Algo más que un agente literario

Categoría (General, Publicar un libro) por Manu de Ordoñana el 14-03-2013

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La función del agente literario es proponer a los editores las obras escritas por sus representados, conseguir que las publiquen y asesorarles en la negociación del contrato. Ése ha sido su principal cometido, sin perjuicio de que pueda también hacer alguna recomendación al escritor para corregir el texto con el fin de potenciar su valor de mercado y hacerlo más atractivo.

Hasta ahora, el agente literario no cobraba por su trabajo al seleccionar los manuscritos recibidos, ni por corregirlos. Su remuneración se iniciaba en el momento en que el libro aparecía en las librerías, y consistía en un porcentaje sobre los derechos que el autor recibía por cada ejemplar vendido, un porcentaje a pactar entre las dos partes y que suele variar entre el 10 y 20%. Es decir, por cada euro que el escritor percibe, el agente se embolsa 0,15 euros, un importe poco oneroso para retribuir trabajo tan ingrato como es leer multitud de originales, seleccionar los más interesantes, ayudar a reconvertirlos y, sobre todo, encontrar un editor que asuma el riesgo, tarea ingrata de la que los escritores huyen, como el gato escaldado del agua fría.

Freelancer

Es una figura bastante común en el ámbito literario de algunos países, sobre todo, en los anglo-sajones, bajo el apelativo de editores freelance (en Francia, por ejemplo, no existe o es muy poco frecuente). Un freelancer es un trabajador autónomo que ofrece sus servicios profesionales a terceros para realizar tareas concretas que son retribuidas en función del resultado ─una cantidad fija, rara vez  una comisión─, no del tiempo empleado, mediante un contrato que sólo obliga durante el tiempo que dura la realización del encargo. Se utiliza en campos muy variados, generalmente en aquéllos relaciones con Internet y las nuevas tecnologías (libros, música, periodismo, producción de videos, programas informáticos, diseño y un largo etcétera).

En España, el nombrecito no ha calado todavía, cosa extraña con esa vocación tan arraigada que tienen nuestros medios de extranjerizar vocablos nuevos. Así pues seguiremos utilizando el término “agente literario” o mejor todavía “asesor literario”, ya que el primero parece limitarse a la simple tarea de intermediar entre el editor y el autor.

El “asesor literario” tendría que cubrir otros campos, ofrecer servicios complementarios que hoy demanda y no encuentra el escritor diletante, perdido en un universo desconocido, creyendo todavía que una pléyade de editores lo están esperando para subirlo a las alturas, sin que él tenga que poner un “duro”.

A través de lo que opinan los visitantes de esta web, deduzco que existe un nicho de mercado para aquellos “mercenarios” que sean capaces de proponer a esos escritores una solución global a cuatro tipos de necesidades, que voy a enumerar en un orden que no necesariamente ha de ser el cronológico:

  • La elaboración de un boceto, su ámbito económico y geográfico, un objetivo de ventas, siquiera aproximado, así como el dinero que el autor está dispuesto a invertir en el proyecto, todo ello, recogido desde el primer momento en un documento que comprometa a las dos partes.
  • El consejo literario en todas sus facetas, antes, durante y después del proceso creativo, con carácter subsidiario, de forma que el escritor conserve siempre su condición de propietario.
  • Un plan comercial para el lanzamiento del libro, las características del producto (maquetado, título, tipo de letra, de papel, diseño de la cubierta, sinopsis y demás atributos para la versión electrónica), los canales de distribución de cada formato (papel y digital) y las acciones a emprender para contactar con las editoriales que quizá han de iniciarse antes de concluir la redacción.
  • La definición de una campaña de promoción y difusión del libro capaz de llegar al público objetivo seleccionado en la primera fase, quizá la tarea más compleja, la más difícil, la que requiere más esfuerzo y una amplia dosis de imaginación en la que todos los recursos harán falta.

Y he empleado adrede la palabra “mercenarios” ─no en su sentido despectivo─ para designar a este tipo de asesores o “freelancers”, con el fin de que los autores que se dedican a este noble arte de escribir sepan de una vez por todas que, para publicar, hay que pagar, que la sociedad no tiene ninguna obligación para con ellos, sentimiento que algunas veces trasciende de los lamentos amargos que algunos manifiestan porque nadie les hace caso. Tendrían que recordar que, en España, todos los años aparecen 80.000 títulos nuevos, los intermediarios no dan abasto y los profesionales que se dedican a esto tienen que vivir, no pueden subsistir con sólo comisiones, porque se arriesgan a leer un montón de manuscritos y no encontrar ninguno digno.

Crowdfunding para publicar libros

Categoría (General, Publicar un libro) por Manu de Ordoñana el 07-02-2013

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El crowdfunding es otra de esas palabrejas inglesas que se ha colado al lenguaje empleado en ámbitos económicos y sociales para designar un fenómeno que está adquiriendo popularidad como fórmula para financiar proyectos de cualquier naturaleza, en la que el poseedor de una idea solicita la participación ciudadana cuando no tiene recursos propios para ponerla en práctica.

