¿Réquiem por la librería tradicional?

Categoría (El mundo del libro, General) por Manu de Ordoñana el 25-04-2013

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El día del libro transcurrió este año marcado por el signo del pesimismo sobre el futuro de la industria editorial. La crisis económica, el cambio en los hábitos de lectura, la descarga ilegal y la irrupción de tiendas digitales a gran escala han perjudicado notablemente el mercado del libro, cuyas ventas han descendido un 25% en el primer semestre de 2013, según el presidente del Gremio de Libreros de Gipuzkoa.

Librería antigua

Los peligros que acechan al gremio son múltiples y de muy variada condición. Tan sólo el 39% de los lectores norteamericanos compran sus libros en las tiendas tradicionales, ya que el resto lo hace en Internet (El País, Babelia, 20 abr 2013). Y el porcentaje que corresponde a los libros antiguos es aún mayor, ya que alcanza el 80%.

Y no me refiero sólo a la venta de libros digitales, sino también a la de libros impresos. El comportamiento del lector es curioso y, al mismo tiempo significativo: visita las librerías, hojea los títulos más sugestivos y apunta el nombre de los que le han complacido, incluso saca una foto de la portada. Pero luego se va a casa, lo busca en Internet, lee una selección y, si le convence, lo compra en la web. Es lo que Javier Celaya denomina “turismo de librería”: descubre offline y compra online. Justo lo contrario de lo que sucede con otros productos de consumo: la gente visita tres o cuatro portales especializados, compara prestaciones y toma la decisión de lo que más le conviene, pero lo compra en la tienda de su barrio.

¿Es ése el triste destino que espera a la librería de toda la vida? Mucho me temo que así sea, si no transforma su modelo empresarial. A día de hoy, no parece viable una actividad en la que la cadena de distribución se lleva el 50% del precio de venta del producto. Algo hay aquí que chirria, que es contrario a la razón. Y no estoy diciendo que los libreros se estén forrando a ganar dinero ─me consta que la mayoría a duras penas consigue cubrir sus gastos─, sino que la estructura que se ha montado alrededor es arcaica, no ha evolucionado ni se ha adaptado a las nuevas tecnologías.

Así se explica que el precio de un libro en una librería rara vez es inferior a los 20 euros, cuando el coste de producción no suele pasar de 2 euros y otros dos son para remunerar al autor que ha hecho el trabajo principal. Éste es el verdadero problema que acecha al librero tradicional, amén de estar obligado a financiar unas existencias en disonancia con el volumen de facturación y disponer de un espacio físico equivalente en el centro de la ciudad. A pesar de los consejos que algunos nostálgicos apuntan para sobrevivir, no hay razón para ser optimista; son muchos los riesgos y los libreros no están por el cambio: muchos de ellos han cumplido la edad, su mente de base intelectual no entiende de megabytes, saben que les ha llegado la hora y esperan el final con una cierta amargura que no siempre sale al estrado, cuando te cuentan sus penas.

¿Qué vendrá luego? A saber… Las tiendas grandes se reconvertirán y añadirán nuevos artículos ─¿imitando a Fnac?─para hacer rentable el establecimiento. Las librerías de barrio ganarán peso por su condición de bazar y el contacto personal para prescribir. Pero el gran vencedor será el e-commerce, la venta por Internet ─y me sigo refiriendo al libro impreso, ya que lo del libro digital es evidente─, un fenómeno imparable que arrasará el antiguo régimen y terminará por imponer su ley, como ya lo está haciendo en otros sectores de tanta relevancia como la ropa, la electrónica, el ocio, la cosmética e incluso la alimentación. ¿Nos damos cuenta de lo que en realidad está ocurriendo?

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El IVA del libro digital

Categoría (El libro digital, El mundo del libro, General) por Manu de Ordoñana el 07-03-2013

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Según la última encuesta “Hábitos de lectura en España”, el porcentaje de ciudadanos que posee un e-book alcanza el 9,7 %, cuando en 2010 no llegaba al 2%, y el de lectores de libros en soporte electrónico ha pasado en dos años del 5,3% al 11,7% de la población. Poco a poco, lo digital se impone, aunque sin llegar a la catástrofe que auguraban los gurús hace unos años.

Mientras tanto, arrecia en España la polémica sobre el IVA (impuesto sobre el valor añadido) que el Gobierno aplica a la cultura. La reforma fiscal de septiembre de 2012 incrementó el tipo general que se aplica al libro electrónico del 18 al 21%, pero mantuvo el superreducido del 4% que corresponde al libro impreso, un gesto claro para proteger a la industria editorial que ve cómo, año a año, cae la facturación y descienden sus beneficios.

