La Feria del Libro 2012

Categoría (El mundo del libro, General) por Manu de Ordoñana el 15-06-2012

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El pasado diez de junio se clausuró en Madrid la Feria del Libro que ha tenido lugar desde el 25 de mayo, con unos resultados que dan pábulo a cierta reflexión: las ventas se desplomaron un 19% y un 29% con respecto a 2011 y 2010 respectivamente, una tendencia que no tiene pinta de corregirse a lo largo del año, ya que se prevé un descenso de la facturación en torno al 20% para el ejercicio.

Después de 71 ediciones, la feria ha perdido vigor, el modelo no sirve, hay que reinventarlo, buscar una fórmula que contribuya al diálogo, al debate literario, organizar eventos más atractivos, más en consonancia con los tiempos. Se habla de un cambio de patrón, conservando los puntos fuertes del certamen. En ese aspecto, nadie pone en duda su poder de convocatoria, la presencia de un público que se afana por comprar un libro firmado por su autor, en un escenario tan maravillosos como es el Paseo de Coches del Parque del Retiro.

La baja calidad de las actividades culturales programadas provocó la controversia. Es el acontecimiento literario más prestigiado del panorama cultural español, cuyas señas de identidad nadie pretende expulsar, sólo mejorar, que el encuentro entre escritores y lectores sirva para algo más que para vender un libro, potenciar la actividad cultural, provocar la reflexión, favorecer la divulgación, sin excluir la organización de otro tipo de eventos como recitales, conciertos o  festivales, capaces de activar la expectación del ciudadano y atraer al recinto al máximo número de visitantes.

Profesionales del sector, incluidos libreros, editores, distribuidores y agentes literarios se reunieron para discutir la cuestión. La tormenta de ideas se quedó en simple chaparrón, pocas propuestas novedosas surgieron para un sector amenazado por la era digital. Al parecer, nadie está preocupado por el e-book. El pensamiento es caro en este país:

  • ·         Mayor interacción con los tiempos actuales y digitales.
  • ·         Agrupación de expositores por temas y sectores.
  • ·         Diseño de casetas a cargo de los expositores.
  • ·         Horario con jornada continua y por la noche.
  • ·         Actividades culturales mejor organizadas y con más nivel.
  • ·         Integración de edificios del Retiro y alrededores para eventos culturales.

No le ha ido mejor a la feria de Bilbao. Los buenos resultados del año anterior no se han mantenido en la presente edición, las ventas han retrocedido en torno al 15%, aunque la asistencia de espectadores  ha sido algo mayor. Los libreros han asistido a un fenómeno curioso que empieza a inquietarles: muchos visitantes toman nota de los títulos más vendidos pero no compran, sin duda, porque esperan bajárselos de Internet para leerlos en su e-reader, sin pagar un centavo.

Experiencias positivas han sido las exposiciones temáticas sobre autores vascos, tanto si escriben en euskera como en castellano, el encuentro de escritores de novela negra, el recorrido literario que organizó por Bilbao Félix G. Madroño para visitar los lugares en que transcurre su novela “La ciudad de los ojos grises” y la afluencia de público infantil que, en la próxima edición, podrá visitar un espacio exclusivo para los más jóvenes.

Y para terminar, una mención especial a la Feria de Nueva York. La semana pasada, la Gran Manzana fue protagonista por tercer año consecutivo de la Book Expo América, la cita más importante de EE.UU. y la segunda a nivel internacional. Durante tres días, 20.000 editores, publicistas, autores, agentes y, por primera vez, público en general llenaron el centro de convenciones Jacob Javits para descubrir las últimas novedades y aplaudir a Natalia Solzhenitsyn, viuda del Nobel de Literatura 1970, dentro del programa homenaje a la literatura rusa. Uno de los cambios más relevantes de la reunión fue la posibilidad de seguirlo en directo a través de Internet. Tomen nota.

Producción editorial española. Avance 2011

Categoría (El mundo del libro, General) por Manu de Ordoñana el 03-06-2012

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El Observatorio de la Lectura y el Libro, un organismo adscrito al Ministerio de Educación, Cultura y Deporte que nace con el propósito de analizar permanentemente la situación del libro, la lectura y las bibliotecas en España, acaba de publicar un avance del Panorámica de la Edición Española de Libros, en 2011

El total de la producción editorial aumentó un 2,1% con respecto al año anterior, debido al incremento de un 34,7% del libro digital, en perjuicio del libro en papel que ha descendido un 4,2%:

Evolución de la producción editorial española (según el ISBN)

España se mantiene como la cuarta potencia editorial del mundo, por detrás de Estados Unidos, Gran Bretaña y Alemania. El sector constituye un importante motor económico del panorama cultural español, con una aportación al PIB que, en los últimos diez años,  ha representado un 40,3% del valor económico aportado por el conjunto de las actividades culturales.

