Vender tu ebook en Internet

Categoría (El libro digital, General, Marketing para vender libros) por Manu de Ordoñana el 30-11-2012

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A consecuencia del último artículo “Formatos de lectura digital”, un par de escritores diletantes que han optado por la autoedición han dejado ver su confusión ante la profusión de formatos de lectura ─y eso que sólo se han descrito los más populares─ que existen para los dispositivos de lectura que se venden en el mercado y preguntan qué tiene que hacer si quieren subir su libro a la red.

Si decides utilizar alguna de las plataformas que ofrecen su servicio para la venta en formato digital ─en España, las más populares son Amazon, Bubok y Lulu─, no tienes porque preocuparte. Sigue las instrucciones de su guía que te pedirá el formato que le conviene, probablemente Word o Pdf. El sistema se encargará de hacer la conversión de tu libro al formato propio que mejor se adapta al software desarrollado por la plataforma en cuestión. Si, por ejemplo, quieres colgar tu libro en la biblioteca de Amazon, tú envías el texto de tu novela con extensión .doc, .txt o .html y Amazon lo reconvierte a .mobi o .azw antes de subirlo a la nube.

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El problema viene si quieres colgar tu libro en un portal no especializado que no dispone de ese servicio de conversión, por ejemplo, creando una tienda en tu propia página web. A ese respecto, cada vez es más frecuente observar cómo los propios escritores se atreven a ofrecer la venta de su obra en su blog, mediante un botón situado en lugar preferente que da entrada a un formulario a rellenar para comprar el libro impreso o descargarlo a su ordenador.

En este último caso, es cuando hay que decidir en qué formato se presenta el texto, para que el lector que lo ha bajado no tenga problemas de incompatibilidad con su e-reader. El cuadro que adjuntamos en el artículo anterior nos indica que .txt, .html, pdf y pub son formatos soportados por todos los constructores. Sin embargo, los dos primeros no son adecuados para la lectura electrónica. Pdf  sí lo es, pero tiene el inconveniente de ser fijo y no permitir la repaginación, lo que muchas veces no es impedimento, razón por la cual muchos lo recomiendan por lo cómodo que resulta su lectura.

Finalmente, ePub es el formato universal que se adapta perfectamente a todos los dispositivos ─salvo el Kindle de Amazon─, incluso tablets y teléfonos inteligentes. Es un formato libre de código abierto que ha tenido un gran éxito y parece destinado a ser el estándar por todos admitido. El único disidente es Amazon y lo hace porque la mayoría de los ebooks de su librería están protegidos por DRM ─que ePub no tolera─, es decir, los libros que un usuario de Kindle compra en Internet tienen extensión .mobi o .azw y no es posible cambiarla para ser leídos en otros dispositivos.

La experiencia nos dice que la mayoría de los usuarios de lectores digitales prefieren no hacer conversiones y descargar el ebook que han comprado en el formato adecuado al dispositivo que poseen. Por esa razón, es conveniente ofrecer el producto en varios formatos, como mínimo en Pdf, ePub y Mobi, para lo cual disponemos en la red de numerosas herramientas, entre las cuales, destacamos:

  • PDF Creator. Software libre de Adobe System que permite transformar .doc en .pdf.
  • Biblioteca Calibre. Software libre de código abierto que permite transformar entre sí la mayoría de los formatos utilizados para la lectura digital. No admite convertir directamente de Word a ePub, para lo cual se recomienda hacerlo en dos pasos: de .doc a .odt y luego de .odt a .epub.
  • QualityEpub. Software gratuito para Windows que permite crear un fichero .mobi o .azw a partir de cualquier documento de Microsoft Word
  • Amazon Kindlegen. Software gratuito de Amazon para Windows, Linux y Mac que permite crear un .mobi a partir de un .epub o un .opf.
  • Mobipocket Creator. Software gratuito Amazon para Windows que permite crear un .mobi a partir de un .doc.

Y si quieres completar la faena, puedes incluir también los formatos ibooks para el Ipad, fb2 para el Papyre y BBeB para el Sony Reader. Encontrarás varios enlaces en la web para hacer la conversión.