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No hay ninguna razón para explicar ese desajuste. En mayo del 2009, la Comisión europea modificó la directiva del IVA para considerar como libro toda tecnología digital con un soporte físico, lo que de inmediato induce a pensar que el libro digital ha de tener el mismo tratamiento fiscal que el libro impreso. Al parecer, Bruselas prevé este año presentar una propuesta para igualar el IVA de ambos formatos en todos los países de la Unión Europea.

Y sin embargo, el pasado mes de febrero, las autoridades comunitarias denunciaron a Francia y Luxemburgo por aplicar a ambos el mismo tipo de IVA reducido (en Luxemburgo es el 3% y en Francia, el 5,5%). Son los dos únicos países europeos que siguen esta pauta.

  • Luxemburgo, porque con ella ha logrado atraer a su territorio la sede de varias multinacionales norteamericanas que facturan desde allí, de forma que, cuando tú compras a Amazon un libro digital, ese 3% va a parar a las arcas del pequeño estado centroeuropeo, lo que no deja de ser un contrasentido cuando estamos hablando de un impuesto al consumo que debería de ser recibido por el país en que reside el comprador.
  • Francia, porque ha visto atacados sus intereses económicos por la competencia que le hace el país vecino. Posee una industria editorial potente (lo que no ocurre en Luxemburgo) y, por eso, el gobierno del socialista François Hollande decidió reducir del 7% al 5,5% la tasa que se aplica a los libros impresosy digitales, a partir del uno de enero de 2013.

No es fácil de entender la postura de Bruselas. La directiva de 2009 equiparaba la fiscalidad de ambos soportes. No tiene sentido ahora, en vísperas de una legislación paritaria, imponer una sanción económica a quien ha adelantado su puesta en vigor. La Comisión ha confirmado su discrepancia y ha anunciado que en breve denunciará a ambos países en el Tribunal de Justicia de la Unión Europea. Con esa medida, Bruselas pretende que el cambio se produzca al mismo tiempo en todos los estados y que, en el interín, no se permitan prácticas desleales que den ventaja a aquellos países que han aprobado tributos más laxos.

¿Tendría España que imitar la actitud de Francia? Probablemente, sí. Una rectificación a la baja del importe del IVA aplicado a los libros digitales sería un estímulo para la colaboración entre el mundo del libro y las “startups” (empresas tecnológicas de reciente creación). La industria editorial es importante y hay muchos intereses en juego, aunque no estoy yo muy seguro de que los empresarios hayan apostado por lo digital. Da la impresión de que prefieren mantener su posición de privilegio en el segmento tradicional del libro impreso y dejar para otros la aventura de lo nuevo, con esa visión cortoplacista que tanto caracteriza al homo hispanicus.

Hábitos de lectura en España

Categoría (El mundo del libro, General) por Manu de Ordoñana el 14-02-2013

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Se acaba de publicar el informe “Hábitos de lectura y compra de libros en España 2012”, realizado para la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE), con la colaboración de la Dirección General de Política e Industrias Culturales y del Libro del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, mediante una encuesta telefónica realizada a 6.380 individuos de más de 14 años y que llevan más de diez residiendo en el territorio. Un 92% de la población afirma leer con una frecuencia al menos trimestral y un 88,6% lee con frecuencia al menos semanal, en alguno de los soportes (libros, revistas, periódicos, cómics, webs, blogs, foros, etc.).

Leer de libros. En lo que a nosotros nos interesa, la encuesta señala que un 61,4% de la población española lee libros al menos una vez al trimestre, lo que indica que el 38,6% no lee nunca un libro. En Francia, ese porcentaje es del 30%, pero un 27% declara leer sólo entre 1 y 4 libros al año, con lo cual estaríamos hablando de resultados muy parecidos.

Comprar libros. Un 40,3% de los entrevistados declara haber comprado algún libro no de texto en el último año con una media de 9,1 libros comprados. Casi el 80% de la compra de libros se hace en establecimientos tradicionales (librerías, cadenas de librerías, grandes almacenes e hipermercados, por este orden), mientras que sólo el 4,1% se adquiere a través de Internet.

La biblioteca en casa. El número medio de libros (sin contar los de texto) que hay en cada hogar es de 201, con un descenso del 5,1% con respecto a 2010:

  • En un 9,2% de los hogares tienen menos de 10 libros, de los cuales un 4% no tiene ninguno.
  • En un 9,9% tienen de 11 a 20 libros.
  • En un 44,3% tienen de 21 a 100 libros.
  • En un 14,5% tienen de 101 a 200 libros.
  • En un 22,1% se superan los 200 libros.

