Libros en formato ePub

Categoría (El libro digital, General, Marketing para vender libros) por Manu de Ordoñana el 02-05-2013

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La mayoría de los portales de venta de libros digitales permiten la entrada de libros en Word o Pdf para luego ellos mismos transformarlos a ePub, el formato admitido por todos los dispositivos de lectura que hay en el mercado, salvo el Kindle de Amazon que tiene el suyo propio. En este proceso automático de conversión, se suelen producir fallos de distinta naturaleza que afean la composición.

Descargar ebooks en ePub

Por eso, es preferible que tú mismo hagas la conversión para subirlo directamente en formato ePub, tras verificar el texto con minucia y asegurarte de que no hay errores. El cliente que paga por una descarga quiere una maquetación correcta y una estructura armoniosa que le permita una lectura placentera. El proceso no es difícil pero entraña algún conocimiento.

Veamos una de las formas que existen para conseguirlo, la que yo utilizo y que nunca me ha fallado, aunque quizá sea algo complicada, ya que exige un paso intermedio: transformar el formato .doc a formato .odt (mediante la herramienta Open office), debido a que la biblioteca Calibre no reconoce Word como formato de entrada para convertir a .ePub.

Para empezar, tienes que tener instalada la biblioteca Calibre y disponible la siguiente información: imagen de la portada (mejor en resolución 72 pp), la sinopsis, los metadatos (palabras clave que van a permitir que tu libro mejore su posicionamiento en los buscadores) y el contenido de tu libro en  formato .odt. Te recomiendo que el texto sea lo más plano posible, sin imágenes, ni llamadas a pie de página, todas esas cosas que dificultan la lectura en un e-book.

Antes de proseguir, conviene repasar la composición en formato .odt. En algún caso, se produce un desajuste en el sangrado o en los márgenes, no en todo el libro, sino en algunos capítulos. Si observas alguna anomalía, selecciona la parte averiada, pincha en formato / párrafo, de la barra de herramientas, vete a “sangría y espacios” e introduce los números que te convienen en las tres ventanas de la sangría: “Antes de texto”, Después de texto” y “Primera línea”. Lo mismo si tienes algún problema con el espaciado o el interlineado. No te olvides de guardar los cambios.

1.- Abrir Calibre.

2.- Arriba a la izquierda, pinchas en un icono rojo “Añadir libros”. Selecciona el libro en formato .odt y lo subes a la biblioteca Calibre. Se abrirá un fichero con el mismo título.

3.- Ahora te vas al tercer icono de arriba en marrón “Convertir libros”. Seleccionas a la izquierda formato de entrada .odt y a la derecha formato de salida .ePub.

4.- Te aparece una ventana en la que tienes que introducir algunos datos: Título, editor, autor, orden del autor (lo invierte), serie (si son varios tomos), editor, sinopsis y metadatos.

5.- Cambiar la imagen de la portada. Pinchas en el icono de la derecha de la pestaña. Seleccionas la imagen en la carpeta de tu ordenador. Verás que aparece en el cuadro.

6.- Aceptar. Tarda unos 20-30”. Puedes ver el avance de tarea en un icono abajo a la derecha.

7.- Ya tienes tu libro instalado en la librería de Calibre y la carpeta se llama como el título que has introducido.

a) Si pinchas una vez, te ofrece diferentes opciones: Editar metadatos para editar los datos y corregir si te has equivocado en algo, enviar al dispositivo de lectura disponible o guardar en el disco de tu ordenador.

b) Si pinchas dos veces, edita el texto tal y como lo verá el lector.

8.- Pincha en el icono Ruta: “Pulse para leer”, abajo a la derecha y verás que dicha carpeta contiene 4 ficheros: Libro con el formato .ePub con el símbolo S de Sigil, otro con el formato .odt original, el cover (la portada) y los metadatos. A ti te interesa el primero.

