¿Son los premios literarios un negocio para las editoriales?

Categoría (Derechos de autor, El mundo del libro, General) por Manu de Ordoñana el 16-05-2013

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La gran mayoría de los concursos literarios que se convocan en España sólo aceptan obras inéditas libres de compromisos ─el Premio Cervantes es una de las excepciones─, requisito mucho menos frecuente en la Unión Europea. Conforme te vas adentrando en los entresijos de cómo funciona la industria editorial de este país, vas comprendiendo la razón que se esconde tras esta exigencia aparentemente inocua y terminas por preguntare si los premios literarios se han creado para promocionar la cultura o simplemente para mejorar la cuenta de resultados de las entidades que los instituyen.

Muchos de estos certámenes están organizados por grupos editoriales que tienen intereses económicos, son empresas que tienen la obligación de ganar dinero ─objetivo legítimo que nadie discute─ para remunerar a sus accionistas. Hasta ahí, nada que oponer. Las dudas asoman cuando analizas las condiciones que te piden para participar en ellos. Me he permitido leer las bases que regulan cuatro de los concursos literarios más afamados en lengua castellana (Nadal, Alfaguara, Tusquets y el Herralde de Anagrama) y todos ellos incluyen cláusulas de este tipo:

  • Novelas originales e inéditas que no hayan sido premiadas con anterioridad.
  • El ganador está obligado a suscribir un contrato con cesión “ad eternum” de todos los derechos de explotación de la obra premiada, absolutamente todos, a favor de la editorial.
  • La remuneración que el autor recibe por ello es, como mucho, el 10% ─que luego se puede reducir hasta la mitad en algunas modalidades o en caso de subrogación de derechos─ sobre el precio de venta al público, sin contar el IVA.
  • Este porcentaje llega hasta el 25% si la venta es en formato electrónico, y sobre los ingresos netos obtenidos por el editor.
  • Y lo que es más sangrante ─a mi modesto entender─ es que la editorial se reserva esos mismos derechos para cualquiera de las obras presentadas, aunque no  hayan sido galardonadas, ni siquiera mencionadas con un accésit.

Son contratos leoninos que el ganador tendrá que firmar ─muy contento, seguramente─ sin darse cuenta de que es un regalo envenenado, ya que está cediendo una exclusiva ─sin opción al pataleo─ que seguramente va a producir unos jugosos dividendos, de los que el autor sólo va a recibir unas migajas. Y esto lo podría entender si el premio que se otorga es significativo, como los 600.000 euros del Planeta. Pero no, son valores menores, entre 18 y 20.000 € (salvo el Alfaguara con 170.000 US$), con la particularidad de que la cantidad percibida es a modo de anticipo; el autor empieza a cobrar el porcentaje sólo cuando haya amortizado el importe del premio.

concursos literarios negocios editoriales

Por eso, uno se hace la pregunta: ¿la convocatoria de un concurso literario responde a una vocación cultural o a un interés económico para obtener ingresos sin arriesgar demasiado? Porque los gastos de gestión no son importantes y tampoco hace falta invertir mucho en publicidad. De eso ya se encargarán los medios, deseosos de disponer de noticias para llenar sus espacios. El mundo literario tiene glamour.

El mayor “dispendio” sería remunerar a los miembros del jurado, aunque seguramente una buena criba habrá sido hecha antes por “mileuristas”, con el fin de recortar el trabajo de los “sabios”. Y eso con las reservas que algunos apuntan sobre la honestidad que debería presidir el debate para conceder el galardón al más apto. ¿Será verdad eso de que la mayoría de los grandes premios se pactan previamente antes de leer ─incluso de recibir─ los manuscritos que se han presentado? Una autoridad como Manuel Rodríguez Rivero dijo en El País: “Con escasas (y notables) excepciones, el premio literario honrado es el que todavía no ha sido concedido”.

En Francia, muchos premios se conceden solamente a obras ya publicadas, lo que “a priori” parece más razonable. El Goncourt es el máximo galardón literario de entre los casi 1500 que se convocan anualmente en el país vecino. La decisión la toma un jurado sobre el conjunto de las novelas publicadas durante el año en curso, es decir, no entre obras inéditas, sino ya en circulación. La cuantía del premio es simbólica ─10 euros─ si bien el ganador tiene asegurado un éxito de ventas.

Pero no todo son elogios. Muchas críticas han sido hechas a los miembros del jurado ─que no rotan, son cargos vitalicios hasta cumplir los 80 años─, acusados de dejarse influenciar por los grandes sellos, aun tras prometer no tener relación profesional con ellos ni recibir remuneración alguna. No en vano, se estima en más de tres millones de euros el beneficio que produce la obra premiada en las ocho semanas que siguen al fallo.

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El contrato de edición

Categoría (Derechos de autor, General, Publicar un libro) por Manu de Ordoñana el 09-05-2013

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Si has tenido la suerte de encontrar un editor que se anime a publicar tu libro por su cuenta y riesgo, lo normal es que te proponga un contrato de edición para obtener todos los derechos presentes y futuros sobre la obra. Está en su derecho, él pone el dinero, él marca las pautas. No hay que olvidar que de cien proyectos que le llegan quizá sólo diez salen adelante y, de esos diez, uno genera beneficios, cuatro cubren gastos y cinco producen pérdidas, así que no te extrañe que quiera resarcirse para que, al menos, ese uno que tiene éxito le dé satisfacciones y le permita conseguir un rendimiento.