Leer en soporte digital. El 58% de los españoles lee en soporte digital (en un ordenador, un teléfono móvil, una agenda electrónica o un e-Reader) con una frecuencia al menos trimestral, lo que supone un incremento del 21,3% con respecto a 2010. El cuadro siguiente refleja la proporción de lectores en formato digital con respecto al total:

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El 11,7% de los lectores afirma leer libros en soporte digital, lo que representa el 18,6% sobre el total. Ese porcentaje sube hasta el 47,9% en la lectura de periódicos, lo que justifica la alarma de la prensa tradicional que, al mismo tiempo, contempla una importante reducción de sus ingresos por publicidad.

Dispositivos de lectura. El porcentaje de personas que poseen un dispositivo de lectura electrónico ha crecido desde el 1,7% en 2010, al 3,9% en 2011 y al 9,7% del 2012. El cuadro siguiente refleja la evolución de los modelos más vendidos en el periodo 2011-2012:

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Llama la atención el incremento que experimentan los soportes que no están pensados únicamente para la lectura, como las tabletas y los smartphones, así como el descenso de los e-readers, salvo el Kindle de Amazon que ha crecido un 55%.

Descargas de libros digitales. Entre los ciudadanos que leen libros digitales, el mayor porcentaje de lectores se los descarga de internet gratuitamente (64,4%) o los consiguen de familiares y amigos (37,8%). Sólo un 32% se los descarga pagando, frente a un 36,9% del año precedente. Aun así, dentro de este último segmento de “paganos”, sólo pagan 4,5 de cada 10 libros que leen, ya que el resto se los descargan gratis. 

Registro editorial 2012 en España

Categoría (El mundo del libro, General) por Manu de Ordoñana el 24-01-2013

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La Federación de Gremios de Editores de España ha publicado las estadísticas de libros registrados en la agencia española del ISBN correspondientes al año 2012. Las 840 empresas agrupadas en la FGEE representan el 95% del volumen de negocio del sector editorial español, que mueve anualmente cerca de 3.000 millones de euros, lo que supone el 0,7% del PIB, y da empleo directo o indirecto a más de 30.000 personas.

El número total de títulos registrados fue de 88.349 ─cifra en la que no están incluidos los libros editados por sus propios autores─, lo que supone un descenso del 14,3% con respecto al año precedente. El cuadro siguiente recoge el detalle por comunidad autónoma:

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El número de títulos digitales fue de 19.997, un 22,6% sobre el total registrado, con un incremento del 13% con respecto a 2011, lo que demuestra el esfuerzo que está haciendo la industria editorial española para adaptarse a los nuevos tiempos. Conviene recordar que ese porcentaje del 22,6% se refiere al número de títulos registrados, ya que probablemente la facturación no habrá superado el 2% (1% en 2010, según Global eBook Market 2011).

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El comercio del libro digital en España está en su inicio, muy lejos de las cifras que se manejan en Estados Unidos, aunque la información que de allí nos llega no sea del todo fiable. Algunos medios de comunicación han llegado a decir que el número de libros digitales vendidos en USA ha superado ya al de libros impresos, pero no hay ninguna estadística que lo confirme, aparte de que parezca poco creíble. Éste es uno de los problemas que plantea Internet: no todo lo que se publica es cierto, hay muchos intereses de por medio. No tengo ninguna duda de que el libro digital terminará por imponerse al libro impreso, al menos en lo que se refiere a temáticas de ficción y afines; lo que no sabría decir es cuándo, quizá pasen muchos años antes de que eso ocurra.

El informe de Global eBook Market 2011 afirma que, en 2010, se descargaron 114 millones de libros digitales en Estados Unidos y que el mercado de libros impresos cayó en el primer semestre de 2011 un 10,2%, con 307 millones de ejemplares vendidos, lo que nos permite estimar que la cuota del ebook se situaría en torno al 20%, esto en unidades, porque en volumen de negocio representa tan sólo 6,2%.

En lo que se refiere al idioma, el cuadro siguiente recoge el número de libros registrados en las diferentes lenguas nacionales y extranjeras:

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Al margen del castellano, que es mayoritario, los libros registrados en el resto de las lenguas hispanas representan el 12%, con los siguientes porcentajes sobre el total en cada zona de influencia:

  • En Galicia, el 61% de los libros registrados lo fue en gallego.
  • En el País Vasco y Navarra, el 34% en euskera.
  • En Cataluña, el 33% en catalán.
  • En el País Valenciano, el 25% en valenciano.

