¿Son los premios literarios un negocio para las editoriales?

Categoría (Derechos de autor, El mundo del libro, General) por Manu de Ordoñana el 16-05-2013

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La gran mayoría de los concursos literarios que se convocan en España sólo aceptan obras inéditas libres de compromisos ─el Premio Cervantes es una de las excepciones─, requisito mucho menos frecuente en la Unión Europea. Conforme te vas adentrando en los entresijos de cómo funciona la industria editorial de este país, vas comprendiendo la razón que se esconde tras esta exigencia aparentemente inocua y terminas por preguntare si los premios literarios se han creado para promocionar la cultura o simplemente para mejorar la cuenta de resultados de las entidades que los instituyen.

Muchos de estos certámenes están organizados por grupos editoriales que tienen intereses económicos, son empresas que tienen la obligación de ganar dinero ─objetivo legítimo que nadie discute─ para remunerar a sus accionistas. Hasta ahí, nada que oponer. Las dudas asoman cuando analizas las condiciones que te piden para participar en ellos. Me he permitido leer las bases que regulan cuatro de los concursos literarios más afamados en lengua castellana (Nadal, Alfaguara, Tusquets y el Herralde de Anagrama) y todos ellos incluyen cláusulas de este tipo:

  • Novelas originales e inéditas que no hayan sido premiadas con anterioridad.
  • El ganador está obligado a suscribir un contrato con cesión “ad eternum” de todos los derechos de explotación de la obra premiada, absolutamente todos, a favor de la editorial.
  • La remuneración que el autor recibe por ello es, como mucho, el 10% ─que luego se puede reducir hasta la mitad en algunas modalidades o en caso de subrogación de derechos─ sobre el precio de venta al público, sin contar el IVA.
  • Este porcentaje llega hasta el 25% si la venta es en formato electrónico, y sobre los ingresos netos obtenidos por el editor.
  • Y lo que es más sangrante ─a mi modesto entender─ es que la editorial se reserva esos mismos derechos para cualquiera de las obras presentadas, aunque no  hayan sido galardonadas, ni siquiera mencionadas con un accésit.

Son contratos leoninos que el ganador tendrá que firmar ─muy contento, seguramente─ sin darse cuenta de que es un regalo envenenado, ya que está cediendo una exclusiva ─sin opción al pataleo─ que seguramente va a producir unos jugosos dividendos, de los que el autor sólo va a recibir unas migajas. Y esto lo podría entender si el premio que se otorga es significativo, como los 600.000 euros del Planeta. Pero no, son valores menores, entre 18 y 20.000 € (salvo el Alfaguara con 170.000 US$), con la particularidad de que la cantidad percibida es a modo de anticipo; el autor empieza a cobrar el porcentaje sólo cuando haya amortizado el importe del premio.

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Por eso, uno se hace la pregunta: ¿la convocatoria de un concurso literario responde a una vocación cultural o a un interés económico para obtener ingresos sin arriesgar demasiado? Porque los gastos de gestión no son importantes y tampoco hace falta invertir mucho en publicidad. De eso ya se encargarán los medios, deseosos de disponer de noticias para llenar sus espacios. El mundo literario tiene glamour.

El mayor “dispendio” sería remunerar a los miembros del jurado, aunque seguramente una buena criba habrá sido hecha antes por “mileuristas”, con el fin de recortar el trabajo de los “sabios”. Y eso con las reservas que algunos apuntan sobre la honestidad que debería presidir el debate para conceder el galardón al más apto. ¿Será verdad eso de que la mayoría de los grandes premios se pactan previamente antes de leer ─incluso de recibir─ los manuscritos que se han presentado? Una autoridad como Manuel Rodríguez Rivero dijo en El País: “Con escasas (y notables) excepciones, el premio literario honrado es el que todavía no ha sido concedido”.

En Francia, muchos premios se conceden solamente a obras ya publicadas, lo que “a priori” parece más razonable. El Goncourt es el máximo galardón literario de entre los casi 1500 que se convocan anualmente en el país vecino. La decisión la toma un jurado sobre el conjunto de las novelas publicadas durante el año en curso, es decir, no entre obras inéditas, sino ya en circulación. La cuantía del premio es simbólica ─10 euros─ si bien el ganador tiene asegurado un éxito de ventas.

Pero no todo son elogios. Muchas críticas han sido hechas a los miembros del jurado ─que no rotan, son cargos vitalicios hasta cumplir los 80 años─, acusados de dejarse influenciar por los grandes sellos, aun tras prometer no tener relación profesional con ellos ni recibir remuneración alguna. No en vano, se estima en más de tres millones de euros el beneficio que produce la obra premiada en las ocho semanas que siguen al fallo.