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Traducido con alguna libertad, crowdfunding significa “financiado por la plebe”, en base a pequeñas cuotas aportadas por personas ajenas que se sienten vinculadas o comprometidas con el proyecto, cuyo propósito puede ser tan variado como una campaña de protesta ciudadana, la fundación de una eco-aldea (ver la experiencia de Kan Awen en el valle Biert, provincia de Girona) o la creación de una obra de arte. Sería un término sinónimo de mecenazgo, aunque éste parece asignarse a la protección dispensada a un artista por un protector de patrimonio crecido y aquél, a muchas contribuciones de pequeña cuantía, razón por la cual se podría denominar “micromecenazgo”, “patrocinio colectivo”, o “financiación en masa”, expresión esta última que empieza a cobrar respaldo.

En principio, el crowdfunding es una donación a fondo perdido, en las que el padrino no pretende obtener un beneficio financiero, tan sólo algún obsequio en especie o el mero hecho de que su nombre aparezca en una lista de benefactores, aunque también serviría para la puesta en marcha de negocios mercantiles, en cuyo caso la aportación se convertiría en una participación en la sociedad, si es que el proyecto tiene éxito y se crea una compañía para su explotación.

Una de los usos habituales del crowdfunding es para que los escritores obtengan recursos y puedan financiar la publicación de su obra. Dos ejemplos:

Para obtener los fondos, se han creado una serie de plataformas en la web que permiten a los autores explicar su proyecto y las formas que proponen para conseguirlo, así como la recompensa que ofrecen a quienes apuesten por ellos. Una de ellas es Kickstarter que, desde su fundación en 2009, ha financiado más de treinta mil proyectos, de los cuales 2.748 han sido para publicar libros, aunque no todo son elogios.

Otra es Verkami. Vicente Baratas Martín la ha utilizado para dar a conocer su proyecto: obtener 2.000 euros para financiar la edición de cien ejemplares de “Ecos desde Britania”, una trilogía de novela histórica sobre el universo artúrico que el escritor publicó antes en versión blog. Para ello, solicita la colaboración de suscriptoress dispuestos a contribuir con importes de 6 – 10 – 20 – 30 – 50 -300 – 600 euros. A cambio, Baratas ofrece a los mecenas una recompensa que va desde el simple envío de los tres libros hasta incluir una mención especial del patrocinador en la página de agradecimientos, con dedicatoria del autor y logo en la portada.

Una de las ventajas del crowdfunding es su tratamiento fiscal. En España, las personas físicas pueden deducir de la cuota íntegra el 25% de la donación y las personas jurídicas el 35%, siempre que dicha donación sea inferior al 10% de la base imponible. Este derecho sólo existe si el beneficiario cumple una serie de requisitos, uno de los cuales es que sea una entidad sin ánimo de lucro. Esto es lo que dice la legislación actual, ya que se espera en breve ─antes del 30 de marzo de 2013─ una nueva Ley del Mecenazgo que va a incrementar las desgravaciones hasta el 60% y el 70% respectivamente, aunque a uno le entran enormes dudas de que el Gobierno apruebe, en este momento, un decreto que suponga una reducción de la recaudación.

La inspiración literaria

Categoría (General, Marketing para vender libros, Publicar un libro) por Manu de Ordoñana el 21-12-2012

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La mayoría de los escritores han sufrido alguna vez el síndrome de la página en blanco, un estado patológico en el que el cerebro se bloquea y nada serio surge de su interior. Sentado frente a tu ordenador, tratas de concentrar tu atención en el escenario en que dejaste el relato el día anterior, lees el último párrafo que has escrito, lo relees una y otra vez, pero no encuentras el hilo conductor, no aciertas a pergeñar una continuación. Así, al cabo de un rato, decides: “Hoy no estoy inspirado, así que me voy a dar un paseo”.

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El vulgo tiende a creer que los artistas sólo son capaces de producir en esos momentos de inspiración en que la musa está despierta: el estro, el numen ─o cualquier otra palabreja que se le ocurra a algún iluminado para justificar su indolencia─, como único motor de la creación artística, un estado propicio inoculado por los dioses sobre un grupo de elegidos que han sido capaces de descifrar el lenguaje de la revelación.

No parece sensato admitir esa interpretación, al menos en lo que afecta a la mayoría de los mortales. Leí hace algún tiempo que una novela se construye con un 5% de inspiración y un 95% de trabajo. Eso parece más razonable, aunque me atrevería a decir que la primera tiende a cero para el común de los escritores y que el trabajo y sólo el trabajo es el único componente que hace crecer una obra literaria.

¿No será que estamos confundiendo el concepto de “inspiración” con el de “disposición” o el de “motivación”? En su tercera acepción, el DRAE define la inspiración como “efecto de sentir el escritor, el orador o el artista el singular y eficaz estímulo que le hace producir espontáneamente y como sin esfuerzo”. ¡Qué bien! Que alguien me diga que ha sido capaz de escribir un libro de forma espontánea y sin esfuerzo.

