Chéjov. 16 consejos para escritores

Categoría (Consejos para escritores, General) por Manu de Ordoñana, Ana Merino y Ane Mayoz el 15-09-2020

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Anton Chéjov nunca escribió un ensayo sobre su teoría y poética narrativa. Sin embargo, a través de su correspondencia, puede rastrearse algo así como un corpus. Piero Brunello, un obsesivo profesor veneciano, se encargó de seleccionar las opiniones de Chejov volcadas en su voluminosa correspondencia y compilarlas en un libro. Lo que el oficioso Brunello hizo fue clasificar “99 consejos para escritores” en distintos temas como por qué escribir, para quién, la verosimilitud, las descripciones, los personajes y los sentimientos. El resultado tiene un aire de manual de autoayuda, de iniciación en un taller literario. Aunque el libro aspire a condensar el método Chéjov de narrativa veloz, los fragmentos, con su tono de adagios, tienen una imbatible potencia pedagógica y, a la vez, resumen con sabiduría el arte de contar.

Estos son los dieciséis consejos extraídos de la obra Sin trama y sin final: 99 consejos para escritores, de Piero Brunello, publicados en el blog de la Asociación de Escritores Noveles, con fecha 16 de noviembre de 2015:

1.- Uno no termina con la nariz rota por escribir mal; al contrario, escribimos porque nos hemos roto la nariz y no tenemos ningún lugar al que ir.

2.- Cuando escribo no tengo la impresión de que mis historias sean tristes. Al revés, cuando trabajo estoy siempre de buen humor. Cuanto más alegre es mi vida, más sombríos son los relatos que escribo.

3.- Dios mío, no permitas que juzgue o hable de lo que no conozco y no comprendo.

4.- No pulir, no limar demasiado. Hay que ser tosco y audaz. La brevedad es hermana del talento.

5.- Lo he visto todo. Pero ahora no se trata de lo que he visto sino de cómo lo he visto.

6.- Es extraño: ahora tengo la manía de la brevedad: nada de lo que leo, mío o ajeno, me parece lo bastante breve.

7.- Cuando escribo, confío plenamente en que el lector añadirá por su cuenta los elementos subjetivos que faltan al cuento.

8.- Es más fácil escribir de Sócrates que de una señorita o de una cocinera.

9.- Guarda el relato en un baúl un año entero y, después de ese tiempo, vuelve a leerlo. Entonces lo verás todo más claro. Escribe una novela. Escríbela durante un año entero. Después acórtala medio año y después publícala. Un escritor, más que escribir, debe bordar sobre el papel; que el trabajo sea minucioso, elaborado.

10.- Te aconsejo: 1) ninguna monserga de carácter político, social, económico; 2) objetividad absoluta; 3) veracidad en la pintura de los personajes y de las cosas; 4) máxima concisión; 5) audacia y originalidad: rechaza todo lo convencional; 6) espontaneidad.

11.- Es difícil unir las ganas de vivir con las de escribir. No dejes correr tu pluma cuando tu cabeza está cansada.

12.- Nunca se debe mentir. El arte tiene esta grandeza particular: no tolera la mentira. Se puede mentir en el amor, en la política, en la medicina, se puede engañar a la gente e incluso a Dios, pero en el arte no se puede mentir.

13.- Nada es más fácil que describir autoridades antipáticas. Al lector le gusta, pero sólo al más insoportable, al más mediocre de los lectores. Dios te guarde de los lugares comunes. Lo mejor de todo es no describir el estado de ánimo de los personajes. Hay que tratar de que se desprenda de sus propias acciones. No publiques hasta estar seguro de que tus personajes están vivos y de que no pecas contra la realidad.

14.- Escribir para los críticos tiene tanto sentido como darle a oler flores a una persona resfriada.

15.- No seamos charlatanes y digamos con franqueza que en este mundo no se entiende nada. Sólo los charlatanes y los imbéciles creen comprenderlo todo.

16.- No es la escritura en sí misma lo que me da náusea, sino el entorno literario, del que no es posible escapar y que te acompaña a todas partes, como a la tierra su atmósfera. No creo en nuestra intelligentsia, que es hipócrita, falsa, histérica, maleducada, ociosa; no le creo ni siquiera cuando sufre y se lamenta, ya que sus perseguidores proceden de sus propias entrañas. Creo en los individuos, en unas pocas personas esparcidas por todos los rincones, ya sean intelectuales o campesinos; aunque sean pocos, en ellos está la fuerza.

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