Por una prensa responsable

Categora (General) por Manu de Ordoñana el 31-01-2013

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A propósito del tremendo error cometido por el diario “El País” al publicar el pasado jueves 24 de enero de 2013 una foto en la que aparece una persona intubada, atribuyendo falsamente la identidad del enfermo al presidente de Venezuela, Hugo Chávez, aprovecho la ocasión para llamar la atención sobre los peligros que conlleva la globalización de la información, así como para analizar el papel que debe jugar la prensa en un ámbito masificado y sujeto a cambios tan profundos como los que han propiciado las nuevas tecnologías.

Es un hecho claro que vivimos asfixiados por la cantidad de información que nos llega desde diferentes rincones, no tenemos tiempo para acceder a toda ella y no sabemos qué criterios utilizar para seleccionar lo que nos interesa, menos para discernir lo que es verdadero y lo que es falso. Hay muchos intereses en la web (políticos, económicos y sociales), que no tiemblan si tienen que deformar una noticia para esconder la realidad. Saben mezclar verdades con mentiras para confundir al público, incluso repetir machaconamente una invención hasta lograr que, con el tiempo a su favor, el pueblo se la crea y la admita como un axioma que no admite discusión.

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Es cierto que este procedimiento de adulterar la vida cotidiana no es nuevo, no es un producto nacido con Internet: lo ha empleado habitualmente cierto tipo de periodismo para formar la opinión de la plebe, aunque a su favor está la libertad que cada individuo tiene de elegir uno u otro medio de comunicación, de forma que cada uno ha sabido siempre de qué fuente tenía que alimentarse, la más próxima a su ideología, a su manera de entender la vida.

El problema es que hoy cualquiera tiene en la red acceso a producir contenidos ─alguna vez, a sabiendas de que lo que cuelga en la red es una calumnia que puede destruir la imagen de una persona respetable que no le cae bien─, que luego nosotros mismos difundimos con absoluta impunidad ─y de forma instantánea─, sin analizar la calidad del conducto, tan sólo porque tiene morbo, es gracioso y causa hilaridad. Esta noticia es de ayer, sin ir más lejos: “La Guardia Civil ha detenido a cuatro menores de edad por acosar y colgar en una red social fotos íntimas de una compañera de instituto en Lalín (Pontevedra) que tomaron en los vestuarios del centro tras una clase de gimnasia”.

En este contexto de ignorancia o de mala fe, el ciudadano honrado se encuentra indefenso, carece de criterio para descubrir el engaño. Es ahí donde uno ha de recurrir a ese periodismo comprometido que ejerce su cometido con responsabilidad plena. Y no sólo eso, también luchar para que permanezca activo y siga contándonos la verdad. ¡Cuidado: está en juego la democracia… y los vientos no soplan de popa!

Los medios de comunicación se enfrentan hoy a una enorme crisis con la pérdida de lectores que Internet ha traído y la no menos importante reducción de la inversión publicitaria. Muchos periodistas han perdido su empleo en los últimos años y numerosas publicaciones han desaparecido. ¿Cuál es el papel que corresponde a la prensa en la sociedad digital? Quizá no sea el sistema tradicional que hemos conocido hasta ahora. Habrá que reconvertirse, como lo han hecho otros sectores de la economía, pero esto no es el final, sino un periodo de transición: el futuro del periodismo no está en cuestión, sólo es preciso averiguar cuál es el modelo de negocio que le ha de dar la cobertura financiera que necesita.

Como decía Juan Luis Cebrián en un artículo aparecido en El País el 4 de mayo de 2012: “El periodismo profesional no solo tiene un futuro, sino que resulta más necesario que nunca, y de ninguna manera puede ser sustituido por eso que hemos dado en llamar periodismo ciudadano, por más que produzca a veces contribuciones admirables”.

