Perfil ideal para autopublicar un libro

Categoría (El mundo del libro, General, Publicar un libro) por Manu de Ordoñana el 10-07-2012

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La industria editorial española empieza a estar seriamente preocupada. Las ventas han venido disminuyendo durante los últimos seis años; desde el 2008 al 2011, la facturación se ha reducido un 18% y parece que las perspectivas son peores para el presente ejercicio 2012, si se confirman las previsiones que ha realizado la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE).

Y eso que los libros de texto han mantenido et tipo, aunque debido a una coyuntura especial que no se va a repetir: el texto de varios libros se ha modificado en cuatro cursos, lo cual ha exigido editarlos de nuevo, evitando así una caída más estruendosa. El descenso se produjo en todos los campos, excepto en el escolar y en los libros prácticos (de cocina, de bricolaje…), el cómic y la literatura infantil y juvenil. Las estadísticas no dan cifras referidas a la literatura para adultos, pero no es difícil imaginar la catástrofe.

Las señales de alerta ya aparecieron el mes pasado en la Feria del Libro de Madrid: las ventas se desplomaron un 19% y un 29% con respecto a 2011 y 2010. Los especialistas creen que ya es hora de que las editoriales revisen su actual estrategia de publicar muchos títulos, con una tirada media en franco retroceso de 3.441 ejemplares, aunque esto puede ser debido a la aparición de numerosas pequeñas editoriales que tientan al escritor diletante para que financie parte de los gastos de impresión, sin ofrecer apenas garantías, ni promocionales, ni de distribución.

Es cierto que la decisión de autopublicar es muy personal, cada escritor tiene su criterio, sin olvidar que también es cuestión de patrimonio. Sin embargo, algunos escritores presentan un silueta que se adapta mejor al éxito, son los ya tienen algún renombre, los que por alguna razón ─que no tiene que ser necesariamente el mérito literario─ han conseguido un grupo de seguidores en alguna actividad, bien sea científica, deportiva, política o social. Si estás en ese grupo de élite, te recomiendo que leas este artículo aparecido el 5 de julio en La ebookería: “Cinco buenas razones para tomar el camino de autopublicar su obra”.

Una página web, un espacio en Facebook o un cuenta en Twitter representa una buena base para ingresar en el equipo de los “self men made”. Tienes ya un mercado cautivo que te sirve para empezar que se puede incrementar si el libro que has escrito es original, trata sobre un tema profesional u ofreces un decálogo de reglas para obtener éxito en lo que sea ─los manuales están de moda, se venden bien─. A poco que te empeñes, puedes dar conferencias, hacer presentaciones y obtener notoriedad para llamar la atención de los que hacen publicidad, de los que marcan las tendencias, de los prescriptores y “gurús” que te llevan a la fama.

Llegado este momento, tendrás que seleccionar cuál es la editorial que más se adapta a tu perfil, lo más importante es garantizar que tu libro va a estar visible en las estanterías de los principales puntos de venta, lo demás ya lo pones tú. Un contrato bien negociado ─cuidado con las exclusivas─ te permitirá conservar un buen pellizco sobre los ingresos, quizá hasta un 40%, si te animas a correr con el coste de la imprenta y sólo subcontratas la distribución.

Claro que todo esto se refiere al libro impreso en papel. Si te metes con el ebook, Internet es otro mundo que te puede abrir más puertas. Aquí también conviene no dejarse deslumbrar por las multinacionales y explorar vías alternativas, algunas son ideales para el autor que quiere buscar un sitio y no, precisamente, hacerse millonario.

¿A quién beneficia la ley Sinde-Wert?

Categoría (Derechos de autor, General) por Manu de Ordoñana el 04-07-2012

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El pasado uno de marzo entró en vigor la ley que pretende evitar la descarga ilegal de contenidos protegidos por derechos de autor en Internet, una ley que desarrolló el gabinete de la anterior ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde y que el actual, José Ignacio Wert no tardó en aprobar, sin incorporar modificación alguna, el 30 de diciembre de 2011, tan sólo una semana después de que Rajoy anunciara la composición de su gobierno. ¿A qué tanta prisa?

Este Real Decreto 1889/2011, regula el funcionamiento de la Comisión de Propiedad Intelectual, órgano colegiado de ámbito nacional, cuyas funciones son la mediación, el arbitraje y la salvaguarda de derechos en el ámbito de la propiedad intelectual, para lo cual su actuación se divide en dos ámbitos:

  • Sección Primera. Mediación y Arbitraje.
  • Sección Segunda. Represión de las violaciones de la propiedad intelectual.