 

Primero en la web, luego en papel

Categoría (General, Marketing para vender libros, Publicar un libro) por Manu de Ordoñana el 28-10-2012

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El pasado 23 de octubre, el diario “El País” nos informaba del éxito que ha tenido una escritora debutante, Antonia J. Corrales, con En un rincón del alma, una novela intimista y romántica escrita hace diez años, que colgó en el portal de Amazon el pasado mes de febrero y que, en tan sólo quince días, se convirtió en líder de ventas de esa plataforma, tras el relativo fracaso de su primera publicación en papel con una pequeña editorial (Aladena, 2010, 192 páginas, tapa blanda). A los dos meses, el e-book había superado las 25.000 descargas.

Tal fue el éxito alcanzado que Ediciones B se decidió a editar el libro en papel (Ediciones B, 2102, 208 páginas, tapa blanda). Hoy lo puedes adquirir en Casa del Libro y en Amazon a un precio de 14 euros, con descuentos que varían desde el 5 al 13%. Un camino a seguir: primero triunfar en la web y luego publicar en papel.

Pero ¿cuál ha sido el motivo de este éxito inesperado ─supongo─ en un plazo de tiempo tan breve? En primer lugar, su valor narrativo. Todas las opiniones coinciden en que es fácil de leer, que “engancha” ─otra palabra que se ha puesto de moda─. He aquí las opiniones que han enviado dos lectoras:

Lola Marine: “La autora cuenta una historia sencilla y cotidiana: la de tantas mujeres desengañadas e insatisfechas con su vida que un buen día deciden romper con todo y empezar de nuevo. Destaca la calidad de la prosa, la poesía de sus palabras, con un final que deja un agradable recuerdo”

Elena: “Muy fácil de leer, al comienzo engancha y parece que va a dar más de lo que verdaderamente ofrece. Una historia narrada en primera persona, una vida dura y triste pero que me ha parecido un poco floja. Había leído la sinopsis y los comentarios y esperaba más de lo que finalmente he encontrado, a pesar de que la trama prometía.

Pero la calidad literaria no es suficiente para justificar esa respuesta tan contundente. Algo más habrá tenido que hacer la autora, algo que no cuenta en la entrevista que le hace Rocío García. Dice que es un libro para trayectos breves, ya sea de metro o autobús, de capítulos cortos, justos y precisos, todo para que no canse al lector. Ésa puede ser una pista, se aprecia una cierta tendencia a la brevedad, ideas concentradas, mensajes escuetos, sin adornos.

Otra pista la da Elena, cuando dice que leyó la sinopsis: al parecer le convenció, la trama prometía… pero luego no le gustó tanto, esperaba más de lo que finalmente encontró. Es cierto: tiene gancho. Puedes leerla aquí y sacar conclusiones. No menosprecies este apartado, es lo primero que examina el comprador.

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Otro aspecto que atrae es la portada. Y es curioso, porque la cambia en la edición digital. Aunque el motivo es parecido, el diseño es mucho más seductor, más moderno.

El título también tiene su encanto: “En un rincón del alma”. Probablemente está pensado para predisponer al sexo femenino, lo que indica que ha sabido identificar su público objetivo. La protagonista es el prototipo de mujer que busca su sitio después de la maternidad, en la madurez.

Y, finalmente, el precio. De las dos fórmulas que ofrece Amazon, la autora eligió la de un royalty del 35% para autores independientes y una remuneración muy baja para permitir un precio de descarga de 1,89 €, asequible para cualquier bolsillo. “Quería que se divulgara la historia, necesitaba que llegara a las mujeres para las que está escrita, muy por encima del dinero”, dice la autora con buen criterio. La verdad es que, sin entrar a enjuiciar el contenido, ha madurado muy bien su estrategia de marketing.