Esta misma mañana, el diario madrileño “El País”, titulaba en portada: “Las cuentas manuscritas de los tesoreros del Partido Popular entre 1990 y 2008. Los papeles secretos de Bárcenas”. Y a continuación: “Los extractos de los papeles secretos del extesorero del partido reflejan las anotaciones de supuestos pagos a políticos de la cúpula del partido, entre ellos, el presidente del gobierno, Mariano Rajoy”. La noticia ha causado un enorme revuelo en todo el país. La oposición ha pedido la dimisión del primer ministro y la convocatoria de elecciones anticipadas.

A este tipo de periodismo me quería referir en este artículo. Esperemos que esta vez no sea un error…

Registro editorial 2012 en España

Categora (El mundo del libro, General) por Manu de Ordoñana el 24-01-2013

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La Federación de Gremios de Editores de España ha publicado las estadísticas de libros registrados en la agencia española del ISBN correspondientes al año 2012. Las 840 empresas agrupadas en la FGEE representan el 95% del volumen de negocio del sector editorial español, que mueve anualmente cerca de 3.000 millones de euros, lo que supone el 0,7% del PIB, y da empleo directo o indirecto a más de 30.000 personas.

El número total de títulos registrados fue de 88.349 ─cifra en la que no están incluidos los libros editados por sus propios autores─, lo que supone un descenso del 14,3% con respecto al año precedente. El cuadro siguiente recoge el detalle por comunidad autónoma:

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El número de títulos digitales fue de 19.997, un 22,6% sobre el total registrado, con un incremento del 13% con respecto a 2011, lo que demuestra el esfuerzo que está haciendo la industria editorial española para adaptarse a los nuevos tiempos. Conviene recordar que ese porcentaje del 22,6% se refiere al número de títulos registrados, ya que probablemente la facturación no habrá superado el 2% (1% en 2010, según Global eBook Market 2011).

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El comercio del libro digital en España está en su inicio, muy lejos de las cifras que se manejan en Estados Unidos, aunque la información que de allí nos llega no sea del todo fiable. Algunos medios de comunicación han llegado a decir que el número de libros digitales vendidos en USA ha superado ya al de libros impresos, pero no hay ninguna estadística que lo confirme, aparte de que parezca poco creíble. Éste es uno de los problemas que plantea Internet: no todo lo que se publica es cierto, hay muchos intereses de por medio. No tengo ninguna duda de que el libro digital terminará por imponerse al libro impreso, al menos en lo que se refiere a temáticas de ficción y afines; lo que no sabría decir es cuándo, quizá pasen muchos años antes de que eso ocurra.

El informe de Global eBook Market 2011 afirma que, en 2010, se descargaron 114 millones de libros digitales en Estados Unidos y que el mercado de libros impresos cayó en el primer semestre de 2011 un 10,2%, con 307 millones de ejemplares vendidos, lo que nos permite estimar que la cuota del ebook se situaría en torno al 20%, esto en unidades, porque en volumen de negocio representa tan sólo 6,2%.

En lo que se refiere al idioma, el cuadro siguiente recoge el número de libros registrados en las diferentes lenguas nacionales y extranjeras:

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Al margen del castellano, que es mayoritario, los libros registrados en el resto de las lenguas hispanas representan el 12%, con los siguientes porcentajes sobre el total en cada zona de influencia:

  • En Galicia, el 61% de los libros registrados lo fue en gallego.
  • En el País Vasco y Navarra, el 34% en euskera.
  • En Cataluña, el 33% en catalán.
  • En el País Valenciano, el 25% en valenciano.

Finalmente, el número de libros traducidos ascendió a 19.792, de los cuales, el mayor porcentaje corresponde al inglés (52%), seguido del castellano a otras lenguas (15%), el francés (10%), el italiano ( 5%) y el alemán (4%).

El Mataburros. Inasequible al desaliento

Categora (El Mataburros, General) por Manu de Ordoñana el 17-01-2013

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Leía ayer en “El Diario Crítico” un artículo publicado el 16 de enero de 2013, en el cual el ministro de Economía defiende la reforma laboral: “De Guindos, inasequible al desaliento: la recuperación económica llegará en los próximos meses. El Gobierno, como es su obligación, pasa de pronósticos y previsiones negativas, y se atreve a prometer que la recuperación económica llegará en los próximos meses, ha adelantado el responsable de Economía en el gabinete de Rajoy”. Sí, este gobierno tiene un mérito enorme: es capaz de cundir el desaliento y hacer inasequible el camino recto.

