La ley Sinde ya es vigente

Categoría (El mundo del libro, General) por Manu de Ordoñana el 07-03-2011

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El viernes pasado, de 4 de marzo, el Boletín Oficial del Estado publicó la Ley 2/2011 de Economía Sostenible. Al día siguiente entró pues en vigor la denominada Ley Sinde, que autoriza a un juez a ordenar el cierre de páginas web que permitan la descarga de contenidos protegidos por derechos de autor.

Ahora habrá que esperar a que el Ministerio de Cultura desarrolle el Reglamento y establezca la normativa para constituir la Comisión de Propiedad Intelectual, órgano que se encargará de examinar las denuncias y solicitar la orden judicial correspondiente, si encuentra fundamento a la demanda.

Mientras tanto, la Audiencia Provincial de Barcelona ─informa «El País» del 5 de marzo de 2011─ ha condenado al titular de la web elrincondejesus.com a indemnizar a la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) con 2041 €, por “facilitar la descarga directa de obras musicales de su repertorio” como compensación de los ingresos que ha dejado de percibir por tal licencia.

Lo curioso de la sentencia es que la citada página web se limita tan sólo a ofrecer enlaces a otros servidores para que el internauta pueda realizar allí sus descargas. Concluye el juez que la web que pone al servicio del público la posibilidad de bajar una obra protegida viola la ley de Propiedad Intelectual, al margen de si ha sido él u otro quien las haya colgado en la Red.

Esta interpretación va en sentido contrario a sentencias anteriores de otros juzgados que han considerado legales los enlaces a redes p2p, como eMule. Si el Tribunal Supremo la confirma y sienta jurisprudencia, cualquiera de nosotros podemos delinquir, si enviamos a un amigo un enlace para que escuche el Aurtxo Txikia cantado por Ainhoa Arteta y el Orfeón Donostiarra. La verdad es que, en este país, cada día resulta más difícil no ser un delincuente…

¡Qué país Miquelarena!

La cultura es un poco de todos

Categoría (Derechos de autor, El libro y la lectura, El mundo del libro, General) por Manu de Ordoñana el 04-03-2011

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Un asiduo de este blog me ha enviado un correo para expresar su desacuerdo con el contenido del artículo “Derechos de autor” publicado el 11 de febrero de 2011. Opina que mi argumento de que “el creador no es propietario completo de su obra, ya que se ha inspirado en la creación de otros artistas que le precedieron y se ha aprovechado del conocimiento que subyace en el entorno en que se mueve, al que consideran de dominio público”, le resulta débil, lo considera un sofisma. Opina que los artistas incorporan a su obra parte de su yo, lo más profundo de su talento, a través de un ejercicio de reflexión profundo y lleno de dificultad, que eso sólo ya justifica el derecho a la propiedad moral e intelectual de lo ha creado y a ser retribuido merecidamente. Considera que admitir la piratería contribuiría a frenar la creatividad de los artistas y provocaría el advenimiento de una sociedad vulgar y falta de originalidad.

El lector tiene parte de razón… pero no toda. A mí también los argumentos que alegan esos colectivos para defender la descarga gratuita de contenidos me parecen insuficientes. Yo no dudo del derecho que tiene un autor a proteger su obra. Lo que digo es que ese derecho no le autoriza a cometer desmanes con ella o permitir que lo hagan los intermediarios en su nombre. El artista ha recibido un legado intelectual de sus antepasados que le ha servido para la creación de su obra. En ese sentido, no es propietario exclusivo de ella, sólo una parte. La otra es de dominio público. Por eso, entiendo que la cultura es un poco de todos. Por cierto, no sólo la cultura… algunos otros recursos, también.

Veamos un ejemplo: En 2009, terminé de escribir mi primera novela, una novela histórica que titulé “Árbol de sinople”. Es cierto que tardé tres años en escribirla y que me dejé en ella la piel. Sin duda, fue un esfuerzo importante merecedor de una gratificación. Pero ¿eso me concede el derecho a su completa propiedad?