La primera pretende convencer por la vía del diálogo, la segunda por el palo y tentetieso. Su composición es la siguiente:

  • La persona titular de la Secretaría de Estado de Cultura o persona en la que ésta delegue, que ejercerá la presidencia de la Sección.
  • Cuatro vocales de los Ministerios de Educación, Cultura y Deporte, Industria, Energía y Turismo, Presidencia, y Economía y Competitividad.
  • Un funcionario del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, con nivel de subdirector general o asimilado, actuará como secretario de la comisión, con voz pero sin voto.

El proceso comienza con una denuncia del autor que solicita que se retire un contenido suyo protegido por derechos de autor. En ese momento, la Comisión tendrá en cuenta si la web denunciada tiene ánimo de lucro o si ha causado un daño profesional. Se estima que el proceso puede durar cerca de 20 días y, en este periodo, el Juzgado Central de lo Contencioso Administrativo tendrá que pronunciarse hasta en dos ocasiones si los dueños de la web no acuerdan la retirada de contenidos.

Una vez que la solicitud es aceptada a trámite, se pide al juez una petición de autorización para identificar al responsable, a quien se contactará seguidamente para informarle. La web tiene un plazo de 48 horas desde que recibe la notificación para retirar contenidos o presentar alegaciones. Después, se establece un plazo de deliberación, tras el cual, si la Comisión cree que hay vulneración, solicita de nuevo la intervención judicial, quien en última instancia decide sobre la interrupción o retirada.

Por último, la ejecución de esta decisión judicial puede ser voluntaria o forzosa, en cuyo caso se solicitará (al igual que a la hora de identificar) la colaboración del prestador de servicios de internet (empresas de telecomunicaciones).

Desde su nacimiento, la Comisión ha recibido 326 solicitudes de retirada de contenidos, de los cuales ha archivado 243 y admitido a trámite 83, la mayoría de reciente apertura, aunque las primeras resoluciones se esperan a corto plazo. En la actualidad hay ocho expedientes abiertos: dos afectan a páginas de descarga de libros, dos a sitios de cine, tres son de música y del octavo no se conocen datos.

Todo el procedimiento que se ha montado en defensa de los derechos de autor no deja de estar protegido por un cierto ocultismo, con leyes diferentes escondidas en otras de rango superior ─como la Ley Sinde 2/2011 de 4 de marzo, de Economía Sostenible─ para confundir al usuario, hasta el punto de que la Orden ECD/378/2012, de 28 de febrero establece la obligación de comunicarse con la dicha Sección Segunda sólo por medios electrónicos, con el noble propósito de beneficiar a los poderosos ─la industria y las entidades de gestión─ frente al maltrecho usuario sin recursos que, sin mala intención y, desde luego, sin ánimo de lucro, se atreve a incorporar un enlace en su blog a una página de descarga de las que se consideran piratas.

Mientras tanto, el ministro Wert se atreve a decir que la industria editorial debe basar su desarrollo en el mundo digital y tener clara su modernización e internacionalización. ¡Qué tío más listo!

 

La Feria del Libro 2012

Categoría (El mundo del libro, General) por Manu de Ordoñana el 15-06-2012

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El pasado diez de junio se clausuró en Madrid la Feria del Libro que ha tenido lugar desde el 25 de mayo, con unos resultados que dan pábulo a cierta reflexión: las ventas se desplomaron un 19% y un 29% con respecto a 2011 y 2010 respectivamente, una tendencia que no tiene pinta de corregirse a lo largo del año, ya que se prevé un descenso de la facturación en torno al 20% para el ejercicio.

Después de 71 ediciones, la feria ha perdido vigor, el modelo no sirve, hay que reinventarlo, buscar una fórmula que contribuya al diálogo, al debate literario, organizar eventos más atractivos, más en consonancia con los tiempos. Se habla de un cambio de patrón, conservando los puntos fuertes del certamen. En ese aspecto, nadie pone en duda su poder de convocatoria, la presencia de un público que se afana por comprar un libro firmado por su autor, en un escenario tan maravillosos como es el Paseo de Coches del Parque del Retiro.

La baja calidad de las actividades culturales programadas provocó la controversia. Es el acontecimiento literario más prestigiado del panorama cultural español, cuyas señas de identidad nadie pretende expulsar, sólo mejorar, que el encuentro entre escritores y lectores sirva para algo más que para vender un libro, potenciar la actividad cultural, provocar la reflexión, favorecer la divulgación, sin excluir la organización de otro tipo de eventos como recitales, conciertos o  festivales, capaces de activar la expectación del ciudadano y atraer al recinto al máximo número de visitantes.

