¿Son los premios literarios un negocio para las editoriales?

Categoría (Derechos de autor, El mundo del libro, General) por Manu de Ordoñana el 16-05-2013

Tags : , , , , , , ,

La gran mayoría de los concursos literarios que se convocan en España sólo aceptan obras inéditas libres de compromisos ─el Premio Cervantes es una de las excepciones─, requisito mucho menos frecuente en la Unión Europea. Conforme te vas adentrando en los entresijos de cómo funciona la industria editorial de este país, vas comprendiendo la razón que se esconde tras esta exigencia aparentemente inocua y terminas por preguntare si los premios literarios se han creado para promocionar la cultura o simplemente para mejorar la cuenta de resultados de las entidades que los instituyen.

Muchos de estos certámenes están organizados por grupos editoriales que tienen intereses económicos, son empresas que tienen la obligación de ganar dinero ─objetivo legítimo que nadie discute─ para remunerar a sus accionistas. Hasta ahí, nada que oponer. Las dudas asoman cuando analizas las condiciones que te piden para participar en ellos. Me he permitido leer las bases que regulan cuatro de los concursos literarios más afamados en lengua castellana (Nadal, Alfaguara, Tusquets y el Herralde de Anagrama) y todos ellos incluyen cláusulas de este tipo:

  • Novelas originales e inéditas que no hayan sido premiadas con anterioridad.
  • El ganador está obligado a suscribir un contrato con cesión “ad eternum” de todos los derechos de explotación de la obra premiada, absolutamente todos, a favor de la editorial.
  • La remuneración que el autor recibe por ello es, como mucho, el 10% ─que luego se puede reducir hasta la mitad en algunas modalidades o en caso de subrogación de derechos─ sobre el precio de venta al público, sin contar el IVA.
  • Este porcentaje llega hasta el 25% si la venta es en formato electrónico, y sobre los ingresos netos obtenidos por el editor.
  • Y lo que es más sangrante ─a mi modesto entender─ es que la editorial se reserva esos mismos derechos para cualquiera de las obras presentadas, aunque no  hayan sido galardonadas, ni siquiera mencionadas con un accésit.

Son contratos leoninos que el ganador tendrá que firmar ─muy contento, seguramente─ sin darse cuenta de que es un regalo envenenado, ya que está cediendo una exclusiva ─sin opción al pataleo─ que seguramente va a producir unos jugosos dividendos, de los que el autor sólo va a recibir unas migajas. Y esto lo podría entender si el premio que se otorga es significativo, como los 600.000 euros del Planeta. Pero no, son valores menores, entre 18 y 20.000 € (salvo el Alfaguara con 170.000 US$), con la particularidad de que la cantidad percibida es a modo de anticipo; el autor empieza a cobrar el porcentaje sólo cuando haya amortizado el importe del premio.

concursos literarios negocios editoriales

Por eso, uno se hace la pregunta: ¿la convocatoria de un concurso literario responde a una vocación cultural o a un interés económico para obtener ingresos sin arriesgar demasiado? Porque los gastos de gestión no son importantes y tampoco hace falta invertir mucho en publicidad. De eso ya se encargarán los medios, deseosos de disponer de noticias para llenar sus espacios. El mundo literario tiene glamour.

El mayor “dispendio” sería remunerar a los miembros del jurado, aunque seguramente una buena criba habrá sido hecha antes por “mileuristas”, con el fin de recortar el trabajo de los “sabios”. Y eso con las reservas que algunos apuntan sobre la honestidad que debería presidir el debate para conceder el galardón al más apto. ¿Será verdad eso de que la mayoría de los grandes premios se pactan previamente antes de leer ─incluso de recibir─ los manuscritos que se han presentado? Una autoridad como Manuel Rodríguez Rivero dijo en El País: “Con escasas (y notables) excepciones, el premio literario honrado es el que todavía no ha sido concedido”.

En Francia, muchos premios se conceden solamente a obras ya publicadas, lo que “a priori” parece más razonable. El Goncourt es el máximo galardón literario de entre los casi 1500 que se convocan anualmente en el país vecino. La decisión la toma un jurado sobre el conjunto de las novelas publicadas durante el año en curso, es decir, no entre obras inéditas, sino ya en circulación. La cuantía del premio es simbólica ─10 euros─ si bien el ganador tiene asegurado un éxito de ventas.