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Aunque todo el mundo la utiliza y la entiende, la expresión “inasequible al desaliento” aplicado a una persona no parece ortodoxa. Si asequible es algo que se puede conseguir o alcanzar, inasequible será lo contrario y se debería aplicar sobre todo a objetos, que por su precio moderado, pueden ser adquiridos de forma conveniente para cualquier bolsillo, no a personas como es el caso.

Un artículo de Wikipedia titulado “Desinformación arroja cierta luz sobre el carácter de esta locución, al analizar los adjetivos disuasivos: “Algunas palabras y expresiones no admiten réplica ni razonamiento lógico: son los llamados adjetivos disuasivos, contundentes y negativistas que obligan a someterse a ellas y excluyen el matiz y cualquier forma de trámite inteligente. Para ello se utiliza la polaridad, un concepto lingüístico y semántico por el cual las palabras negativas atraen por concordancia otras palabras negativas en el sintagma de negación. Su contundencia emocional, el pathos retórico y emotivo del mensaje, eclipsa toda posible duda o ignorancia, principios de cualquier forma razonable de pensamiento (por ejemplo, la constitución o la integración europea es irreversible). La misma aplicación tienen los adjetivos incuestionable, inquebrantable, inasequible, insoslayable, indeclinable y consustancial. Su maximalismo sirve para remachar cualquier discurso y crear una atmósfera irrespirable de monología. Además, según Noam Chomsky, muchas de estas palabras suelen atraer otros elementos en cadena formando lexías: adhesión inquebrantable, inasequible al desaliento (incorrecto, ya que inasequible significa inalcanzable, inconseguible), deber insoslayable, turbios manejos, legítimas aspiraciones, absolutamente imprescindible. Lexías redundantes como totalmente lleno o absolutamente indiscutible, inaceptable o inadmisible”.

En otro sitio, encontré una alusión a la expresión de marras, atribuyendo su origen a Ortega y Gasset. Me metí a averiguarlo y no descubrí en su obra las mismas palabras, pero sí unas parecidas: inasequible a la lisonja. En el tomo II de sus Obras Completas (El espectador I de 1916, Ensayos de crítica, Ideas sobre Baroja), Ortega dedica más de cincuenta páginas a analizar la figura y la prosa del escritor vasco. En la página 101, dice así:

“Cierto que nuestro vasco es tan inasequible a la lisonja como al vituperio. Le sería placentero, ciertamente, verse convertido en gloria nacional, porque entonces le invitarían a algunos salones, donde podría contar anécdotas ciclópeas a unas mujeres hermosas. La gloria, pues, se le presenta reducida a las proporciones de una grata sobremesa. Por otra parte, no creo que haya nadie en quien los vituperios recibidos despierten más franca hilaridad. No hace mucho, encontré a Baroja sumamente alborozado; acababa de leer un periódico de Cuba, donde un escritorzuelo ultramarino le llamaba “ese grosero buey vasco”.

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14 maneras de ser creativo

Categora (General, Publicar un libro, Taller de creación literaria) por Manu de Ordoñana el 10-01-2013

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Navegando en la web, el otro día tropecé con un artículo en francés, escrito por Eric Mainville, en el cual el autor sugiere 14 maneras de ser creativo. Son recomendaciones simples, de sentido común, que me he permitido traducir con alguna libertad y traerlas a este blog: quizá te sirvan para salir de un apuro:

14 maneras de ser creativo

1.- Aislarse. Crear algo, cualquiera que sea el campo en que te mueves, lleva su tiempo, un tiempo en el que el autor está solo, lleno de dudas, de interrogantes, al no encontrar el camino. Por eso, la mayoría de la gente prefiere las actividades sociales, es lo más cómodo, la vida social nos incita a no ser creativo. Y cuando consigues aislarte de verdad, la pregunta que te surge es algo así como «¿qué quiero hacer?», un enigma cuya solución es construir un programa de trabajo, que te puede convertir en un auténtico creador, si eres capaces de cumplirlo.