Es evidente que hay personas mejor dotadas que otras para el ejercicio literario, pero eso entra dentro del ámbito del talento, del don natural que todo ser humano posee hacia una u otra disciplina, una cualidad innata que es preciso educar a lo largo del tiempo para conseguir el fundamento. Sin ese aprendizaje, no surge el genio, por mucha “inspiración” que nos llegue del averno. Digamos que eso sería el núcleo, el fondo necesario, pero no suficiente. A partir de ahí viene el trabajo, el esfuerzo del autor, el verdadero artífice que abre paso a la culminación de un libro.

Aun así, conviene matizar. En todo proceso de creación artística, hay dos etapas bien diferenciadas. La primera es la elección del motivo, la segunda, la producción del objeto. Cuanto más tiempo dediques a la búsqueda de un buen argumento, a estructurar la trama y a perfilar los protagonistas, más sencillo te resultará luego la redacción del texto. Si eres capaz de construir un bosquejo de la historia con una extensión de cuatro o cinco páginas y una descripción de los personajes más relevantes, junto a los dos o tres giros que toda novela ha de contener para introducir el elemento sorpresa, probablemente, el síndrome de la no inspiración se desvanecerá.

No quiero decir con esto que, hecha esta labor previa, vas a estar libre de esos periodos de apatía que acechan a los que se dedican al quehacer intelectual. Llegarán, ciertamente, pero llegarán por ser inherentes a la naturaleza humana; son lapsos de debilidad creativa provocados por los vaivenes de la vida, propios de caracteres sensibles más propensos a estados de ánimo variables, poco dispuestos a la disciplina interna. La actividad literaria exige un sacrificio de la mente, sobre todo, al principio, cuando por la mañana enciendes tu ordenador y sientes la tentación de cumplir cualquier tarea urgente que tienes pendiente, antes de iniciar lo que verdaderamente es importante: escribir. Es la pereza intelectual a que nos empuja la ley del mínimo esfuerzo.

Por eso, sería más lógico hablar de talento sumado a disposición y dejar la inspiración para el mundo de los sueños.

La misión del escritor. Concienciar o entretener

Categoría (General, Marketing para vender libros, Publicar un libro) por Manu de Ordoñana el 14-12-2012

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A los analistas que observan la evolución social de la cultura les llama la atención la banalización de la literatura, la falta de contenido cultural que, en general, poseen los libros de éxito. Perciben que el entretenimiento es el único motivo que persiguen los escritores modernos; su objetivo es dar respuesta a las exigencias del lector con el sólo propósito de vender el máximo número de ejemplares, para lo cual han de recurrir a escenarios exóticos, personajes al límite, mundos irreales llenos de violencia y pasiones desordenadas. Al parecer, eso es lo que vende.

Esta finalidad mercantilista no es en sí reprobable, los artistas tienen que vivir, han de susbsistir con su trabajo, los mecenas ya no existen o están en otras guerras, aunque, dicho sea de paso, no son muchos los escritores españoles que viven de la literatura. Pero ¿significa eso que han de renunciar a despertar la conciencia de la plebe, a descubrir la injusticia, a censurar los excesos de la clase dominante? ¿Quién será entonces el responsable de poner al descubierto los pesares que aquejan a nuestro planeta, si los medios de comunicación están al servicio del poder institucional y han enterrado su papel de defender la democracia?

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La literatura ha perdido ese cometido que la comunidad le asignaba antaño de educar al pueblo, de presentarle dilemas para hacerle pensar, de propiciar el debate social y político mediante la aportación de ideas y argumentos diferentes a los que utiliza la prensa. Y lo ha perdido porque el lector así lo ha querido: no busca en el libro la exposición de un conflicto, sino un texto ligero y bien escrito que le ayude a pasar un rato, con eso se conforma; y si además le llega a estremecer, miel sobre hojuelas. Es el tributo que esta generación ha pagado por la llegada de Internet y la cultura audio-visual.

Algunos autores no se sienten legitimados a plantear la opinión que tienen sobre los problemas que afectan a la sociedad contemporánea, dicen que no están preparados para el ejercicio intelectual, entienden que ése no es su rol. Su único objetivo es proporcionar placer literario, escribir historias emocionantes en prosa elegante sobre asuntos abstractos carentes de ideología, con el sólo propósito de entretener a un público cada vez más reacio a adentrarse en el complejo mundo de la reflexión profunda.

Otros, en cambio, piensan que el escritor tiene la obligación de verter sus ideas sobre las cuestiones en las que es competente, interpretar su fondo y apuntar soluciones, o al menos, provocar la duda para que cada uno de nosotros adopte la que considere oportuna o más idónea a su manera de ser. Su tarea consistiría en pintar la vida, contar sucesos que aporten alguna enseñanza, exponer formas diferentes de pensar, sentimientos escondidos que nos ayuden a interpretar la condición humana.