Contrato editorial

Aun así, tú como autor tienes también tus derechos y has de tratar de defender tus intereses. Discute lo máximo que puedas y firma el contrato escrito (las sugerencias que propone escritores.org te pueden ayudar), las palabras se las lleva el viento. No hace falta que consultes a un abogado para ello ─si eres miembro de alguna asociación de escritores, su consejo te puede ser útil─, ya que la tramoya jurídica no es complicada, sólo hace falta un poco de sentido común y algunas indicaciones sobre los aspectos más relevantes que tendrás que tener en cuenta a la hora de discutirlo:

  • Vas a ceder los derechos de publicación, distribución y venta de tu libro a cambio de una prestación económica. ¿Estás de acuerdo en hacerlo con carácter de exclusiva? Si lo haces, habrás concedido autorización para que el editor haga lo que quiera con él, incluso vender sus derechos a otra editorial. No digo que eso esté mal, pero asegúrate de que el porcentaje que te  corresponde por cada libro vendido sea respetado.
  • Podrías limitar el ámbito a una lengua o a una zona geográfica (por ejemplo, el español y los países de habla hispánica), con lo cual, si se vende bien, tú podrás negociar otros contratos con otras editoriales para otros mercados (en inglés, para EE.UU).
  • Una fórmula provechosa es ceder tus derechos sobre el libro impreso y conservar los del libro digital (o dejarlo abierto). De esta forma, lo puedes situar tú directamente en cualquiera de los portales de venta electrónica de libros. Piensa que muchas editoriales no tienen experiencia en este tipo de mercados y quizá no se opongan a esta cláusula.
  • El porcentaje habitual que se suele cobrar por derechos de autor es en torno al diez por  ciento sobre el precio de venta al público. Intenta defenderlo, pero te costará mejorarlo. Si estás consagrado, pide un anticipo, igual cuela. Recuerda que los ingresos obtenidos se incrementarán cada año a tu base imponible en tu declaración de la renta.
  • Otro asunto importante es la duración del contrato. El editor te propondrá duración indefinida, tú trata de reducir el plazo, si fuera posible, un año. Así transcurrido ese periodo, recuperas tu libertad para negociar con quien  quieras.
  • Conviene que  se establezca el número de ejemplares que el editor va a publicar en la  primera edición y pactar las condiciones para el caso de que haya una segunda, así como la modalidad, el formato y la colección a la que se incorpora, sin dejar de señalar los plazos de entrega a que se compromete cada parte.
  • Una de las  ventajas que, para un autor desconocido, supone un acuerdo de este tipo es  la labor de difusión que la editorial hará para promocionar el libro, ya  que ella es la primera interesada en lograr el máximo de ventas. Aun así, procedería que el contrato recogiera las acciones de marketing a realizar  por cada parte y asignar un presupuesto.
  • Concierta el número de ejemplares que la editorial te va a entregar gratis y el precio  que te cobrará por cada uno de más que le pidas (los autores tienen muchos  compromisos). También el número de ellos que se enviarán a la prensa, a la crítica e incluso a los prescriptores literarios.
  • En caso de litigio, puede resultar útil acudir al arbitraje, en lugar de a los  tribunales de justicia ordinarios, en cuyo caso, es prudente reconocerlo en la cláusula correspondiente. Propón que sea una asociación de  escritores que disponga de una comisión paritaria para arbitrar diferencias, como tiene ACEC.
  • Es importante establecer la nulidad automática del contrato si el editor no cumple alguna de las cláusulas.

De todos modos, si vas a negociar un contrato con una editorial que se arriesga a asumir toda la inversión, tu margen de maniobra es pequeño. Ellos tienen la fuerza, la experiencia y el conocimiento del mercado, así que no te pases en tus pretensiones, no vaya a ser que se arrepientan y tengas que volver a empezar. Otra cosa es si lo que te proponen es un contrato de co-edición y tú vas a financiar parte del coste de la edición. Aquí sí que estás en posición de imponer algunas condiciones. Pero ése es otro modelo de negocio.

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Libros en formato ePub

Categoría (El libro digital, General, Marketing para vender libros) por Manu de Ordoñana el 02-05-2013

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La mayoría de los portales de venta de libros digitales permiten la entrada de libros en Word o Pdf para luego ellos mismos transformarlos a ePub, el formato admitido por todos los dispositivos de lectura que hay en el mercado, salvo el Kindle de Amazon que tiene el suyo propio. En este proceso automático de conversión, se suelen producir fallos de distinta naturaleza que afean la composición.

Descargar ebooks en ePub

Por eso, es preferible que tú mismo hagas la conversión para subirlo directamente en formato ePub, tras verificar el texto con minucia y asegurarte de que no hay errores. El cliente que paga por una descarga quiere una maquetación correcta y una estructura armoniosa que le permita una lectura placentera. El proceso no es difícil pero entraña algún conocimiento.