Concursos literarios menos reputados

Categoría (General, Marketing para vender libros, Publicar un libro) por Manu de Ordoñana el 11-10-2012

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A muchos autores diletantes, cuando han terminado de escribir su primera novela,  lo primero que se les ocurre es presentarla a un concurso literario. A menudo recibo en esta página consultas sobre cuáles son los mejores o cuáles los que más se adecuan a la obra que han escrito. Mi respuesta es darles la dirección de cuatro o cinco páginas webs que tratan sobre el tema o consultar el libro de Dolores Jiménez Morato que edita Fuentetaja Literaria cada dos años: “Guía de Premios y Concursos literarios en España 2011-2012”, probablemente lo encontrarán en la biblioteca pública de su barrio.

No oculto que mi confianza en eso de los concursos literarios es limitada, al menos, en los que gozan de prestigio. No voy a decir que estén amañados, porque eso no es cierto, aunque es verdad que los grandes, los que dan renombre o tienen un premio sustancial, sí que parece estar, cuando menos, dirigidos. La prueba es que, en la mayoría de los casos, el ganador es un escritor célebre, rara vez un principiante.

El pasado 15 de septiembre, Manuel Rodríguez Rivero, editor, crítico y ensayista, publicaba un artículo en El País titulado “¿Pero hubo alguna vez un premio honrado?”, en el que manifestaba la opinión que le merecen ese tipo de concursos: “Con escasas (y notables) excepciones, el premio literario honrado es el que todavía no ha sido concedido”. Nadie se escandaliza cuando, en la ceremonia de entrega, el representante del jurado anuncia que “abierta la plica, el ganador resultó ser…”, para, acto seguido, pronunciar un nombre que, entre bambalinas, todo el mundo conocía unas semanas antes: un juego de cinismo imbécil que el público acepta y la prensa consiente.

El escritor madrileño se muestra partidario de premiar obras ya publicadas que se han enfrentado al veredicto de la crítica y de los lectores ─como el Goncourt y el Booker─ entre otros, en lugar de textos inéditos, requisito que exigen la mayoría de los concursos que se convocan en España. La razón es clara: las cláusulas que el concursante ha de aceptar para que le admitan su libro son leoninas, la cesión de todos los derechos, absolutamente todos, con carácter universal, tanto en papel como en digital y hasta el fin de los tiempos, a cambio de un porcentaje módico sobre el valor de las ventas que nunca sobrepasa el diez por ciento (como muestra, mira las condiciones que estipula el Premio Nadal, incluso con una dotación tan pobre como 18.000 euros).

Sin embargo, existen numerosos concursos de segundo nivel, cuyo desarrollo se presume más limpio. No otorgan fama, porque no tienen cartel en los medios de comunicación, ni tampoco dinero, porque están mal dotados. Pero tienen la virtud de reconocer el talento del escritor que lo ha obtenido. El simple hecho de enumerar en la solapa de tu libro la relación de premios que has conseguido es una buena carta de recomendación que el comprador valora cuando lo hojea en la estantería. Es un mérito añadido que no debes ignorar a la hora de establecer el Plan de Marketing para vender tu libro.

 

Mikel Alvira publica una nueva novela

Categoría (Estafeta literaria, General) por Manu de Ordoñana el 30-09-2012

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Mikel Alvira acaba de publicar su decima novela, El mar que te debía ─amén de otros relatos cortos y obras poéticas─, en la que el autor utiliza la historia reciente de nuestro país como pretexto para suscitar emoción, creando una novela intensa y rápida con sorpresa final.

Mikel Alvira

Sinopsis

Durante las vacaciones de Semana Santa, Virginia y su hija adolescente viajan en autocaravana desde Hondarribia hasta Saint Henri, un pueblo costero de Las Landas. Allí se topan con un coro de fascinantes personajes marcados todos ellos por los recuerdos: dos ancianos que comparten un secreto, un médico enredado en una relación extramatrimonial, los miembros de una cédula de extrema derecha, una antigua militante independentista, una joven florista enamorada y un audaz surfista indignado, entre otros. Madre e hija llevarán al lector a transitar el intenso mundo de las relaciones personales, con sus miedos e ilusiones.

El autor

Mikel Alvira (Pamplona-Iruñea, 1969) es un prolífico escritor de gran inquietud creativa y continua reflexión, tanto en prosa como en poesía. Si en El Silencio de las Hayas y en Cuarenta días de mayo ahondaba en la condición humana, en Llegará la lluvia abordaba las relaciones personales, algo que, sin estridencias y con gran sensibilidad, también desarrolla en El mar que te debía.