Entre ambos extremos, hay un campo inmenso de posiciones intermedias. El propósito de entretener tiene que seguir siendo un recurso, el recurso necesario para conseguir la atención del cliente; sin él, no hay mensaje. Pero eso debería de ser el medio, no el fin. El objetivo último de un libro sería crear interrogantes y señalar las rutas que existen para hallar satisfacción. Es el soporte ideal para ayudar a la gente a pensar, para hacerle entender que hay muchas formas de interpretar la vida, sobre todo, si el autor tiene la habilidad de escribir bien y ser ameno. Para difundir una idea, el discurso enrevesado no es el camino.

El escritor tiene que dar testimonio de los conflictos de la época, denunciar los abusos y desvelar las causas que los han producido; olvidar las tragedias acaecidas, por muy dolorosas que hayan sido, es correr el riesgo de que se repitan. Y también sugerir remedios, aun a sabiendas de que pueden ser erróneos, porque, al final, es el criterio de un simple mortal que quizá ha tenido la oportunidad de dedicar algún tiempo a profundizar en el tema. Se trata de evitar la opinión uniforme, de crear una sociedad heterogénea, abierta a todas las creencias.

La misión es enseñar, la dificultad está en hacerlo de forma entretenida, para que el mensaje sea fácil de captar. Como decía Mariasun Landa, al comentar la película “En la casa” en el diario Noticias de Gipuzkoa: “Al ser humano no le basta con sobrevivir, quiere más. Y para aplacar esa insatisfacción, ese deseo de abrirse a otras realidades, de vivir otras vidas, de sentir con otros corazones, nacieron las ficciones. En la ficción queremos encontrar algo que nos divierta, nos entretenga, pero, también, a menudo, a la ficción le pedimos algo más: que nos forme, o nos deforme o nos transforme. Nos emocione, al menos”.

El escritor y las redes sociales

Categoría (General, Marketing para vender libros, Publicar un libro) por Manu de Ordoñana el 16-11-2012

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Has terminado de escribir tu novela, la has presentado a un concurso literario, la has enviado a varias editoriales, te has puesto en contacto con dos o tres agentes literarios… y no has conseguido nada, estás igual que al principio, aunque con el animo más apagado. No te  preocupes, es lo normal. El mundo editorial ha cambiado mucho en los últimos años, pero los autores siguen pensando como antaño y eso no vale.

Lo primero que tiene que hacer el escritor actual es entender que este cambio se ha producido y que, para vender su libro, los viejos procedimientos no sirven, tiene que dedicar parte de su tiempo a ser empresario, a promocionar su obra, a hacerse conocido. Y eso, cualquiera que sea la forma que haya elegido para publicar, ya sea en papel, ya sea como e-book.

Para conseguirlo, no siempre es necesario gastar dinero ni hacer publicidad en los medios tradicionales, sólo hace falta tener voluntad y adentrarse en el mundo de Internet. El mensaje es muy claro: crear una página web, un blog, escribir artículos con frecuencia semanal ─por ejemplo─ en los que el autor dé su opinión sobre diferentes materias relacionadas con la creación literaria, no precisamente sobre el libro que ha escrito, que al final cansa. El objetivo es mantener contacto con los lectores y darse a conocer.

En EE.UU. ha surgido la figura de lo que podríamos llamar el editor digital o editor 2.0, algo que aquí podríamos denominar asesor literario ─nada que ver con el agente literario actual─, que pone a disposición del autor una guía online para explicar a sus asociados el uso básico de la web, cómo crear un blog y cómo tener presencia en las redes sociales 2.0, además de recomendar la forma de hacer buen uso de las herramientas digitales y ofrecer recursos para la promoción y venta de libros en Internet.

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Cuando hablamos de redes sociales, la gente interpreta que nos estamos refiriendo a Facebook, Twitter o Linkedin. No necesariamente. Es cierto que ese tipo de portales permite a cualquiera que tenga “gancho” conseguir una comunidad de fans que siguen al gurú en todas sus manifestaciones, pero eso ocurre sobre todo con las grandes figuras mediáticas, que tienen medios humanos y económicos para mantener el flujo de información. ¿Se imaginan ustedes lo que supone tener treinta millones de seguidores en Twitter, como Lady Gaga, y responder a todas sus peticiones?

Redes sociales son también todas aquellas plataformas que permiten el intercambio de ideas sobre temas variopintos entre ciudadanos aficionados a ellos. En nuestro caso, estamos hablando de las que tienen como motivo el ámbito literario, las hay a montones. Disponen de un foro en el que se discute sobre la materia, se comentan libros nuevos ─no precisamente los best-sellers─ y cada uno cuenta su experiencia. Trata de participar en ellos, intenta que tu opinión sea valorada y, si puedes, influye en el líder para que hable bien de ti y difunda tu obra. La opinión del prescriptor va creciendo en importancia dentro del mundo editorial 2.0. Al final, se trata de que alguien con prestigio hable sobre tu novela. A partir de ahí, el efecto multiplicador de Internet hará el resto.