2.- Empezar.- Lo más difícil de todo es ponerse a escribir, incluso para crear algo simple, trivial. Es un momento doloroso que hay que superar, para vencer el miedo que nos bloquea. No hay más remedio que salvarlo, quizá mediante algún truco: no mires la cima del monte, da sólo el primer paso. Lo importante es comenzar, luego ya será más fácil.

3.- Organizarse.- En contra de lo que se cree, los artistas no son chiflados dotados del don de crear espontáneamente bajo el efecto de la inspiración. Son personas organizadas que poseen un método: cada uno ha de encontrar el suyo, las herramientas que precisa, su ritual. Sólo una recomendación: lleva siempre contigo una libreta y un bolígrafo, las ideas te pueden surgir en cualquier momento.

4.- Alimentarse.- Para saber escribir, hay que saber leer. Y para saber leer, hay que saber vivir (Guy Debord). La creación ex nihilo no existe. Incluso el genio precoz que fue Rimbaud leyó a todos los poetas que le precedieron antes de dedicarse a la poesía.

5.- Intercambiar.- La discusión con los colegas es otra manera de alimentarse. Es quizá la más natural, la más vital. Aunque para escribir, hay que aislarse, también es necesario intercambiar opiniones. Samuel Beckett escribía en una habitación situada enfrente de una cárcel. Todos los días sentía la necesidad de comunicarse con un preso que estaba dentro y lo hacía enviándole señales luminosas con un espejo. En ese momento, eso era para él más importante que escribir.

6.- Rumiar.- “Los lectores no llegan a entender un libro hasta que consiguen rumiarlo”, en el sentido que da Nietzsche a esta palabra. Esta capacidad de rumiar, de digerir lentamente una obra es una habilidad que conviene cultivar, un proceso que lleva su tiempo. Somos demasiado impacientes, apreciamos los actos que nos aportan beneficio inmediato. Hay que aceptar periodos improductivos, al menos, en los primeros momentos.

7.- Copiar.- Los artistas copian… todos copian. Se puede copiar para aprender, como lo hace un pintor con los lienzos de los grandes maestros. Te puedes inspirar en una obra ya escrita, tomar prestada una idea, sin necesidad de llegar al plagio. Pensar que un creador es capaz de construir algo partiendo de cero es un error, lo que hace es recomponer, un trabajo de curandero además de creativo.

8.- Despegar.- Crear es entrar en contacto con tu verdadera personalidad, es sacar a la luz lo mejor que tienes dentro. Si te preguntas qué efecto quieres producir en el lector, la respuesta es: sacudir la parte más digna del ser que me está leyendo.

9.- No acelerar.- Es importante mantener un ritmo y no acelerarlo, descubrir tus puntos fuertes, conocer el momento del día en que eres más creativo, en el que podrás obtener el máximo rendimiento.

10.- Centrarse. La distracción es el azote de nuestro tiempo, la infoxicación. Con Internet, la atención se dispersa hacia multitud de fuentes de información. Aprende a hacer sólo una cosa, concéntrate en una tarea y trata de concluirla.

11.- No juzgar. Aceptar ideas si analizarlas es un criterio que sirve para una sesión de brainstorming. Nos molesta aceptar lo nuevo, ya que lo valoramos en función de lo que conocemos. Prescindir de tu opinión (por un tiempo) es la única forma que tienes para admitir una novedad.

12.- Corregir. Es un de los puntos más importantes. Un texto no surge al primer intento, corrígelo las veces que sean necesarias. Un libro nunca está concluido, siempre se te ocurrirá una mejora. Hay autores que cambian el contenido incluso después de publicarlo y su contenido evoluciona, sobre todo si es digital.

13.- No comparar. Este criterio es válido para todo en la vida, nos evita el sufrimiento.

14.- Exagerar. Describir la realidad no es suficiente, no funciona si pretendes escribir un buen libro. Hay que exagerar. Cuando Simenon creó a Maigret, exageró el personaje. El hombre es pesado, fuma su pipa constantemente, bebe cerveza siempre que puede y tiene las mismas costumbres. Eso hace que el personaje parezca real.

