Narrador interno. Monólogo
El monólogo interior se caracteriza por una fusión de formas de expresión y un amplio abanico de temas que el personaje presenta en forma de pensamientos, opiniones, reflexiones, frases en estilo directo, indirecto…
El monólogo interior se caracteriza por una fusión de formas de expresión y un amplio abanico de temas que el personaje presenta en forma de pensamientos, opiniones, reflexiones, frases en estilo directo, indirecto…
La revisión y modificación que la editorial londinense Puffin —apéndice de Penguin Random House— está llevando a cabo en la obra de Roald Dahl, 30 años después de su muerte, con el fin de proteger la sensibilidad del lector, ha producido una fuerte polémica entre los defensores de la medida y los que abogan por una literatura infantil y juvenil libre de censura y corrección política.
Ser escritor y vivir de ello es un sueño para muchos. Pero hacerlo es más complicado de lo que parece. Este artículo nos brinda algunas pautas para conseguirlo.
El narrador en segunda persona busca la complicidad del lector con la intención de hacerle vivir la vida del protagonista de la historia.
El término “orwelliano” se usa a menudo tanto para describir la existencia de una tiranía aplastante, del miedo y el conformismo, como para describir una obra literaria donde la resistencia humana a esos terrores es irreprimible.
Un lenguaje claro y directo está basado en cinco cualidades esenciales: coherencia, claridad, precisión, sencillez y concisión (Henry Hazlitt).
Utilizar el narrador protagonista para contar una historia exige adecuar muy bien lo que dice el personaje a su forma de ser y comportarse.
Con la introducción del alfabeto, las tradiciones perdieron su solidez inamovible. La palabra escrita se impuso a la oralidad, ya que alargaba la vida de la memoria e impedía que el pasado se disolviera para siempre.
Petros Márkaris (Estambul, 1937), uno de los escritores más relevantes de la novela negra contemporánea, nos explica lo que hay que hacer para escribir novela negra.
El narrador observador utiliza la tercera persona, pero se limita a narrar lo que hacen los personajes, como si una cámara desinteresada captara la acción.