Venta de libros en España por canal de distribución (millones €)

 La facturación total del sector fue de 3.144 millones de euros y la exportación sólo representa el 8%:

Facturación del sector editorial español en 2010 (millones €)

El principal destino de las exportaciones fue Latinoamérica 61% del total), como era de esperar. Aun así, el volumen de negocio en aquella zona se nos antoja bajo, a tenor de las últimas cifras arrojadas por el Instituto Cervantes. En el momento actual, existen más de 450 millones de hispanohablantes en el mundo. El español es una de las cinco lenguas más habladas y el segundo idioma de  comunicación internacional y en número de hablantes nativos.

Exportación de libros desde España 2010 (millones €)

 Finalmente, los tres cuadros siguientes recogen la producción de libros en el año 2010 en España, clasificada por otros conceptos, que pueden ayudar al escritor diletante a interpretar cómo es el mundo editorial español y dónde puede encontrar un nicho:

Escritores comprometidos

Categoría (El mundo del libro, Estafeta literaria, General) por Manu de Ordoñana el 28-05-2012

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Tres autores ─Iban Zaldua (Donostia, 1966), Txani Rodríguez (Llodio, 1977) y Carlos Yushimito (Lima, 1977)─ se reunieron la semana pasada para opinar sobre el papel del escritor en el mundo actual, dentro de los actos programados dentro de Literaktum 2012: ciudad de las palabras, un festival literario que se está celebrando estos días en Donostia-San Sebastián. Éstas son algunas de sus conclusiones:

  • En el siglo XIX, la literatura cumplía un papel crucial a la hora de debatir los grandes temas que preocupaban a la sociedad occidental, en un momento en el cual primero la industrialización había producido una importante transformación en la forma de vivir, y luego la irrupción del capitalismo, una explotación del hombre que, si bien no era inferior a la que había existido hasta la fecha, se ponía en evidencia con la aparición de los medios de comunicación. En ese sentido, el escritor había pasado a ser un personaje público capaz de intervenir en esa discusión, el libro era la pieza fundamental para destapar la opresión y denunciar la injusticia.
  • Ese rol desaparece a partir de 1960, con la implantación de la enseñanza obligatoria y la alfabetización de las masas. La llegada de unas generaciones ya alfabetizadas, educadas en una nueva cultura audio-visual ─la radio, el cine, la televisión y ahora Internet─ ha restado centralidad al libro escrito. Hoy el papel de la literatura ha perdido peso, ya no goza del influjo que tenía hace unas décadas.
  • Quizá, como herencia de esa antigua centralidad, ciertos grupos sociales reclaman a los escritores ─o más genéricamente, a los intelectuales─ que intervengan más decididamente en el debate social que se está produciendo en la actualidad, que acusen el incremento de la desigualdad, la codicia, el afán de riqueza, el dinero como valor supremo.

¿Deben los escritores ser social y políticamente comprometidos? Sobre este aspecto, los tres participantes compartían el mismo criterio: «El hecho de saber crear ficciones no nos convierte necesariamente en buenos opinólogos». La tentación de emplear la ficción como vehículo para transmitir un mensaje político es legítima, pero también peligrosa. “Yo prefiero pensarme a la sombra de personajes silenciosos o completamente ajenos al debate público, como Juan Rulfo o Felisberto Hernández», apostilla el escritor peruano.

escritores-comprometidos

Nadie cuestiona que la opinión de un escritor vale tanto como la de cualquier otro ciudadano. Pero si alguien que, en principio, posee un cierto nivel cultural, se ha documentado sobre un hecho en particular y emite una opinión a través de uno de sus personajes, es lógico concederle cierta credibilidad, lo mismo que se la damos a los profesionales de la información, que han demostrado imparcialidad a lo largo de su carrera periodística. Y si no, el propio lector será el que lo sancione.

Pero hay algo que es inevitable. Tú, si te pones a escribir, quieres que alguien te lea, quieres transmitirle tu verdad particular y te esfuerzas en aportar todos los argumentos posibles para influir en él llevarle tu mensaje, que, al final, siempre tiene un componente político o social. Todos los escritores lo hacen, de una forma o de otra, con mayor o menor intensidad. La labor pedagógica está dentro de la conciencia humana.

Lo que sí deberíamos pedir a todo escritor es que sea objetivo, al menos, dar opción a la polémica, que el lector discurra y adopte una postura, tras analizar las distintas alternativas y exponer las razones que las sostienen. Si tu intención es, por ejemplo, denunciar los abusos del franquismo, no te vendría mal incorporar en la trama un personaje que precisamente defienda esa ideología. Déjale hablar, dale una oportunidad, a lo mejor nos convence. La novela ganará en sinceridad.