Empezar a escribir

Categora (General, Publicar un libro, Taller de creación literaria) por Manu de Ordoñana el 04-01-2013

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Tras cumplir los requisitos previos, elegido el argumento y diseñado los perfiles de los protagonistas principales, llega el momento de la verdad: hay que empezar a escribir la novela que te hará famoso. A pesar de tus buenas intenciones, de la recompensa que recibirás cuando la publiques y tengas el libro en tus manos, el camino que te espera es arduo y pleno de dificultades. Seguro que vas a encontrar numerosas razones para justificar tu pereza y dejar para mañana lo que tendrías que hacer hoy.

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Si llegado ese punto y, día tras día, pospones el instante fatal que te abrirá la puerta a la gloria, tienes que utilizar algún truco para salir del atasco. Uno es iniciar la redacción, no por el primer capítulo, sino por algún episodio intermedio que te sea más cómodo, menos trabajoso, lo que te resulte más sencillo: un diálogo, la descripción de un paisaje, una escena de amor… cada uno tiene sus debilidades. Yo lo hice así en mi primera novela, empecé con el tercer capítulo. Cuando lo terminé, lo corregí varias veces hasta que quedó a mi gusto. Eso me dio ánimo para proseguir y me metí con el primero.

Claro que esa situación se puede repetir con frecuencia, cada día por la mañana cuando te sientas frente al teclado, miras la pantalla en blanco, te rascas la cabeza una y otra vez y… nada que hacer: no aciertas a componer un triste párrafo que tenga algún valor literario. Un recurso es repasar lo que has escrito el día anterior, eso te ayudará a refrescar la memoria y recuperar la ilusión. Si no, relee la sinopsis que elaboraste tiempo atrás, quizá allí encuentres la motivación que te falta. Y como última solución, acude al alegato que nos sugiere Vargas Llosa al evocar el compromiso que adquiriste contigo mismo cuando decidiste escribir el libro.

No te desesperes, eso nos pasa a todos. La práctica de la reflexión exige un aislamiento casi completo, un entorno de paz al que no siempre tienes acceso. Sumergirte en la soledad que precisas para aflorar el talento que llevas dentro no es tarea fácil. Estamos más dispuestos a recibir la belleza que a crearla, porque eso supone un esfuerzo intelectual que la mente mal educada rechaza con obstinación por mor de la inercia. La relación con la comunidad que la vida social nos ha inculcado desde la niñez nos hace tender al mínimo esfuerzo, no a estrujarnos el cerebro. Por eso insisto a menudo en que escribir es, ante todo, cuestión de disciplina, de no dejarse llevar por las muchas tentaciones que el mundo exterior nos brinda.

No te extrañe que para alcanzar ese estadio, cada escritor tenga sus manías, que no son más que excusas para justificar ese miedo que nos invade antes de penetrar en el agujero negro del universo creativo. En Internet, encontrarás incontables declaraciones de escritores de renombre que cuentan sus extravagancias para escuchar el canto de las musas: unos exigen silencio absoluto a su alrededor, otros prefieren escuchar música mientras escriben. Valle Inclán se iba al parque del Retiro, el campo y el trino de los pájaros estimulaba su imaginación. Mientras unos prefieren escribir por la mañana, tras bien dormir y mejor desayunar, otros padecen la vena poética instigados por Selene… cuestión de temperamento. Hemingway escribía sentado en las terrazas de los cafés parisinos, enfrentado a un vaso de whisky. Dicen que Menéndez Pelayo escribió páginas magistrales de su “Historia de los heterodoxos españoles” bajo los efluvios del alcohol, lo que se me ocurre harto complicado.

Sea de una forma o de otras, todos los que se dedican a este oficio de escribidor están de acuerdo en afirmar que, una vez arrancado el carro, no hay quien lo pare, el pensamiento vuela y las ideas fluyen incesantes con admirable facilidad. Es la hora de producir, trata entonces de mantener la concentración, no permitas que te interrumpan y da suelta a tu imaginación. Se trata de conseguir que la inspiración te ilumine durante mucho tiempo, hasta que la fatiga te someta y puedas irte contento a descansar.