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¿Réquiem por la librería tradicional?

Categoría (El mundo del libro, General) por Manu de Ordoñana el 25-04-2013

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El día del libro transcurrió este año marcado por el signo del pesimismo sobre el futuro de la industria editorial. La crisis económica, el cambio en los hábitos de lectura, la descarga ilegal y la irrupción de tiendas digitales a gran escala han perjudicado notablemente el mercado del libro, cuyas ventas han descendido un 25% en el primer semestre de 2013, según el presidente del Gremio de Libreros de Gipuzkoa.

Librería antigua

Los peligros que acechan al gremio son múltiples y de muy variada condición. Tan sólo el 39% de los lectores norteamericanos compran sus libros en las tiendas tradicionales, ya que el resto lo hace en Internet (El País, Babelia, 20 abr 2013). Y el porcentaje que corresponde a los libros antiguos es aún mayor, ya que alcanza el 80%.

Y no me refiero sólo a la venta de libros digitales, sino también a la de libros impresos. El comportamiento del lector es curioso y, al mismo tiempo significativo: visita las librerías, hojea los títulos más sugestivos y apunta el nombre de los que le han complacido, incluso saca una foto de la portada. Pero luego se va a casa, lo busca en Internet, lee una selección y, si le convence, lo compra en la web. Es lo que Javier Celaya denomina “turismo de librería”: descubre offline y compra online. Justo lo contrario de lo que sucede con otros productos de consumo: la gente visita tres o cuatro portales especializados, compara prestaciones y toma la decisión de lo que más le conviene, pero lo compra en la tienda de su barrio.

¿Es ése el triste destino que espera a la librería de toda la vida? Mucho me temo que así sea, si no transforma su modelo empresarial. A día de hoy, no parece viable una actividad en la que la cadena de distribución se lleva el 50% del precio de venta del producto. Algo hay aquí que chirria, que es contrario a la razón. Y no estoy diciendo que los libreros se estén forrando a ganar dinero ─me consta que la mayoría a duras penas consigue cubrir sus gastos─, sino que la estructura que se ha montado alrededor es arcaica, no ha evolucionado ni se ha adaptado a las nuevas tecnologías.

Así se explica que el precio de un libro en una librería rara vez es inferior a los 20 euros, cuando el coste de producción no suele pasar de 2 euros y otros dos son para remunerar al autor que ha hecho el trabajo principal. Éste es el verdadero problema que acecha al librero tradicional, amén de estar obligado a financiar unas existencias en disonancia con el volumen de facturación y disponer de un espacio físico equivalente en el centro de la ciudad. A pesar de los consejos que algunos nostálgicos apuntan para sobrevivir, no hay razón para ser optimista; son muchos los riesgos y los libreros no están por el cambio: muchos de ellos han cumplido la edad, su mente de base intelectual no entiende de megabytes, saben que les ha llegado la hora y esperan el final con una cierta amargura que no siempre sale al estrado, cuando te cuentan sus penas.

¿Qué vendrá luego? A saber… Las tiendas grandes se reconvertirán y añadirán nuevos artículos ─¿imitando a Fnac?─para hacer rentable el establecimiento. Las librerías de barrio ganarán peso por su condición de bazar y el contacto personal para prescribir. Pero el gran vencedor será el e-commerce, la venta por Internet ─y me sigo refiriendo al libro impreso, ya que lo del libro digital es evidente─, un fenómeno imparable que arrasará el antiguo régimen y terminará por imponer su ley, como ya lo está haciendo en otros sectores de tanta relevancia como la ropa, la electrónica, el ocio, la cosmética e incluso la alimentación. ¿Nos damos cuenta de lo que en realidad está ocurriendo?

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El IVA del libro digital

Categoría (El libro digital, El mundo del libro, General) por Manu de Ordoñana el 07-03-2013

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Según la última encuesta “Hábitos de lectura en España”, el porcentaje de ciudadanos que posee un e-book alcanza el 9,7 %, cuando en 2010 no llegaba al 2%, y el de lectores de libros en soporte electrónico ha pasado en dos años del 5,3% al 11,7% de la población. Poco a poco, lo digital se impone, aunque sin llegar a la catástrofe que auguraban los gurús hace unos años.