La novela está basada en un hecho real sucedido en la provincia de Gipuzkoa a finales del siglo XVI. La historia la cuenta con lujo de detalles José Antonio Azpiazu en un magnífico libro titulado “Historia de un rapto”, del que yo obtuve abundante información. Lo mismo ocurrió con numerosos documentos encontrados en varios archivos que hacen referencia al caso, con los apoyos que me prestaron ciertas personas haciéndome recorrer los escenarios, hablándome con voz experta de los personajes, de las costumbres de la época y un sinfín de pequeños detalles que me sirvieron para dar a luz el engendro. ¿Qué decir de las dos “profas” que educaron mi saber literario, que corrigieron el texto y aportaron sugerencias de notable contenido? No; yo no considero que la obra me pertenece al 100%.

El Mataburros. Rescollo

Categoría (El Mataburros, General) por Manu de Ordoñana el 01-03-2011

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Hará unos cincuenta años que leí por primera vez “Madame Bovary” de Flaubert. Como tenía olvidado el argumento de la obra, hace unos días, me decidí a releerla, cosa poco habitual en mí: casi siempre que vuelvo a leer un libro del que guardo un grato recuerdo, me llevo una desilusión. El caso es que había ya abordado la segunda parte, cuando al final del capítulo segundo, encontré escrita la siguiente frase: “La señora Lefrançois dormía al calor del rescollo, mientras que el mozo de cuadra, con una linterna en la mano, esperaba al señor y a la señora Bovary para llevarlos a su casa”.

Me llamó la atención el sentido de cosa caliente que el traductor daba a la palabra rescollo. Pensaba yo que un rescollo era un residuo, un vestigio o algo similar, utilizado con frecuencia en la expresión:” Son rescollos del pasado”. Así que acudí de inmediato al diccionario y me llevé una sorpresa al constatar que el vocablo “rescollo” no existe en el DRAE. Sí existe en cambio rescoldo, término que admite tres acepciones:

  • Brasa menuda resguardada por la ceniza.
  • Escozor, recelo o escrúpulo.
  • Residuo que queda de un sentimiento, pasión o afecto.

Eso quiere decir que algunos hemos venido empleando de forma indebida la palabra “rescollo”, en lugar de rescoldo que es la correcta. Quizá la confusión es el resultado de una extraña simbiosis entre rescoldo y escollo para obtener este “rescollo” que ni quema, ni escuece, ni es un peligro para la navegación.

 

 

El azar y la creación artística

Categoría (El mundo del libro, Estafeta literaria, General) por Manu de Ordoñana el 25-02-2011

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Si alguien es capaz de demostrar la autoría original de una combinación de elementos, ya sean escritos, sonoros o visuales, adquiere la propiedad de tal hallazgo y puede inscribirla en el Registro de Propiedad Intelectual. A partir de ahí, nadie la puede utilizar sin su consentimiento. En ese sentido, la ley protege el monopolio del artista y limita la libertad de expresión, ya que excluye a los demás del uso de esa producción, lo que supone una buena porción de palabras, melodías o imágenes que reduce la capacidad creativa del que viene detrás.

Llegado a este punto, conviene hacer la siguiente pregunta: ¿Es lógico que se considere propiedad intelectual un conjunto de elementos que pueden originarse al azar, sin necesidad de intervención humana?

Ya Borges (Otras inquisiciones. Nota sobre Bernard Shaw) ponía el dedo en la llaga, en 1951, cuando escribía lo siguiente: “A principios del siglo XIX, John Stuart Mill temió que se agotara algún día el número de combinaciones musicales y no hubiera lugar en el porvenir para indefinidos Webers y Mozart. A finales del siglo XIX, Kurd Lasswitz jugó con la abrumadora fantasía de una biblioteca universal, que registrara todas las variaciones de los 25 símbolos ortográficos, o sea, cuanto es dable expresar, en todas las lenguas”.

Claro que su respuesta a tal disquisición metafísica fue totalmente racionalista: “Quienes practican ese juego ─advierte Borges─, olvidan que un libro es más que una estructura verbal o que una serie de estructuras verbales: es el diálogo que entabla con su lector y la entonación que impone a su voz y las cambiantes y durables imágenes que deja en su memoria… la literatura no es agotable, por la suficiente y simple razón de que un libro no lo es. El libro no es un ente incomunicado: es una relación, es un eje de innumerables relaciones. Una literatura difiere de otra, ulterior o anterior, menos por el texto que por la manera de ser leída: si me fuera otorgado leer cualquier página actual ─ésta, por ejemplo─ como la leerán el año 2000, yo sabría cómo será la literatura del año 2000”.