Pero no todo son elogios. Muchas críticas han sido hechas a los miembros del jurado ─que no rotan, son cargos vitalicios hasta cumplir los 80 años─, acusados de dejarse influenciar por los grandes sellos, aun tras prometer no tener relación profesional con ellos ni recibir remuneración alguna. No en vano, se estima en más de tres millones de euros el beneficio que produce la obra premiada en las ocho semanas que siguen al fallo.

También te puede interesar:

Presentar la novela a un concurso literario.

Adquirir notoriedad. Ganar un premio literario.

Concursos literario menos reputados.

El contrato de edición

Categoría (Derechos de autor, General, Publicar un libro) por Manu de Ordoñana el 09-05-2013

Tags : , , , , , , , ,

Si has tenido la suerte de encontrar un editor que se anime a publicar tu libro por su cuenta y riesgo, lo normal es que te proponga un contrato de edición para obtener todos los derechos presentes y futuros sobre la obra. Está en su derecho, él pone el dinero, él marca las pautas. No hay que olvidar que de cien proyectos que le llegan quizá sólo diez salen adelante y, de esos diez, uno genera beneficios, cuatro cubren gastos y cinco producen pérdidas, así que no te extrañe que quiera resarcirse para que, al menos, ese uno que tiene éxito le dé satisfacciones y le permita conseguir un rendimiento.

Contrato editorial

Aun así, tú como autor tienes también tus derechos y has de tratar de defender tus intereses. Discute lo máximo que puedas y firma el contrato escrito (las sugerencias que propone escritores.org te pueden ayudar), las palabras se las lleva el viento. No hace falta que consultes a un abogado para ello ─si eres miembro de alguna asociación de escritores, su consejo te puede ser útil─, ya que la tramoya jurídica no es complicada, sólo hace falta un poco de sentido común y algunas indicaciones sobre los aspectos más relevantes que tendrás que tener en cuenta a la hora de discutirlo:

  • Vas a ceder los derechos de publicación, distribución y venta de tu libro a cambio de una prestación económica. ¿Estás de acuerdo en hacerlo con carácter de exclusiva? Si lo haces, habrás concedido autorización para que el editor haga lo que quiera con él, incluso vender sus derechos a otra editorial. No digo que eso esté mal, pero asegúrate de que el porcentaje que te  corresponde por cada libro vendido sea respetado.
  • Podrías limitar el ámbito a una lengua o a una zona geográfica (por ejemplo, el español y los países de habla hispánica), con lo cual, si se vende bien, tú podrás negociar otros contratos con otras editoriales para otros mercados (en inglés, para EE.UU).
  • Una fórmula provechosa es ceder tus derechos sobre el libro impreso y conservar los del libro digital (o dejarlo abierto). De esta forma, lo puedes situar tú directamente en cualquiera de los portales de venta electrónica de libros. Piensa que muchas editoriales no tienen experiencia en este tipo de mercados y quizá no se opongan a esta cláusula.
  • El porcentaje habitual que se suele cobrar por derechos de autor es en torno al diez por  ciento sobre el precio de venta al público. Intenta defenderlo, pero te costará mejorarlo. Si estás consagrado, pide un anticipo, igual cuela. Recuerda que los ingresos obtenidos se incrementarán cada año a tu base imponible en tu declaración de la renta.
  • Otro asunto importante es la duración del contrato. El editor te propondrá duración indefinida, tú trata de reducir el plazo, si fuera posible, un año. Así transcurrido ese periodo, recuperas tu libertad para negociar con quien  quieras.
  • Conviene que  se establezca el número de ejemplares que el editor va a publicar en la  primera edición y pactar las condiciones para el caso de que haya una segunda, así como la modalidad, el formato y la colección a la que se incorpora, sin dejar de señalar los plazos de entrega a que se compromete cada parte.
  • Una de las  ventajas que, para un autor desconocido, supone un acuerdo de este tipo es  la labor de difusión que la editorial hará para promocionar el libro, ya  que ella es la primera interesada en lograr el máximo de ventas. Aun así, procedería que el contrato recogiera las acciones de marketing a realizar  por cada parte y asignar un presupuesto.
  • Concierta el número de ejemplares que la editorial te va a entregar gratis y el precio  que te cobrará por cada uno de más que le pidas (los autores tienen muchos  compromisos). También el número de ellos que se enviarán a la prensa, a la crítica e incluso a los prescriptores literarios.
  • En caso de litigio, puede resultar útil acudir al arbitraje, en lugar de a los  tribunales de justicia ordinarios, en cuyo caso, es prudente reconocerlo en la cláusula correspondiente. Propón que sea una asociación de  escritores que disponga de una comisión paritaria para arbitrar diferencias, como tiene ACEC.
  • Es importante establecer la nulidad automática del contrato si el editor no cumple alguna de las cláusulas.