Mientras tanto, arrecia en España la polémica sobre el IVA (impuesto sobre el valor añadido) que el Gobierno aplica a la cultura. La reforma fiscal de septiembre de 2012 incrementó el tipo general que se aplica al libro electrónico del 18 al 21%, pero mantuvo el superreducido del 4% que corresponde al libro impreso, un gesto claro para proteger a la industria editorial que ve cómo, año a año, cae la facturación y descienden sus beneficios.

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No hay ninguna razón para explicar ese desajuste. En mayo del 2009, la Comisión europea modificó la directiva del IVA para considerar como libro toda tecnología digital con un soporte físico, lo que de inmediato induce a pensar que el libro digital ha de tener el mismo tratamiento fiscal que el libro impreso. Al parecer, Bruselas prevé este año presentar una propuesta para igualar el IVA de ambos formatos en todos los países de la Unión Europea.

Y sin embargo, el pasado mes de febrero, las autoridades comunitarias denunciaron a Francia y Luxemburgo por aplicar a ambos el mismo tipo de IVA reducido (en Luxemburgo es el 3% y en Francia, el 5,5%). Son los dos únicos países europeos que siguen esta pauta.

  • Luxemburgo, porque con ella ha logrado atraer a su territorio la sede de varias multinacionales norteamericanas que facturan desde allí, de forma que, cuando tú compras a Amazon un libro digital, ese 3% va a parar a las arcas del pequeño estado centroeuropeo, lo que no deja de ser un contrasentido cuando estamos hablando de un impuesto al consumo que debería de ser recibido por el país en que reside el comprador.
  • Francia, porque ha visto atacados sus intereses económicos por la competencia que le hace el país vecino. Posee una industria editorial potente (lo que no ocurre en Luxemburgo) y, por eso, el gobierno del socialista François Hollande decidió reducir del 7% al 5,5% la tasa que se aplica a los libros impresosy digitales, a partir del uno de enero de 2013.

No es fácil de entender la postura de Bruselas. La directiva de 2009 equiparaba la fiscalidad de ambos soportes. No tiene sentido ahora, en vísperas de una legislación paritaria, imponer una sanción económica a quien ha adelantado su puesta en vigor. La Comisión ha confirmado su discrepancia y ha anunciado que en breve denunciará a ambos países en el Tribunal de Justicia de la Unión Europea. Con esa medida, Bruselas pretende que el cambio se produzca al mismo tiempo en todos los estados y que, en el interín, no se permitan prácticas desleales que den ventaja a aquellos países que han aprobado tributos más laxos.

¿Tendría España que imitar la actitud de Francia? Probablemente, sí. Una rectificación a la baja del importe del IVA aplicado a los libros digitales sería un estímulo para la colaboración entre el mundo del libro y las “startups” (empresas tecnológicas de reciente creación). La industria editorial es importante y hay muchos intereses en juego, aunque no estoy yo muy seguro de que los empresarios hayan apostado por lo digital. Da la impresión de que prefieren mantener su posición de privilegio en el segmento tradicional del libro impreso y dejar para otros la aventura de lo nuevo, con esa visión cortoplacista que tanto caracteriza al homo hispanicus.

Hábitos de lectura en España

Categoría (El mundo del libro, General) por Manu de Ordoñana el 14-02-2013

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Se acaba de publicar el informe “Hábitos de lectura y compra de libros en España 2012”, realizado para la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE), con la colaboración de la Dirección General de Política e Industrias Culturales y del Libro del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, mediante una encuesta telefónica realizada a 6.380 individuos de más de 14 años y que llevan más de diez residiendo en el territorio. Un 92% de la población afirma leer con una frecuencia al menos trimestral y un 88,6% lee con frecuencia al menos semanal, en alguno de los soportes (libros, revistas, periódicos, cómics, webs, blogs, foros, etc.).

Leer de libros. En lo que a nosotros nos interesa, la encuesta señala que un 61,4% de la población española lee libros al menos una vez al trimestre, lo que indica que el 38,6% no lee nunca un libro. En Francia, ese porcentaje es del 30%, pero un 27% declara leer sólo entre 1 y 4 libros al año, con lo cual estaríamos hablando de resultados muy parecidos.

Comprar libros. Un 40,3% de los entrevistados declara haber comprado algún libro no de texto en el último año con una media de 9,1 libros comprados. Casi el 80% de la compra de libros se hace en establecimientos tradicionales (librerías, cadenas de librerías, grandes almacenes e hipermercados, por este orden), mientras que sólo el 4,1% se adquiere a través de Internet.