Finalmente, el número de libros traducidos ascendió a 19.792, de los cuales, el mayor porcentaje corresponde al inglés (52%), seguido del castellano a otras lenguas (15%), el francés (10%), el italiano ( 5%) y el alemán (4%).

Reconvertir la industria editorial

Categoría (El mundo del libro, General) por Manu de Ordoñana el 26-09-2012

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El pasado fin de semana se celebró en la isla de Mallorca la quinta edición de las tradicionales Conversaciones Literarias de Formentor, que fue inaugurado por Ignacio Polanco con unas bellas palabras: “Tiempo, silencio y espacio, vindicó el presidente dela Fundación Santillana, celebrando la vieja tradición de leer y escribir, la inventiva, el recuerdo y la palabra que se plasma en los libros que nos ayudarán a ser más inteligentes, más tolerantes y más curiosos”.

Como era de esperar, las conversaciones se iniciaron con un panel de editores, distribuidores y libreros que describieron los graves daños que la crisis está causando a la industria cultural. Recalcaron la caída de ventas y, a la vez, abrieron las incógnitas que plantea la creciente competencia del libro electrónico, que ha multiplicado por nueve sus ventas, mientras que la penetración del libro tradicional ha caído hasta un 22%.

“Es una situación de extrema gravedad para la industria que afecta a toda la cadena de valor del libro. El futuro está aquí, ahora, bienvenido el futuro”, diagnosticó Pilar Reyes, directora de editorial Alfaguara, que coincidió con otras voces editoriales al señalar la amenaza cultural que representa la hegemonía de los mayoristas de la red. “Amazoon, Google o Apple dictan las reglas y manejan el mercado, a veces hasta la censura de alguna obra electrónica por palabras inapropiadas”, acusó Sigrid Kraus, editora de Salamandra.

Un centenar largo de gente ligada a la creación, la industria y el comercio del libro ─y bastantes lectores─ debatieron sobre el rol del libro, la cadena industrial y la necesidad de reinventar el sector para sobrevivir en un escenario en el que las tiradas van a seguir reduciéndose, lo mismo que el número de títulos, a pesar de cada día aparecen más escritores noveles que quieren publicar.

Diana Hernández, editora de Blackie Books, recién llegada de la piscina, constató que entre los bañistas vio seis personas con libros tradicionales en las manos y tan sólo uno con libro electrónico. Es cierto que el soporte digital está entrando poco a poco, a una velocidad sensiblemente inferior a lo que habían previsto algunos “gurús”. Eso es una buena noticia, hay tiempo para reorganizar el negocio, pero hay que hacerlo.

No es fácil hacer predicciones a largo plazo, pero tampoco hay que cerrar los ojos. El ebook terminará por imponerse, lo que nadie sabe es cuándo. Es posible que tarde diez años, aunque yo creo que el plazo será más largo, quizá veinte o treinta. La gente joven ─la infancia mucho más─ piensa en código binario, ellos son los consumidores del futuro y verán el libro en papel como una antigualla de colección o para exhibir en el museo.

A pesar de los avances tecnológicos, el e-reader no ha hecho más que empezar. Hay que presumir que, en media docena de años, su diseño mejorará notablemente, quizá se unifiquen los formatos de lectura y aparezcan soportes más flexibles, baterías intercambiables o de muy larga duración, así como la intermodalidad con lo audio visual. Aunque el precio ya es asequible, hay que esperar a que todavía baje, y sobre todo, que descargar un título no cueste más de tres euros.

Los expertos están cada vez más convencidos de que, en un tiempo no muy lejano, los libros no se adquirirán de forma individual, sino que primará el servicio de préstamos mediante suscripción: el Spotify de libros, un modelo que está triunfando en el segmento musical. Por una módica cantidad ─pongamos que diez euros al mes─ tendrás derecho a bajarte cualquier libro del mercado y a disfrutar de él durante un periodo, algo parecido a lo que ofrecen hoy en día las bibliotecas públicas, pero desde Internet y sobre un dispositivo electrónico de última generación.

Todo ello a expensas de solucionar el problema de la propiedad intelectual, problema que sin duda se resolverá, no a gusto de todos, pero sí del autor, que no verá mermados sus ingresos para seguir creando, al final eso es lo que importa. El gran perjudicado será el editor y la cadena de distribución… lo siento, toca reconversión.

