Piratería digital

Categoría (El libro digital, El mundo del libro, General) por Manu de Ordoñana el 27-11-2011

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IDC acaba de hacer público su informe sobre el fenómeno de la piratería online de contenidos digitales (música, videojuegos, películas y libros) generada en España por consumidores de edades comprendidas entre 16 y 55 años, referido a la piratería de pago en el primer semestre de 2011, sin incluir en el cálculo aquellos contenidos que, por ser gratuitos para el consumidor, no son susceptibles de ser pirateados.

Piratería de contenidos digitales (millones de euros) 

Concepto

Música

Videojuego

Películas

Libros

Total

Negocio legal

49

179

495

815

1.538

Valor de lo pirateado

2.746

288

1.401

793

5.229

Consumo total

2.796

467

1.897

1.608

6.768

Tasa de piratería %

98,2

61,7

73,9

49,3

77,3

 Nota.- El negocio legal base del análisis se refiere a la piratería realizada por consumidores de edades comprendidas entre 16 y 55 años. En el caso de películas, se excluyen del cálculo la TV en abierto y el streaming online gratuito. Y en el caso de los libros, no se han tenido en cuenta las descargas de libros de texto, ni las realizadas por instituciones y bibliotecas.

Éstas son las principales conclusiones: 

  • La industria de contenidos digitales en España generó un volumen de negocio legal de 1.538,1 millones de euros en el primer semestre de 2011, con un descenso del 0,5% respecto al primer semestre de 2010.
  • La tasa de piratería fue, en media ponderada, del 77,3% en el primer semestre de 2011, con un crecimiento del 0,4% a la obtenida en el mismo periodo del año anterior.
  • El valor total de los contenidos pirateados asciende a 5.229,4 millones de euros; es decir, casi cuatro veces el valor del consumo legal.
  • Por segmentos, el valor de lo pirateado en música fue de 2.746,4 millones de euros; en películas 1.401,6 millones; videojuegos 288,2 millones de euros, y en el sector del libro fue de 793,2 millones.

No nos debe sorprender la tasa de piratería que existe en la música, por encima del 98%. La mayoría de los establecimientos discográficos que florecieron en las últimas décadas del pasado siglo han desaparecido y la industria musical española está en vías de extinción: su facturación cayó un 20% en 2010 y acumula un descenso del 80% desde el año 2001.

Lo que sí llama la atención es el alto porcentaje de piratería que existe en los libros, con una tasa del 49,3 % y tendencia creciente, ya que, en el mismo periodo del año 2010, fue del 43’5%. Esta tasa se ha disparado desde que aparecieron los e-readers y, sobre todo, las tabletas como el iPad de Apple. Y pronto estará en el mercado la nueva tableta de Amazon al asequible precio de 180 €. El otro día, un conocido me aseguró que él se baja gratis a su kindle cualquier ebook que encuentra en la red. Esto sí que ha sido una sorpresa para mí…

Editorial Amarante. Una oportunidad para el escritor diletante

Categoría (El mundo del libro, General, Publicar un libro) por Manu de Ordoñana el 22-11-2011

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Muchas editoriales en lengua castellana se han dado cuenta de las ventajas que ofrece publicar libros digitales. Otras se han creado nuevas con el mismo objeto ─hasta el diario “La Vanguardia” acaba de lanzar una─, con la particularidad de que la inversión que han tenido que realizar ha sido modesta, simplemente el desarrollo de un software bien organizado y de fácil manejo.

Este tipo de editoriales digitales representa una excelente oportunidad para que tú, escritor diletante, puedas publicar tu libro, ya que subirlo a su librería es totalmente gratuito. Ya hay varias que ofrecen este servicio en la actualidad y supongo que otras muchas van a aparecer en el próximo futuro.

Una de ellas, de reciente creación, es editorial Amarante, tan reciente que sólo ha incorporado a su librería ocho títulos de siete autores diferentes. Creo que es una buena ocasión para aprovechar esta etapa inicial, en la que no hay mucha competencia, para que tu libro aparezca en posiciones preferentes durante algún tiempo. El precio de la descarga es de 2,94 euros, salvo uno que cuesta 3,54 y otro 4,35. Desconozco el importe que reservan para el autor: quise enviar el original de mi novela “Árbol de sinople”, pero advertí que el género de novela histórica no coincide con su línea editorial.

Amarante apuesta definitiva y únicamente por el libro electrónico (ebook) de calidad, a buen precio y con el suficiente atractivo para hacer de su sello editorial un punto de referencia, ofreciendo todos los formatos de lectura y sin barreras. Su eslogan es “el libro es el contenido, no el continente

La editorial Amarante está presente en las principales librerías virtuales y distribuye sus ebooks a través de ibookstore, amabook, Barnes Noble, Kobo y otros más, así como a través de Smashwords para el Kindle y muy pronto, con Amazon. Comprar en la tienda de Amarante es muy rápido y bastante fácil. No necesitas registrarte. Te envían el ebook a tu email para que te lo descargues desde allí.