Otra forma de darte a conocer es el e-mailing, es decir, hacerte con una buena base de datos de correos electrónicos ─una forma es que el propietario del blog ofrezca su dirección de email, para que el lector se ponga en contacto con él─ de personas que  tengan algún tipo de afición literaria y enviarles un e-mail cada vez que publicas un artículo en tu blog. Simplemente se lo anuncias con dos líneas explicando el contenido y le das la opción de entrar a él en tu página web si el asunto le interesa, así como la de darse de baja, para no crear spams.

El problema es que pocos escritores son capaces de crear una página web, eso exige conocimientos que no están al alcance de cualquiera. Pero no así su mantenimiento, es decir, el incorporar cada semana el artículo que has escrito, eso está al alcance de cualquiera. Por eso, lo recomendable es tener un asesor que te la construya de una sola vez y te enseñe a alimentarla para no depender más de él, verás que no es tan difícil.

Esa figura del asesor literario o editor digital es lo que falta en el mercado, al menos en el mercado español. Quizá existan buenos informáticos de la web, quizá existan asesores y/o prescriptores que conozcan el mundillo literario, pero no profesionales que ofrezcan el servicio de las dos cosas al mismo tiempo. La demanda existe, mas no la oferta… por ahora.

Antes de subir un e-book a la red

Categoría (El libro digital, General, Marketing para vender libros, Publicar un libro) por Manu de Ordoñana el 10-11-2012

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Si te has decidido por la autoedición y quieres subir tu e-book a los diferentes portales digitales más visitados, no está de más conocer cómo funciona la red y qué cosas hay que hacer para que tu libro sea visible en las debidas condiciones. A mi juicio, cinco son los requisitos previos que hay cumplir con meticulosidad:

  • Diseño. Recurre a los profesionales del sector para corregir tu libro, maquetarlo y diseñar la portada. Al parecer, los criterios a seguir para construir una portada sugestiva en Internet no son los mismos que para un libro en papel destinado a exponerse en el anaquel de una librería.
  • Formatos. Cada e-reader admite determinados formatos, no todos, así que tendrás que ofrecer tu e-book en varias versiones, mínimamente en MOBI para el Kindle de Amazon, en FB2 para el Papirus y en ePub y PDF para los dispositivos más universales. Asegúrate de que la visibilidad del texto es correcta en esos formatos, para que el comprador no sufra una decepción al encontrar errores en los signos o en los tipos de letra.
  • Categorías. Las tiendas virtuales no tienen limitaciones físicas e incluyen millones de títulos. Mira cómo están organizados y selecciona el género y el subgénero literario que define tu obra. En Internet, las categorías ayudan muchísimo a encontrar lo que uno quiere.
  • Metadatos. Piensa ahora en las palabras clave, dedica un tiempo a elegir las más adecuados, es muy importante, con ellos el lector inicia la búsqueda. Para ello, haz una prueba tú mismo. Si, por ejemplo, has escrito un libro de cocina, selecciona la categoría e introduce las palabras claves que tú utilizarías para la búsqueda… a ver qué sale. Haz que algún familiar o amigo repita el proceso y analiza cómo actúa, igual te da alguna pista.
  • Sinopsis. Si has logrado que un visitante se fije en tu libro, pinchará para saber más del contenido. Esmérate en la sinopsis, es el último eslabón, quizá el decisivo.

¿Acaba aquí tu trabajo? Pues no. En varios espacios de este blog, hemos defendido que el escritor debe también preocuparse del marketing para que su libro tenga visibilidad y aparezca en las primeras páginas de los buscadores, además de promocionar su imagen para ser conocido por el gran público.

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Hoy tenemos una herramienta muy útil para realizar esta tarea con poco dinero: las redes sociales. Es cierto que todavía el primer medio de difusión es el boca a boca, las recomendaciones de los amigos, pero se aprecia un importante crecimiento de la web como fuente de información, incluso entre los fans de lo impreso, que además son los más dispuestos a comprar un e-book.

Algunos editores españoles atribuyen a sus colegas neoyorquinos la opinión de que, en un próximo futuro, ningún escritor publicará un libro si no tiene 5.000 seguidores en Facebook. Lo cuentan a título de broma, pero a lo mejor resulta que se convierte en realidad. Todavía no nos damos cuenta de la influencia que tiene la web a la hora de descubrir, compartir y adquirir información… también para comprar libros. Pero no sólo de Facebook o de Twitter vive el escritor diletante…

El problema es que la mayoría de nosotros hemos llegado tarde ala era Internet (o nacido demasiado pronto) y tenemos pánico a todo lo que sea virtual (bastante hemos hecho con comprar un ordenador y aprender a escribir con el Word), mucho más a eso tan misterioso que se llama red 2.0 (la 3.0… ni nombrar). El Marketing Social es tan reciente que convendría aclarar en qué consiste y para qué nos puede servir. Quizá habría que dedicar un artículo entero a desmitificar ese mundo, igual no es tan complicado.