El IVA cultural en Europa

Categoría (El mundo del libro, General) por Manu de Ordoñana el 01-09-2012

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Hace unos días, la Unión de Asociaciones Empresariales de la Industria Cultural Española solicitó al gobierno español que retrasara seis meses la aplicación de la subida del IVA del 8 al 21%, que se comenzará a aplicar a partir de este uno de septiembre, alegando que ese incremento de trece puntos sobre el precio de los espectáculos culturales como el cine, el teatro, el circo y los conciertos asestará el golpe de gracia definitivo al sector, sin que sirva para que Hacienda recaude más dinero

Un estudio realizado por una empresa de servicios independiente afirma que la recaudación de Hacienda en los cines descenderá casi diez millones de euros con un IVA del 21%. Y, lo que es más grave, obligará a cerrar 859 salas (el 21% de las 4.044 registradas en 2011). El tipo de IVA que se pretende aplicar a partir del uno de septiembre será uno de los más altos de la zona euro, muy por encima de la media (un 10,1%).

Llegado a este punto, no estaría mal hacer un pequeño repaso a cómo está la situación en Europa. Como ocurre a menudo, los números cambian los conceptos:

IVA cultural en Europa

País

IVA cultural  %

Precio de una   entrada de cine

PIB

PPA

Alemania

7

7,90

31.400

30.100

España

21

6,60

23.300

26.500

Francia

7

10

30.600

28.800

Italia

10

8

26.000

26.200

Irlanda

9

10-11

34.900

36.300

Portugal

13

6-7

16.000

18.500

Reino Unido

20

8-10

27.700

27.600

El precio de una entrada de cine en España es hoy uno de los más bajos de Europa, a pesar de que ha crecido un 36% desde 2004, un 17% más que el IPC. Con el nuevo IVA, ese precio subirá de 6,8 a 7,4 euros, si las empresas lo repercuten íntegramente al consumidor y, si lo hacen al 50%, se quedará en torno a los siete euros. ¿Ustedes creen que eso es una catástrofe tan grande como para producir la pérdida de 43 millones de espectadores y la destrucción de 4.500 empleos directos? ¿Ustedes creen que por 40 o 80 centavos, la gente va a dejar de ir al cine? Me extrañaría.

A mí me parece que el problema es otro muy diferente: el sector cinematográfico está en declive, el público ha perdido la afición, prefiere otros soportes para la visión y, sobre todo, la calidad de las producciones deja mucho que desear. Según se desprende del Anuario de la SGAE, los españoles compraron 98 millones de entradas de cine en 2011, lo que quiere decir que cada ciudadano de este país ha ido al cine dos veces durante al año pasado. ¿Cuál es pues el problema? Habrá algo más que el IVA, ¿no? A este enfermo no hay quien lo cure.

En muchas ciudades europeas, por menos de veinte euros al mes, puedes comprar un abono para ver todas las películas que quieras cualquier día de la semana y a cualquier hora, sean de estreno o no. Así consiguen que vaya más gente al cine y, sobre todo, crear hábito, un objetivo que los profesionales del marketing tienen siempre presente a la hora de diseñar sus campañas a largo a plazo. Aquí la única promoción que se hace es el “día del espectador”, un descuento del diez por ciento una vez cada semana. ¡Qué poca imaginación!

En cualquier caso, es verdad que la medida que ha tomado el gobierno es inapropiada y no va a solucionar ningún problema. Si la asistencia al cine se mantiene ─es previsible un descenso, sobre todo por la situación económica─, ese incremento del IVA apenas le va a suponer unos ingresos suplementarios de unos 100 millones de euros, una cantidad ridícula para la magnitud del problema. Pero es que además, de esa cantidad, tendrá que detraer más de un 50% para pagar durante dos años a esos 4.000 trabajadores que van a perder su empleo y a compensar la pérdida de ingresos por el IRPF y las cuotas de la Seguridad Social. Todo un negocio.

 

¿Debe el Estado subvenir la cultura?

Categoría (El mundo del libro, General) por Manu de Ordoñana el 20-08-2012

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Admitamos que la cultura, en su concepción restringida al mundo de las Artes y las Letras, es un bien público y, si bien no es una necesidad básica como la bolsa de la compra, sí lo es para la formación de valores cívicos que protegen la convivencia. Y si es un bien público, es un mercado imperfecto en el que la creación no patrocinada difícilmente alcanzaría la cantidad óptima que reclama la sociedad, con lo cual estaríamos justificando la intervención del Estado.