Veamos una de las formas que existen para conseguirlo, la que yo utilizo y que nunca me ha fallado, aunque quizá sea algo complicada, ya que exige un paso intermedio: transformar el formato .doc a formato .odt (mediante la herramienta Open office), debido a que la biblioteca Calibre no reconoce Word como formato de entrada para convertir a .ePub.

Para empezar, tienes que tener instalada la biblioteca Calibre y disponible la siguiente información: imagen de la portada (mejor en resolución 72 pp), la sinopsis, los metadatos (palabras clave que van a permitir que tu libro mejore su posicionamiento en los buscadores) y el contenido de tu libro en  formato .odt. Te recomiendo que el texto sea lo más plano posible, sin imágenes, ni llamadas a pie de página, todas esas cosas que dificultan la lectura en un e-book.

Antes de proseguir, conviene repasar la composición en formato .odt. En algún caso, se produce un desajuste en el sangrado o en los márgenes, no en todo el libro, sino en algunos capítulos. Si observas alguna anomalía, selecciona la parte averiada, pincha en formato / párrafo, de la barra de herramientas, vete a “sangría y espacios” e introduce los números que te convienen en las tres ventanas de la sangría: “Antes de texto”, Después de texto” y “Primera línea”. Lo mismo si tienes algún problema con el espaciado o el interlineado. No te olvides de guardar los cambios.

1.- Abrir Calibre.

2.- Arriba a la izquierda, pinchas en un icono rojo “Añadir libros”. Selecciona el libro en formato .odt y lo subes a la biblioteca Calibre. Se abrirá un fichero con el mismo título.

3.- Ahora te vas al tercer icono de arriba en marrón “Convertir libros”. Seleccionas a la izquierda formato de entrada .odt y a la derecha formato de salida .ePub.

4.- Te aparece una ventana en la que tienes que introducir algunos datos: Título, editor, autor, orden del autor (lo invierte), serie (si son varios tomos), editor, sinopsis y metadatos.

5.- Cambiar la imagen de la portada. Pinchas en el icono de la derecha de la pestaña. Seleccionas la imagen en la carpeta de tu ordenador. Verás que aparece en el cuadro.

6.- Aceptar. Tarda unos 20-30”. Puedes ver el avance de tarea en un icono abajo a la derecha.

7.- Ya tienes tu libro instalado en la librería de Calibre y la carpeta se llama como el título que has introducido.

a) Si pinchas una vez, te ofrece diferentes opciones: Editar metadatos para editar los datos y corregir si te has equivocado en algo, enviar al dispositivo de lectura disponible o guardar en el disco de tu ordenador.

b) Si pinchas dos veces, edita el texto tal y como lo verá el lector.

8.- Pincha en el icono Ruta: “Pulse para leer”, abajo a la derecha y verás que dicha carpeta contiene 4 ficheros: Libro con el formato .ePub con el símbolo S de Sigil, otro con el formato .odt original, el cover (la portada) y los metadatos. A ti te interesa el primero.

9.- Pero antes, conviene editarlo para ver si hay algún error y corregirlo. Pincha dos veces y se abrirá Sigil, la herramienta adecuada para hacerlo.

10.- Para entender cómo funciona, has de saber que Calibre ha dividido el libro en varias secciones, a su criterio, en función del tamaño del libro. El primero es el que estás viendo: la portada. Ahí nada tienes que hacer.

11.- Pincha en “Ventana” de la barra de herramientas y luego en “fichero siguiente”. Te aparece la sección 1. La corriges. Vas de nuevo al “fichero siguiente” y así sucesivamente hasta terminar. No te olvides de “guardar cambios” antes de salir.

Ya has terminado el proceso y tienes tu libro convertido al formato ePub. Si abres la carpeta y seleccionas el fichero S tipo ePub, pincha con el botón derecho del ratón y elige la opción para guardarlo en tu ordenador y desde allí exportarlo a los portales de venta electrónica que hayas seleccionado.

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¿Réquiem por la librería tradicional?

Categoría (El mundo del libro, General) por Manu de Ordoñana el 25-04-2013

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El día del libro transcurrió este año marcado por el signo del pesimismo sobre el futuro de la industria editorial. La crisis económica, el cambio en los hábitos de lectura, la descarga ilegal y la irrupción de tiendas digitales a gran escala han perjudicado notablemente el mercado del libro, cuyas ventas han descendido un 25% en el primer semestre de 2013, según el presidente del Gremio de Libreros de Gipuzkoa.

Librería antigua

Los peligros que acechan al gremio son múltiples y de muy variada condición. Tan sólo el 39% de los lectores norteamericanos compran sus libros en las tiendas tradicionales, ya que el resto lo hace en Internet (El País, Babelia, 20 abr 2013). Y el porcentaje que corresponde a los libros antiguos es aún mayor, ya que alcanza el 80%.

Y no me refiero sólo a la venta de libros digitales, sino también a la de libros impresos. El comportamiento del lector es curioso y, al mismo tiempo significativo: visita las librerías, hojea los títulos más sugestivos y apunta el nombre de los que le han complacido, incluso saca una foto de la portada. Pero luego se va a casa, lo busca en Internet, lee una selección y, si le convence, lo compra en la web. Es lo que Javier Celaya denomina “turismo de librería”: descubre offline y compra online. Justo lo contrario de lo que sucede con otros productos de consumo: la gente visita tres o cuatro portales especializados, compara prestaciones y toma la decisión de lo que más le conviene, pero lo compra en la tienda de su barrio.