Profesionales del sector, incluidos libreros, editores, distribuidores y agentes literarios se reunieron para discutir la cuestión. La tormenta de ideas se quedó en simple chaparrón, pocas propuestas novedosas surgieron para un sector amenazado por la era digital. Al parecer, nadie está preocupado por el e-book. El pensamiento es caro en este país:

  • ·         Mayor interacción con los tiempos actuales y digitales.
  • ·         Agrupación de expositores por temas y sectores.
  • ·         Diseño de casetas a cargo de los expositores.
  • ·         Horario con jornada continua y por la noche.
  • ·         Actividades culturales mejor organizadas y con más nivel.
  • ·         Integración de edificios del Retiro y alrededores para eventos culturales.

No le ha ido mejor a la feria de Bilbao. Los buenos resultados del año anterior no se han mantenido en la presente edición, las ventas han retrocedido en torno al 15%, aunque la asistencia de espectadores  ha sido algo mayor. Los libreros han asistido a un fenómeno curioso que empieza a inquietarles: muchos visitantes toman nota de los títulos más vendidos pero no compran, sin duda, porque esperan bajárselos de Internet para leerlos en su e-reader, sin pagar un centavo.

Experiencias positivas han sido las exposiciones temáticas sobre autores vascos, tanto si escriben en euskera como en castellano, el encuentro de escritores de novela negra, el recorrido literario que organizó por Bilbao Félix G. Madroño para visitar los lugares en que transcurre su novela “La ciudad de los ojos grises” y la afluencia de público infantil que, en la próxima edición, podrá visitar un espacio exclusivo para los más jóvenes.

Y para terminar, una mención especial a la Feria de Nueva York. La semana pasada, la Gran Manzana fue protagonista por tercer año consecutivo de la Book Expo América, la cita más importante de EE.UU. y la segunda a nivel internacional. Durante tres días, 20.000 editores, publicistas, autores, agentes y, por primera vez, público en general llenaron el centro de convenciones Jacob Javits para descubrir las últimas novedades y aplaudir a Natalia Solzhenitsyn, viuda del Nobel de Literatura 1970, dentro del programa homenaje a la literatura rusa. Uno de los cambios más relevantes de la reunión fue la posibilidad de seguirlo en directo a través de Internet. Tomen nota.

En defensa del libro impreso. Los puntos de venta

Categoría (El mundo del libro, General) por Manu de Ordoñana el 09-05-2012

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Son numerosos los foros en los que se anuncia la desaparición del libro impreso y el incierto porvenir que le espera a la novela. Se asocian así dos hechos que, a mi juicio, no están relacionados de ninguna manera. Una cosa es el formato y otra diferente el contenido, si bien existe alguna influencia, como ya se ha dicho en artículos anteriores de este blog. Es éste un pequeño alegato en defensa del libro impreso, de la necesidad que tiene el sector de reconvertirse para sobrevivir al embate de las nuevas tecnologías. Empezaremos por los puntos de venta.

Es evidente que los canales de venta tradicionales del libro están tocados. Estamos viendo cómo se produce el cierre de algunas librerías ubicadas en los lugares más céntricos de la ciudad ─y si aguantan es porque el precio de los locales se ha desplomado─ las que sobreviven lo hacen de mala manera.

Las editoriales no lo están pasando mejor. Si el número de títulos aumenta cada año, las tiradas son cada vez más reducidas, con lo cual el coste se incrementa y el beneficio se reduce, más si los precios de venta tienden hacia abajo, como ocurre ahora con la feroz competencia que reciben de nuevos sellos editoriales surgidos al amparo de Internet. Y no me refiero sólo a las multinacionales, también a pequeñas industrias que han puesto en marcha emprendedores avispados que se apañan en la red.

El problema está en la estructura del negocio, la cadena es muy larga. Desde el autor que escribe la novela hasta el lector que la compra en una librería, el producto pasa por numerosas manos y cada mediador recibe su recompensa. Hay que achatar la pirámide y eliminar en lo posible los escalones intermedios.

De otra parte, la producción a escala como la que se ha hecho hasta ahora es insostenible, la oferta sigue creciendo pero la demanda se contrae. Todo contribuye a la reducción del margen, el modelo hace aguas por todos los lados.

Una solución es especializarse. Las librerías deberían apreciar la conveniencia de acercarse más al autor, de comprarle el libro directamente y, sobre todo, de reducir su catálogo. No puedo negar que, hoy en día, me pierdo cuando entro en una librería, me encuentro desorientado, no sé por donde empezar, salvo cuando voy a comprar algo concreto.

…A comprar algo concreto, he aquí un punto de reflexión. Cada vez más, el cliente decide la compra porque ha descubierto un libro de su interés en la prensa o en una página web. Yo he llegado a un acuerdo con un librero amigo. Cuando eso me ocurre, le escribo un correo y le pido que me lo consiga, si no lo tiene en stock. Cada cierto tiempo, le visito y me llevo lo que tiene guardado para mí. Me hace un pequeño descuento y todos contentos…

Por otra parte, el escritor debería acostumbrarse a sufragar el coste de impresión o a encontrar mecenas que lo financien. Quedaría entonces un solo eslabón entre el autor y el comprador, algo así como un almacenista-distribuidor, lo que permitiría ajustar el precio de venta y detener la dura competencia que le viene del e-book, o que le va a venir, porque, a mi entender, la tecnología de los actuales dispositivos de lectura no ha llegado ni mucho menos a su cénit.