9.- Pero antes, conviene editarlo para ver si hay algún error y corregirlo. Pincha dos veces y se abrirá Sigil, la herramienta adecuada para hacerlo.

10.- Para entender cómo funciona, has de saber que Calibre ha dividido el libro en varias secciones, a su criterio, en función del tamaño del libro. El primero es el que estás viendo: la portada. Ahí nada tienes que hacer.

11.- Pincha en “Ventana” de la barra de herramientas y luego en “fichero siguiente”. Te aparece la sección 1. La corriges. Vas de nuevo al “fichero siguiente” y así sucesivamente hasta terminar. No te olvides de “guardar cambios” antes de salir.

Ya has terminado el proceso y tienes tu libro convertido al formato ePub. Si abres la carpeta y seleccionas el fichero S tipo ePub, pincha con el botón derecho del ratón y elige la opción para guardarlo en tu ordenador y desde allí exportarlo a los portales de venta electrónica que hayas seleccionado.

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¿Réquiem por la librería tradicional?

Categoría (El mundo del libro, General) por Manu de Ordoñana el 25-04-2013

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El día del libro transcurrió este año marcado por el signo del pesimismo sobre el futuro de la industria editorial. La crisis económica, el cambio en los hábitos de lectura, la descarga ilegal y la irrupción de tiendas digitales a gran escala han perjudicado notablemente el mercado del libro, cuyas ventas han descendido un 25% en el primer semestre de 2013, según el presidente del Gremio de Libreros de Gipuzkoa.

Librería antigua

Los peligros que acechan al gremio son múltiples y de muy variada condición. Tan sólo el 39% de los lectores norteamericanos compran sus libros en las tiendas tradicionales, ya que el resto lo hace en Internet (El País, Babelia, 20 abr 2013). Y el porcentaje que corresponde a los libros antiguos es aún mayor, ya que alcanza el 80%.

Y no me refiero sólo a la venta de libros digitales, sino también a la de libros impresos. El comportamiento del lector es curioso y, al mismo tiempo significativo: visita las librerías, hojea los títulos más sugestivos y apunta el nombre de los que le han complacido, incluso saca una foto de la portada. Pero luego se va a casa, lo busca en Internet, lee una selección y, si le convence, lo compra en la web. Es lo que Javier Celaya denomina “turismo de librería”: descubre offline y compra online. Justo lo contrario de lo que sucede con otros productos de consumo: la gente visita tres o cuatro portales especializados, compara prestaciones y toma la decisión de lo que más le conviene, pero lo compra en la tienda de su barrio.

¿Es ése el triste destino que espera a la librería de toda la vida? Mucho me temo que así sea, si no transforma su modelo empresarial. A día de hoy, no parece viable una actividad en la que la cadena de distribución se lleva el 50% del precio de venta del producto. Algo hay aquí que chirria, que es contrario a la razón. Y no estoy diciendo que los libreros se estén forrando a ganar dinero ─me consta que la mayoría a duras penas consigue cubrir sus gastos─, sino que la estructura que se ha montado alrededor es arcaica, no ha evolucionado ni se ha adaptado a las nuevas tecnologías.

Así se explica que el precio de un libro en una librería rara vez es inferior a los 20 euros, cuando el coste de producción no suele pasar de 2 euros y otros dos son para remunerar al autor que ha hecho el trabajo principal. Éste es el verdadero problema que acecha al librero tradicional, amén de estar obligado a financiar unas existencias en disonancia con el volumen de facturación y disponer de un espacio físico equivalente en el centro de la ciudad. A pesar de los consejos que algunos nostálgicos apuntan para sobrevivir, no hay razón para ser optimista; son muchos los riesgos y los libreros no están por el cambio: muchos de ellos han cumplido la edad, su mente de base intelectual no entiende de megabytes, saben que les ha llegado la hora y esperan el final con una cierta amargura que no siempre sale al estrado, cuando te cuentan sus penas.