¿Es ése el triste destino que espera a la librería de toda la vida? Mucho me temo que así sea, si no transforma su modelo empresarial. A día de hoy, no parece viable una actividad en la que la cadena de distribución se lleva el 50% del precio de venta del producto. Algo hay aquí que chirria, que es contrario a la razón. Y no estoy diciendo que los libreros se estén forrando a ganar dinero ─me consta que la mayoría a duras penas consigue cubrir sus gastos─, sino que la estructura que se ha montado alrededor es arcaica, no ha evolucionado ni se ha adaptado a las nuevas tecnologías.

Así se explica que el precio de un libro en una librería rara vez es inferior a los 20 euros, cuando el coste de producción no suele pasar de 2 euros y otros dos son para remunerar al autor que ha hecho el trabajo principal. Éste es el verdadero problema que acecha al librero tradicional, amén de estar obligado a financiar unas existencias en disonancia con el volumen de facturación y disponer de un espacio físico equivalente en el centro de la ciudad. A pesar de los consejos que algunos nostálgicos apuntan para sobrevivir, no hay razón para ser optimista; son muchos los riesgos y los libreros no están por el cambio: muchos de ellos han cumplido la edad, su mente de base intelectual no entiende de megabytes, saben que les ha llegado la hora y esperan el final con una cierta amargura que no siempre sale al estrado, cuando te cuentan sus penas.

¿Qué vendrá luego? A saber… Las tiendas grandes se reconvertirán y añadirán nuevos artículos ─¿imitando a Fnac?─para hacer rentable el establecimiento. Las librerías de barrio ganarán peso por su condición de bazar y el contacto personal para prescribir. Pero el gran vencedor será el e-commerce, la venta por Internet ─y me sigo refiriendo al libro impreso, ya que lo del libro digital es evidente─, un fenómeno imparable que arrasará el antiguo régimen y terminará por imponer su ley, como ya lo está haciendo en otros sectores de tanta relevancia como la ropa, la electrónica, el ocio, la cosmética e incluso la alimentación. ¿Nos damos cuenta de lo que en realidad está ocurriendo?

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Coeditar o autoplublicar

Categoría (Derechos de autor, General, Publicar un libro) por Manu de Ordoñana el 18-04-2013

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Desde el momento en que te has metido en la aventura de escribir un libro es porque te has sentido capaz de crear una novela digna de ser leída. Yo no puedo entrar a cuestionar tu designio, pero sí hacerte ver la importancia que tiene el cerciorarte de que eso es verdad, de que tu obra tiene un cierto valor y que merece la pena seguir trabajando para hacerla llegar al gran público, bien sea mediante coedición o autopublicacion. Por eso he insistido varias veces en que resulta útil contratar un buen corrector de textos, primero para que te dé su opinión, y segundo para que el léxico sea respetable.

Autoedición

Piensa que si logras que algún editor se interese por tu novela, la va a leer un profesional que se dedica a eso, que tiene veinte o treinta originales en lista de espera. Si se encuentra dos o tres errores en las primeras páginas, la va a dejar, sin cargo de conciencia alguno, y ni siquiera te va a contestar ni explicar el porqué de su decisión. Es una desventura que, habiendo llegado a ese punto, pierdas la oportunidad por un defecto de forma.

Si has superado esos filtros y un par de expertos conocidos ─que no amigos─ te aportan su opinión positiva, tienes ahora dos alternativas. La de autopublicar es una de ellas, tu cubres todos los gastos, tú corres todos los riesgos. Hemos comentado varias veces las ventajas e inconvenientes de esta fórmula y seguiremos haciéndolo. La otra es la coedición, de la que nos vamos a ocupar en este artículo.

Es cierto que las editoriales están pasando un mal momento. Con esto de la crisis, la gente compra menos libros. El que gusta de la lectura se provee en las bibliotecas públicas o se suscribe a determinadas colecciones por un precio fijo; el ebook avanza poco a poco y los jóvenes tienen otras aficiones. A nadie le ha extrañado que el número de títulos publicados en España en 2012 haya descendido un 6,2% respecto 2011 y un 20% respecto a 2008. De esos casi 70.000 títulos, tan sólo un 31% quedan incluidos en ese epígrafe tan amplio que se llama “literatura”.

No te extrañe pues que la industria editorial sea tan reacia a meterse en aventuras con autores desconocidos. Están para ganar dinero y eso no sólo es perfectamente lícito, sino también es necesario. Y aquí viene la paradoja, ya que esa debilidad puede convertirse en una oportunidad para el escritor diletante. Se trata de convencer al editor tradicional para que publique tu novela compartiendo el riesgo. Como los números ayudan a establecer los conceptos, voy a poner un ejemplo:

Si has escrito una novela decorosa, pongamos de 250 páginas, estimo que el coste de imprimir mil ejemplares se sitúa en torno a los 4.000 euros: dos mil a la imprenta, otros mil por corregirlo, y el resto para el ISBN, la portada, el maquetado, la galerada y los gastos de transporte. Busca una editorial de toda la vida, honrada, con vocación de servir a la comunidad cultural de tu región y cuya línea editorial corresponda al contenido de tu libro y hazle la siguiente oferta: Me comprometo a comprar 400 de esos 1000 libros a un precio de 5 euros, con la condición de que me permitas venderlos por mis propios medios. A ti te corresponde la distribución por los canales tradicionales (librerías, grandes superficies, tiendas especializadas), pero yo puedo hacerlo por los canales atípicos como Internet, en la vía pública, a instituciones y otros establecimientos. Incluso hasta puedes renunciar a los derechos de autor, pero sólo sobre esta primera tirada.