La amplitud de las librerías es finita, no hay forma de almacenar la enorme cantidad de libros que todavía hoy se publican. Bastaría con mantener existencias de los más vendidos ─igual no pasan de la docena─ y pedir el resto en la medida en que lo solicitan. Así se aliviaría la limitada capacidad financiera del establecimiento y se liberaría un espacio para acometer nuevas iniciativas creadoras de valor… y de beneficio. Reinventar las librerías… sólo hace falta un poco de imaginación.

 

El vook y la nueva literatura

Categoría (El libro digital, General) por Manu de Ordoñana el 27-04-2012

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Descubro con estupor el progresivo desprecio que el libro impreso ha empezado a producir en determinados ambientes intelectuales. No sólo son los jóvenes, sino que también personas cultivadas, profesionales de prestigio y sesudos catedráticos confiesan sin ningún rubor que han dejado de leer libros impresos y que les basta el alimento de Internet para estar al día. El ordenador les facilita el acceso a la información que necesitan para cumplir su misión. Los libros son superfluos y no les aportan ningún beneficio.

Es evidente que la progresiva sofisticación de las máquinas ha contribuido de forma radical a reducir el trabajo del hombre para satisfacer sus necesidades vitales, pero al mismo tiempo ha condicionado su comportamiento. Esa liberación de su tiempo libre no se ha canalizado a enriquecer las facultades más nobles de su espíritu sino a fomentar el ocio, la comodidad y el reduccionismo.

Internet ofrece tal cantidad de información que te acaba distrayendo. Al final, no eres capaz de descubrir la que tiene valor, sino que aceptas la que viene resumida, es superficial o poco conflictiva. Si leer era antes un acto interior que exigía soledad y concentración, ahora el lector sólo pretende asistir a un espectáculo. Eso hace que, poco a poco, la cultura vaya desapareciendo de los libros para ser absorbida por la nube digital que te la devuelve degradada, aunque, eso sí, a la velocidad de la luz, para que sea asequible a través de formatos de fácil interpretación.

Trasladado esto al mundo de la cultura, se diría que esa actitud negativa hacia todo lo que supone un esfuerzo intelectual también se está reforzando con la tecnología. Los nuevos dispositivos electrónicos de lectura están coadyuvando a la pereza mental, al rechazo de contenidos que encierran dificultad. Palabra escrita, sonido e imagen juntos en el mismo soporte. ¿Qué tipo de literatura puede salir de aquí, si el objetivo es satisfacer los sentidos más que procurar la reflexión?  

No pasará mucho tiempo sin que veamos cómo las novelas digitales serán más visuales que textuales, lo que ya se ha dado en denominar vooks. Esta nueva presentación supone un cambio radical en la forma de escribir, o mejor dicho, en la forma de construir. En ese contexto, ¿quiénes serán los nuevos escritores? ¿Veremos algún día una creación de este tipo compuesta por Ana María Matute? Lo dudo. Si esta tendencia se confirma, la lectura masiva será pasto de lo superficial y el libro de papel adquirirá rango de obra de arte para exhibir a título de distinción.

La lectura ─y en consecuencia el conocimiento─ es un proceso activo que exige la participación del individuo. Los jóvenes dicen que no leen novelas porque son demasiado largas para seguirlas en pantalla. El problema es saber si esa afirmación no encierra otra lección. En el fondo, ¿no estarán diciendo que la literatura que demandan es la liviana, la simplota, ésa que “engancha”, que se lee fácil?

Una nueva literatura va a surgir con el vook. ¿Será una oportunidad para el escritor diletante?

Solicitar el ISBN

Categoría (El libro digital, General, Publicar un libro) por Manu de Ordoñana el 21-04-2012

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El ISBN (International Standard Book Number) es un identificador de libros para uso comercial, así como el ISSN lo es para publicaciones periódicas (revistas, periódicos). Fue creado en el Reino Unido en 1966 y adoptado como estándar internacional en 1970. Hasta la reforma que entró en vigor en el 2007, el ISBN estaba compuesto por 10 dígitos de longitud, y dividido en cuatro partes: código de país o lengua de origen / editor / número del artículo / dígito de control. Después de la reforma, el ISBN pasó a tener 13 dígitos incorporando el prefijo “978”.