Últimamente están llegando a mis manos relatos unidireccionales, cuya única intención es transmitir un juicio inmutable, fácil de entender, dentro de un relato simplón, asequible a ese público poco exigente que ve televisión, y con una clara intencionalidad política. Eso sí que me parece peligroso… incluso hasta reciben galardones.

El patrocinio y la cultura

Categoría (General, Publicar un libro) por Manu de Ordoñana el 22-05-2012

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Hasta hace bien poco, en España, ha sido el Estado el que se ha encargado de financiar la cultura, con sus lógicas consecuencias de partidismo, dependencia ideológica y, finalmente, mediocridad. Ahora, como la Administración tiene cada vez menos dinero, se aplica en discurrir otro modelo que tienda a favorecer la participación de la sociedad en la creación artística, a través de una nueva ley de mecenazgo ─lo siento, me gusta más patrocinio; dejemos crowfunding para los sajones─ que, según el secretario de Estado de Cultura, José María Lassalle, será aprobada como muy tarde en otoño, para entrar en vigor el 1 de enero de 2013.

Esto es una buena noticia. Mira por donde, la crisis nos va a permitir poner un marcha una nueva receta para que mucha más gente tenga acceso a la actividad creativa, para llevar la democracia a la cultura, para que sea un bien de todos, la envolvente de conceptos tan anhelados como la libertad, el procomún y la globalidad. Grandes calamidades han precedido siempre a etapas de esplendor. Ahora también.

Al parecer, la ley no pretende privatizar la cultura, sino instaurar un régimen mixto, de forma que la iniciativa ciudadana complemente la labor de la Administración, fórmula al gusto de casi todos, que se viene reclamando desde hace tiempo. Nadie quiere un liberalismo a ultranza, pero tampoco es bueno que la cultura esté en manos de los políticos y de sus turbios intereses. Como siempre, la solución está en el medio, aunque su implantación será lenta, los viejos hábitos no desaparecen fácilmente.

Ley 49/2002, de 23 de diciembre, de régimen fiscal de las entidades sin fines lucrativos y de los incentivos fiscales al patrocinio, actualmente en vigor, permite a los particulares deducir un 25% del importe de la donación, de la cuota íntegra del IRPF, mientras que la empresa puede llegar a deducir hasta un 35% de dicho importe, de la cuota del impuesto de sociedades. Se dice que el ministro quiere subir la desgravación hasta el 60 o 70%, como ocurre en Europa, pero, al parecer, tropieza con el criterio de su colega de Hacienda.

A primera vista, el proyecto tiene visos de ir por el buen camino, ni todo privado ni todo público. El objetivo no es llegar al 100%, sino que la sociedad adquiera esa sensibilidad que le falta y comprenda el interés que para todos tiene apadrinar el talento. La futura ley no sólo se dirige a las corporaciones y las grandes fortunas, sino que también busca la complicidad de la población, que las personas físicas aporten su óbolo y tengan derecho a la misma exención fiscal.

Leía el otro día en “El País” un artículo de Ania Elorza en el que presentaba dos casos de «micropatrocinio» que bien pueden servir de orientación a artistas diletantes que quieran dar vida a su primera obra:

Nicolás Ocio, jardinero de profesión, quería realizar un cortometraje algo distinto, en blanco y negro, sin diálogos, con la cámara al ras del suelo. Una familia de Vitoria le regaló 15.000 libros que ocupaban espacio. Él se los llevó y aprovechó el día del libro para venderlos a peso. Con el producto de la venta vio realizado su sueño: el video en el que actuaron treinta personas, fue filmado en seis días. Y además, con presencia en los medios por la originalidad del procedimiento. Eso se llama ingenio, adquirir notoriedad y… gratis.

Sara Iñiguez, intérprete de Rubia, no encontraba manera de financiar la edición de su primer disco, necesitaban 4.000 euros. La solución vino a través de la plataforma de mecenas Verkami: 200 personas pusieron dinero de su bolsillo, en 40 días cubrieron la suscripción, el disco ya está en el mercado. El regalo de Rubia fue ofrecer a sus mentores ir de cañas con todo el equipo. “Hubo gente que no nos conocía de nada, alguno puso hasta 300 euros. Ahora algunos se han convertido en amigos”.

Reconvertir las librerías

Categoría (El mundo del libro, General) por Manu de Ordoñana el 16-05-2012

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“Si no somos capaces de adaptarnos e innovar, sufriremos mucho; si no remontamos en diez o doce meses, veremos muchos cierres de librerías, tanto de pequeñas y medianas como de las grandes”. Estas palabras fueron pronunciadas por Antoni Daura con motivo de la Diada de Sant Jordi en Barcelona. Daura es presidente del gremio de libreros de Cataluña y lleva 26 años en el oficio con su librería Parcir en Manresa.

