Microrrelatos. El último cuento

García Reig ha optado por el tipo de cuento llamado metaliterario, en el que el escritor crea un texto narrativo cuyo objeto de análisis es el propio cuento.

Microrrelato. El último cuento

 —En sus cuentos breves el tema de la muerte suele aparecer con cierta frecuencia, ¿a qué se debe?
—No es un tema privativo de mis cuentos, habrá notado que en la vida cotidiana también suele aparecer con cierta frecuencia.
—¿No teme jugar con la muerte?
—Soy un escritor temerario.
—¿Qué está escribiendo ahora?
—Un cuento trivial: el escritor que dialoga con la Muerte y la muy pícara lo sorprende en la mitad de una palabra.
—¿Cuál palabra?
—No lo sé, pero seguramente le va a faltar la última sílaba y el cuento quedará inconclu 
                                                                       Juan Carlos García Reig

Este cuento pertenece a Los días de miércoles y otros cuentos (1986), una antología que aglutina todos los relatos de este escritor argentino a quien la muerte sorprendió en 1999, con solo treinta y nueve años.  Hay que decir que este micro cierra la colección, como no podía ser de otra manera con ese título.

Estamos ante un minicuento donde el lenguaje es tratado como un objeto en sí mismo. En la base hay un juego metaficcional y lingüístico. García Reig ha optado por el tipo de cuento llamado metaliterario, en el que el escritor crea un texto narrativo cuyo objeto de análisis es el propio cuento.

Desde el punto de vista formal, resulta interesante porque no parece que estemos ante una ficción, sino ante una verdadera entrevista. Al no tener contexto narrativo, nadie nos pone en antecedentes y entramos de lleno en el diálogo entre dos personas.

El argumento es el siguiente: un periodista inicia la entrevista a un escritor con una sesuda pregunta; trata de un tema de peso, pero el escritor responde, tirando de ironía, de forma bastante lógica. Las preguntas del periodista siguen una dirección seria y concienzuda, en cambio las respuestas del escritor van en otra dirección, como si no diera importancia a la entrevista; sus respuestas llevan el camino de lo irónico sarcástico, para pasar a lo frívolo hasta que, en el último momento, con una vuelta de tuerca, regala a los lectores ese golpe final que todo buen micro debe tener. Es aquí donde el lector automáticamente lo relaciona con el título y aparece el sentido de la historia. Es muy bueno el hecho de que en una sola oración final el lector se encuentra sonriendo en el mismo momento en que recibe el golpe de gracia que convierte el asunto en algo serio. Sonrisas y lágrimas, como la vida misma; una forma interesante de restar importancia a la muerte.

 

 

—En sus cuentos breves el tema de la muerte suele aparecer con cierta frecuencia, ¿a qué se debe?

—No es un tema privativo de mis cuentos, habrá notado que en la vida cotidiana también suele aparecer con cierta frecuencia.

—¿No teme jugar con la muerte?

—Soy un escritor temerario.

—¿Qué está escribiendo ahora?

—Un cuento trivial: el escritor que dialoga con la Muerte y la muy pícara lo sorprende en la mitad de una palabra.

—¿Cuál palabra?

—No lo sé, pero seguramente le va a faltar la última sílaba y el cuento quedará inconclu  

Juan Carlos García Reig

 

Este cuento pertenece a Los días de miércoles y otros cuentos (1986), una antología que aglutina todos los relatos de este escritor argentino a quien la muerte sorprendió en 1999, con solo treinta y nueve años.  Hay que decir que este micro cierra la colección, como no podía ser de otra manera con ese título.

Estamos ante un minicuento donde el lenguaje es tratado como un objeto en sí mismo. En la base hay un juego metaficcional y lingüístico. García Reig ha optado por el tipo de cuento llamado metaliterario, en el que el escritor crea un texto narrativo cuyo objeto de análisis es el propio cuento.

Desde el punto de vista formal, resulta interesante porque no parece que estemos ante una ficción, sino ante una verdadera entrevista. Al no tener contexto narrativo, nadie nos pone en antecedentes y entramos de lleno en el diálogo entre dos personas.

El argumento es el siguiente: un periodista inicia la entrevista a un escritor con una sesuda pregunta; trata de un tema de peso, pero el escritor responde, tirando de ironía, de forma bastante lógica. Las preguntas del periodista siguen una dirección seria y concienzuda, en cambio las respuestas del escritor van en otra dirección, como si no diera importancia a la entrevista; sus respuestas llevan el camino de lo irónico sarcástico, para pasar a lo frívolo hasta que, en el último momento, con una vuelta de tuerca, regala a los lectores ese golpe final que todo buen micro debe tener. Es aquí donde el lector automáticamente lo relaciona con el título y aparece el sentido de la historia. Es muy bueno el hecho de que en una sola oración final el lector se encuentra sonriendo en el mismo momento en que recibe el golpe de gracia que convierte el asunto en algo serio. Sonrisas y lágrimas, como la vida misma; una forma interesante de restar importancia a la muerte.

 

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