¿Qué has conseguido con eso? Compartir el riesgo al 50%. Es posible que, si tu novela tiene un cierto “gancho”, tu compañero de viaje se sienta atraído por la solución que le has propuesto. Él hará sus números y calculará los ejemplares que necesita vender para “hacer parra”. Ellos tienen una clientela fija y saben que, de una forma u otra, lograrán su objetivo: al menos, no perder dinero. Los tiempos que corren no dan para otra cosa.

Claro que también te puedes preguntas para qué necesito un socio si la mitad de los gastos los soporto yo y él no corre ningún riesgo. “Por la marca”, te respondo. El valor de un libro gana tanto cuanto más prestigiosa es la editorial que lo publica. Si eres de esa opinión, inténtalo… y cuéntanos cómo te ha ido. Bajo estas condiciones, tendrás fuerza para negociar un contrato ventajoso, de forma que seas tú el beneficiado si el negocio funciona y hay una segunda parte. Pero de eso hablaremos en el próximo episodio.

El Mataburros. Subrealista

Categoría (El Mataburros, General) por Manu de Ordoñana el 11-04-2013

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Durante los pasados días de la Semana Santa, tuve tiempo para leer la prensa despacio, arrellanado en un sillón, sin el agobio que provoca mantener los compromisos adquiridos en la web. En una de esas incursiones, me llevé un pequeño susto al encontrar escrita la palabra “surrealista”: “Otra vez estos periodistas… qué poco consultan el diccionario”, pensé. Pero cuando volví a encontrar el mismo error ─eso creía yo─ en otro diario y repetido dos veces, empecé a dudar y me fui al mataburros. ¡Cielos, qué sorpresa! Ni subrealismo, ni subrealista: ninguno de los dos términos existen en la lengua castellana. ¡Suspenso!

El María Moliner define el surrealismo como un movimiento literario y artístico surgido después de l Primera Guerra Mundial y relacionado con las teorías psicoanalíticas, cuyas obras pretenden ser una manifestación del subconsciente. Sinónimos: Superrealismo, suprarrealismo. Y surrealista es un adepto a este movimiento y, por extensión, extravagante, absurdo.

Subrealismo

El diccionario panhispánico de dudas dice que surrealismo proviene del francés surréalisme. Designa el movimiento artístico y literario surgido en Francia a comienzos del siglo XX y caracterizado por dar primacía a lo inconsciente y a lo irracional. La palabra francesa está formada por el prefijo sur– cuyos equivalentes en español son los prefijos sobre, super o supra. De ahí otros nombres como superrealismo, suprarrealismo que, aunque formalmente más adecuados, no han conseguido desplazar a surrealismo, denominación que se ha impuesto con claridad en todo el ámbito hispánico y resulta, por ello, lo más recomendable. Lo mismo ocurre con surrealista frente a las alternativas sobrerrealista, superrealista y suprarrealista.

El SECO dice más o menos lo mismo. Pero añade que el DRAE da preferencia a forma superrealismo: Movimiento literario y artístico, cuyo primer manifiesto fue realizado por André Breton en 1924, que intenta sobrepasar lo real impulsando con automatismo psíquico lo imaginario y lo irracional.

Me puse a investigar las ediciones digitales de los periódicos en castellano y comprobé que, en todos los artículos encontrados, se  utiliza con propiedad el término “surrealista”… salvo alguna excepción. Así el cronista deportivo Jorge Sanz Casillas, critica en el diario “El Mundo” de 07/12/2012 la labor del árbitro del partido Español-Sevilla que terminó con el resultado de empate a dos: Muñiz Fernández repartió dos penaltis en la primera mitad y expulsó erróneamente a José Antonio Reyes: dos tarjetas amarillas para el jugador que vio la primera en el 33′ por saltar con el brazo armado y la segunda siete minutos después y de la forma más subrealista.

 Por contra, el desliz es más frecuente en el mundo del arte: “pintura subrealista”, “movimiento subrealista” o “película subrealista” son expresiones de uso corriente entre los que se dedican a ese comercio. El pasado mes de noviembre, el portal todocolección sacó a subasta un cuadro subrealista ─precioso, por cierto─ estilo onírico titulado “Les mythics du monde”, en acrílico sobre cartón, del año 1979, vendido en subasta por 21,00 €, su precio de salida. A pesar de este lapsus calami, el sitio ha alcanzado un cierto prestigio entre los coleccionistas de habla hispánica. Pertenece a la empresa Zoconet S.L., con sede en Campanillas (Málaga), y se dedica a la intermediación para la compra de todo tipo de artículos a través de Internet, habiéndose especializado en las subastas online de antigüedades y obras de arte.

