El humor literario II

Categoría (General, Taller literario) por Ana Merino y Ane Mayoz el 12-06-2018

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Nuestra literatura tiene una larga tradición humorística: basta pensar en el Lazarillo de Tormes, o en el Quijote. La literatura del humor, durante el siglo XIX, prácticamente desapareció de las letras españolas para dejar paso a la sátira, a una literatura de la indignación, que suele centrarse en los políticos, los reyes… A finales de ese siglo, se evidencian algunas características del nuevo humor, ya que se abandona la sátira política partidista, los ataques personales, para crear un humor con base costumbrista, de reflejo de la realidad cotidiana del momento. Hay un placer evidente en el chiste,en el puro juego de palabras, en el equívoco que llenaba muchas comedias de la época. Y hay gusto por la exageración, por crear situaciones rebuscadas que, precisamente por su exceso, provocan la risa, aunque nunca se llega todavía al absurdo total.

Esas transformaciones del humor se acelerarán a partir de la derrota del 98. Surge un nuevo interés por la individualidad; la crítica y la sátira pierden valor y se abre campo a la originalidad en el humor. El novecentismo, uno de los movimientos más intelectuales de la literatura española, comienza con la primera transformación del humor.

Y aquí nos encontramos con Ramón Gómez de la Serna, entre otros. Inconformista y original, manifiesta cuando comienza a escribir (1905) el deseo de proceder a una renovación radical de la literatura. Sus obras y su vida se caracterizan por la originalidad, la novedad, la ruptura con todo lo comúnmente admitido, tanto en la forma como en el fondo. Pero no solo interesa él como autor, sino también como movilizador de la vanguardia. Además de sus propias obras —novelas, relatos, ensayos, biografías, conferencias, teatro, radio…— fue maestro para muchísimos de los jóvenes escritores que por entonces llegaban al mundo de las letras desde la famosa tertulia del Café de Pombo, que dirigió durante muchos años. Su influencia fue absorbente dentro de la literatura de humor desde 1920 hasta la Guerra Civil.

En nombre de la vanguardia, defiende el hundimiento de lo real y una realidad subjetiva a través del lenguaje. En esa labor de descomponer literariamente la realidad, el humor resulta clave: deshace la lógica de lo cotidiano, que es en sí misma absurda, y hace que las cosas vuelvan a su ser propio, desorganizado, libre. Así, el humorista observa los objetos desde muchos y nuevos ángulos, acepta todas sus particularidades y les da otra función, otros ideales; el humor, el nuevo humor, queda liberado de todo el pasado anterior de la sátira y el sainete. Sus relatos humorísticos resultan extremadamente originales. Se apoya en el absurdo, pero toma también en cuenta elementos como el erotismo, la muerte y un cierto exotismo en los ambientes.

Jardiel Poncela se consideraba un continuador de la obra de Ramón. De la vanguardia, heredó el gusto por la novedad y la originalidad de toda su obra. Su humor no es tan refinado ni tan renovador como el de Ramón, pero es mucho más accesible al público: desprecia los juegos de palabras y los chistes, en favor del  valor cómico de las situaciones. Sus relatos parten siempre de hechos absurdos, pero se desarrollan con una coherencia absoluta, con un rigor total para desembocar en situaciones de completa falta de lógica. Es pionero en presentar escritos que imitan artículos de periódico, obras dramáticas, pregones, anuncios… Una huella más de la vanguardia.

Wenceslao Fernández Flórez, gallego de pro, periodista y novelista, destacado humorista y artista de la retranca, una figura injustamente olvidada que puso el énfasis en lo absurdo de la existencia humana.

Además, habría que mencionar a Antonio Lara (Tono), Mihura y muchos otros hasta los años sesenta, incluyendo a autores más jóvenes, como el exitosísimo Álvaro de Laiglesia.

Pero hay que precisar que la mayoría de las cosas no son ni de risa ni dramáticas. Se les da un tratamiento u otro y ese tratamiento lo da el lenguaje.

Humor literario I

Categoría (El oficio de escribir, General, Taller literario) por Ana Merino y Ane Mayoz el 05-05-2018

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¿De dónde procede el término humor? No hay acuerdo acerca de su etimología. Para unos, del latín humos, “tierra”; aunque más lógico parece hacerlo descender de la voz latina umidus, “humedad”, que origina la otra acepción de la palabra humor, “líquido humoral”, de donde dicen los eruditos que viene eso de estar de buen o de mal humor, según sea el líquido predominante que empapa el cuerpo en un momento dado. Lo único incuestionable es que las bestias desconocen el humor. Y que para los seres racionales que poseen su sentido constituye una forma de ser, una actitud constante ante la vida e incluso ante la muerte.