El ISBN lo solicita el editor, así que si quieres publicar por tu cuenta, puedes gestionar el ISBN directamente en la Agencia Española del ISBN, aunque, eso sí, tendrás que pagar 45 euros.  Para ello, tienes que entrar en su página web y enviar los formularios a través de su Acceso Telemático. Si tienes alguna duda, puedes dirigirte a su email (agencia@agenciaisbn.es). Es bastante fácil:

Primer paso. A la izquierda, tienes una pestaña “Autores/Editores. Información. Solicitudes”. Pinchas en “Solicitudes”. Encontrarás un formulario de solicitud de ISBN para autor/editor que tienes que rellenar. Es fácil de interpretar. Te van a pedir una copia del DNI digitalizada y el certificado de que has pagado los 45 euros. Lo puedes hacer mediante tarjeta de crédito o mediante transferencia, incluso vía Paypal. No está de más que te leas antes los “Términos y condiciones”. Rellenas la ficha y la envías. Tendrás que esperar cuatro o cinco días.

Segunda paso. Recibirás un correo electrónico en el que te confirman el número de la solicitud, así como el acceso a un formulario bibliográfico en la dirección que te señalan, a la cual podrás entrar mediante el nombre de usuario y la contraseña que te han asignado. Si estás gestionando varios títulos, la contraseña para todos ellos será siempre la misma. Introduce pues usuario y contraseña para entrar en el formulario.

A la izquierda, aparecen 3 opciones: Consulta (ahí pasara la tuya cuando envíes el formulario), Altas (lo que tienes que hacer) y Ayuda (te aconsejo que abras esta página y te la estudies bien, incluso imprímela para consultarla al rellenar el formulario).

Pincha ahora en Altas. Te encuentras con el formulario que tienes que rellenar. Hay que cumplimentar todas las que tienen asterisco. Es relativamente sencillo, pero hay algunas cosas que conviene tener en cuenta:

  • Si tu obra tiene más de un volumen tienes que indicarlo. Si es un solo volumen, no hace falta.
  • 1.- Autor. Tienes que rellenar dos casillas (Autor si lo eres, seleccionando en el desplegable de la izquierda) y dos apellidos con el nombre.
  • 7.- Lenguas. Publicación: Castellano.
  • 9.- Edición: Nº y mención de edición = 1 / Nº de impresión = 1
  • 10.- Descripción física. Si es un libro en papel, se entiende fácil, pero si es electrónico, ten en cuenta lo siguiente:

                   – Soporte: (N) Archivo de Internet.

                    – Nº de pag/soporte = 1  

                   – Tamaño: Las dos casillas en blanco.

                   – Descripción: Formato Pdf / ePub / etc. y el peso. Yo escribí: Formato Pdf de 842 kb.

  • 13.- Precio. En España, el precio lo establece el editor, es decir, tú mismo. Debes incluirlo sin IVA y si tiene decimales, parece que sólo acepta el punto para separar entero y decimales.
  • 14.- Tirada. Si es ebook no hace falta indicarlo.
  • 15.- CDU / 16.- BIC. Tienes que rellenar sólo uno de los dos: El  CDU es la clasificación utilizada en la mayor parte de los catálogos bibliográficos de España.  El BIC es el Sistema de Clasificación de Materias BIC para el sector del libro. Te recomiendo el BIC: es más fácil de interpretar. Pincha en el botón + de la derecha y te aparecerá una tabla para que selecciones la materia BIC que corresponde a tu libro. En mi caso, seleccioné FJH: Ficción / Aventura histórica, al tratarse de una novela histórica.
  • 17.- Notas. Para libro digital tienes que indicar la URL: Edición digital localizable en https://… (la dirección del enlace en que está alojado tu libro en Internet). Esto no siempre será posible. Yo lo solucioné metiendo la URL en la que está anunciado mi libro.

Ya tienes rellenada la ficha. Haz clic en “Enviar” y a esperar dos o tres días. Es posible que, al cabo de ese tiempo, te digan que hay algún error. Te vuelven a enviar la ficha para que la corrijas, con una nueva contraseña. Al final, llegarás a hacerlo bien, no te desesperes.

El e-book no termina de arrancar

Categoría (El libro digital, El mundo del libro, General) por Manu de Ordoñana el 15-04-2012

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Durante el año 2011, el registro de libros digitales en el ISBN se incrementó un 55% con respecto al año precedente, al subir de 12.948 a 20.119 títulos, mientras que el libro impreso sufrió un retroceso del 14,2% al pasar de 96.238 a 82.495 títulos. A pesar de que el número de títulos registrados representa el 17,9% sobre el total, la cuota de mercado de los e-books es todavía pequeña, ya que apenas supone el 4% de los ingresos totales del sector. Claro que a eso contribuye y mucho el pirateo: tan sólo el 27% de los españoles que leen libros digitales declara hacer la descarga legal mediante pago electrónico.