El libro ya está a la venta en las principales librerías de la zona Norte (País Vasco, Cantabria, Navarra, La Rioja), en Madrid y en Barcelona, así como en Málaga, Granada, Cádiz, Almería, Valencia y Burgos. Poco a poco, irá llegando al resto de España y, más tarde, a América Latina. El libro está también a la venta en Internet y pronto aparecerá la versión digital.

Reconvertir la industria editorial

Categoría (El mundo del libro, General) por Manu de Ordoñana el 26-09-2012

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El pasado fin de semana se celebró en la isla de Mallorca la quinta edición de las tradicionales Conversaciones Literarias de Formentor, que fue inaugurado por Ignacio Polanco con unas bellas palabras: “Tiempo, silencio y espacio, vindicó el presidente dela Fundación Santillana, celebrando la vieja tradición de leer y escribir, la inventiva, el recuerdo y la palabra que se plasma en los libros que nos ayudarán a ser más inteligentes, más tolerantes y más curiosos”.

Como era de esperar, las conversaciones se iniciaron con un panel de editores, distribuidores y libreros que describieron los graves daños que la crisis está causando a la industria cultural. Recalcaron la caída de ventas y, a la vez, abrieron las incógnitas que plantea la creciente competencia del libro electrónico, que ha multiplicado por nueve sus ventas, mientras que la penetración del libro tradicional ha caído hasta un 22%.

“Es una situación de extrema gravedad para la industria que afecta a toda la cadena de valor del libro. El futuro está aquí, ahora, bienvenido el futuro”, diagnosticó Pilar Reyes, directora de editorial Alfaguara, que coincidió con otras voces editoriales al señalar la amenaza cultural que representa la hegemonía de los mayoristas de la red. “Amazoon, Google o Apple dictan las reglas y manejan el mercado, a veces hasta la censura de alguna obra electrónica por palabras inapropiadas”, acusó Sigrid Kraus, editora de Salamandra.

Un centenar largo de gente ligada a la creación, la industria y el comercio del libro ─y bastantes lectores─ debatieron sobre el rol del libro, la cadena industrial y la necesidad de reinventar el sector para sobrevivir en un escenario en el que las tiradas van a seguir reduciéndose, lo mismo que el número de títulos, a pesar de cada día aparecen más escritores noveles que quieren publicar.

Diana Hernández, editora de Blackie Books, recién llegada de la piscina, constató que entre los bañistas vio seis personas con libros tradicionales en las manos y tan sólo uno con libro electrónico. Es cierto que el soporte digital está entrando poco a poco, a una velocidad sensiblemente inferior a lo que habían previsto algunos “gurús”. Eso es una buena noticia, hay tiempo para reorganizar el negocio, pero hay que hacerlo.

No es fácil hacer predicciones a largo plazo, pero tampoco hay que cerrar los ojos. El ebook terminará por imponerse, lo que nadie sabe es cuándo. Es posible que tarde diez años, aunque yo creo que el plazo será más largo, quizá veinte o treinta. La gente joven ─la infancia mucho más─ piensa en código binario, ellos son los consumidores del futuro y verán el libro en papel como una antigualla de colección o para exhibir en el museo.

A pesar de los avances tecnológicos, el e-reader no ha hecho más que empezar. Hay que presumir que, en media docena de años, su diseño mejorará notablemente, quizá se unifiquen los formatos de lectura y aparezcan soportes más flexibles, baterías intercambiables o de muy larga duración, así como la intermodalidad con lo audio visual. Aunque el precio ya es asequible, hay que esperar a que todavía baje, y sobre todo, que descargar un título no cueste más de tres euros.

Los expertos están cada vez más convencidos de que, en un tiempo no muy lejano, los libros no se adquirirán de forma individual, sino que primará el servicio de préstamos mediante suscripción: el Spotify de libros, un modelo que está triunfando en el segmento musical. Por una módica cantidad ─pongamos que diez euros al mes─ tendrás derecho a bajarte cualquier libro del mercado y a disfrutar de él durante un periodo, algo parecido a lo que ofrecen hoy en día las bibliotecas públicas, pero desde Internet y sobre un dispositivo electrónico de última generación.