De todos modos, si vas a negociar un contrato con una editorial que se arriesga a asumir toda la inversión, tu margen de maniobra es pequeño. Ellos tienen la fuerza, la experiencia y el conocimiento del mercado, así que no te pases en tus pretensiones, no vaya a ser que se arrepientan y tengas que volver a empezar. Otra cosa es si lo que te proponen es un contrato de co-edición y tú vas a financiar parte del coste de la edición. Aquí sí que estás en posición de imponer algunas condiciones. Pero ése es otro modelo de negocio.

También te puede interesar:

Derechos de autor.

Editores sin conciecia.

Libros en formato ePub

Categoría (El libro digital, General, Marketing para vender libros) por Manu de Ordoñana el 02-05-2013

Tags : , , , , , , , , , , ,

La mayoría de los portales de venta de libros digitales permiten la entrada de libros en Word o Pdf para luego ellos mismos transformarlos a ePub, el formato admitido por todos los dispositivos de lectura que hay en el mercado, salvo el Kindle de Amazon que tiene el suyo propio. En este proceso automático de conversión, se suelen producir fallos de distinta naturaleza que afean la composición.

Descargar ebooks en ePub

Por eso, es preferible que tú mismo hagas la conversión para subirlo directamente en formato ePub, tras verificar el texto con minucia y asegurarte de que no hay errores. El cliente que paga por una descarga quiere una maquetación correcta y una estructura armoniosa que le permita una lectura placentera. El proceso no es difícil pero entraña algún conocimiento.

Veamos una de las formas que existen para conseguirlo, la que yo utilizo y que nunca me ha fallado, aunque quizá sea algo complicada, ya que exige un paso intermedio: transformar el formato .doc a formato .odt (mediante la herramienta Open office), debido a que la biblioteca Calibre no reconoce Word como formato de entrada para convertir a .ePub.

Para empezar, tienes que tener instalada la biblioteca Calibre y disponible la siguiente información: imagen de la portada (mejor en resolución 72 pp), la sinopsis, los metadatos (palabras clave que van a permitir que tu libro mejore su posicionamiento en los buscadores) y el contenido de tu libro en  formato .odt. Te recomiendo que el texto sea lo más plano posible, sin imágenes, ni llamadas a pie de página, todas esas cosas que dificultan la lectura en un e-book.

Antes de proseguir, conviene repasar la composición en formato .odt. En algún caso, se produce un desajuste en el sangrado o en los márgenes, no en todo el libro, sino en algunos capítulos. Si observas alguna anomalía, selecciona la parte averiada, pincha en formato / párrafo, de la barra de herramientas, vete a “sangría y espacios” e introduce los números que te convienen en las tres ventanas de la sangría: “Antes de texto”, Después de texto” y “Primera línea”. Lo mismo si tienes algún problema con el espaciado o el interlineado. No te olvides de guardar los cambios.

1.- Abrir Calibre.

2.- Arriba a la izquierda, pinchas en un icono rojo “Añadir libros”. Selecciona el libro en formato .odt y lo subes a la biblioteca Calibre. Se abrirá un fichero con el mismo título.

3.- Ahora te vas al tercer icono de arriba en marrón “Convertir libros”. Seleccionas a la izquierda formato de entrada .odt y a la derecha formato de salida .ePub.

4.- Te aparece una ventana en la que tienes que introducir algunos datos: Título, editor, autor, orden del autor (lo invierte), serie (si son varios tomos), editor, sinopsis y metadatos.

5.- Cambiar la imagen de la portada. Pinchas en el icono de la derecha de la pestaña. Seleccionas la imagen en la carpeta de tu ordenador. Verás que aparece en el cuadro.

6.- Aceptar. Tarda unos 20-30”. Puedes ver el avance de tarea en un icono abajo a la derecha.

7.- Ya tienes tu libro instalado en la librería de Calibre y la carpeta se llama como el título que has introducido.

a) Si pinchas una vez, te ofrece diferentes opciones: Editar metadatos para editar los datos y corregir si te has equivocado en algo, enviar al dispositivo de lectura disponible o guardar en el disco de tu ordenador.

b) Si pinchas dos veces, edita el texto tal y como lo verá el lector.