Léxico y vocabulario

El corrector de textos

Categoría (General, Taller literario) por Manu de Ordoñana el 04-04-2013

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Has terminado de escribir tu libro, lo has maquetado más o menos bien, y ahora te preguntas: ¿qué hago con él? ¿Lo presento a una editorial? ¿Me busco un agente literario? ¡Bah! No me merece la pena. Me decido por la autoedición, hacerlo todo yo, buscar una imprenta de confianza y que me impriman 500 ejemplares. Si vendo 200, me declaro satisfecho, igual recupero la inversión.

Pero antes tienes que hacer un par de cosas más: lo de componer el libro lo veremos en el próximo artículo, aquí vamos a tratar de un tema peliagudo: la corrección del texto, un trabajo complicado y difícil de evaluar. Los profesionales buenos cobran un dineral y siempre te queda la duda de si el dinero gastado ha merecido la pena. La verdad que es un oficio poco valorado, más bien denostado… los escritores tenemos mucho ego.

Corregir libros

Aun así, te recomiendo ─mucho más si eres debutante─ que te entregues a un buen corrector, que dediques un tiempo a encontrar un colaborador honesto, competente y no demasiado exigente. La tarifa que se aplica oscila entre 4-5 euros la página para una revisión a fondo, no sólo ortográfica; la broma te va a costar por lo menos 1.000 euros. Créeme, merece la pena si el resultado es de tu agrado. Pídele antes que te explique las cuestiones que va a mirar y el tiempo que va a emplear en cada una de ellas, así podrás valorar su competencia. Read the rest of this entry »

Instrucciones básicas para maquetar un libro

Categoría (General, Publicar un libro) por Manu de Ordoñana el 28-03-2013

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Maquetar es el oficio de diseño editorial que consiste en organizar contenidos escritos y visuales en un espacio concreto para conseguir un conjunto armonioso que resulte amable para leerlo. Es trabajo que tiene gran valor y corresponde hacerlo a profesionales, para lo cual disponen de herramientas específicas como Scribus o InDesign. Sin embargo, la maquetación del texto de un libro escrito en páginas sucesivas, dividido en capítulos (sin imágenes), es tarea más sencilla que el escritor diletante que opte por la autoedición puede asumir y ahorrarse así el coste de maquetación (¿un euro por página?).

Instrucciones básicas para maquetar un libro

Intentaremos exponer aquí las cualidades que conviene atribuir a un texto de este tipo. Son normas sencillas que se pueden aplicar desde el principio, en el momento de iniciar la redacción, y sirven para cualquier editor de textos, aunque el autor de este artículo las ha desarrollado sobre el Word de Microsoft. No haremos pues referencia a la composición del libro y tampoco a los formatos de lectura que utilizan los e-readers, temas que trataremos en próximos artículos.

Salto de página en cada capítulo.- Si tu novela consta de muchos capítulos cortos (de una o dos páginas), no es bueno el salto de página, ya que el lector se encontrará a menudo páginas con poco texto al cambiar de capítulo. Es mejor que sea todo seguido, aun a riesgo de que alguna vez el título o el número del capítulo quede en solitario en la parte de abajo de la página. Por el contrario, si los capítulos son largos, conviene el salto de página; le das un respiro al lector y ánimo para atacar el siguiente.

Título de los capítulos.- Poner un título a cada capítulo es práctica poco habitual en la novela. Lo normal es numerarlos, separarlos por tres asteriscos o simplemente dejar dos o tres líneas en blanco. Los caracteres que incorpores deberías ser de un tamaño superior al del texto y preferiblemente en negrita.

Primera letra del capítulo.- Resaltar la primera letra del capítulo es un artilugio estético. Puedes hacerlo con un tipo de letra más sofisticado (Buckingham, por ejemplo), mayor tamaño y en negrita.

Márgenes.- Son los espacios en blanco que hay que dejar alrededor del texto impreso. Lo mejor es conservar el que te propone Word por defecto: 2,5 cms arriba y abajo y 3 cms a cada lado.

Tipo de letra.- Cada editor tiene su propia tipografía; tú también puedes elegir la que más te guste. Es una decisión muy personal, sólo tienes que asegurar una visibilidad correcta combinando el tamaño de la misma y el interlineado. Particularmente, a mí me gusta Verdana, su lectura en Pdf es nítida y agradable a la vista.

Resaltar palabras o textos.- Sólo en los casos que lo requiera la narración, de acuerdo con las normas que dicta la gramática (negrita, cursiva, tipo de letra diferente).

Tamaño de letra.- Usa un tamaño más bien grande, no le obligues al lector a un esfuerzo innecesario. Verdana 14 es adecuado si escribes en Word y vas a publicar tu libro en tamaño 21 x 15 cms.

Interlineado.- Es la separación que existe entre dos líneas. Selecciona el interlineado 1,0 en el icono correspondiente, teniendo cuidado de no accionar la opción “Agregar espacio antes o después del párrafo”.

En cualquier caso, es cuestión de combinar los tres atributos (tipo de letra, tamaño e interlineado) y probar hasta quedar satisfecho, de modo que el bloque de texto respire adecuadamente. Con otros tipos de letra más ligeros, el interlineado 1,5 puede resultar útil.