Todo ello a expensas de solucionar el problema de la propiedad intelectual, problema que sin duda se resolverá, no a gusto de todos, pero sí del autor, que no verá mermados sus ingresos para seguir creando, al final eso es lo que importa. El gran perjudicado será el editor y la cadena de distribución… lo siento, toca reconversión.

La motivación del escritor

Categoría (General, Taller literario) por Manu de Ordoñana el 13-09-2012

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A menudo me encuentro con viejos compañeros a los que no he visto hace tiempo y, claro, después de intercambiar nuestros achaques, la conversación deriva hacia cómo llevamos mutuamente la jubilación. Cuando les cuento que, desde que me retiré de la vida laboral, me dedico a escribir, son muchos los que comentan lo mismo: ¡Cuánto me gustaría escribir a mí también! El problema es que me da pereza, no sé cómo empezar, me va a salir un churro… aunque, la verdad, siempre se me ha dado bien eso de escribir, reconocen poniendo cara de buenos.

Yo los animo siempre de la misma forma. Empieza por redactar cosas sencillas, cuentos cortos, de una página. Por ejemplo, coge el periódico por la mañana, elige un titular atractivo y léelo despacio. A continuación, siéntate ante tu ordenador y suponte que eres tú el reportero que tiene que dar la noticia. Escribe una página, bien reproduciendo lo que has leído previamente, bien modificando el suceso al dictado de tu imaginación. Read the rest of this entry »

El IVA cultural en Europa

Categoría (El mundo del libro, General) por Manu de Ordoñana el 01-09-2012

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Hace unos días, la Unión de Asociaciones Empresariales de la Industria Cultural Española solicitó al gobierno español que retrasara seis meses la aplicación de la subida del IVA del 8 al 21%, que se comenzará a aplicar a partir de este uno de septiembre, alegando que ese incremento de trece puntos sobre el precio de los espectáculos culturales como el cine, el teatro, el circo y los conciertos asestará el golpe de gracia definitivo al sector, sin que sirva para que Hacienda recaude más dinero

Un estudio realizado por una empresa de servicios independiente afirma que la recaudación de Hacienda en los cines descenderá casi diez millones de euros con un IVA del 21%. Y, lo que es más grave, obligará a cerrar 859 salas (el 21% de las 4.044 registradas en 2011). El tipo de IVA que se pretende aplicar a partir del uno de septiembre será uno de los más altos de la zona euro, muy por encima de la media (un 10,1%).

Llegado a este punto, no estaría mal hacer un pequeño repaso a cómo está la situación en Europa. Como ocurre a menudo, los números cambian los conceptos:

IVA cultural en Europa

País

IVA cultural  %

Precio de una   entrada de cine

PIB

PPA

Alemania

7

7,90

31.400

30.100

España

21

6,60

23.300

26.500

Francia

7

10

30.600

28.800

Italia

10

8

26.000

26.200

Irlanda

9

10-11

34.900

36.300

Portugal

13

6-7

16.000

18.500

Reino Unido

20

8-10

27.700

27.600

El precio de una entrada de cine en España es hoy uno de los más bajos de Europa, a pesar de que ha crecido un 36% desde 2004, un 17% más que el IPC. Con el nuevo IVA, ese precio subirá de 6,8 a 7,4 euros, si las empresas lo repercuten íntegramente al consumidor y, si lo hacen al 50%, se quedará en torno a los siete euros. ¿Ustedes creen que eso es una catástrofe tan grande como para producir la pérdida de 43 millones de espectadores y la destrucción de 4.500 empleos directos? ¿Ustedes creen que por 40 o 80 centavos, la gente va a dejar de ir al cine? Me extrañaría.

A mí me parece que el problema es otro muy diferente: el sector cinematográfico está en declive, el público ha perdido la afición, prefiere otros soportes para la visión y, sobre todo, la calidad de las producciones deja mucho que desear. Según se desprende del Anuario de la SGAE, los españoles compraron 98 millones de entradas de cine en 2011, lo que quiere decir que cada ciudadano de este país ha ido al cine dos veces durante al año pasado. ¿Cuál es pues el problema? Habrá algo más que el IVA, ¿no? A este enfermo no hay quien lo cure.