Hay que empezar por distinguir lo cómico de lo humorístico. La palabra humor comenzó a usarse en el siglo XVIII para referirse a un determinado tipo de obras que provocaba la risa, pero que eran muy diferentes de los géneros cómicos por entonces en boga. No es fácil encontrar fronteras entre ambas ideas. Lo cómico parece ser todo aquello que mueve a reír, que no busca sino la pura diversión, el entretenimiento y el regocijo. Los humoristas suelen definir el humor buscando matices que agregan a lo cómico un elemento serio, a veces incluso triste o desagradable en su fondo. El cómico pretende solamente reírse de las cosas; el humorista ríe también, pero se aproxima más a ellas, y descubre al mirarlas un fondo de tristeza, e incluso de tragedia. Read the rest of this entry »

El microcuento

Categoría (General, Taller literario) por Ana Merino y Ane Mayoz el 11-04-2018

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Se le denomina de diferentes formas: minicuentos, cuentos mínimos, cuentos brevísimos, cuento o relato microscópico, narración ultracorta, relato hiperbreve, relato mínimo o denominaciones más jocosas como “descuentos”. Hoy por hoy parece que el uso del término microrrelato se está imponiendo.

De la misma manera que todavía hay escritores, lectores y críticos que creen que el cuento es —en sustancia— un entrenamiento para empresas de mayor enjundia (como, por ejemplo, la novela), hay quien también piensa que el microrrelato es un embrión o un entrenamiento para escribir cuentos, o simplemente un texto brevísimo en prosa; por no recordar a los que sólo lo consideran un alarde de ingenio. Read the rest of this entry »

La estructura narrativa

Categoría (General, Taller literario) por Ana Merino y Ane Mayoz el 06-02-2018

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A la hora de escribir un relato, se puede prever toda la trama  haciendo un esquema de lo que se va a narrar y teniendo en cuenta el orden a seguir. Pero también hay otra manera de hacerlo: empezar a escribir a partir de una idea e ir desarrollando el camino que la propia historia marque.

El inicio.- Es una parte muy importante del relato a la que hay que dedicar tiempo y esfuerzo. Existe el inicio tradicional, que sitúa al lector en un lugar y en un tiempo determinados y, además, añade una presentación de quiénes van a formar parte de la trama. Pero también está el inicio que mete al lector de lleno en la historia; es el conocido como “in media res” (en medio del asunto).

El final.- Respecto a cómo finalizar un relato, una forma sería concluir con un final que le dé sentido (final cerrado) y otra, dejar al lector que ponga ese final (final abierto). Read the rest of this entry »

La oración y sus partes. El verbo

Categoría (General, Taller literario) por Ana Merino y Ane Mayoz el 06-01-2018

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Todos sabéis que el hombre balbucea, brama, bufa, canta, canturrea, cuchichea, chista, dice, estornuda, ganguea, gime, grita, gruñe, habla, se lamenta, llama, murmulla, musita, se queja, refunfuña, resopla, rezonga, ruge, silba, solloza, tartamudea, tose, tararea, vocea, vocifera, etc. Pero quizá ignoráis otras muchas expresiones castellanas que le son propias. El hombre aspa, bisbisa, chirla, efunde, fablistanea, fresa, gargaliza, guaya, jalea, picotea, resalga, verraquea, zopilla…

Como se puede comprobar con esta pequeña muestra, el castellano es muy rico y tiene guardados muchos secretos que apenas si sospechamos. Read the rest of this entry »

La oración y sus partes. El adjetivo

Categoría (General, Taller literario) por Ana Merino y Ane Mayoz el 05-11-2017

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Los adjetivos utilizados en un texto deben ser el resultado de una elección personal. Nunca debemos incluirlos ni de manera irreflexiva ni cuando nos resulte cómoda o fácil su inserción. Dos grandes cuentistas nos dan unos consejos muy útiles para su uso:

  • Horacio Quiroga nos recomienda evitar la adjetivación innecesaria; la colocación de un adjetivo cuando el sustantivo basta para expresar la idea: gota (no gota resbaladiza); instantáneas (no puntuales instantáneas); soledad (no soledad aislada): “No adjetives sin necesidad. Inútiles serán cuantas colas de color adhieras a un sustantivo débil. Si hallas el que es preciso, él solo tendrá un color incomparable. Pero hay que hallarlo.”
  • Prescindir de la adjetivación vaga e imprecisa es la recomendación de Anton Chéjov: “Al corregir las pruebas, tacha muchos de los sustantivos y adjetivos. Usas tantos sustantivos y adjetivos que la mente del lector es incapaz de concentrarse y se cansa pronto. Si yo digo: ‘El hombre se sentó sobre el césped’ lo entenderás de inmediato. Lo entenderás porque es claro y no pide un gran esfuerzo de atención. Por el contrario, si escribo ‘Un hombre alto, de barba roja, torso estrecho y mediana estatura, se sentó sobre el verde césped, pisoteado ya por los caminantes; se sentó en silencio, con cierto temor, y tímidamente miró a su alrededor’, no será fácil entenderme, se hará difícil para la mente, será imposible captar el sentido de inmediato. Y una escritura bien lograda, en un cuento, debería ser captada inmediatamente, en un segundo (…).”

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