Si quieres publicar ti libro en Amarante, puedes enviar el texto a su dirección de correo electrónico editorialamarante@gmail.com, adjuntando tu curriculum literario y una breve sinopsis del libro. En función del género y del argumento, la editorial analiza si la obra coincide con su línea editorial y te contesta si lo acepta o lo rechaza. Les gusta la novela de misterio, el thriller, la novela negra, la novela oscura, la ciencia ficción y la literatura fantástica, es decir, todo lo que sea dejarse llevar por la imaginación y la fantasía en estado puro. No les gusta la novela histórica, ni la novela rosa.

Librerías especializadas

Categoría (El libro digital, General, Marketing para vender libros) por Manu de Ordoñana el 18-11-2011

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Una de las estrategias que las librerías tienen a su disposición para sobrevivir es la especialización, con el fin de acercarse más al lector, conocer sus aficiones, recomendarle aquellas obras que se acomodan a su gusto y ayudarle a tomar la decisión de compra, sea en la propia tienda (comprometiéndose a conseguir el libro elegido si lo quiere en papel), sea en la red (si lo quiere en formato digital), un rol que parece antagónico con el concepto clásico, pero que ya algunos libreros han asumido: enseñar al cliente a descargar un ebook.

Bajo este concepto de especialización, me llamó la atención una noticia que leí hace unos días en la web de Comunicación Cultural. Presentaba la iniciativa tomada por Andrew Kessler de abrir una librería en el centro de Nueva York para vender exclusivamente su último libro, con las estanterías ocupadas por la misma obra, 3.000 ejemplares iguales de la novela “Martian Summer”, sin ningún otro título que pudiera contaminar el criterio del visitante de tal superespecializada librería. El autor pensó que, al ser un escritor desconocido, le sería muy difícil darse a conocer y que la única forma de hacerlo sería la de montar su propia tienda.

Martian Summer Andrew Kessler

Ya sé que esta experiencia no deja de ser una anécdota curiosa y excéntrica, pero merece la pena su alusión a fin de reflexionar sobre ese concepto de especialización. No estoy diciendo que, si quieres vender la última novela que has escrito, tienes que montar una librería de autor en la Gran Vía. Lo que pretendo es despertar la conciencia de los libreros para que se adapten a los nuevos tiempos. Que piensen en otras formas de enfocar su negocio, en seleccionar un número determinado de autores consagrados, para llenar con sus obras las estanterías y, al mismo tiempo, ofrecer un servicio de asistencia al cliente para que aprenda a descargar en su dispositivo electrónico la obra seleccionada. Incluso podría poner a su disposición un portal propio ─en un dominio compartido con otros miembros del gremio─ para realizar allí mismo la descarga, previo pago de un modesto canon.

Se me ocurre que un modelo tal de librería ocuparía un espacio reducido, o al menos, no tan extenso como en la actualidad. Esto que, a primera vista, parece un despropósito, se podría convertir en una oportunidad, ya que la zona liberada serviría para desarrollar actividades complementarias, como la venta de dispositivos de lectura. En definitiva, ¿no es eso lo que ha hecho Fnac?

Y no sólo eso; habría incluso que avanzar más y constituir áreas con pantallas para acceder a la descarga de e-books, bajo la tutela de empleados adiestrados en el manejo de los diferentes formatos de lectura y su adaptación a los distintos tipos de e-readers que existen en el mercado. Las librerías que fomentan la lectura digital ─como la colombiana “librería de la U”─saben que el aprendizaje es uno de los mayores problemas que frena el ascenso de la demanda de libros electrónicos. El que sea capaz de enseñar el uso de las nuevas tecnologías, ése será el primero en conseguir el éxito. Al final, se trata de añadir valor al establecimiento, de atraer a otro tipo de clientela; en definitiva, de mejorar la rentabilidad del negocio.

Otra solución es transformar el e-book en un producto tangible que el público pueda ver, tocar y comprar en la librería. Se trata de una tarjeta que se expone en la estantería con la imagen de la cubierta del libro en una cara y, en la otra, un código de descarga. El cliente compra la tarjeta en la librería y luego descarga el libro en su casa introduciendo el código en la web de Enthrill, la empresa canadiense que ha desarrollado el invento.

El Mataburros. Tutorial

Categoría (El Mataburros, General) por Manu de Ordoñana el 13-11-2011

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Otra palabreja que nos ha colado la industria electrónica en la jerga digital es “tutorial” para designar la ayuda o guía que el usuario necesita consultar para aprender el manejo del artefacto que acaba de comprar, una especie de asistente para conocer su funcionamiento, aunque el diccionario Oxford define “tutorial” como clase individual o con un pequeño número de estudiantes y reserva “handbook” para traducir “manual de instrucciones”. 

La palabra “tutorial” no está registrada en el Diccionario, pero el DRAE te ofrece “tutorar”: poner tutores, por ejemplo, cañas para mantener derecha una planta. Bajo esa acepción, “tutorial” sería un adjetivo que se podría aplicar para todo lo que tiene relación con la tutoría o el tutor. Así estaría bien dicho “La acción tutorial ayuda al estudiante”, como titula “El Periódico Mediterráneo” de Castellón del 18.06.2011 un artículo que presenta el programa “Acción Tutorial universitaria” destinado a los estudiantes de primer para ayudarles a adaptarse a la vida universitaria y académica.