En muchas ciudades europeas, por menos de veinte euros al mes, puedes comprar un abono para ver todas las películas que quieras cualquier día de la semana y a cualquier hora, sean de estreno o no. Así consiguen que vaya más gente al cine y, sobre todo, crear hábito, un objetivo que los profesionales del marketing tienen siempre presente a la hora de diseñar sus campañas a largo a plazo. Aquí la única promoción que se hace es el “día del espectador”, un descuento del diez por ciento una vez cada semana. ¡Qué poca imaginación!

En cualquier caso, es verdad que la medida que ha tomado el gobierno es inapropiada y no va a solucionar ningún problema. Si la asistencia al cine se mantiene ─es previsible un descenso, sobre todo por la situación económica─, ese incremento del IVA apenas le va a suponer unos ingresos suplementarios de unos 100 millones de euros, una cantidad ridícula para la magnitud del problema. Pero es que además, de esa cantidad, tendrá que detraer más de un 50% para pagar durante dos años a esos 4.000 trabajadores que van a perder su empleo y a compensar la pérdida de ingresos por el IRPF y las cuotas de la Seguridad Social. Todo un negocio.

 

¿Debe el Estado subvenir la cultura?

Categoría (El mundo del libro, General) por Manu de Ordoñana el 20-08-2012

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Admitamos que la cultura, en su concepción restringida al mundo de las Artes y las Letras, es un bien público y, si bien no es una necesidad básica como la bolsa de la compra, sí lo es para la formación de valores cívicos que protegen la convivencia. Y si es un bien público, es un mercado imperfecto en el que la creación no patrocinada difícilmente alcanzaría la cantidad óptima que reclama la sociedad, con lo cual estaríamos justificando la intervención del Estado.

El problema que se plantea a continuación es hasta dónde tiene que llegar esa implicación. Si el Estado tiene la misión de distribuir la riqueza a través de una política fiscal justa, en este campo, el resultado está pervertido, ya que la política cultural se financia con los impuestos de todos los ciudadanos y se invierte en ofrecer un servicio a los segmentos más acomodados de la población, que son los que consumen este tipo de productos. No creo yo que sean muchos los pobres que compren libros, que vayan al teatro o que visiten un museo…

Por otro lado, si es el artista recibe un salario del Estado ─o buena parte de su remuneración─ estará inclinado a protegerlo, a adularlo, a no contrariarlo, lo que llega a producir una fauna de creadores subvencionados cuyo talento es inversamente proporcional al de los favores que recibe. Son ellos, los privilegiados del sistema, los que ahora ponen el grito en el cielo ─les recomiendo que lean este artículo titulado “Un grito #por la cultura”─, para que papá-Estado los siga protegiendo, como si eso fuera un derecho natural.

Porque la injerencia del Estado en la producción cultural conduce al proteccionismo. Cuando la libre competencia no funciona con normalidad, los creadores noveles tienen grandes dificultades para hacerse un hueco, el mercado es de los consagrados. Los artistas no son tontos, saben que la tarta tiene un tamaño y hacen lo imposible para impedir que los nuevos participen en el reparto. No quiero entrar aquí a indagar los privilegios que seguramente tienen esos grupos de “divinos” que se han organizado en corporaciones cerradas para la defensa de sus intereses… y no quiero entrar porque no los conozco, sólo los imagino en un país como éste. Pero a uno le llega todavía el recuerdo de lo que ocurrió con la SGAE…

El patrocinio del Estado es también un medio de propaganda: el que paga, manda. La política cultural tiende a convertir a los artistas en servidores de la clase política, a favorecer el patriotismo, a alimentar un cierto modelo de nacionalismo que intenta proteger la producción de sus adeptos, en detrimento de la libertad del creador. Ésta es una tendencia que se observa con nitidez en el campo de la educación. Los programas escolares están sitiados por el pensamiento único, poniendo en cuestión el futuro del individuo frente al Estado-Nación. Ya veis lo que al final ha pasado con la asignatura de “Educación para la Ciudadanía”.