Una de las razones que alegan para justificar este procedimiento es el precio elevado que hay que pagar por cada descarga, precio ─en muchos casos próximo al del libro impreso─ que no tiene ninguna justificación a tenor de los costes de producción y de distribución. Es verdad que el libro digital soporta un IVA del 18%, frente a un 4% del libro impreso. El Congreso aprobó a principios de marzo equiparar ambos IVAs al 4%, pero se desconoce cuándo entrará en vigor el decreto.

Un informe reciente de la firma Bowker “Global eBook Monitor” señala que un 13% de los internautas españoles ha pagado en el año 2011 por la compra de libros electrónicos, un 8% declara que no conoce esa opción y un 79% que la conoce pero que no la utiliza. La investigación se realizó simultáneamente en diez países y los resultados se han obtenido mediante encuestas a más de mil usuarios en cada uno de ellos. Los países más activos en este mercado son India, Australia y Brasil. España ocupa una posición intermedia según se aprecia en la tabla siguiente:

En España, el porcentaje de compradores de e-books es el mismo para hombres y mujeres (13%), mientras que en el resto de países predominan los hombres, salvo EE.UU. y Reino Unido, en los que ganan las mujeres. En cualquier caso, las diferencias son escasas, salvo en Alemania, país en el que se produce la mayor divergencia (hombres el 18% y mujeres el 8%) y Francia (hombres el 15% y mujeres el 8%).

En cuanto a edades, un 27% de los jóvenes españoles de 18-24 años dice haber comprado al menos un e-book en los últimos seis meses. Ese porcentaje va descendiendo con la edad para situarse en el 7% en la franja de personas mayores de 55 años. El cuadro siguiente recoge esa evolución comparando los datos obtenidos en España y en Francia:

A pesar de las predicciones tan optimistas que lanzaron algunos gurús sobre el futuro del libro digital, su irrupción no ha sido tan espectacular. Sin embargo, aunque el crecimiento es lento, se produce de forma continuada y hay que suponer que esa tendencia se mantendrá en los próximos años, ya que la oferta sigue creciendo: cada vez hay más plataformas y librerías que venden e-books.

En cualquier caso, la situación está muy lejos de ser lo que predecía Idboox.com en aquella crónica tan catastrófica que publicó en el mes de septiembre de 2011:

  • 2013: Las ventas de libros electrónicos superan las ventas de libros impresos, incluso los usados. Las ventas de revistas digitales comienzan a igualarse a las de las revistas impresas. 
  • 2015: Muerte de las librerías locales. Las más pequeñas se convierten en cibercafés. Sobreviven marginalmente las especializadas en libros raros o de coleccionista.
  • 2019: Hecatombe entre los editores: sólo sobrevive un pequeño número de ellos. Los gigantes como Random House y Penguin transforman sus filiales más pequeñas en editores exclusivamente digitales.
  • 2025: Termina la transición de los libros impresos a los electrónicos, incluso en los países en vías de desarrollo. En el mejor de los casos, el libro se considera una curiosidad y en el peor una molestia. Los libros de colección aún no han desaparecido. Un pequeño número de lectores sigue leyendo libros impresos, pero en general todos los libros están disponibles en versión digital.

Editores sin conciencia

Categoría (General, Publicar un libro) por Manu de Ordoñana el 11-03-2012

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En un artículo aparecido en este blog el 15 de mayo de 2011 bajo el título de “El Mataburros. Te hecho de menos”, escribía lo siguiente acerca de la editorial Belgeuse, con sede en Madrid: “El Grupo Editorial Belgeuse es una plataforma que te puede interesar, si eres escritor y no encuentras editor. En su página web dice textualmente: Belgeuse nace con el fin de dar cabida a todos los escritores, profesionales o noveles, que desean publicar su obra y no encuentran el cauce adecuado para hacerlo. Una presentación muy sugestiva…

Hace quince días, un lector escribió un comentario en el cual advertía a los navegantes sobre las artimañas que utiliza esa editorial para engañar a los autores con promesas de beneficios que luego nunca se cumplen e incumplir las cláusulas de los contratos que establece con ellos. Si quieres conocer su contenido, visita esta página.

Es cierto que últimamente están apareciendo un buen número de pequeñas editoriales que prometen el oro y el moro y que luego se quedan en la mitad. Ofrecen servicios muy variados, desde la asesoría literaria, la corrección y el diseño del libro hasta su edición, tanto en formato papel como digital y posterior distribución. Sus honorarios son fijos, es decir, te cobran una cantidad previamente determinada por cada servicio que contratas, con lo cual el que asume los riesgos es el autor. Lo más probable es que vendan una docena de ejemplares ─seguramente la mitad comprados por ti para regalar a los parientes y la otra mitad, por tus amigos─ y, al cabo de algún tiempo, recibas en tu casa varias cajas con los libros no vendidos que no sabrás dónde almacenar. Y eso después de haber gastado un montón de dinero.