¿Qué vendrá luego? A saber… Las tiendas grandes se reconvertirán y añadirán nuevos artículos ─¿imitando a Fnac?─para hacer rentable el establecimiento. Las librerías de barrio ganarán peso por su condición de bazar y el contacto personal para prescribir. Pero el gran vencedor será el e-commerce, la venta por Internet ─y me sigo refiriendo al libro impreso, ya que lo del libro digital es evidente─, un fenómeno imparable que arrasará el antiguo régimen y terminará por imponer su ley, como ya lo está haciendo en otros sectores de tanta relevancia como la ropa, la electrónica, el ocio, la cosmética e incluso la alimentación. ¿Nos damos cuenta de lo que en realidad está ocurriendo?

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Coeditar o autoplublicar

Categoría (Derechos de autor, General, Publicar un libro) por Manu de Ordoñana el 18-04-2013

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Desde el momento en que te has metido en la aventura de escribir un libro es porque te has sentido capaz de crear una novela digna de ser leída. Yo no puedo entrar a cuestionar tu designio, pero sí hacerte ver la importancia que tiene el cerciorarte de que eso es verdad, de que tu obra tiene un cierto valor y que merece la pena seguir trabajando para hacerla llegar al gran público, bien sea mediante coedición o autopublicacion. Por eso he insistido varias veces en que resulta útil contratar un buen corrector de textos, primero para que te dé su opinión, y segundo para que el léxico sea respetable.

Autoedición

Piensa que si logras que algún editor se interese por tu novela, la va a leer un profesional que se dedica a eso, que tiene veinte o treinta originales en lista de espera. Si se encuentra dos o tres errores en las primeras páginas, la va a dejar, sin cargo de conciencia alguno, y ni siquiera te va a contestar ni explicar el porqué de su decisión. Es una desventura que, habiendo llegado a ese punto, pierdas la oportunidad por un defecto de forma.

Si has superado esos filtros y un par de expertos conocidos ─que no amigos─ te aportan su opinión positiva, tienes ahora dos alternativas. La de autopublicar es una de ellas, tu cubres todos los gastos, tú corres todos los riesgos. Hemos comentado varias veces las ventajas e inconvenientes de esta fórmula y seguiremos haciéndolo. La otra es la coedición, de la que nos vamos a ocupar en este artículo.

Es cierto que las editoriales están pasando un mal momento. Con esto de la crisis, la gente compra menos libros. El que gusta de la lectura se provee en las bibliotecas públicas o se suscribe a determinadas colecciones por un precio fijo; el ebook avanza poco a poco y los jóvenes tienen otras aficiones. A nadie le ha extrañado que el número de títulos publicados en España en 2012 haya descendido un 6,2% respecto 2011 y un 20% respecto a 2008. De esos casi 70.000 títulos, tan sólo un 31% quedan incluidos en ese epígrafe tan amplio que se llama “literatura”.

No te extrañe pues que la industria editorial sea tan reacia a meterse en aventuras con autores desconocidos. Están para ganar dinero y eso no sólo es perfectamente lícito, sino también es necesario. Y aquí viene la paradoja, ya que esa debilidad puede convertirse en una oportunidad para el escritor diletante. Se trata de convencer al editor tradicional para que publique tu novela compartiendo el riesgo. Como los números ayudan a establecer los conceptos, voy a poner un ejemplo:

Si has escrito una novela decorosa, pongamos de 250 páginas, estimo que el coste de imprimir mil ejemplares se sitúa en torno a los 4.000 euros: dos mil a la imprenta, otros mil por corregirlo, y el resto para el ISBN, la portada, el maquetado, la galerada y los gastos de transporte. Busca una editorial de toda la vida, honrada, con vocación de servir a la comunidad cultural de tu región y cuya línea editorial corresponda al contenido de tu libro y hazle la siguiente oferta: Me comprometo a comprar 400 de esos 1000 libros a un precio de 5 euros, con la condición de que me permitas venderlos por mis propios medios. A ti te corresponde la distribución por los canales tradicionales (librerías, grandes superficies, tiendas especializadas), pero yo puedo hacerlo por los canales atípicos como Internet, en la vía pública, a instituciones y otros establecimientos. Incluso hasta puedes renunciar a los derechos de autor, pero sólo sobre esta primera tirada.