No cabe duda que el contexto económico no colabora, muchos establecimientos que otrora fueron emblemáticos en pleno centro de la ciudad han tenido que cerrar sus puertas, no sólo por la crisis, sino por la competencia que les hace Internet. Y eso que acabamos de empezar. La venta en la red de productos de consumo, como alimentos, ropa, artículos deportivos, electrónica de consumo y un sinfín de cosas más, presenta cifras de facturación crecientes año a año.

El mercado del libro no es ajeno a este fenómeno, con el agravante de la incipiente implantación del libro digital. El comercio se va desplazando progresivamente hacia las multinacionales del sector de la distribución, las grandes superficies y los grandes operadores como Amazon y Google. Si la industria tradicional no espabila, a corto plazo veremos desaparecer de nuestras calles las librerías que en otro tiempo fueron nuestro orgullo, lugar de encuentro, pábulo de nuestros sueños.

La librería no ha aspirado nunca a obtener grandes beneficios, ningún librero pretende hacerse rico, le basta con el prestigio que le otorga su profesión. Pero debe entender que el modelo de negocio ha cambiado, que no debe esperar a que el cliente entre en la tienda tan sólo a comprar un libro, si no se le ofrece algo más. Hay que reconvertir el espacio, dinamizarlo con otras iniciativas innovadoras dentro de la cultura… y del ocio

¿Qué es lo que tiene que hacer? Nadie tiene la varita mágica. Pero sí saber que no hacer nada es quizá morir, aunque sea con las botas puestas y el almacén a rebosar. Ponía Daura el ejemplo de La Central, una cadena de librerías que, tras vender un 43% de sus acciones a la editorial Feltrinelli, tiene el proyecto de inaugurar en Madrid una tienda de 1.200 metros cuadrados para, además de vender libros, ofrecer servicio de restaurante. La iniciativa no está mal, veremos el resultado. En cualquier caso, la salida del sector no tiene por qué ser unidireccional: “No creo que todas las librerías debamos tener una cafetería”.

Lo que sí parece necesario es que la reconversión de las librerías debería contar con el apoyo de las editoriales, por su mayor capacidad financiera. Sin embargo, el aire que corre es más bien frío, la industria editorial está mirando mucho más la cuenta de explotación, los resultados a corto, los mecenas del Renacimiento se fueron para no volver… ¿Seguro? Quizá alguno medita la resurrección.

¿Cómo afecta todo esto al escritor diletante? La directora de la Feria del Libro de Buenos Aires, Gabriela Adamo, lo tiene claro: “Creo que ni el escritor ni el lector van a perder, aunque tal vez cambien su forma de escribir y de leer”, aunque luego reconoce que las librerías son las que más van a perder, pero no todavía. En América Latina aún no perciben el riesgo porque el e-reader apenas ha entrado. “El Kindle está presente en la Feria, pero no se puede comprar físicamente en Argentina, hay que pedirlo al extranjero y que te lo envíen por correo”. Conforme avance el carro, piensa, se irán acomodando los melones.

En defensa del libro impreso. Los puntos de venta

Categoría (El mundo del libro, General) por Manu de Ordoñana el 09-05-2012

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Son numerosos los foros en los que se anuncia la desaparición del libro impreso y el incierto porvenir que le espera a la novela. Se asocian así dos hechos que, a mi juicio, no están relacionados de ninguna manera. Una cosa es el formato y otra diferente el contenido, si bien existe alguna influencia, como ya se ha dicho en artículos anteriores de este blog. Es éste un pequeño alegato en defensa del libro impreso, de la necesidad que tiene el sector de reconvertirse para sobrevivir al embate de las nuevas tecnologías. Empezaremos por los puntos de venta.

Es evidente que los canales de venta tradicionales del libro están tocados. Estamos viendo cómo se produce el cierre de algunas librerías ubicadas en los lugares más céntricos de la ciudad ─y si aguantan es porque el precio de los locales se ha desplomado─ las que sobreviven lo hacen de mala manera.

Las editoriales no lo están pasando mejor. Si el número de títulos aumenta cada año, las tiradas son cada vez más reducidas, con lo cual el coste se incrementa y el beneficio se reduce, más si los precios de venta tienden hacia abajo, como ocurre ahora con la feroz competencia que reciben de nuevos sellos editoriales surgidos al amparo de Internet. Y no me refiero sólo a las multinacionales, también a pequeñas industrias que han puesto en marcha emprendedores avispados que se apañan en la red.