La cultura es un patrimonio del hombre individual. El objetivo de la educación tendría que ser la promoción de esa autonomía individual, una formación liberal al servicio de las artes y las letras. Éste debería ser el meollo de la política cultural de un país, subvenir la formación de artistas, la promoción de actividades que hagan surgir el máximo número de creadores, asegurar esa infraestructura que lo permita, en lugar de financiar realizaciones concretas ─salvo excepciones, claro─ y favorecer a los capitalistas que arriesgan su dinero. Ellos están para ganarlo, y también para perderlo, si lo hacen mal.

La libertad de expresión es la que de verdad genera las obras de arte ─también salvo excepciones, claro─, la que abre la puerta a nuevas tendencias, la que da rienda suelta al talento, a la espontaneidad, al advenimiento del genio, y también, probablemente, la irrupción de los mecenas privados ávidos de financiar la infinita variedad de gustos personales que jamás el Estado sería capaz de descubrir, menos de satisfacer.

¿Qué es la cultura?

Categoría (El mundo del libro, General) por Manu de Ordoñana el 14-08-2012

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En el uso cotidiano, la palabra «cultura» se emplea para dos conceptos diferentes, dice Wikipedia en un artículo bien organizado:

  • Excelencia en el gusto por las bellas artes y las humanidades, también conocida como alta cultura.
  • Los conjuntos de saberes, creencias y pautas de conducta de un grupo social, incluyendo los medios materiales (tecnologías) que usan sus miembros para comunicarse entre sí y resolver sus necesidades de todo tipo.

Por abuso de la lengua, la primera interpretación está más arraigada en el sentir popular. Y sin embargo, la segunda es más propia: un conjunto de formas de pensar, de actuar y de comunicarse que son comunes a la mayoría de las personas que forman parte de un colectivo, y que se manifiestan a través de los valores, las tradiciones y las creencias.

Así entendida la cultura, nadie pone en duda la responsabilidad que recae sobre el sector público de velar por su desarrollo, por su papel dinamizador en la creación de bienestar y, al mismo tiempo, por el potencial que posee para acelerar el crecimiento económico. En España, la industria cultural representa el 3,2% del PIB y da empleo a cerca de 500.000 trabajadores, amén de impulsar otras materias como la educación, el turismo, la industria manufacturera o la investigación.

En ese sentido, el Estado tendría la obligación de invertir en actividades con capacidad para generar riqueza, no para subvencionar la producción artística, sino para dotar la infraestructura cultural. Estoy tratando de defender el rol del Estado como responsable de proveer a la sociedad el fundamento que active la producción, no que sea él el creador ─léase promotor mediante ayuda directa─, ya que esa función debe corresponder a la iniciativa privada. O dicho de otro modo, que la Administración no se meta nunca a empresario.

Si se trata del acervo artístico, debe ser el gobierno quien financie su conservación y dejar a la industria que disfrute de los beneficios. España es el segundo país ─después de Italia─ que cuenta con más lugares y monumentos declarado Patrimonio dela Humanidad. Con ese bagaje, el presupuesto que haría falta para mejorar el rendimiento económico sería muy bajo en comparación con los resultados que cabría esperar.

Lo mismo ocurre con la lengua. La riqueza idiomática del castellano y el número de usuarios le otorgan una posición privilegiada que el Estado debe proteger y extender a través de actuaciones culturales que propaguen sus virtudes, con un coste poco elevado. Muchas empresas pueden beneficiarse de esta ventaja competitiva para mejorar su posición vía internacionalización.

Al final, sólo hace falta un poco de capacidad intelectual para discernir cuáles son las inversiones que, con menos dinero, producen rendimientos más altos. La cultura es una de ellas, otra es la educación y otra es la investigación y el desarrollo. Sobre estas tres disciplinas, nunca hay que meter la tijera, todo lo contrario. Claro que el resultado no es inmediato y si algo caracteriza a nuestros políticos es su poca visión a largo plazo.