8.- Pincha en el icono Ruta: “Pulse para leer”, abajo a la derecha y verás que dicha carpeta contiene 4 ficheros: Libro con el formato .ePub con el símbolo S de Sigil, otro con el formato .odt original, el cover (la portada) y los metadatos. A ti te interesa el primero.

9.- Pero antes, conviene editarlo para ver si hay algún error y corregirlo. Pincha dos veces y se abrirá Sigil, la herramienta adecuada para hacerlo.

10.- Para entender cómo funciona, has de saber que Calibre ha dividido el libro en varias secciones, a su criterio, en función del tamaño del libro. El primero es el que estás viendo: la portada. Ahí nada tienes que hacer.

11.- Pincha en “Ventana” de la barra de herramientas y luego en “fichero siguiente”. Te aparece la sección 1. La corriges. Vas de nuevo al “fichero siguiente” y así sucesivamente hasta terminar. No te olvides de “guardar cambios” antes de salir.

Ya has terminado el proceso y tienes tu libro convertido al formato ePub. Si abres la carpeta y seleccionas el fichero S tipo ePub, pincha con el botón derecho del ratón y elige la opción para guardarlo en tu ordenador y desde allí exportarlo a los portales de venta electrónica que hayas seleccionado.

También te puede interesar:

Vender tu ebook en Internet.

Convertir-un-texto-word-a-epub.

¿Réquiem por la librería tradicional?

Categoría (El mundo del libro, General) por Manu de Ordoñana el 25-04-2013

Tags : , , , , , , , , , ,

El día del libro transcurrió este año marcado por el signo del pesimismo sobre el futuro de la industria editorial. La crisis económica, el cambio en los hábitos de lectura, la descarga ilegal y la irrupción de tiendas digitales a gran escala han perjudicado notablemente el mercado del libro, cuyas ventas han descendido un 25% en el primer semestre de 2013, según el presidente del Gremio de Libreros de Gipuzkoa.

Librería antigua

Los peligros que acechan al gremio son múltiples y de muy variada condición. Tan sólo el 39% de los lectores norteamericanos compran sus libros en las tiendas tradicionales, ya que el resto lo hace en Internet (El País, Babelia, 20 abr 2013). Y el porcentaje que corresponde a los libros antiguos es aún mayor, ya que alcanza el 80%.

Y no me refiero sólo a la venta de libros digitales, sino también a la de libros impresos. El comportamiento del lector es curioso y, al mismo tiempo significativo: visita las librerías, hojea los títulos más sugestivos y apunta el nombre de los que le han complacido, incluso saca una foto de la portada. Pero luego se va a casa, lo busca en Internet, lee una selección y, si le convence, lo compra en la web. Es lo que Javier Celaya denomina “turismo de librería”: descubre offline y compra online. Justo lo contrario de lo que sucede con otros productos de consumo: la gente visita tres o cuatro portales especializados, compara prestaciones y toma la decisión de lo que más le conviene, pero lo compra en la tienda de su barrio.

¿Es ése el triste destino que espera a la librería de toda la vida? Mucho me temo que así sea, si no transforma su modelo empresarial. A día de hoy, no parece viable una actividad en la que la cadena de distribución se lleva el 50% del precio de venta del producto. Algo hay aquí que chirria, que es contrario a la razón. Y no estoy diciendo que los libreros se estén forrando a ganar dinero ─me consta que la mayoría a duras penas consigue cubrir sus gastos─, sino que la estructura que se ha montado alrededor es arcaica, no ha evolucionado ni se ha adaptado a las nuevas tecnologías.

Así se explica que el precio de un libro en una librería rara vez es inferior a los 20 euros, cuando el coste de producción no suele pasar de 2 euros y otros dos son para remunerar al autor que ha hecho el trabajo principal. Éste es el verdadero problema que acecha al librero tradicional, amén de estar obligado a financiar unas existencias en disonancia con el volumen de facturación y disponer de un espacio físico equivalente en el centro de la ciudad. A pesar de los consejos que algunos nostálgicos apuntan para sobrevivir, no hay razón para ser optimista; son muchos los riesgos y los libreros no están por el cambio: muchos de ellos han cumplido la edad, su mente de base intelectual no entiende de megabytes, saben que les ha llegado la hora y esperan el final con una cierta amargura que no siempre sale al estrado, cuando te cuentan sus penas.