Publicar libros gratis

Categoría (El libro digital, General, Publicar un libro) por Manu de Ordoñana el 04-11-2012

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La revista “Consumer” publicó a finales de septiembre un interesante artículo sobre las posibilidades que se abren a los escritores diletantes para autoeditar su libro sin gastar un euro. Existen varios portales digitales que ofrecen ese servicio de anunciarlo en sus librerías para que el lector lo pueda comprar a través de Internet, tanto en versión papel como en versión digital, sin necesidad de pasar por una editorial.

La revista ha analizado las fórmulas que ofrecen los tres portales de mayor difusión que existen hoy en el mercado en lengua castellana (Lulu, Bubok y Amazon), que te permiten vender tu obra a través de Internet, sin otorgar exclusivas, una de las grandes ventajas que ello representa, ya que no adquieres compromiso alguno… si no te funciona, eres libre de utilizar otras vías de distribución. Los dos primeros permiten la publicación del libro en las dos versiones (papel y digital), mientras que Amazon sólo permite la digital y a través de su tienda. Para ello, es necesario seguir una serie de pasos que aparecen en sus páginas web, fáciles de interpretar.

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Versión digital

Hay que subir un archivo en formato adecuado (normalmente aceptan formatos como Doc, Docx o PDF), crear una portada, describir el libro con aspectos como la sinopsis, título o categoría y, finalmente, elegir el precio de venta, así como seguir las recomendaciones de maquetación y edición de los textos para asegurar su correcta visualización en los diferentes dispositivos de lectura.

El precio de venta lo decides tú mismo. El reparto del beneficio neto es del 80% para el autor y 20% para las plataformas Lulu y Bubok. Mientras, en Amazon existen dos opciones: en la primera el autor gana un 35% del precio de venta; en la segunda, el reparto es de 70% para el autor y 30% para Amazon, una vez descontados los gastos de envío.

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Versión en papel

Sirve el archivo anterior y esto, a veces, es un inconveniente ya que es preferible composiciones diferentes para una y otra versión. En función de su tamaño, Bubok y Lulú calculan el número de páginas y el coste de impresión. Tú tienes que elegir el precio de venta que nunca puede ser inferior al del coste. La diferencia es el beneficio y se reparte en la misma proporción 80-20.

Aplican la fórmula “impresión bajo demanda”, es decir, cuando reciben un pedido, imprimen el número de ejemplares solicitados ─generalmente, uno─ y lo envían por correo garantizado, con lo cual el precio que paga el cliente se dispara. A título orientativo, el coste de imprimir una novela de 300 páginas no baja de 12 euros (en función del tipo de papel). Si tú le añades un beneficio de 2 euros, se pone en 14, con el transporte en torno a los 21, un precio que nos parece excesivo para comprarlo por Internet, aunque tiene la ventaja de que el autor no arriesga nada.

Portada y contraportada

Lulú y Bubok disponen de portadas predeterminadas que tú puedes seleccionar a tu gusto, no así Amazon que no ofrece un panel de plantillas predefinidas. Los tres aceptan portadas personalizadas que tú tienes que diseñar previamente y subirlas en formato .jpg.

Formato de lectura

El cuadro anterior recoge los formatos que cada portal admite para subir el texto: nada que objetar. En cuanto al formato de descarga, Amazon utiliza exclusivamente el Mobi, con lo cual el usuario está obligado a descargarlo en su Kindle, dispositivo que no reconoce otros formatos como ePub o Pdf, o los reconoce con errores. Ésta es una limitación de Amazon.

Servicio de promoción

Las tres plataformas disponen de un servicio de promoción y divulgación de las obras que existen en su catálogo, algunas gratuitas, otras de pago… las más eficaces. Aun y todo, desconfía y no te gastes el dinero en eso.

Al final de todo, el problema es el mismo. Por mucho que tu libro esté incorporado en un montón de escaparates, si no eres conocido, nadie lo va a comprar. Es importante recordar esta idea tan simple, para no llevarte luego un desengaño. Muchos escritores diletantes se desesperan porque no venden ni un ejemplar, a pesar de tener expuesta su novela por doquier.

Primero en la web, luego en papel

Categoría (General, Marketing para vender libros, Publicar un libro) por Manu de Ordoñana el 28-10-2012

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El pasado 23 de octubre, el diario “El País” nos informaba del éxito que ha tenido una escritora debutante, Antonia J. Corrales, con En un rincón del alma, una novela intimista y romántica escrita hace diez años, que colgó en el portal de Amazon el pasado mes de febrero y que, en tan sólo quince días, se convirtió en líder de ventas de esa plataforma, tras el relativo fracaso de su primera publicación en papel con una pequeña editorial (Aladena, 2010, 192 páginas, tapa blanda). A los dos meses, el e-book había superado las 25.000 descargas.

Tal fue el éxito alcanzado que Ediciones B se decidió a editar el libro en papel (Ediciones B, 2102, 208 páginas, tapa blanda). Hoy lo puedes adquirir en Casa del Libro y en Amazon a un precio de 14 euros, con descuentos que varían desde el 5 al 13%. Un camino a seguir: primero triunfar en la web y luego publicar en papel.

