgos, evitándose así un largo párrafo que muchos escritores prodigan y que la mayoría de los lectores pasamos por encima.

El recurso tiene enorme valor para muchas situaciones. Imaginaos que el autor quiere relatar una escena de cama ─aquí sí que es aplicable eso de que una imagen vale más que mil palabras─. Pues bien, cuando el dispositivo descubra que tus ojos están llegando a una determinada línea, la pantalla cambiará de formato y ofrecerá una grabación hecha en video, acompañada de una música de fondo, como si estuvieras en el cine viendo una película. Aun es más. Al parecer, existen artefactos que sabrán interpretar tu estado de ánimo para dar mayor o menor intensidad erótica a la escena.

Estos sistemas de visión artificial son capaces de escrutar tu rostro, detectar qué nivel de atención prestas a cada párrafo y deducir cual es el decorado que más te priva, para modificar el vocabulario, conducir la trama y llegar al desenlace que más adapta a tu talante, y también al talante de los demás lectores, con lo cual tendrán que albergar múltiples finales alternativos, como se hace en los videojuegos. Y esto no es ciencia ficción, ya existen experiencias de este tipo que incorporan texto adaptativo. Os sugiero que leáis el artículo que escribió Kevin Kelly en la revista Wired por él fundada: “Cómo serán los libros en el futuro”.

Me resulta difícil asimilar esta nueva concepción de lo que Kelly llama “hiperliteratura”. A mí me parece que el lector de hoy no quiere participar en ese juego de adaptaciones, no está interesado en decidir la trama, prefiere que el autor asuma esa responsabilidad y resuelva el conflicto con un argumento apropiado y una conclusión plausible.

Por otra parte, no creo yo que este formato pueda servir para proponer una obra seria, reflexiva, que te haga pensar, que te ayude a adquirir cultura, eso tan etéreo, tan difícil de definir, ese poso que te queda en el fondo cuando te olvidas de todo lo que has leído. Puede que sea útil para esa literatura trepidante que hoy se lleva, con personajes al límite, intrigas continuas, alta tensión y desenlace inesperado. Sí, es posible que sirva para eso.

El problema es que si este tipo de literatura ─o como quiera que se llame─ se impone, el ciudadano está abocado a perder poco a poco esos valores culturales que ayudan a consolidar una sociedad democrática y plural, a convertirse en ese ente no pensante y bien nutrido que tanto anhela la partitocracia de última generación. Sí, no lo dudes, nos quieren hacer idiotas… y lo peor es que lo están consiguiendo.

Donostia-San Sebastián, capital europea de la cultura 2016

Categoría (El mundo del libro, General) por Manu de Ordoñana el 13-10-2011

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Como ya sabéis, Donosti-San Sebastián fue nombrada capital europea de la cultura 2016, en un acto celebrado en Madrid el pasado 28 de junio. Cuando el presidente del jurado, el austriaco Manfred Gaulhofer, pronunció el anuncio en el auditorio del Ministerio de Cultura, a continuación, destacó el “e! excelente proyecto presentado por San Sebastián y su inteligencia al poner la cultura como un elemento al servicio de la paz y en la convivencia en una ciudad y en un país tan castigados por la violencia”.  

La decisión del jurado (formado por trece componentes: siete elegidos por las instituciones europeas y seis por el Ministerio de Cultura) se dio a conocer en un ambiente de máxima tensión, con la sala abarrotada de periodistas. Tras escuchar el veredicto, los representantes de las otras cinco ciudades finalistas (Burgos, Segovia, Las Palmas, Córdoba y Zaragoza) mostraron su decepción de manera diferente: unos la aceptaron con deportividad, otros mostraron su desacuerdo y acusaron al tribunal de haber apostado por aspectos políticos en lugar de culturales.

Primero fue el alcalde de Zaragoza, Juan Alberto Belloch, exjuez y  exministro de Justicia con Felipe González, al declarar que la designación de Donostia había sido un disparate porque su alcalde es de Bildu, exigiendo al Gobierno  que obligue al jurado a repetir la votación, so pena de recurrir el fallo ante los tribunales.

En la misma línea, se manifestaron los representantes de Córdoba, la ciudad que partía como favorita para la elección. Al conocer la noticia, la ministra Aguilar, ex alcaldesa de Córdoba, habló de “carga política” en la decisión del jurado, afirmando que la elección había sido «manifiestamente injusta».

Estas palabras hasta podían llegar a “entenderse” con el calor del momento y la enorme decepción que produjo en sus representantes. El problema es que la cosa no quedó ahí, ya que hace unos días, la ciudad andaluza ha presentado un recurso antela Audiencia Nacional contra el proceso de designación de San Sebastián como Capital Europea de la Cultura en 2016, iniciativa que la mayoría de los observadores han calificado como de acto electoralista, sin ninguna posibilidad de salir adelante. Hasta el portavoz popular en el Ayuntamiento de San Sebastián, Ramón Gómez Ugalde, se mostró tajante con su compañero de partido, al afirmar que “si el alcalde de Córdoba tiene mal perder, que se aguante, porque ya está bien”.