El Mataburros. Encajar un gol

Categoría (El Mataburros, General) por Manu de Ordoñana el 22-02-2011

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La prensa deportiva es una fuente inagotable de atentados contra el lenguaje. “La Real Sociedad encajó un gol tonto en el descuento y cedió dos puntos a su mayor rival para conseguir el título”. Expresiones como ésta son muy frecuentes en los medios de comunicación y todo el mundo entiende que a la Real Sociedad le metieron un gol tonto, cuando en realidad debería de significar lo contrario, es decir que la Real Sociedad marcó un gol tonto.

El verbo encajar tiene varias acepciones. La primera es meter algo, o parte de ello, dentro de otra cosa (por ejemplo, encajar la llave en la cerradura). Así es correcta la cabecera que utiliza El País del 09.12.2009: “Cristiano Ronaldo encaja un gol”, con la foto en cuyo pie se aclara: “Cristiano Ronaldo ejecuta la falta que supuso el primer gol del Madrid”.

La acepción nº 13 que da el DRAE es: “Recibir, soportar sin gran quebranto golpes, un resultado o tanteo adverso”, como verbo intransitivo. En ese sentido también sería correcta la expresión que aparece en El Mundo Deportivo del 30.01.2011: “El Real Madrid ha encajado en Pamplona su segunda derrota de la presente Liga tras caer por 1-0 ante Osasuna”.

Lo que no encaja por ningún lado es el titular que emplea Marca en su edición del 18/11/2010: “Casillas encaja cuatro goles por vez primera con la selección”. Hubiera sido mejor escribir: “A Casillas le encajaron cuatro goles…” o mejor todavía “Casillas recibió cuatro goles…”, si os gusta más hacer uso de la voz activa o directa.

 

 

 

Artistas sin glamour

Categoría (El mundo del libro, General) por Manu de Ordoñana el 18-02-2011

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Con motivo de celebrarse en Madrid la Feria Arco 2011, El País del sábado 12 de febrero dedicó buena parte del suplemento Babelia a analizar la situación del Arte en España. Un artículo titulado “Artistas contras las cuerdas”, escrito por Daniel G. Andújar, artista visual, merece un comentario.

Según un estudio realizado en 2006, los ingresos anuales obtenidos por el 53,7% de los profesionales de las Artes Visuales no llegaba a los 6.000 € y el 42,4% apenas superaba los 3.000 €, cuando el umbral de la pobreza en España está en 6.287,7 € al año. Con la nueva coyuntura económica, la situación ha empeorado y el colectivo de artistas es cada vez más pobre.

Durante los años de bonanza, se crearon infraestructuras espectaculares, se celebraron grandes eventos culturales, se abrieron decenas de museos, muchas veces sin un objetivo muy claro, como no fuere la mera propaganda política. Ahora, en tiempos de crisis, la cultura se ha convertido en un bien prescindible, bajo el lema de que hay que sanear las cuentas públicas.

Cuando una institución cultural sufre una contracción de su presupuesto, son los artistas los que más padecen, atrapados en un engranaje que los arrastra a un estado tan precario que muchos de ellos se ven obligados a abandonar su profesión y dedicarse a otras actividades para sobrevivir, mermando así la creación artística y el nacimiento de nuevas figuras destinadas a heredar el conocimiento existente y preservar la tradición del territorio.

Así el vivero cultural se está quedando sin cosecha y los frutos retroceden. Si esto continúa durante mucho tiempo, el futuro nos deparará instituciones culturales estériles y una sociedad desnutrida con poca sensibilidad hacia el arte que terminará por producir individuos estultos, orientados hacia la obtención de bienes materiales, fáciles de conducir.

Mientras tanto, gobiernos, entidades financieras, corporaciones y particulares gastan enormes cantidades de dinero en comprar obras de arte ─durante los últimos quince años, el número de coleccionistas adinerados se ha multiplicado por veinte─. El valor de las creaciones de los artistas consagrados no para de crecer, mientras que los pequeños se mueren de hambre. ¿Para cuándo el primer Museo de los Pobres?

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