Pero ¿cuál ha sido el motivo de este éxito inesperado ─supongo─ en un plazo de tiempo tan breve? En primer lugar, su valor narrativo. Todas las opiniones coinciden en que es fácil de leer, que “engancha” ─otra palabra que se ha puesto de moda─. He aquí las opiniones que han enviado dos lectoras:

Lola Marine: “La autora cuenta una historia sencilla y cotidiana: la de tantas mujeres desengañadas e insatisfechas con su vida que un buen día deciden romper con todo y empezar de nuevo. Destaca la calidad de la prosa, la poesía de sus palabras, con un final que deja un agradable recuerdo”

Elena: “Muy fácil de leer, al comienzo engancha y parece que va a dar más de lo que verdaderamente ofrece. Una historia narrada en primera persona, una vida dura y triste pero que me ha parecido un poco floja. Había leído la sinopsis y los comentarios y esperaba más de lo que finalmente he encontrado, a pesar de que la trama prometía.

Pero la calidad literaria no es suficiente para justificar esa respuesta tan contundente. Algo más habrá tenido que hacer la autora, algo que no cuenta en la entrevista que le hace Rocío García. Dice que es un libro para trayectos breves, ya sea de metro o autobús, de capítulos cortos, justos y precisos, todo para que no canse al lector. Ésa puede ser una pista, se aprecia una cierta tendencia a la brevedad, ideas concentradas, mensajes escuetos, sin adornos.

Otra pista la da Elena, cuando dice que leyó la sinopsis: al parecer le convenció, la trama prometía… pero luego no le gustó tanto, esperaba más de lo que finalmente encontró. Es cierto: tiene gancho. Puedes leerla aquí y sacar conclusiones. No menosprecies este apartado, es lo primero que examina el comprador.

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Otro aspecto que atrae es la portada. Y es curioso, porque la cambia en la edición digital. Aunque el motivo es parecido, el diseño es mucho más seductor, más moderno.

El título también tiene su encanto: “En un rincón del alma”. Probablemente está pensado para predisponer al sexo femenino, lo que indica que ha sabido identificar su público objetivo. La protagonista es el prototipo de mujer que busca su sitio después de la maternidad, en la madurez.

Y, finalmente, el precio. De las dos fórmulas que ofrece Amazon, la autora eligió la de un royalty del 35% para autores independientes y una remuneración muy baja para permitir un precio de descarga de 1,89 €, asequible para cualquier bolsillo. “Quería que se divulgara la historia, necesitaba que llegara a las mujeres para las que está escrita, muy por encima del dinero”, dice la autora con buen criterio. La verdad es que, sin entrar a enjuiciar el contenido, ha madurado muy bien su estrategia de marketing.

Reflexiones antes de autoeditar

Categoría (General, Marketing para vender libros, Publicar un libro) por Manu de Ordoñana el 22-10-2012

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Leía el otro día en una página web en francés que algunos autores ya consagrados prefieren editar su libro ellos mismos que hacerlo a través de una editorial. ¿Cuáles pueden ser las razones que les impulsan a adoptar esta decisión? A mí se me ocurren dos:

La primera es de tipo económico. En España, el porcentaje que un autor recibe de su editor no pasa del diez por ciento. En Francia es más o menos igual. Según un artículo de France-Soir, publicado en su edición digital el 2 de abril de 2012, el importe que el cliente paga  por comprar un libro se distribuye de la forma siguiente:

  • Autor: 10%
  • Editor: 15%
  • Imprenta: 15%
  • Difusión y distribución: 18%
  • Librería: 35%
  • IVA: 7% (en España sería EL 4%)

Al parecer, algunos autores son capaces de saltarse la cadena mediante al autoedición y llegar al cliente sin tener que retribuir a todos los eslabones, con objeto de incrementar su margen de beneficio hasta rebasar incluso el 50%.

La segunda es de tipo comercial o de marketing. Se dan cuenta que las editoriales no tienen capacidad o no dedican recursos suficientes a la divulgación del libro. Las librerías han perdido esa función de aconsejar al comprador indeciso, el dependiente no conoce el producto y no tiene tiempo, como en un supermercado. Al final, el libro permanecerá una semana en la mesa de novedades y, si no vende mucho, al cabo de ese tiempo desaparece de allí para ir a morir al sótano, en el que descansará para siempre en un anaquel, hasta que el negocio cierre.

La pregunta que se hace un escritor diletante es la siguiente: Si el editor no es capaz de promocionar mi libro, de darle visibilidad, ¿para qué necesito su intermediación? Si soy yo el que tiene que cumplir esa  misión ─la más difícil, la única importante─, pues lo hago todo yo. Asumo un riesgo, es cierto, pero también subo el margen que obtengo por cada libro vendido.