La inspiración literaria

Categora (General, Marketing para vender libros, Publicar un libro) por Manu de Ordoñana el 21-12-2012

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La mayoría de los escritores han sufrido alguna vez el síndrome de la página en blanco, un estado patológico en el que el cerebro se bloquea y nada serio surge de su interior. Sentado frente a tu ordenador, tratas de concentrar tu atención en el escenario en que dejaste el relato el día anterior, lees el último párrafo que has escrito, lo relees una y otra vez, pero no encuentras el hilo conductor, no aciertas a pergeñar una continuación. Así, al cabo de un rato, decides: “Hoy no estoy inspirado, así que me voy a dar un paseo”.

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El vulgo tiende a creer que los artistas sólo son capaces de producir en esos momentos de inspiración en que la musa está despierta: el estro, el numen ─o cualquier otra palabreja que se le ocurra a algún iluminado para justificar su indolencia─, como único motor de la creación artística, un estado propicio inoculado por los dioses sobre un grupo de elegidos que han sido capaces de descifrar el lenguaje de la revelación.

No parece sensato admitir esa interpretación, al menos en lo que afecta a la mayoría de los mortales. Leí hace algún tiempo que una novela se construye con un 5% de inspiración y un 95% de trabajo. Eso parece más razonable, aunque me atrevería a decir que la primera tiende a cero para el común de los escritores y que el trabajo y sólo el trabajo es el único componente que hace crecer una obra literaria.

¿No será que estamos confundiendo el concepto de “inspiración” con el de “disposición” o el de “motivación”? En su tercera acepción, el DRAE define la inspiración como “efecto de sentir el escritor, el orador o el artista el singular y eficaz estímulo que le hace producir espontáneamente y como sin esfuerzo”. ¡Qué bien! Que alguien me diga que ha sido capaz de escribir un libro de forma espontánea y sin esfuerzo.

Es evidente que hay personas mejor dotadas que otras para el ejercicio literario, pero eso entra dentro del ámbito del talento, del don natural que todo ser humano posee hacia una u otra disciplina, una cualidad innata que es preciso educar a lo largo del tiempo para conseguir el fundamento. Sin ese aprendizaje, no surge el genio, por mucha “inspiración” que nos llegue del averno. Digamos que eso sería el núcleo, el fondo necesario, pero no suficiente. A partir de ahí viene el trabajo, el esfuerzo del autor, el verdadero artífice que abre paso a la culminación de un libro.

Aun así, conviene matizar. En todo proceso de creación artística, hay dos etapas bien diferenciadas. La primera es la elección del motivo, la segunda, la producción del objeto. Cuanto más tiempo dediques a la búsqueda de un buen argumento, a estructurar la trama y a perfilar los protagonistas, más sencillo te resultará luego la redacción del texto. Si eres capaz de construir un bosquejo de la historia con una extensión de cuatro o cinco páginas y una descripción de los personajes más relevantes, junto a los dos o tres giros que toda novela ha de contener para introducir el elemento sorpresa, probablemente, el síndrome de la no inspiración se desvanecerá.

No quiero decir con esto que, hecha esta labor previa, vas a estar libre de esos periodos de apatía que acechan a los que se dedican al quehacer intelectual. Llegarán, ciertamente, pero llegarán por ser inherentes a la naturaleza humana; son lapsos de debilidad creativa provocados por los vaivenes de la vida, propios de caracteres sensibles más propensos a estados de ánimo variables, poco dispuestos a la disciplina interna. La actividad literaria exige un sacrificio de la mente, sobre todo, al principio, cuando por la mañana enciendes tu ordenador y sientes la tentación de cumplir cualquier tarea urgente que tienes pendiente, antes de iniciar lo que verdaderamente es importante: escribir. Es la pereza intelectual a que nos empuja la ley del mínimo esfuerzo.

Por eso, sería más lógico hablar de talento sumado a disposición y dejar la inspiración para el mundo de los sueños.

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