El problema está en la estructura del negocio, la cadena es muy larga. Desde el autor que escribe la novela hasta el lector que la compra en una librería, el producto pasa por numerosas manos y cada mediador recibe su recompensa. Hay que achatar la pirámide y eliminar en lo posible los escalones intermedios.

De otra parte, la producción a escala como la que se ha hecho hasta ahora es insostenible, la oferta sigue creciendo pero la demanda se contrae. Todo contribuye a la reducción del margen, el modelo hace aguas por todos los lados.

Una solución es especializarse. Las librerías deberían apreciar la conveniencia de acercarse más al autor, de comprarle el libro directamente y, sobre todo, de reducir su catálogo. No puedo negar que, hoy en día, me pierdo cuando entro en una librería, me encuentro desorientado, no sé por donde empezar, salvo cuando voy a comprar algo concreto.

…A comprar algo concreto, he aquí un punto de reflexión. Cada vez más, el cliente decide la compra porque ha descubierto un libro de su interés en la prensa o en una página web. Yo he llegado a un acuerdo con un librero amigo. Cuando eso me ocurre, le escribo un correo y le pido que me lo consiga, si no lo tiene en stock. Cada cierto tiempo, le visito y me llevo lo que tiene guardado para mí. Me hace un pequeño descuento y todos contentos…

Por otra parte, el escritor debería acostumbrarse a sufragar el coste de impresión o a encontrar mecenas que lo financien. Quedaría entonces un solo eslabón entre el autor y el comprador, algo así como un almacenista-distribuidor, lo que permitiría ajustar el precio de venta y detener la dura competencia que le viene del e-book, o que le va a venir, porque, a mi entender, la tecnología de los actuales dispositivos de lectura no ha llegado ni mucho menos a su cénit.

La amplitud de las librerías es finita, no hay forma de almacenar la enorme cantidad de libros que todavía hoy se publican. Bastaría con mantener existencias de los más vendidos ─igual no pasan de la docena─ y pedir el resto en la medida en que lo solicitan. Así se aliviaría la limitada capacidad financiera del establecimiento y se liberaría un espacio para acometer nuevas iniciativas creadoras de valor… y de beneficio. Reinventar las librerías… sólo hace falta un poco de imaginación.

 

El vook y la nueva literatura

Categoría (El libro digital, General) por Manu de Ordoñana el 27-04-2012

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Descubro con estupor el progresivo desprecio que el libro impreso ha empezado a producir en determinados ambientes intelectuales. No sólo son los jóvenes, sino que también personas cultivadas, profesionales de prestigio y sesudos catedráticos confiesan sin ningún rubor que han dejado de leer libros impresos y que les basta el alimento de Internet para estar al día. El ordenador les facilita el acceso a la información que necesitan para cumplir su misión. Los libros son superfluos y no les aportan ningún beneficio.

Es evidente que la progresiva sofisticación de las máquinas ha contribuido de forma radical a reducir el trabajo del hombre para satisfacer sus necesidades vitales, pero al mismo tiempo ha condicionado su comportamiento. Esa liberación de su tiempo libre no se ha canalizado a enriquecer las facultades más nobles de su espíritu sino a fomentar el ocio, la comodidad y el reduccionismo.

Internet ofrece tal cantidad de información que te acaba distrayendo. Al final, no eres capaz de descubrir la que tiene valor, sino que aceptas la que viene resumida, es superficial o poco conflictiva. Si leer era antes un acto interior que exigía soledad y concentración, ahora el lector sólo pretende asistir a un espectáculo. Eso hace que, poco a poco, la cultura vaya desapareciendo de los libros para ser absorbida por la nube digital que te la devuelve degradada, aunque, eso sí, a la velocidad de la luz, para que sea asequible a través de formatos de fácil interpretación.

Trasladado esto al mundo de la cultura, se diría que esa actitud negativa hacia todo lo que supone un esfuerzo intelectual también se está reforzando con la tecnología. Los nuevos dispositivos electrónicos de lectura están coadyuvando a la pereza mental, al rechazo de contenidos que encierran dificultad. Palabra escrita, sonido e imagen juntos en el mismo soporte. ¿Qué tipo de literatura puede salir de aquí, si el objetivo es satisfacer los sentidos más que procurar la reflexión?  

No pasará mucho tiempo sin que veamos cómo las novelas digitales serán más visuales que textuales, lo que ya se ha dado en denominar vooks. Esta nueva presentación supone un cambio radical en la forma de escribir, o mejor dicho, en la forma de construir. En ese contexto, ¿quiénes serán los nuevos escritores? ¿Veremos algún día una creación de este tipo compuesta por Ana María Matute? Lo dudo. Si esta tendencia se confirma, la lectura masiva será pasto de lo superficial y el libro de papel adquirirá rango de obra de arte para exhibir a título de distinción.