El problema que se plantea a continuación es hasta dónde tiene que llegar esa implicación. Si el Estado tiene la misión de distribuir la riqueza a través de una política fiscal justa, en este campo, el resultado está pervertido, ya que la política cultural se financia con los impuestos de todos los ciudadanos y se invierte en ofrecer un servicio a los segmentos más acomodados de la población, que son los que consumen este tipo de productos. No creo yo que sean muchos los pobres que compren libros, que vayan al teatro o que visiten un museo…

Por otro lado, si es el artista recibe un salario del Estado ─o buena parte de su remuneración─ estará inclinado a protegerlo, a adularlo, a no contrariarlo, lo que llega a producir una fauna de creadores subvencionados cuyo talento es inversamente proporcional al de los favores que recibe. Son ellos, los privilegiados del sistema, los que ahora ponen el grito en el cielo ─les recomiendo que lean este artículo titulado “Un grito #por la cultura”─, para que papá-Estado los siga protegiendo, como si eso fuera un derecho natural.

Porque la injerencia del Estado en la producción cultural conduce al proteccionismo. Cuando la libre competencia no funciona con normalidad, los creadores noveles tienen grandes dificultades para hacerse un hueco, el mercado es de los consagrados. Los artistas no son tontos, saben que la tarta tiene un tamaño y hacen lo imposible para impedir que los nuevos participen en el reparto. No quiero entrar aquí a indagar los privilegios que seguramente tienen esos grupos de “divinos” que se han organizado en corporaciones cerradas para la defensa de sus intereses… y no quiero entrar porque no los conozco, sólo los imagino en un país como éste. Pero a uno le llega todavía el recuerdo de lo que ocurrió con la SGAE…

El patrocinio del Estado es también un medio de propaganda: el que paga, manda. La política cultural tiende a convertir a los artistas en servidores de la clase política, a favorecer el patriotismo, a alimentar un cierto modelo de nacionalismo que intenta proteger la producción de sus adeptos, en detrimento de la libertad del creador. Ésta es una tendencia que se observa con nitidez en el campo de la educación. Los programas escolares están sitiados por el pensamiento único, poniendo en cuestión el futuro del individuo frente al Estado-Nación. Ya veis lo que al final ha pasado con la asignatura de “Educación para la Ciudadanía”.

La cultura es un patrimonio del hombre individual. El objetivo de la educación tendría que ser la promoción de esa autonomía individual, una formación liberal al servicio de las artes y las letras. Éste debería ser el meollo de la política cultural de un país, subvenir la formación de artistas, la promoción de actividades que hagan surgir el máximo número de creadores, asegurar esa infraestructura que lo permita, en lugar de financiar realizaciones concretas ─salvo excepciones, claro─ y favorecer a los capitalistas que arriesgan su dinero. Ellos están para ganarlo, y también para perderlo, si lo hacen mal.

La libertad de expresión es la que de verdad genera las obras de arte ─también salvo excepciones, claro─, la que abre la puerta a nuevas tendencias, la que da rienda suelta al talento, a la espontaneidad, al advenimiento del genio, y también, probablemente, la irrupción de los mecenas privados ávidos de financiar la infinita variedad de gustos personales que jamás el Estado sería capaz de descubrir, menos de satisfacer.

¿Qué es la cultura?

Categoría (El mundo del libro, General) por Manu de Ordoñana el 14-08-2012

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En el uso cotidiano, la palabra «cultura» se emplea para dos conceptos diferentes, dice Wikipedia en un artículo bien organizado:

  • Excelencia en el gusto por las bellas artes y las humanidades, también conocida como alta cultura.
  • Los conjuntos de saberes, creencias y pautas de conducta de un grupo social, incluyendo los medios materiales (tecnologías) que usan sus miembros para comunicarse entre sí y resolver sus necesidades de todo tipo.

Por abuso de la lengua, la primera interpretación está más arraigada en el sentir popular. Y sin embargo, la segunda es más propia: un conjunto de formas de pensar, de actuar y de comunicarse que son comunes a la mayoría de las personas que forman parte de un colectivo, y que se manifiestan a través de los valores, las tradiciones y las creencias.

Así entendida la cultura, nadie pone en duda la responsabilidad que recae sobre el sector público de velar por su desarrollo, por su papel dinamizador en la creación de bienestar y, al mismo tiempo, por el potencial que posee para acelerar el crecimiento económico. En España, la industria cultural representa el 3,2% del PIB y da empleo a cerca de 500.000 trabajadores, amén de impulsar otras materias como la educación, el turismo, la industria manufacturera o la investigación.