Alineación justificada.- Es la opción recomendada, a izquierda y a derecha, a pesar de que en algunas líneas, el espacio entre palabras puede ser excesivo, si al final de la línea hay una palabra larga.

Si se trata de un libro impreso o un texto en Pdf, es posible emplear el párrafo llamado ordinario en el que se cortan con un guión las palabras al final de cada línea, para mantener un solo espacio entre dos correlativas. Pero nunca en un ebook, ya que el convertidor de texto situará el guión donde le corresponda ─no siempre al final de la línea─, según  el tamaño de letra elegido por el usuario.

Sangrado del párrafo.- El sangrado es bastante popular en el ámbito de la literatura en castellano; sirve para distinguir un párrafo del siguiente y evitar la línea en blanco entre ambos.

Línea en blanco.- Si el párrafo no es sangrado, conviene dejar una línea en blanco entre dos párrafos. De no existir, es fácil confundir un párrafo con el siguiente, cuando la última línea es larga o plena.

Número de página.- En la barra de herramientas, tienes la función “Insertar” / «Número de página». Puedes hacerlo al principio o al final de cada página, a la izquierda, en el centro o la derecha. Si optas por la derecha, recuerda que, en la versión papel, tendrás que activar la opción “Páginas pares e impares diferentes”. Utiliza la herramienta “Formato número de página” para iniciar la numeración en la página que te interese.

Vender tu ebook por Internet

Categoría (El libro digital, General, Marketing para vender libros) por Manu de Ordoñana el 21-03-2013

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El libro digital es la gran oportunidad que tiene hoy el escritor diletante para dar a conocer su último libro, sin perjuicio de que, más adelante, si el éxito le sonríe, encuentre un editor que sea capaz de publicarlo en papel. Y lo es porque es el más barato, ya que subirlo a cualquiera de los portales de venta por Internet es gratis, sólo hace falta tener algunos conocimientos para hacerlo con bien, aunque eso no garantiza que se convierta en un “bestseller”. Cada día es mayor el número de ciudadanos que dispone de una tableta o un e-reader: a los jóvenes les encanta llevar la biblioteca en su mochila y la música en su iPod.

Posesión de dispositivos de lectura en España

¿Cuáles son los portales más visitados por los lectores que tienen un dispositivo de lectura y quieren comprar un libro? En el ámbito de la lengua castellana: Amazon, Bubok, Google Books, iTunes y Lulu. Hay otros como Casa del Libro y Libranda, pero son para uso exclusivo de los profesionales, no admite las obras de los aficionados, al menos, hasta hace un año.

La forma de dar de alta un título es sencilla, basta con seguir las instrucciones que te indican. El texto ha de estar en Word o en Pdf, conviene tener una buena imagen de la portada ─que es la que se verá en la librería de la plataforma─, una sinopsis corta pero bien meditada y los metadatos, palabras clave que respondan al contenido y sean relevantes para la búsqueda. Y no tienes que hacer nada más, ellos se encargan de cobrar y reembolsarte un porcentaje.

Ya ves que es método sencillo, no exige ningún trabajo, o muy poco. El inconveniente es que probablemente no obtengas ninguna venta en un universo tan extenso, a no ser que te impliques en situarlo en lugares privilegiados en la sección de novedades, para lo cual tendrás que “invertir” algún dinero. Cada portal ofrece sus opciones: estúdialas y tú mismo decide.

Hay otra fórmula para promocionarlo, algo más costosa pero más efectiva: Crear una página web y anunciar en ella tus libros para que el visitante se los baje pagando una cierta cantidad que nunca debería de sobrepasar los 3 euros. Hasta hace poco este sistema no era posible por el coste que suponía el proceso de pago, pero ahora la mayoría de los bancos ofrecen a los autónomos el TPV Virtual, un módulo a incorporar en la web, que permite al comprador pagar con su tarjeta de crédito o mediante Paypal, de manera cómoda y segura.

La página debería disponer de un blog en el cual tendrías que incorporar un artículo sobre temas afines con una cierta periodicidad ─uno a la semana estaría bien valorado─, con el fin de que los buscadores como Google y Yahoo la sitúen en lugares preferentes y conseguir así el mayor número de entradas. En cada una de ellas, hay un posible comprador de tu libro si la diseñas bien, haces atractiva la portada y sugestiva la sinopsis.

Es un proceso lento, como todo lo que sucede alrededor de Internet. Al principio, tendrás pocas visitas, pero no te desesperes. Si las noticias que escribes tienen interés, poco a poco subirá el auditorio, sobre todo si incorporas en cada artículo palabras claves bien elegidas ─quizá te convendría echar un vistazo a las técnicas que existen para mejorar el posicionamiento en los buscadores─ y varios enlaces a otras páginas, cosa que a Google le encanta. Si te sirve de referencia, durante los tres primeros meses, esta web recibió una media de 25 visitas por semana, hoy está próxima a los 1000. En poco más de tres años, ha habido 71.135 entradas, de las cuales un 15% corresponde a personas que han repetido.