La lectura ─y en consecuencia el conocimiento─ es un proceso activo que exige la participación del individuo. Los jóvenes dicen que no leen novelas porque son demasiado largas para seguirlas en pantalla. El problema es saber si esa afirmación no encierra otra lección. En el fondo, ¿no estarán diciendo que la literatura que demandan es la liviana, la simplota, ésa que “engancha”, que se lee fácil?

Una nueva literatura va a surgir con el vook. ¿Será una oportunidad para el escritor diletante?

Solicitar el ISBN

Categoría (El libro digital, General, Publicar un libro) por Manu de Ordoñana el 21-04-2012

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El ISBN (International Standard Book Number) es un identificador de libros para uso comercial, así como el ISSN lo es para publicaciones periódicas (revistas, periódicos). Fue creado en el Reino Unido en 1966 y adoptado como estándar internacional en 1970. Hasta la reforma que entró en vigor en el 2007, el ISBN estaba compuesto por 10 dígitos de longitud, y dividido en cuatro partes: código de país o lengua de origen / editor / número del artículo / dígito de control. Después de la reforma, el ISBN pasó a tener 13 dígitos incorporando el prefijo “978”.

El ISBN lo solicita el editor, así que si quieres publicar por tu cuenta, puedes gestionar el ISBN directamente en la Agencia Española del ISBN, aunque, eso sí, tendrás que pagar 45 euros.  Para ello, tienes que entrar en su página web y enviar los formularios a través de su Acceso Telemático. Si tienes alguna duda, puedes dirigirte a su email (agencia@agenciaisbn.es). Es bastante fácil:

Primer paso. A la izquierda, tienes una pestaña “Autores/Editores. Información. Solicitudes”. Pinchas en “Solicitudes”. Encontrarás un formulario de solicitud de ISBN para autor/editor que tienes que rellenar. Es fácil de interpretar. Te van a pedir una copia del DNI digitalizada y el certificado de que has pagado los 45 euros. Lo puedes hacer mediante tarjeta de crédito o mediante transferencia, incluso vía Paypal. No está de más que te leas antes los “Términos y condiciones”. Rellenas la ficha y la envías. Tendrás que esperar cuatro o cinco días.

Segunda paso. Recibirás un correo electrónico en el que te confirman el número de la solicitud, así como el acceso a un formulario bibliográfico en la dirección que te señalan, a la cual podrás entrar mediante el nombre de usuario y la contraseña que te han asignado. Si estás gestionando varios títulos, la contraseña para todos ellos será siempre la misma. Introduce pues usuario y contraseña para entrar en el formulario.

A la izquierda, aparecen 3 opciones: Consulta (ahí pasara la tuya cuando envíes el formulario), Altas (lo que tienes que hacer) y Ayuda (te aconsejo que abras esta página y te la estudies bien, incluso imprímela para consultarla al rellenar el formulario).

Pincha ahora en Altas. Te encuentras con el formulario que tienes que rellenar. Hay que cumplimentar todas las que tienen asterisco. Es relativamente sencillo, pero hay algunas cosas que conviene tener en cuenta:

  • Si tu obra tiene más de un volumen tienes que indicarlo. Si es un solo volumen, no hace falta.
  • 1.- Autor. Tienes que rellenar dos casillas (Autor si lo eres, seleccionando en el desplegable de la izquierda) y dos apellidos con el nombre.
  • 7.- Lenguas. Publicación: Castellano.
  • 9.- Edición: Nº y mención de edición = 1 / Nº de impresión = 1
  • 10.- Descripción física. Si es un libro en papel, se entiende fácil, pero si es electrónico, ten en cuenta lo siguiente:

                   – Soporte: (N) Archivo de Internet.

                    – Nº de pag/soporte = 1  

                   – Tamaño: Las dos casillas en blanco.

                   – Descripción: Formato Pdf / ePub / etc. y el peso. Yo escribí: Formato Pdf de 842 kb.

  • 13.- Precio. En España, el precio lo establece el editor, es decir, tú mismo. Debes incluirlo sin IVA y si tiene decimales, parece que sólo acepta el punto para separar entero y decimales.
  • 14.- Tirada. Si es ebook no hace falta indicarlo.
  • 15.- CDU / 16.- BIC. Tienes que rellenar sólo uno de los dos: El  CDU es la clasificación utilizada en la mayor parte de los catálogos bibliográficos de España.  El BIC es el Sistema de Clasificación de Materias BIC para el sector del libro. Te recomiendo el BIC: es más fácil de interpretar. Pincha en el botón + de la derecha y te aparecerá una tabla para que selecciones la materia BIC que corresponde a tu libro. En mi caso, seleccioné FJH: Ficción / Aventura histórica, al tratarse de una novela histórica.
  • 17.- Notas. Para libro digital tienes que indicar la URL: Edición digital localizable en https://… (la dirección del enlace en que está alojado tu libro en Internet). Esto no siempre será posible. Yo lo solucioné metiendo la URL en la que está anunciado mi libro.