¿Qué has conseguido con eso? Compartir el riesgo al 50%. Es posible que, si tu novela tiene un cierto “gancho”, tu compañero de viaje se sienta atraído por la solución que le has propuesto. Él hará sus números y calculará los ejemplares que necesita vender para “hacer parra”. Ellos tienen una clientela fija y saben que, de una forma u otra, lograrán su objetivo: al menos, no perder dinero. Los tiempos que corren no dan para otra cosa.

Claro que también te puedes preguntas para qué necesito un socio si la mitad de los gastos los soporto yo y él no corre ningún riesgo. “Por la marca”, te respondo. El valor de un libro gana tanto cuanto más prestigiosa es la editorial que lo publica. Si eres de esa opinión, inténtalo… y cuéntanos cómo te ha ido. Bajo estas condiciones, tendrás fuerza para negociar un contrato ventajoso, de forma que seas tú el beneficiado si el negocio funciona y hay una segunda parte. Pero de eso hablaremos en el próximo episodio.

El Mataburros. Subrealista

Categoría (El Mataburros, General) por Manu de Ordoñana el 11-04-2013

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Durante los pasados días de la Semana Santa, tuve tiempo para leer la prensa despacio, arrellanado en un sillón, sin el agobio que provoca mantener los compromisos adquiridos en la web. En una de esas incursiones, me llevé un pequeño susto al encontrar escrita la palabra “surrealista”: “Otra vez estos periodistas… qué poco consultan el diccionario”, pensé. Pero cuando volví a encontrar el mismo error ─eso creía yo─ en otro diario y repetido dos veces, empecé a dudar y me fui al mataburros. ¡Cielos, qué sorpresa! Ni subrealismo, ni subrealista: ninguno de los dos términos existen en la lengua castellana. ¡Suspenso!

El María Moliner define el surrealismo como un movimiento literario y artístico surgido después de l Primera Guerra Mundial y relacionado con las teorías psicoanalíticas, cuyas obras pretenden ser una manifestación del subconsciente. Sinónimos: Superrealismo, suprarrealismo. Y surrealista es un adepto a este movimiento y, por extensión, extravagante, absurdo.

Subrealismo

El diccionario panhispánico de dudas dice que surrealismo proviene del francés surréalisme. Designa el movimiento artístico y literario surgido en Francia a comienzos del siglo XX y caracterizado por dar primacía a lo inconsciente y a lo irracional. La palabra francesa está formada por el prefijo sur– cuyos equivalentes en español son los prefijos sobre, super o supra. De ahí otros nombres como superrealismo, suprarrealismo que, aunque formalmente más adecuados, no han conseguido desplazar a surrealismo, denominación que se ha impuesto con claridad en todo el ámbito hispánico y resulta, por ello, lo más recomendable. Lo mismo ocurre con surrealista frente a las alternativas sobrerrealista, superrealista y suprarrealista.

El SECO dice más o menos lo mismo. Pero añade que el DRAE da preferencia a forma superrealismo: Movimiento literario y artístico, cuyo primer manifiesto fue realizado por André Breton en 1924, que intenta sobrepasar lo real impulsando con automatismo psíquico lo imaginario y lo irracional.