La biblioteca en casa. El número medio de libros (sin contar los de texto) que hay en cada hogar es de 201, con un descenso del 5,1% con respecto a 2010:

  • En un 9,2% de los hogares tienen menos de 10 libros, de los cuales un 4% no tiene ninguno.
  • En un 9,9% tienen de 11 a 20 libros.
  • En un 44,3% tienen de 21 a 100 libros.
  • En un 14,5% tienen de 101 a 200 libros.
  • En un 22,1% se superan los 200 libros.

Leer en soporte digital. El 58% de los españoles lee en soporte digital (en un ordenador, un teléfono móvil, una agenda electrónica o un e-Reader) con una frecuencia al menos trimestral, lo que supone un incremento del 21,3% con respecto a 2010. El cuadro siguiente refleja la proporción de lectores en formato digital con respecto al total:

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El 11,7% de los lectores afirma leer libros en soporte digital, lo que representa el 18,6% sobre el total. Ese porcentaje sube hasta el 47,9% en la lectura de periódicos, lo que justifica la alarma de la prensa tradicional que, al mismo tiempo, contempla una importante reducción de sus ingresos por publicidad.

Dispositivos de lectura. El porcentaje de personas que poseen un dispositivo de lectura electrónico ha crecido desde el 1,7% en 2010, al 3,9% en 2011 y al 9,7% del 2012. El cuadro siguiente refleja la evolución de los modelos más vendidos en el periodo 2011-2012:

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Llama la atención el incremento que experimentan los soportes que no están pensados únicamente para la lectura, como las tabletas y los smartphones, así como el descenso de los e-readers, salvo el Kindle de Amazon que ha crecido un 55%.

Descargas de libros digitales. Entre los ciudadanos que leen libros digitales, el mayor porcentaje de lectores se los descarga de internet gratuitamente (64,4%) o los consiguen de familiares y amigos (37,8%). Sólo un 32% se los descarga pagando, frente a un 36,9% del año precedente. Aun así, dentro de este último segmento de “paganos”, sólo pagan 4,5 de cada 10 libros que leen, ya que el resto se los descargan gratis. 

Registro editorial 2012 en España

Categoría (El mundo del libro, General) por Manu de Ordoñana el 24-01-2013

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La Federación de Gremios de Editores de España ha publicado las estadísticas de libros registrados en la agencia española del ISBN correspondientes al año 2012. Las 840 empresas agrupadas en la FGEE representan el 95% del volumen de negocio del sector editorial español, que mueve anualmente cerca de 3.000 millones de euros, lo que supone el 0,7% del PIB, y da empleo directo o indirecto a más de 30.000 personas.

El número total de títulos registrados fue de 88.349 ─cifra en la que no están incluidos los libros editados por sus propios autores─, lo que supone un descenso del 14,3% con respecto al año precedente. El cuadro siguiente recoge el detalle por comunidad autónoma:

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El número de títulos digitales fue de 19.997, un 22,6% sobre el total registrado, con un incremento del 13% con respecto a 2011, lo que demuestra el esfuerzo que está haciendo la industria editorial española para adaptarse a los nuevos tiempos. Conviene recordar que ese porcentaje del 22,6% se refiere al número de títulos registrados, ya que probablemente la facturación no habrá superado el 2% (1% en 2010, según Global eBook Market 2011).

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El comercio del libro digital en España está en su inicio, muy lejos de las cifras que se manejan en Estados Unidos, aunque la información que de allí nos llega no sea del todo fiable. Algunos medios de comunicación han llegado a decir que el número de libros digitales vendidos en USA ha superado ya al de libros impresos, pero no hay ninguna estadística que lo confirme, aparte de que parezca poco creíble. Éste es uno de los problemas que plantea Internet: no todo lo que se publica es cierto, hay muchos intereses de por medio. No tengo ninguna duda de que el libro digital terminará por imponerse al libro impreso, al menos en lo que se refiere a temáticas de ficción y afines; lo que no sabría decir es cuándo, quizá pasen muchos años antes de que eso ocurra.

El informe de Global eBook Market 2011 afirma que, en 2010, se descargaron 114 millones de libros digitales en Estados Unidos y que el mercado de libros impresos cayó en el primer semestre de 2011 un 10,2%, con 307 millones de ejemplares vendidos, lo que nos permite estimar que la cuota del ebook se situaría en torno al 20%, esto en unidades, porque en volumen de negocio representa tan sólo 6,2%.

En lo que se refiere al idioma, el cuadro siguiente recoge el número de libros registrados en las diferentes lenguas nacionales y extranjeras:

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Al margen del castellano, que es mayoritario, los libros registrados en el resto de las lenguas hispanas representan el 12%, con los siguientes porcentajes sobre el total en cada zona de influencia:

  • En Galicia, el 61% de los libros registrados lo fue en gallego.
  • En el País Vasco y Navarra, el 34% en euskera.
  • En Cataluña, el 33% en catalán.
  • En el País Valenciano, el 25% en valenciano.