Ya tienes rellenada la ficha. Haz clic en “Enviar” y a esperar dos o tres días. Es posible que, al cabo de ese tiempo, te digan que hay algún error. Te vuelven a enviar la ficha para que la corrijas, con una nueva contraseña. Al final, llegarás a hacerlo bien, no te desesperes.

El e-book no termina de arrancar

Categoría (El libro digital, El mundo del libro, General) por Manu de Ordoñana el 15-04-2012

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Durante el año 2011, el registro de libros digitales en el ISBN se incrementó un 55% con respecto al año precedente, al subir de 12.948 a 20.119 títulos, mientras que el libro impreso sufrió un retroceso del 14,2% al pasar de 96.238 a 82.495 títulos. A pesar de que el número de títulos registrados representa el 17,9% sobre el total, la cuota de mercado de los e-books es todavía pequeña, ya que apenas supone el 4% de los ingresos totales del sector. Claro que a eso contribuye y mucho el pirateo: tan sólo el 27% de los españoles que leen libros digitales declara hacer la descarga legal mediante pago electrónico.

Una de las razones que alegan para justificar este procedimiento es el precio elevado que hay que pagar por cada descarga, precio ─en muchos casos próximo al del libro impreso─ que no tiene ninguna justificación a tenor de los costes de producción y de distribución. Es verdad que el libro digital soporta un IVA del 18%, frente a un 4% del libro impreso. El Congreso aprobó a principios de marzo equiparar ambos IVAs al 4%, pero se desconoce cuándo entrará en vigor el decreto.

Un informe reciente de la firma Bowker “Global eBook Monitor” señala que un 13% de los internautas españoles ha pagado en el año 2011 por la compra de libros electrónicos, un 8% declara que no conoce esa opción y un 79% que la conoce pero que no la utiliza. La investigación se realizó simultáneamente en diez países y los resultados se han obtenido mediante encuestas a más de mil usuarios en cada uno de ellos. Los países más activos en este mercado son India, Australia y Brasil. España ocupa una posición intermedia según se aprecia en la tabla siguiente:

En España, el porcentaje de compradores de e-books es el mismo para hombres y mujeres (13%), mientras que en el resto de países predominan los hombres, salvo EE.UU. y Reino Unido, en los que ganan las mujeres. En cualquier caso, las diferencias son escasas, salvo en Alemania, país en el que se produce la mayor divergencia (hombres el 18% y mujeres el 8%) y Francia (hombres el 15% y mujeres el 8%).

En cuanto a edades, un 27% de los jóvenes españoles de 18-24 años dice haber comprado al menos un e-book en los últimos seis meses. Ese porcentaje va descendiendo con la edad para situarse en el 7% en la franja de personas mayores de 55 años. El cuadro siguiente recoge esa evolución comparando los datos obtenidos en España y en Francia:

A pesar de las predicciones tan optimistas que lanzaron algunos gurús sobre el futuro del libro digital, su irrupción no ha sido tan espectacular. Sin embargo, aunque el crecimiento es lento, se produce de forma continuada y hay que suponer que esa tendencia se mantendrá en los próximos años, ya que la oferta sigue creciendo: cada vez hay más plataformas y librerías que venden e-books.

En cualquier caso, la situación está muy lejos de ser lo que predecía Idboox.com en aquella crónica tan catastrófica que publicó en el mes de septiembre de 2011:

  • 2013: Las ventas de libros electrónicos superan las ventas de libros impresos, incluso los usados. Las ventas de revistas digitales comienzan a igualarse a las de las revistas impresas. 
  • 2015: Muerte de las librerías locales. Las más pequeñas se convierten en cibercafés. Sobreviven marginalmente las especializadas en libros raros o de coleccionista.
  • 2019: Hecatombe entre los editores: sólo sobrevive un pequeño número de ellos. Los gigantes como Random House y Penguin transforman sus filiales más pequeñas en editores exclusivamente digitales.
  • 2025: Termina la transición de los libros impresos a los electrónicos, incluso en los países en vías de desarrollo. En el mejor de los casos, el libro se considera una curiosidad y en el peor una molestia. Los libros de colección aún no han desaparecido. Un pequeño número de lectores sigue leyendo libros impresos, pero en general todos los libros están disponibles en versión digital.