Me puse a investigar las ediciones digitales de los periódicos en castellano y comprobé que, en todos los artículos encontrados, se  utiliza con propiedad el término “surrealista”… salvo alguna excepción. Así el cronista deportivo Jorge Sanz Casillas, critica en el diario “El Mundo” de 07/12/2012 la labor del árbitro del partido Español-Sevilla que terminó con el resultado de empate a dos: Muñiz Fernández repartió dos penaltis en la primera mitad y expulsó erróneamente a José Antonio Reyes: dos tarjetas amarillas para el jugador que vio la primera en el 33′ por saltar con el brazo armado y la segunda siete minutos después y de la forma más subrealista.

 Por contra, el desliz es más frecuente en el mundo del arte: “pintura subrealista”, “movimiento subrealista” o “película subrealista” son expresiones de uso corriente entre los que se dedican a ese comercio. El pasado mes de noviembre, el portal todocolección sacó a subasta un cuadro subrealista ─precioso, por cierto─ estilo onírico titulado “Les mythics du monde”, en acrílico sobre cartón, del año 1979, vendido en subasta por 21,00 €, su precio de salida. A pesar de este lapsus calami, el sitio ha alcanzado un cierto prestigio entre los coleccionistas de habla hispánica. Pertenece a la empresa Zoconet S.L., con sede en Campanillas (Málaga), y se dedica a la intermediación para la compra de todo tipo de artículos a través de Internet, habiéndose especializado en las subastas online de antigüedades y obras de arte.

Léxico y vocabulario

El corrector de textos

Categoría (General, Taller literario) por Manu de Ordoñana el 04-04-2013

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Has terminado de escribir tu libro, lo has maquetado más o menos bien, y ahora te preguntas: ¿qué hago con él? ¿Lo presento a una editorial? ¿Me busco un agente literario? ¡Bah! No me merece la pena. Me decido por la autoedición, hacerlo todo yo, buscar una imprenta de confianza y que me impriman 500 ejemplares. Si vendo 200, me declaro satisfecho, igual recupero la inversión.

Pero antes tienes que hacer un par de cosas más: lo de componer el libro lo veremos en el próximo artículo, aquí vamos a tratar de un tema peliagudo: la corrección del texto, un trabajo complicado y difícil de evaluar. Los profesionales buenos cobran un dineral y siempre te queda la duda de si el dinero gastado ha merecido la pena. La verdad que es un oficio poco valorado, más bien denostado… los escritores tenemos mucho ego.

Corregir libros

Aun así, te recomiendo ─mucho más si eres debutante─ que te entregues a un buen corrector, que dediques un tiempo a encontrar un colaborador honesto, competente y no demasiado exigente. La tarifa que se aplica oscila entre 4-5 euros la página para una revisión a fondo, no sólo ortográfica; la broma te va a costar por lo menos 1.000 euros. Créeme, merece la pena si el resultado es de tu agrado. Pídele antes que te explique las cuestiones que va a mirar y el tiempo que va a emplear en cada una de ellas, así podrás valorar su competencia. Read the rest of this entry »

Instrucciones básicas para maquetar un libro

Categoría (General, Publicar un libro) por Manu de Ordoñana el 28-03-2013

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Maquetar es el oficio de diseño editorial que consiste en organizar contenidos escritos y visuales en un espacio concreto para conseguir un conjunto armonioso que resulte amable para leerlo. Es trabajo que tiene gran valor y corresponde hacerlo a profesionales, para lo cual disponen de herramientas específicas como Scribus o InDesign. Sin embargo, la maquetación del texto de un libro escrito en páginas sucesivas, dividido en capítulos (sin imágenes), es tarea más sencilla que el escritor diletante que opte por la autoedición puede asumir y ahorrarse así el coste de maquetación (¿un euro por página?).

Instrucciones básicas para maquetar un libro

Intentaremos exponer aquí las cualidades que conviene atribuir a un texto de este tipo. Son normas sencillas que se pueden aplicar desde el principio, en el momento de iniciar la redacción, y sirven para cualquier editor de textos, aunque el autor de este artículo las ha desarrollado sobre el Word de Microsoft. No haremos pues referencia a la composición del libro y tampoco a los formatos de lectura que utilizan los e-readers, temas que trataremos en próximos artículos.