En ese sentido, el Estado tendría la obligación de invertir en actividades con capacidad para generar riqueza, no para subvencionar la producción artística, sino para dotar la infraestructura cultural. Estoy tratando de defender el rol del Estado como responsable de proveer a la sociedad el fundamento que active la producción, no que sea él el creador ─léase promotor mediante ayuda directa─, ya que esa función debe corresponder a la iniciativa privada. O dicho de otro modo, que la Administración no se meta nunca a empresario.

Si se trata del acervo artístico, debe ser el gobierno quien financie su conservación y dejar a la industria que disfrute de los beneficios. España es el segundo país ─después de Italia─ que cuenta con más lugares y monumentos declarado Patrimonio dela Humanidad. Con ese bagaje, el presupuesto que haría falta para mejorar el rendimiento económico sería muy bajo en comparación con los resultados que cabría esperar.

Lo mismo ocurre con la lengua. La riqueza idiomática del castellano y el número de usuarios le otorgan una posición privilegiada que el Estado debe proteger y extender a través de actuaciones culturales que propaguen sus virtudes, con un coste poco elevado. Muchas empresas pueden beneficiarse de esta ventaja competitiva para mejorar su posición vía internacionalización.

Al final, sólo hace falta un poco de capacidad intelectual para discernir cuáles son las inversiones que, con menos dinero, producen rendimientos más altos. La cultura es una de ellas, otra es la educación y otra es la investigación y el desarrollo. Sobre estas tres disciplinas, nunca hay que meter la tijera, todo lo contrario. Claro que el resultado no es inmediato y si algo caracteriza a nuestros políticos es su poca visión a largo plazo.

Con los principios que hemos manejado en este artículo, no es difícil colegir cuál va a ser el criterio que vamos a defender sobre el modelo de financiación que el Estado debería de aplicar a la promoción de la cultura, en su concepción restringida al mundo de las Artes y las Letras. Será en el próximo.

Preocupación en el mundillo de la cultura

Categoría (El mundo del libro, General) por Manu de Ordoñana el 08-08-2012

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El mundillo de la cultura anda un tanto revuelto, razones no le faltan. El plan de recortes que ha aprobado el Gobierno y la subida del IVA se han sumado a otros factores que ya venían inquietando desde el crash de 2008: la crisis económica que afecta al bolsillo del consumidor, la piratería, las dificultades de las empresas para asimilar las nuevas tecnologías y la competencia creciente de las multinacionales que han desembarcado en el país.

A partir del uno de septiembre, España dispondrá del IVA cultural más alto de la zona euro, con un incremento del 8 al 21% que gravará las entradas a los cines y espectáculos teatrales y culturales, el mismo que se aplicará al libro digital. Esta subida afecta también al material escolar, salvo los libros de texto, los álbumes, las partituras, los mapas y los cuadernos de dibujo, según la resolución del 2 de agosto que desarrolla el decreto-ley 20/2012 de 13 de julio sobre el nuevo IVA a determinados bienes y servicios.

Por ahora, se salva el libro en papel que conserva el tipo reducido del 4%, veremos si para siempre. La subida tampoco afecta a los servicios profesionales prestados por escritores, colaboradores literarios, autores de obras teatrales y artistas en general, incluidos aquellos cuya remuneración sea en forma de derechos de autor.

Tanto la prensa como los profesionales del sector han mostrado su preocupación ante una medida que les produce indignación. El mes pasado, el diario “El País” convocó a una treintena de representantes del cine, el teatro, la música y el arte para analizar la crisis, entre ellos, Pedro Almodóvar, Nuria Espert, Mario Gas, Juan Diego Botto, Alberto San Juan, Soledad Lorenzo, Anni B Sweet, Paco León y Miguel Abellán.

El grito a favor de una cultura que agoniza fue unánime, todos mostraron su temor ante lo que está ocurriendo y, aún peor, lo que asoma por la esquina ─en ese momento, no conocían el detalle de la subida del IVA que anunció el gobierno la semana pasada─. “La cultura no es lujo, es un bien de acceso público. Cortar en cultura produce ciudadanos poco pensantes. Para ser un ciudadano libre tienes derecho al pan y también a leer un buen libro, a ver una buena peli, a ir al teatro”, dijo el actor Juan Diego Botto,

Alguno ha llegado a decir que la cultura no debería tributar porque trabaja con material sensible, subir los impuestos a la cultura es promover la piratería y el mercado negro. Jorge Herralde, editor de Anagrama, se lamenta de que apenas se venden libros. La gente no entra en las librerías y las instituciones han congelado las compras de las bibliotecas públicas, que era lo que ayudaba a muchos negocios a pagar el alquiler. Muchas librerías están en peligro.