Finalmente, el número de libros traducidos ascendió a 19.792, de los cuales, el mayor porcentaje corresponde al inglés (52%), seguido del castellano a otras lenguas (15%), el francés (10%), el italiano ( 5%) y el alemán (4%).

Reconvertir la industria editorial

Categoría (El mundo del libro, General) por Manu de Ordoñana el 26-09-2012

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El pasado fin de semana se celebró en la isla de Mallorca la quinta edición de las tradicionales Conversaciones Literarias de Formentor, que fue inaugurado por Ignacio Polanco con unas bellas palabras: “Tiempo, silencio y espacio, vindicó el presidente dela Fundación Santillana, celebrando la vieja tradición de leer y escribir, la inventiva, el recuerdo y la palabra que se plasma en los libros que nos ayudarán a ser más inteligentes, más tolerantes y más curiosos”.

Como era de esperar, las conversaciones se iniciaron con un panel de editores, distribuidores y libreros que describieron los graves daños que la crisis está causando a la industria cultural. Recalcaron la caída de ventas y, a la vez, abrieron las incógnitas que plantea la creciente competencia del libro electrónico, que ha multiplicado por nueve sus ventas, mientras que la penetración del libro tradicional ha caído hasta un 22%.

“Es una situación de extrema gravedad para la industria que afecta a toda la cadena de valor del libro. El futuro está aquí, ahora, bienvenido el futuro”, diagnosticó Pilar Reyes, directora de editorial Alfaguara, que coincidió con otras voces editoriales al señalar la amenaza cultural que representa la hegemonía de los mayoristas de la red. “Amazoon, Google o Apple dictan las reglas y manejan el mercado, a veces hasta la censura de alguna obra electrónica por palabras inapropiadas”, acusó Sigrid Kraus, editora de Salamandra.

Un centenar largo de gente ligada a la creación, la industria y el comercio del libro ─y bastantes lectores─ debatieron sobre el rol del libro, la cadena industrial y la necesidad de reinventar el sector para sobrevivir en un escenario en el que las tiradas van a seguir reduciéndose, lo mismo que el número de títulos, a pesar de cada día aparecen más escritores noveles que quieren publicar.

Diana Hernández, editora de Blackie Books, recién llegada de la piscina, constató que entre los bañistas vio seis personas con libros tradicionales en las manos y tan sólo uno con libro electrónico. Es cierto que el soporte digital está entrando poco a poco, a una velocidad sensiblemente inferior a lo que habían previsto algunos “gurús”. Eso es una buena noticia, hay tiempo para reorganizar el negocio, pero hay que hacerlo.

No es fácil hacer predicciones a largo plazo, pero tampoco hay que cerrar los ojos. El ebook terminará por imponerse, lo que nadie sabe es cuándo. Es posible que tarde diez años, aunque yo creo que el plazo será más largo, quizá veinte o treinta. La gente joven ─la infancia mucho más─ piensa en código binario, ellos son los consumidores del futuro y verán el libro en papel como una antigualla de colección o para exhibir en el museo.

A pesar de los avances tecnológicos, el e-reader no ha hecho más que empezar. Hay que presumir que, en media docena de años, su diseño mejorará notablemente, quizá se unifiquen los formatos de lectura y aparezcan soportes más flexibles, baterías intercambiables o de muy larga duración, así como la intermodalidad con lo audio visual. Aunque el precio ya es asequible, hay que esperar a que todavía baje, y sobre todo, que descargar un título no cueste más de tres euros.

Los expertos están cada vez más convencidos de que, en un tiempo no muy lejano, los libros no se adquirirán de forma individual, sino que primará el servicio de préstamos mediante suscripción: el Spotify de libros, un modelo que está triunfando en el segmento musical. Por una módica cantidad ─pongamos que diez euros al mes─ tendrás derecho a bajarte cualquier libro del mercado y a disfrutar de él durante un periodo, algo parecido a lo que ofrecen hoy en día las bibliotecas públicas, pero desde Internet y sobre un dispositivo electrónico de última generación.

Todo ello a expensas de solucionar el problema de la propiedad intelectual, problema que sin duda se resolverá, no a gusto de todos, pero sí del autor, que no verá mermados sus ingresos para seguir creando, al final eso es lo que importa. El gran perjudicado será el editor y la cadena de distribución… lo siento, toca reconversión.

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