La autoedición puede realizarse de dos formas no excluyentes: la tradicional en papel y la electrónica. Tú puedes lanzar una versión digital y situarla en los diferentes portales virtuales que existen en el mercado sin gastar apenas dinero, ya sea el kindle de Amazon, el Nook Book de Noble &Barnes o a través de Google Books, además de Bubok para el mercado en castellano. Algunos autores han llegado a obtener más de un millón de descargas por esta vía y se han hecho millonarios. Y más tarde, en función del resultado, tienes tiempo para autoeditar en papel, siempre es agradable acariciar tu pequeña obra de arte.

Piensa que el margen que te queda es siempre superior al 50%, con lo cual, si el precio es de tres euros, a tí te corresponde 1,50 euros, más o menos lo mismo que te pagaría la editorial por la versión impresa. La ventaja es que el público está mejor dispuesto a pagar 3 euros para su e-reader que 15 para un libro en papel, al menos ésa es la tendencia, aunque es verdad que el éxito inicial del e-book se ha estabilizado y su crecimiento no ha mantenido esa línea ascendente que los gurús vaticinaban. Eso es lo que se ha visto en la última Feria de Francfurt.

Si te decides por la autoedición, tienes que asumir la tarea de promocionar tu obra y tu imagen como escritor, esto es lo que más asusta a la mayoría. La web enviedecrire.com en francés publicó un artículo que te puede interesar, titulado “cómo promocionar tu libro autoeditado”, en el que propone siete consejos, cuyos titulares expongo a continuación traducidos al castellano:

  1. Habla de tu libro a la prensa tan pronto como puedas.
  2. Solicita críticas literarias de tu libro.
  3. Pide ayuda a tus familiares y a tus amigos.
  4. Distribuye folletos y tarjetas de visita.
  5. Participa en ferias de libros.
  6. Constituye una red de seguidores en cascada.
  7. Mantén relación con librerías independientes y bibliotecas.

Son recetas conocidas no siempre al alcance de un escritor diletante. En mi opinión, la más efectiva es la sexta. Tienes a tu servicio las redes sociales y el marketing digital, buceas en ellos, ahí está la solución.

Concursos literarios menos reputados

Categoría (General, Marketing para vender libros, Publicar un libro) por Manu de Ordoñana el 11-10-2012

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A muchos autores diletantes, cuando han terminado de escribir su primera novela,  lo primero que se les ocurre es presentarla a un concurso literario. A menudo recibo en esta página consultas sobre cuáles son los mejores o cuáles los que más se adecuan a la obra que han escrito. Mi respuesta es darles la dirección de cuatro o cinco páginas webs que tratan sobre el tema o consultar el libro de Dolores Jiménez Morato que edita Fuentetaja Literaria cada dos años: “Guía de Premios y Concursos literarios en España 2011-2012”, probablemente lo encontrarán en la biblioteca pública de su barrio.

No oculto que mi confianza en eso de los concursos literarios es limitada, al menos, en los que gozan de prestigio. No voy a decir que estén amañados, porque eso no es cierto, aunque es verdad que los grandes, los que dan renombre o tienen un premio sustancial, sí que parece estar, cuando menos, dirigidos. La prueba es que, en la mayoría de los casos, el ganador es un escritor célebre, rara vez un principiante.

El pasado 15 de septiembre, Manuel Rodríguez Rivero, editor, crítico y ensayista, publicaba un artículo en El País titulado “¿Pero hubo alguna vez un premio honrado?”, en el que manifestaba la opinión que le merecen ese tipo de concursos: “Con escasas (y notables) excepciones, el premio literario honrado es el que todavía no ha sido concedido”. Nadie se escandaliza cuando, en la ceremonia de entrega, el representante del jurado anuncia que “abierta la plica, el ganador resultó ser…”, para, acto seguido, pronunciar un nombre que, entre bambalinas, todo el mundo conocía unas semanas antes: un juego de cinismo imbécil que el público acepta y la prensa consiente.

El escritor madrileño se muestra partidario de premiar obras ya publicadas que se han enfrentado al veredicto de la crítica y de los lectores ─como el Goncourt y el Booker─ entre otros, en lugar de textos inéditos, requisito que exigen la mayoría de los concursos que se convocan en España. La razón es clara: las cláusulas que el concursante ha de aceptar para que le admitan su libro son leoninas, la cesión de todos los derechos, absolutamente todos, con carácter universal, tanto en papel como en digital y hasta el fin de los tiempos, a cambio de un porcentaje módico sobre el valor de las ventas que nunca sobrepasa el diez por ciento (como muestra, mira las condiciones que estipula el Premio Nadal, incluso con una dotación tan pobre como 18.000 euros).

Sin embargo, existen numerosos concursos de segundo nivel, cuyo desarrollo se presume más limpio. No otorgan fama, porque no tienen cartel en los medios de comunicación, ni tampoco dinero, porque están mal dotados. Pero tienen la virtud de reconocer el talento del escritor que lo ha obtenido. El simple hecho de enumerar en la solapa de tu libro la relación de premios que has conseguido es una buena carta de recomendación que el comprador valora cuando lo hojea en la estantería. Es un mérito añadido que no debes ignorar a la hora de establecer el Plan de Marketing para vender tu libro.

 

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