Muchas librerías… y otras muchas cosas más. ¿Cuántos comercios han tenido que cerrar en España a consecuencia de la  crisis? Aquí parece que cada uno sólo quiere defender su parcela, le preocupa muy poco la miseria que padecen los estratos más débiles de la sociedad, que apenas tiene recursos para comprar el pan. Entre pan y cultura, primero, el pan, luego ya veremos. En este país, estamos muy acostumbrados a que, cuando algo va mal, venga Papá-Estado a solucionarlo, sin preguntar antes cuál es la responsabilidad de cada cual.

Otra cuestión es si la medida adoptada por el Gobierno va a ser positiva para las arcas del Estado. Es posible que la recaudación adicional que consiga con el IVA sea inferior al coste total que le va a suponer el descenso de las contribuciones a la Seguridad Social, el impuesto de sociedades y el IRPF, añadido al incremento de las prestaciones por desempleo, con una destrucción de más de cuatro mil empleos sólo en el sector de Música en vivo, Artes Escénicas y Cine. Claro que este mismo argumento sirve para rechazar los recortes en el resto de actividades económicas.

A la vista de tales declaraciones, a mí me surge una pregunta: ¿Cuando toda esta gente se queja ─la mayoría, bien acomodada ─, se está mirando al ombligo o lo hace por convicción? Yo tengo mis dudas; no creo que protesten por solidaridad, ni que les preocupe demasiado qué van a hacer los artistas noveles, lo que les preocupa es su futuro ─al menos, a la mayoría─, que el Estado siga llenando sus hermosas barrigas.

Al final de todo, uno se empieza a cuestionar dos cosas: primero, qué es la cultura y segundo, qué aspectos de esa cultura tendrían que ser subvencionados, tanto en la fiscalidad, como en su financiación. Aunque la pregunta no es sencilla, me atreveré a dar una opinión en el próximo artículo, en plena Semana Grande.

El IVA del libro en la Unión Europea

Categoría (El libro digital, El mundo del libro, General) por Manu de Ordoñana el 21-07-2012

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Mientras las asociaciones de editores españoles han solicitado al Gobierno la aplicación de un impuesto sobre el valor añadido nulo a libros, periódicos y revistas tanto en papel como digitales, no estaría de más que echáramos un vistazo a cómo está la situación en Europa y sacar alguna conclusión:

Tabla de IVA en los países de la Unión Europea (%)

  • Todos los países aplican un IVA reducido al libro, salvo Dinamarca y Bulgaria.
  • Sólo Francia y Luxemburgo aplican el mismo IVA reducido al libro impreso y al libro digital, medida adoptada en 2012.
  • Los únicos países que aplican el tipo 0 al libro impreso ─pero no al digital─ son Irlanda y Reino Unido.

La legislación europea permite a los estados miembros aplicar el IVA reducido a una serie de artículos de primera necesidad, pero no al libro digital, ya que su descarga se considera un servicio suministrado por vía electrónica ─argumento muy poco convincente─, a pesar de que la directiva del 5 de mayo de 2009 aprobó impulsar el IVA reducido para los libros digitales a partir de 2011. Al parecer, una legislación con carácter vinculante podría aparecer en 2013.

El caso es que, siguiendo las recomendaciones de esa directiva, Francia y Luxemburgo decidieron reducir el IVA del libro digital al nivel del impreso, pero inmediatamente países como Reino Unido, Polonia y Holanda, que han sufrido el efecto negativo de esa decisión en su mercado interior, se han quejado a la Comisión, sobre todo por el IVA hiperreducido del 3% que aplica Luxemburgo al libro digital, lo que ha transferido a ese país más del 90% de las ventas de esos mercados, encabezado por el gigante Amazon que allí ha instalado su sede fiscal.

Fuera de Europa, los tres países en los que el libro digital está más desarrollado ─Estados Unidos, Japón y Corea─, el IVA que se aplica es muy parecido para los dos formatos ─papel y digital─, fórmula que consideran la más acertada para combatir la descarga gratuita y la piratería.

En Estados Unidos, ese IVA sobre los libros es cero en algunos estados ─lo mismo que en Méjico y en Brasil─, pero el sistema fiscal norteamericano no es equiparable al europeo. Allí se aplica un sistema de impuestos en cascada sobre las ventas que realizan las compañías, muy parecido al antiguo IGTE de la época franquista, además de otros de carácter federal, estatal o municipal que varían en cada lugar.

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