¿Qué vendrá luego? A saber… Las tiendas grandes se reconvertirán y añadirán nuevos artículos ─¿imitando a Fnac?─para hacer rentable el establecimiento. Las librerías de barrio ganarán peso por su condición de bazar y el contacto personal para prescribir. Pero el gran vencedor será el e-commerce, la venta por Internet ─y me sigo refiriendo al libro impreso, ya que lo del libro digital es evidente─, un fenómeno imparable que arrasará el antiguo régimen y terminará por imponer su ley, como ya lo está haciendo en otros sectores de tanta relevancia como la ropa, la electrónica, el ocio, la cosmética e incluso la alimentación. ¿Nos damos cuenta de lo que en realidad está ocurriendo?

También te puede interesar:

El futuro de las librerías

En defensa del libro impreso. Los puntos de venta.

Coeditar o autoplublicar

Categoría (Derechos de autor, General, Publicar un libro) por Manu de Ordoñana el 18-04-2013

Tags : , , , , , , , , ,

Desde el momento en que te has metido en la aventura de escribir un libro es porque te has sentido capaz de crear una novela digna de ser leída. Yo no puedo entrar a cuestionar tu designio, pero sí hacerte ver la importancia que tiene el cerciorarte de que eso es verdad, de que tu obra tiene un cierto valor y que merece la pena seguir trabajando para hacerla llegar al gran público, bien sea mediante coedición o autopublicacion. Por eso he insistido varias veces en que resulta útil contratar un buen corrector de textos, primero para que te dé su opinión, y segundo para que el léxico sea respetable.

Autoedición

Piensa que si logras que algún editor se interese por tu novela, la va a leer un profesional que se dedica a eso, que tiene veinte o treinta originales en lista de espera. Si se encuentra dos o tres errores en las primeras páginas, la va a dejar, sin cargo de conciencia alguno, y ni siquiera te va a contestar ni explicar el porqué de su decisión. Es una desventura que, habiendo llegado a ese punto, pierdas la oportunidad por un defecto de forma.

Si has superado esos filtros y un par de expertos conocidos ─que no amigos─ te aportan su opinión positiva, tienes ahora dos alternativas. La de autopublicar es una de ellas, tu cubres todos los gastos, tú corres todos los riesgos. Hemos comentado varias veces las ventajas e inconvenientes de esta fórmula y seguiremos haciéndolo. La otra es la coedición, de la que nos vamos a ocupar en este artículo.

Es cierto que las editoriales están pasando un mal momento. Con esto de la crisis, la gente compra menos libros. El que gusta de la lectura se provee en las bibliotecas públicas o se suscribe a determinadas colecciones por un precio fijo; el ebook avanza poco a poco y los jóvenes tienen otras aficiones. A nadie le ha extrañado que el número de títulos publicados en España en 2012 haya descendido un 6,2% respecto 2011 y un 20% respecto a 2008. De esos casi 70.000 títulos, tan sólo un 31% quedan incluidos en ese epígrafe tan amplio que se llama “literatura”.

No te extrañe pues que la industria editorial sea tan reacia a meterse en aventuras con autores desconocidos. Están para ganar dinero y eso no sólo es perfectamente lícito, sino también es necesario. Y aquí viene la paradoja, ya que esa debilidad puede convertirse en una oportunidad para el escritor diletante. Se trata de convencer al editor tradicional para que publique tu novela compartiendo el riesgo. Como los números ayudan a establecer los conceptos, voy a poner un ejemplo:

Si has escrito una novela decorosa, pongamos de 250 páginas, estimo que el coste de imprimir mil ejemplares se sitúa en torno a los 4.000 euros: dos mil a la imprenta, otros mil por corregirlo, y el resto para el ISBN, la portada, el maquetado, la galerada y los gastos de transporte. Busca una editorial de toda la vida, honrada, con vocación de servir a la comunidad cultural de tu región y cuya línea editorial corresponda al contenido de tu libro y hazle la siguiente oferta: Me comprometo a comprar 400 de esos 1000 libros a un precio de 5 euros, con la condición de que me permitas venderlos por mis propios medios. A ti te corresponde la distribución por los canales tradicionales (librerías, grandes superficies, tiendas especializadas), pero yo puedo hacerlo por los canales atípicos como Internet, en la vía pública, a instituciones y otros establecimientos. Incluso hasta puedes renunciar a los derechos de autor, pero sólo sobre esta primera tirada.

¿Qué has conseguido con eso? Compartir el riesgo al 50%. Es posible que, si tu novela tiene un cierto “gancho”, tu compañero de viaje se sienta atraído por la solución que le has propuesto. Él hará sus números y calculará los ejemplares que necesita vender para “hacer parra”. Ellos tienen una clientela fija y saben que, de una forma u otra, lograrán su objetivo: al menos, no perder dinero. Los tiempos que corren no dan para otra cosa.