También es cierto que no todas estas nuevas editoriales actúan de la misma forma. Las hay que son serias y que aplican tarifas ajustadas. Algunas incluso admiten una fórmula mixta de un pago fijo más un porcentaje sobre el importe de la venta, con lo cual el riesgo se reparte entre las dos partes. Eso ya está mejor, porque así el editor se implicará en la promoción del libro, se preocupará de que aparezca en los sitios más visibles y hará campaña para darlo a conocer. Eso es lo más importante: adquirir notoriedad. Por muy brillante que sea la novela que has escrito, nadie te la va a comprar sin no eres conocido.

En cualquier caso, no hay que despreciar el trabajo que realiza el editor. Un buen profesional que se compromete con un autor novel ha de realizar un trabajo importante, ha de dedicar muchas horas para cumplir su misión. El escritor diletante no debe renunciar de entrada a una cooperación honesta con su editor. Tendrá que sopesar los pros y los contras para decidir lo que más le conviene. Si se siente capaz de hacérselo todo él, adelante; es lo mejor y lo más barato. Hay herramientas para conseguirlo. Internet le abre sus puertas.

Pero si no tienes interés en aprender las nuevas tecnologías o no quieres perder el tiempo en “tareas mezquinas” para concentrar tu esfuerzo en el “noble ejercicio de la creación literaria”, te queda la opción de conectar con algún editor de esta nueva hornada, mejor si es pequeño ─las editoriales pequeñas se adaptan mejor al libro digital─, conocedor de lo que son las redes sociales y que sea honrado. Habla con él, establece los objetivos y define las responsabilidades. Deja las cosas claras desde el principio y déjale ganar dinero contigo, en la medida que tú también lo ganes.

Eso lo puedes conseguir a través de un contrato. No creo que para firmarlo tengas que acudir a un abogado. Basta con que leas detenidamente las estipulaciones y actúes en consecuencia. Ya eres mayorcito. Sólo me atrevo a darte un consejo: Cuidado con las exclusivas. Muchas de estas editoriales de nuevo cuño que ofrecen sus servicios en una página web, te piden que aceptes sus condiciones marcando una casilla que aparece al final del formulario. En muchos casos, incluye una cláusula de exclusiva universal para la venta de tu libro, con lo cual, si un día quieres subirlo por tu cuenta a la librería de Amazon ─por ejemplo─, estás incumpliendo el contrato y te pueden pedir daños y perjuicios. Tú mismo.

 

El Mataburros. Disgresión

Categoría (El Mataburros, General) por Manu de Ordoñana el 06-03-2012

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Según el diccionario de la Lengua Española, digresión es el efecto de romper el hilo del discurso y de hablar en él de cosas que no tengan conexión o íntimo enlace con aquello de que se está tratando: “Hablaba de las leyes, pero se fue por las ramas e hizo una larguísima digresión sobre la política actual”. Son sinónimos: Excurso, inciso, paréntesis, divagación, disquisición, elucubración, escarceo, evagación, desvío.

Es un término poco utilizado en castellano, casi reservado a la élite intelectual que, aun así, lo escribe algunas veces de forma errónea. Así no es raro encontrar en su lugar la palabra “disgresión” que no existe en la lengua castellana. Si haces una búsqueda en Google, encontrarás 94.200 resultados para el primero y 475.000 para el segundo.

Digresión procede del latín digressio, -onis, de digredi, apartarse. Es posible que el error provenga del cruce con el prefijo “dis” que introduce la idea de separación y se emplea para formar el verbo “disgregar”, del cual el vulgo cree que deriva el sustantivo “disgresión”, lo que explicaría la inclusión de esa “s” innecesaria.

En un sugestivo artículo aparecido en “El País” el 11 de julio de 1976, J. E. Zúñiga bajo el título “La novela como disgresión”, el periodista equivoca la ortografía, pero tan sólo en la cabecera, ya que en el texto escribe correctamente digresión:

“La escritura es el arte de la digresión, afirma Severo Sarduy en ese decálogo del orientalismo y el erotismo consumístico que es Cobra. Aun dando por bueno este axioma, no por ello dejaremos de pensar que una literatura basada en la acumulación digresiva forzosamente parará en barroquismo, por inteligente que sea, y perderá la austeridad que exige la consecución de la línea argumenta”.

Lo mismo ocurre en el mundo de la  ciencia. Red Científica es una organización dedicada a la comunicación y divulgación en lengua castellana de trabajos de investigación, proyectos de innovación, reflexiones y ensayos en clave de ciencia, tecnología y pensamiento. Edita una revista digital en la que publica artículos sobre numerosas áreas del conocimiento científico. En uno de ellos, su autor, Lamberto García del Cid, yerra al titularlo “El Universo. Versiones y disgresiones”, a pesar de que luego su contenido demuestra la sabiduría de quien lo ha escrito.