Amigos en la red

Procura que cada visitante deje su correo electrónico ─para lo cual tienes que habilitar el espacio correspondiente─, prometiéndole que harás uso restringido y no le enviarás spams. Regístralo en una base de datos y añade el de tus conocidos y amigos. A poco que te esfuerces, en uno o dos años, tendrás una lista dos mil o tres mil direcciones, a los que puedes enviar un email cada vez que subes un artículo. Si lo haces bien, el número de visitas crecerá de forma exponencial, como suele ocurrir siempre en la red. Ahí tienes un colectivo de posibles clientes a los que llegarás directamente cada vez que publiques un trabajo nuevo, de manera mucho más eficaz que si sólo eres visible en esos portales de multitudes.

Algo más que un agente literario

Categoría (General, Publicar un libro) por Manu de Ordoñana el 14-03-2013

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La función del agente literario es proponer a los editores las obras escritas por sus representados, conseguir que las publiquen y asesorarles en la negociación del contrato. Ése ha sido su principal cometido, sin perjuicio de que pueda también hacer alguna recomendación al escritor para corregir el texto con el fin de potenciar su valor de mercado y hacerlo más atractivo.

Hasta ahora, el agente literario no cobraba por su trabajo al seleccionar los manuscritos recibidos, ni por corregirlos. Su remuneración se iniciaba en el momento en que el libro aparecía en las librerías, y consistía en un porcentaje sobre los derechos que el autor recibía por cada ejemplar vendido, un porcentaje a pactar entre las dos partes y que suele variar entre el 10 y 20%. Es decir, por cada euro que el escritor percibe, el agente se embolsa 0,15 euros, un importe poco oneroso para retribuir trabajo tan ingrato como es leer multitud de originales, seleccionar los más interesantes, ayudar a reconvertirlos y, sobre todo, encontrar un editor que asuma el riesgo, tarea ingrata de la que los escritores huyen, como el gato escaldado del agua fría.

Freelancer

Es una figura bastante común en el ámbito literario de algunos países, sobre todo, en los anglo-sajones, bajo el apelativo de editores freelance (en Francia, por ejemplo, no existe o es muy poco frecuente). Un freelancer es un trabajador autónomo que ofrece sus servicios profesionales a terceros para realizar tareas concretas que son retribuidas en función del resultado ─una cantidad fija, rara vez  una comisión─, no del tiempo empleado, mediante un contrato que sólo obliga durante el tiempo que dura la realización del encargo. Se utiliza en campos muy variados, generalmente en aquéllos relaciones con Internet y las nuevas tecnologías (libros, música, periodismo, producción de videos, programas informáticos, diseño y un largo etcétera).

En España, el nombrecito no ha calado todavía, cosa extraña con esa vocación tan arraigada que tienen nuestros medios de extranjerizar vocablos nuevos. Así pues seguiremos utilizando el término “agente literario” o mejor todavía “asesor literario”, ya que el primero parece limitarse a la simple tarea de intermediar entre el editor y el autor.

El “asesor literario” tendría que cubrir otros campos, ofrecer servicios complementarios que hoy demanda y no encuentra el escritor diletante, perdido en un universo desconocido, creyendo todavía que una pléyade de editores lo están esperando para subirlo a las alturas, sin que él tenga que poner un “duro”.

A través de lo que opinan los visitantes de esta web, deduzco que existe un nicho de mercado para aquellos “mercenarios” que sean capaces de proponer a esos escritores una solución global a cuatro tipos de necesidades, que voy a enumerar en un orden que no necesariamente ha de ser el cronológico:

  • La elaboración de un boceto, su ámbito económico y geográfico, un objetivo de ventas, siquiera aproximado, así como el dinero que el autor está dispuesto a invertir en el proyecto, todo ello, recogido desde el primer momento en un documento que comprometa a las dos partes.
  • El consejo literario en todas sus facetas, antes, durante y después del proceso creativo, con carácter subsidiario, de forma que el escritor conserve siempre su condición de propietario.
  • Un plan comercial para el lanzamiento del libro, las características del producto (maquetado, título, tipo de letra, de papel, diseño de la cubierta, sinopsis y demás atributos para la versión electrónica), los canales de distribución de cada formato (papel y digital) y las acciones a emprender para contactar con las editoriales que quizá han de iniciarse antes de concluir la redacción.
  • La definición de una campaña de promoción y difusión del libro capaz de llegar al público objetivo seleccionado en la primera fase, quizá la tarea más compleja, la más difícil, la que requiere más esfuerzo y una amplia dosis de imaginación en la que todos los recursos harán falta.

Y he empleado adrede la palabra “mercenarios” ─no en su sentido despectivo─ para designar a este tipo de asesores o “freelancers”, con el fin de que los autores que se dedican a este noble arte de escribir sepan de una vez por todas que, para publicar, hay que pagar, que la sociedad no tiene ninguna obligación para con ellos, sentimiento que algunas veces trasciende de los lamentos amargos que algunos manifiestan porque nadie les hace caso. Tendrían que recordar que, en España, todos los años aparecen 80.000 títulos nuevos, los intermediarios no dan abasto y los profesionales que se dedican a esto tienen que vivir, no pueden subsistir con sólo comisiones, porque se arriesgan a leer un montón de manuscritos y no encontrar ninguno digno.

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