Con los principios que hemos manejado en este artículo, no es difícil colegir cuál va a ser el criterio que vamos a defender sobre el modelo de financiación que el Estado debería de aplicar a la promoción de la cultura, en su concepción restringida al mundo de las Artes y las Letras. Será en el próximo.

El declive de la novela

Categoría (El libro digital, Estafeta literaria, General) por Manu de Ordoñana el 28-07-2012

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No hay duda de que la industria editorial está pasando por un mal momento, la caída de las ventas, la irrupción de las multinacionales, la transformación de lo analógico a lo digital y, encima, la crisis económica que duele al bolsillo del lector. Sí, eso hay que comprenderlo, aunque todo esto no le exime de su culpa, los editores no han sabido adaptarse a los nuevos tiempos, los más débiles están ya condenados, los más fuertes aguantan como pueden.

Pero no sólo hay que culpar al sector empresarial, también la tienen los escritores. El talento no ha mejorado, el estilo narrativo es el mismo, la inventiva está por los suelos, el artista está desmotivado, no siente el aliento de la innovación. Los autores tendrían que recuperar la ilusión, la novela tendría que renovarse, adentrarse en caminos nuevos. Hay muchas formas de hacerlo, sólo falta la ilusión… y el apoyo de editores audaces capaces de comprometerse, de liderar ese cambio.

Unos son optimistas, piensan que la novela pervivirá, resurgirá con nuevos bríos, aunque no saben cuándo. Javier Rodríguez Marcos se pregunta hoy en el suplemento Babelia de “El País”: ¿Tiene futuro la novela? José Carlos Mainar le contesta: “Ha funcionado durante más de doscientos años, no tenemos por qué dudar de que lo siga haciendo”. Lo mismo responde Goytisolo: “No es un cataclismo, sino una evolución, no hay causas internas, es un cambio de hábitos sociales”.

La novela es un género que se ha ido transformando desde su nacimiento, allá por los inicios del siglo XIX, para solaz de una burguesía naciente al principio, hasta llegar más tarde a todos los niveles de la sociedad. El problema es que el ser mutante ha sido el lector, y no siempre el autor ha seguido sus pasos. Ésa es cuestión: ¿Debe el escritor olvidarse de su público y alumbrar su pensamiento o tiene que halagarlo y servirle  lo que él quiere recibir?

Ahora están de moda las tramas fluidas, personajes exóticos al borde del precipicio, pasiones al límite, mucho diálogo, descripciones breves y finales angustiosos. El lector perezoso se inclina por comprar ese tipo de novelas, de las que se dice que “enganchan”, pero de dudoso valor literario; son además las que gozan de un mayor empuje publicitario; son la esperanza de la industria editorial, la aparición de dos o tres best-seller al año les ayuda a salvar el ejercicio. ¿Es eso lo que tiene que hacer un escritor comprometido? Que cada uno escoja su camino.

Es cierto que, si el futuro es lo digital, la lectura de un libro dejará de ser una actividad solitaria para convertirse en un  acto social, será interactiva. Compartir la experiencia nos ayudará a descubrir libros afines, los que gustan a la mayoría. El papel del prescriptor, del editor tradicional, del crítico literario tenderá a desaparecer, lo que privará será el boca a boca, la mediocridad, el implante del no esfuerzo. Si esto es así, no cabe duda de que muchos escritores se van a quedar fuera del pastel.

La novela ha perdido influencia como vehículo para transmitir la cultura, las series de televisión han mejorado su técnica narrativa y llegan más fácilmente al gran público, que no quiere libros muy trabajados, sino historias entretenidas. La novela ha descuidado su contenido intelectual, la literatura ha dejado de ser el motor que proporciona movimiento al cambio social, se ha retirado al cubil de las élites: “A diferencia de lo que suele pensarse, la novela es un género de minorías, las mayorías prefieren el mundo de la realidad tangible, el del espacio privativo de la imagen” (Vargas Llosa).

Y mientras tanto, la gente ha dejado de pensar: las teorías neoliberales avanzan, las libertades democráticas retroceden y los políticos se frotan las manos, nadie los quiere pero ellos siguen disponiendo.

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