Salto de página en cada capítulo.- Si tu novela consta de muchos capítulos cortos (de una o dos páginas), no es bueno el salto de página, ya que el lector se encontrará a menudo páginas con poco texto al cambiar de capítulo. Es mejor que sea todo seguido, aun a riesgo de que alguna vez el título o el número del capítulo quede en solitario en la parte de abajo de la página. Por el contrario, si los capítulos son largos, conviene el salto de página; le das un respiro al lector y ánimo para atacar el siguiente.

Título de los capítulos.- Poner un título a cada capítulo es práctica poco habitual en la novela. Lo normal es numerarlos, separarlos por tres asteriscos o simplemente dejar dos o tres líneas en blanco. Los caracteres que incorpores deberías ser de un tamaño superior al del texto y preferiblemente en negrita.

Primera letra del capítulo.- Resaltar la primera letra del capítulo es un artilugio estético. Puedes hacerlo con un tipo de letra más sofisticado (Buckingham, por ejemplo), mayor tamaño y en negrita.

Márgenes.- Son los espacios en blanco que hay que dejar alrededor del texto impreso. Lo mejor es conservar el que te propone Word por defecto: 2,5 cms arriba y abajo y 3 cms a cada lado.

Tipo de letra.- Cada editor tiene su propia tipografía; tú también puedes elegir la que más te guste. Es una decisión muy personal, sólo tienes que asegurar una visibilidad correcta combinando el tamaño de la misma y el interlineado. Particularmente, a mí me gusta Verdana, su lectura en Pdf es nítida y agradable a la vista.

Resaltar palabras o textos.- Sólo en los casos que lo requiera la narración, de acuerdo con las normas que dicta la gramática (negrita, cursiva, tipo de letra diferente).

Tamaño de letra.- Usa un tamaño más bien grande, no le obligues al lector a un esfuerzo innecesario. Verdana 14 es adecuado si escribes en Word y vas a publicar tu libro en tamaño 21 x 15 cms.

Interlineado.- Es la separación que existe entre dos líneas. Selecciona el interlineado 1,0 en el icono correspondiente, teniendo cuidado de no accionar la opción “Agregar espacio antes o después del párrafo”.

En cualquier caso, es cuestión de combinar los tres atributos (tipo de letra, tamaño e interlineado) y probar hasta quedar satisfecho, de modo que el bloque de texto respire adecuadamente. Con otros tipos de letra más ligeros, el interlineado 1,5 puede resultar útil.

Alineación justificada.- Es la opción recomendada, a izquierda y a derecha, a pesar de que en algunas líneas, el espacio entre palabras puede ser excesivo, si al final de la línea hay una palabra larga.

Si se trata de un libro impreso o un texto en Pdf, es posible emplear el párrafo llamado ordinario en el que se cortan con un guión las palabras al final de cada línea, para mantener un solo espacio entre dos correlativas. Pero nunca en un ebook, ya que el convertidor de texto situará el guión donde le corresponda ─no siempre al final de la línea─, según  el tamaño de letra elegido por el usuario.

Sangrado del párrafo.- El sangrado es bastante popular en el ámbito de la literatura en castellano; sirve para distinguir un párrafo del siguiente y evitar la línea en blanco entre ambos.

Línea en blanco.- Si el párrafo no es sangrado, conviene dejar una línea en blanco entre dos párrafos. De no existir, es fácil confundir un párrafo con el siguiente, cuando la última línea es larga o plena.

Número de página.- En la barra de herramientas, tienes la función “Insertar” / “Número de página”. Puedes hacerlo al principio o al final de cada página, a la izquierda, en el centro o la derecha. Si optas por la derecha, recuerda que, en la versión papel, tendrás que activar la opción “Páginas pares e impares diferentes”. Utiliza la herramienta “Formato número de página” para iniciar la numeración en la página que te interese.

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