“Cuando conozcamos qué es el universo, de qué se compone, cómo se originó, sabremos por qué estamos aquí. Si es que todavía nos sigue interesando conocerlo. Pero el enigma se las trae porque, aunque resulte asombroso, todo apunta a que no hay universo, sino multiverso”.

Aliquando dormitat Homerus…

Internet y la concentración en la lectura

Categoría (El libro digital, General) por Manu de Ordoñana el 01-03-2012

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Terminamos el artículo anterior con una pregunta: ¿Es posible leer un libro serio, de una cierta dimensión, en un soporte electrónico o quedará sólo el libro impreso como único recurso para consumar tan ardua tarea?

Muchos pensarán que planteamos un problema trivial. ¿Qué más da el soporte utilizado si lo que importa es el contenido? Esto que, en un principio, parece obvio, no es tan evidente. El tipo de soporte está produciendo un cambio importante en la forma de leer (y seguramente lo producirá también en la manera de escribir). El lector que se engancha a un dispositivo electrónico está más orientado a lo fácil, a lo superficial; rara vez se le va a ocurrir bajarse el Ulises o sumergirse en los poemas de Borges. Su afición literaria está sometida a las prestaciones de la máquina, cada vez más sofisticada, que le conduce a una actitud pasiva, frente a la aplicación a que obliga una obra compleja.

Claro que también podríamos plantear la cuestión de otra forma. ¿No será que la sociedad ha creado en los últimos años un colectivo de lectores sólo interesados en lo frívolo, en lo que exige un esfuerzo intelectual reducido? Son precisamente los jóvenes los que adoptan esa postura cómoda y eluden esa otra forma de leer propia de los mayores, reflexiva, tenaz, laboriosa. Son ellos los que dominan los dispositivos electrónicos, son ellos los que los que se resisten a la lectura intensa y se abandonan a lo ligero. Al final, ¿importa algo saber cuál es la causa y cuál es el efecto?

¿Será cierto eso de que el soporte condiciona el tipo de lectura? ¿Será cierto eso de que el libro electrónico reduce la capacidad de concentración y sólo sirve para contenidos someros? Internet facilita el acceso a la información, pero esa información ¿contribuye a ampliar el conocimiento? Da la impresión de que lo liviano es propio de un dispositivo electrónico y sólo lo profundo existe en el libro impreso, aunque es verdad que leer con atención es algo que se puede hacer en cualquiera de los dos soportes.

Y si no, fijaos lo que ocurre con la escritura. No hay duda de que los jóvenes de hoy escriben mucho más que los de antes, pero lo hacen de manera superficial, no les importa la forma, desprecian la gramática. En ese sentido, la tecnología les ha transformado la conciencia. ¿No está ocurriendo lo mismo en los hábitos de lectura? Los jóvenes se resisten a leer las honduras, se resisten a estudiar, se resisten a sacar conclusiones propias.

Quizá mi opinión esté motivada por la experiencia que he tenido con lo digital. Me resulta arduo leer una novela larga en la pantalla de mi e-reader, me pierdo, no me encuentro a gusto. Y lo mismo me ocurre cuando me topo con un estudio que me obliga a pensar: prefiero imprimirlo y leerlo sobre papel. Hace unos días, me recomendaron la lectura de un informe “De la Dictadura a la Democracia”, escrito por Gene Sharp y publicado por la institución “Albert Einstein”. Pues bien, lo abrí en la pantalla de mi ordenador, lo empecé a leer y pronto desistí. Lo imprimí, lo mandé encuadernar y sólo entonces lo pude leer con el deleite que se merece.

Las nuevas generaciones piensan que el saber no se encuentra en los libros, sino en la red, a la que tienen acceso de forma rápida y eficaz con sólo introducir las palabras clave en su ordenador. No se puede negar que algo de razón ya tienen, al menos para ese conocimiento general alrededor de la ciencia que les sirve para encontrar un espacio en el mundo laboral.

Pero si nos referimos a ese conjunto de conceptos abstractos que conforman el carácter de cada individuo, lo que quizá se llama cultura y que no es otra cosa más que el sedimento que queda en el infraconsciente cuando uno olvida todo lo que ha leído, eso ya es otro cantar. El ser humano necesita leer, la lectura es la piedra fundamental de su educación, es la que le ayuda a reforzar su autoestima, la que conforma el ideario del cual deriva su comportamiento social. ¿Sería razonable atribuir a Internet el aislamiento que padecen los jóvenes de hoy en día, su pérdida de empatía e incluso sus carencias para la convivencia ciudadana?

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