Claro que también te puedes preguntas para qué necesito un socio si la mitad de los gastos los soporto yo y él no corre ningún riesgo. “Por la marca”, te respondo. El valor de un libro gana tanto cuanto más prestigiosa es la editorial que lo publica. Si eres de esa opinión, inténtalo… y cuéntanos cómo te ha ido. Bajo estas condiciones, tendrás fuerza para negociar un contrato ventajoso, de forma que seas tú el beneficiado si el negocio funciona y hay una segunda parte. Pero de eso hablaremos en el próximo episodio.

El Mataburros. Subrealista

Categoría (El Mataburros, General) por Manu de Ordoñana el 11-04-2013

Tags : , , , , , , , , ,

Durante los pasados días de la Semana Santa, tuve tiempo para leer la prensa despacio, arrellanado en un sillón, sin el agobio que provoca mantener los compromisos adquiridos en la web. En una de esas incursiones, me llevé un pequeño susto al encontrar escrita la palabra “surrealista”: “Otra vez estos periodistas… qué poco consultan el diccionario”, pensé. Pero cuando volví a encontrar el mismo error ─eso creía yo─ en otro diario y repetido dos veces, empecé a dudar y me fui al mataburros. ¡Cielos, qué sorpresa! Ni subrealismo, ni subrealista: ninguno de los dos términos existen en la lengua castellana. ¡Suspenso!

El María Moliner define el surrealismo como un movimiento literario y artístico surgido después de l Primera Guerra Mundial y relacionado con las teorías psicoanalíticas, cuyas obras pretenden ser una manifestación del subconsciente. Sinónimos: Superrealismo, suprarrealismo. Y surrealista es un adepto a este movimiento y, por extensión, extravagante, absurdo.

Subrealismo

El diccionario panhispánico de dudas dice que surrealismo proviene del francés surréalisme. Designa el movimiento artístico y literario surgido en Francia a comienzos del siglo XX y caracterizado por dar primacía a lo inconsciente y a lo irracional. La palabra francesa está formada por el prefijo sur– cuyos equivalentes en español son los prefijos sobre, super o supra. De ahí otros nombres como superrealismo, suprarrealismo que, aunque formalmente más adecuados, no han conseguido desplazar a surrealismo, denominación que se ha impuesto con claridad en todo el ámbito hispánico y resulta, por ello, lo más recomendable. Lo mismo ocurre con surrealista frente a las alternativas sobrerrealista, superrealista y suprarrealista.

El SECO dice más o menos lo mismo. Pero añade que el DRAE da preferencia a forma superrealismo: Movimiento literario y artístico, cuyo primer manifiesto fue realizado por André Breton en 1924, que intenta sobrepasar lo real impulsando con automatismo psíquico lo imaginario y lo irracional.

Me puse a investigar las ediciones digitales de los periódicos en castellano y comprobé que, en todos los artículos encontrados, se  utiliza con propiedad el término “surrealista”… salvo alguna excepción. Así el cronista deportivo Jorge Sanz Casillas, critica en el diario “El Mundo” de 07/12/2012 la labor del árbitro del partido Español-Sevilla que terminó con el resultado de empate a dos: Muñiz Fernández repartió dos penaltis en la primera mitad y expulsó erróneamente a José Antonio Reyes: dos tarjetas amarillas para el jugador que vio la primera en el 33′ por saltar con el brazo armado y la segunda siete minutos después y de la forma más subrealista.

 Por contra, el desliz es más frecuente en el mundo del arte: “pintura subrealista”, “movimiento subrealista” o “película subrealista” son expresiones de uso corriente entre los que se dedican a ese comercio. El pasado mes de noviembre, el portal todocolección sacó a subasta un cuadro subrealista ─precioso, por cierto─ estilo onírico titulado “Les mythics du monde”, en acrílico sobre cartón, del año 1979, vendido en subasta por 21,00 €, su precio de salida. A pesar de este lapsus calami, el sitio ha alcanzado un cierto prestigio entre los coleccionistas de habla hispánica. Pertenece a la empresa Zoconet S.L., con sede en Campanillas (Málaga), y se dedica a la intermediación para la compra de todo tipo de artículos a través de Internet, habiéndose especializado en las subastas online de antigüedades y obras de arte.

Léxico y vocabulario

Página 21 de 60« Primera...10...1920212223...304050...Última »