Editores de bolsillo

Categoría (El mundo del libro, General, Publicar un libro) por Manu de Ordoñana el 10-04-2012

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En estos últimos años, han proliferado las editoriales que se  anuncian para ayudar al escritor diletante a publicar el libro que acaba de escribir. Y como siempre ocurre cuando se crea un mercado nuevo, hay empresas responsables que quieren perdurar y hacen bien su trabajo, junto a otras que sólo persiguen el dinero fácil y rápido, sin ningún afán de permanecer (ver en este enlace la opinión de un autor que se siente engañado).

Yo no soy partidario de utilizar este tipo de servicio, ya que no hace falta mucha ciencia para hacerlo todo tú solo, pero comprendo que hay autores que prefieren dedicar su esfuerzo a la noble tarea de escribir y contratar la publicación a un especialista. Y, claro, aquí no me estoy refiriendo al escritor consagrado que ya tiene su editor, sino a ti, escritor debutante, que acabas de ingresar en el gremio.

Lo primero que tienes que asumir es que ninguna editorial te va a publicar el libro sin una contraprestación económica. Tienes que pensar en la autoedición y eso hay que pagarlo. Y aquí es donde aparece esa retahíla de pequeños editores que conocen bien tu mentalidad, saben que estás dispuesto a soltar un dinero por tocar con tus manos el fruto de tu esfuerzo. Es ahí donde tienes que tener cuidado, porque muchos prometen demasiado y te puedes llevar un chasco.

Si introduces la palabra “autoedición de libros” en cualquier buscador de prestigio, encontrarás miles de resultados. ¿Qué criterio has de seguir para seleccionar uno fiable? No hay respuesta a esa pregunta. Lo recomendable es analizar lo que te ofrece cada uno y juntar los dedos. Quizá si te apoyas en alguna palabra clave suplementaria, consigas reducir la lista del buscador, pero siempre aparecerá un buen puñado de páginas.

Más o menos, todos te ofrecen lo mismo, sólo varían las cantidades y el precio, así que tú eres el que tienes que decidir en base a los objetivos que te has planteado. Sólo una recomendación: desconfía de los editores que te garantizan la venta de un cierto número de ejemplares, porque eso es imposible. Opta por aquél que te proponga unas condiciones claras y fáciles de entender y, desde luego, léete el contrato, incluso la letra pequeña y no gastes mucho dinero. ¡Mucho cuidado con las exclusivas ad aeternum!

El otro día, salseando en la red, me topé con una pequeña editorial que reúne esas características. Se llama nuevosescritores, pertenece al grupo Éride y tiene su sede en Madrid. Si entras en su página web, verás que la edición básica (tiene otra avanzada que igual te viene mejor) de un libro de 200 páginas cuesta tan sólo 160 € e incluye los siguientes cometidos:

1.- Corrección básica. Sólo la ortografía con un programa de software. Debes enviar el texto corregido.

2.- Maquetación básica. Sólo la supervisión. El original debe ser definitivo. Mejor en Pdf para evitar sorpresas.

3.- Tramitación del ISBN.

4.- Depósito legal. Envío de 4-5 ejemplares a la Biblioteca Nacional por cuenta del editor.

5.- Portada. La composición es por cuenta del editor. Tú sólo has de elegir una plantilla del catálogo que ofrece el editor y enviar una imagen para la portada y tu fotografía para la contraportada.

6.- La redacción de la sinopsis de la obra es por tu cuenta, lo mismo que la biografía.

7.- Formato. En torno a 14×21 cms, en función del número de páginas. Si quieres el libro con solapas, hay que pedir presupuesto.

Con ese material, la editorial se encarga de publicar el libro y tú recibes tres ejemplares, pero tienes la posibilidad de comprar más a un precio preferencial. Si, por ejemplo, pides 50 libros, te cobran 200 €, con lo cual te sale cada uno a 6,79 euros. Sé modesto y empieza por colocar tú solo esos 53 ejemplares de la primera tirada. Luego, si quieres avanzar, la propia editorial te asesora sobre posibles canales de distribución e incluso pone a tu disposición una tienda online en la que hay registrados casi 300 títulos.

Ya ves que nuevosescritores no realiza gestión alguna para promocionar o distribuir el libro, sólo mejorarlo y publicarlo. Las ventas serán fruto de tu trabajo del autor y de tu capacidad de movimiento. Eso es lo que me gusta de su propuesta, no te engañan ni te prometen nada, para que no te hagas ilusiones. El único punto que plantea alguna duda es la exclusiva. En el contrato que tienes que firmar, otorgas al editor una licencia en exclusiva por un año de duración, con lo cual te comprometes, durante ese tiempo, a no publicar tu novela en otra editorial, ni subirla a ningún portal digital tipo Amazon o Google Books. Mientras tanto, el editor pude hacer lo que quiera con ella. Es sólo un año, tú verás si te conviene.

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