Es posible que otras ciudades tengan más méritos que Donosti-San Sebastián para recibir el galardón, si como parece, su objetivo es intentar legitimar la Unión Europeaa través de lo que nos une a todos los europeos: la cultura. Pero es verdad que los organizadores de la propuesta ganadora acertaron en el contenido y fueron originales al presentar un proyecto alternativo:

  • Donostia no quería ser capital cultural europea por su paisaje o por sus festivales. Su propuesta, en torno a la educación y la cultura como apuestas por la convivencia, entusiasmó al jurado. No ocultaron la violencia que padece la ciudad, sino que la pusieron al descubierto y plantearon los instrumentos para combatirla, como había hecho Marsella hace dos años con el conflicto de la inmigración.
  • El equipo director supo rodearse de verdaderos especialistas en el mundo de la cultura europea, apostaron por trabajar en los pasillos comunitarios e hicieron una defensa del proyecto cargada de poesía, que logró emocionar a los componentes del jurado, frente a los discursos magistrales de sus consumados rivales.

Si Donosti-San Sebastián mereció la distinción fue porque hizo un buen trabajo, frente a la medianía de sus opositores. Ni el alcalde de Zaragoza ni el de Córdoba tienen razón alguna para protestar, si no es para encubrir su ineptitud o para embaucar a sus electores. En este santo país, echar la culpa al de enfrente siempre da buen resultado.   

Portales para la venta de libros digitales

Categoría (Derechos de autor, El libro digital, El mundo del libro, General) por Manu de Ordoñana el 08-10-2011

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Poco a poco empiezan a aparecer portales para la venta de libros digitales por Internet. El más reciente es librosinlibro.es, que se ha presentado en la Feria Internacional del Libro “Liber” celebrada esta semana en Madrid. El portal, creado por 13 editoriales, dispone de una librería de 70 títulos y espera llegar a 200 para fin de año. Al parecer, la desconfianza ha limitado la disponibilidad de títulos, a pesar de que la nueva plataforma paga al autor el 40% del precio de descarga, frente al 10% ─como máximo─ que percibe por la venta de un libro en papel. Es verdad que los que detentan los derechos de autor no se sienten protegidos: los títulos de este portal pueden descargarse cinco veces desde la web y copiarse indefinidamente en cualquier dispositivo de lectura.

Los editores tienen pánico cerval a la piratería. Mirad lo que declaró hace diez días a la agencia Efe, el presidente de la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE), Antoni Comas: «Si no queremos que nos rompan la columna vertebral, como ha sucedido con la música, habrá que entrar en guerra con la piratería, tanto contra los piratas que cuelgan contenidos en internet como contra todos aquellos que piensan que la cultura es gratis. Pues no lo es», terminó su discurso con contundencia.

Esto se llama “visión de futuro”. Con posturas de este tipo, no me extraña que la industria de libro siga retrocediendo ─la CEGAL anunció hace poco que la venta en librerías había descendido un 6% en 2010─. No es fácil comprender por qué los empresarios del sector no se dan cuenta de la revolución que llega, que ya está aquí, que les va a arruinar el negocio, si no cambian de estrategia, si no reaccionan, si no se adaptan a los nuevos tiempos. El libro digital se va a imponer, pese a los románticos que todavía creemos aquello de que “todo tiempo pasado fue mejor”.

Sí, ya sé que el mercado del libro digital en España todavía sólo representa el 1% del negocio editorial. Pero eso se debe a varias causas que pronto encontrarán solución:

  • La escasa oferta de contenidos sufrirá una importante transformación con la llegada de los tres gigantes norteamericanos, amén de otros más pequeños que, a su vera, encontrarán un espacio, el nicho del especialista.
  • Las dificultades técnicas que encuentra el usuario para realizar sus descargas decrecerán con la mejora de la tecnología y el aprendizaje.
  • El alto precio del e-book se reducirá con el aumento de la competencia, para evitar la piratería generalizada, como ha ocurrido con la música.
  • Finalmente, estoy convencido que el precio de los dispositivos de lectura se recortará de forma notable en los próximos dos o tres años, para alcanzar un nivel no superior a los 100 €.

Cubiertos estos hitos, es muy posible que la demanda de libros digitales se dispare en un futuro próximo. Por eso, me he atrevido a considerar poco afortunadas las palabras de Antoni Comas. Si aceptas que el libro digital va a ganar la batalla, prepárate, adáptate: el peligro no está en la piratería, está en el precio. Si tienes que pagar 8-10 € por descargar un libro digital, no te extrañe que al usuario le entre la tentación de bajárselo gratis de la red: le parece un precio excesivo. Si lo encuentra a 2 €, es muy probable que la tentación será más efímera.

Por eso es esperanzador la aparición de portales como libriosinlibro.es, aunque todavía los precios que presenta están bastante por encima de esa cifra psicológica de los dos euros, de los cuales, alrededor de un 60% tendría que corresponder al autor, con lo cual su retribución sería equivalente.

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