¡Bienvenido al Tutorial de Wikipedia! Así titula Wikipedia su sitio para explicar su misión de enciclopedia en Internet, editada de forma colaborativa, en el que ofrece las instrucciones para que cualquiera se pueda convertir en un Wikipedista. Matiza el cronista que se trata de un tutorial y no de un extenso manual y ofrece un enlace que sirve al wikipedista como asistente para la creación de artículos.

También Euskaltel se inclina por los tutoriales para ayudar a sus técnicos a realizar la instalación correcta de sus equipos, para lo cual ha encargado a una empresa externa la grabación de unos videos tutoriales que explican cómo crear una red doméstica de acceso a internet. Es que el “tutorial” es ya un elemento consustancial a cualquier aplicación de software, dispositivo electrónico y demás artilugios que la tecnología ha inventado para hacernos la vida más agradables.

Ya tenemos pues incorporado a nuestro acervo cultural el término “tutorial” que desplazará en breve ─dado el tradicional apego que tenemos en este país a las expresiones que nos llegan del extranjero─ a las de “ayuda”, “asistencia”, “guía”, “programa de aprendizaje”, “manual de instrucciones”, “normas de uso” e incluso a ”reglamento”. Pues vale.

Al parecer esta práctica no es de ahora, viene de tiempo atrás y se valen de ella estultos de variada procedencia. Fijaos lo que dice Erasmo de Rotterdam en su libro “Elogio de la estupidez”, escrito en 1511: “Los rétores de nuestra época, que directamente se creen unos dioses, si se muestran con dos lenguas ─como las sanguijuelas─ y consideran hazaña ilustre el insertar en discursos latinos algunas palabritas griegas, como si fuese un mosaico, aunque no sea ése el lugar más adecuado para ellas. En consecuencia, si les faltan palabras extranjeras, arrancan de unos pergaminos podridos cuatro o cinco términos antiguos con los que arrojan oscuridad sobre el lector, como es evidente, para que quienes las entiendan estén cada vez más satisfechos de sí mismos, y quienes no, se asombren tanto más cuanto menos comprenden”. Y termina reprobando: “El mayor placer de los estúpidos es admirar más lo que es de fuera”. Ni que decir tiene que todas las obras de Erasmo fueron censuradas e incluidas en el “Índice de Obras Prohibidas” por el Concilio de Trento.

El futuro de las librerías (2)

Categoría (El libro digital, El mundo del libro, General) por Manu de Ordoñana el 08-11-2011

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Decíamos ayer que el futuro de las librerías es incierto, al menos tal y como hoy está estructurado el negocio. Si entras en una librería de tipo medio, te encontrarás siempre con miles de libros expuestos en estanterías monumentales a la espera de que un lector incauto se digne fijarse en alguno, lo extraiga de la hilera y lo hojee. Pero este acto no es definitivo, no se traduce en una compra: la mayoría de las veces lo devuelve a su lugar primigenio con un gesto reprobatorio para justificar su albedrío, si presume que un empleado lo está observando con el rabillo del ojo.

Probablemente, la rotación de existencias en una librería tradicional sea de las más bajas que existen en el ámbito empresarial y eso tiene un coste financiero que no siempre se valora. No digo que todo ese gasto sea por cuenta del librero, quizá se reparta entre toda la cadena: editor, distribuidor y punto de venta. Pero eso no evita que a uno eso le parezca un procedimiento irracional. La única forma que existe para financiar ese sobrecoste es subir el precio para incrementar el margen. Eso es lo que se ha hecho, ése ha sido el error. Al final, el libro no deja de ser un producto de consumo y no un artículo de lujo.

En un escenario de superproducción ─cada vez se editan más títulos y se venden menos libros─, junto a una contracción de la demanda, el librero ha de incidir en su función de valorar, filtrar y aconsejar a sus clientes, algo que muy pocos hacen. Y no sólo eso. Debería de asumir también la labor de enseñarles a descargar un e-book, a comprarlo en Internet y a verlo en cualquiera de los dispositivos de lectura, es decir, incorporar el libro digital a su tienda como un complemento al libro impreso, en un afán de cambiar los hábitos de lectura ─y de aprendizaje: quizá eso sea lo más importante─, lo que probablemente para algunos será una herejía. Por eso, hablamos de una nueva definición.

Una librería que se limite a mantener el modelo actual tiene ese futuro incierto del que hablábamos al principio. Tendría que especializarse, reducir el número de volúmenes expuestos, limitarse a mantener existencias de los más vendidos y, al mismo tiempo, garantizar la disponibilidad de cualquier título en un plazo máximo de 24 horas, para lo cual tendría que contar con el soporte de un distribuidor local con reparto expreso, a la manera en que funcionan las centrales farmacéuticas.

Se trataría de que el librero creara una red social en la que él expusiera sus opiniones sobre las últimas novedades, recomendara los títulos más sugestivos en cada género y tuviera una comunicación interactiva con sus abonados ─lo cual le permitiría conocer sus aficiones─, un núcleo de clientes cautivos que convendrían en utilizar ese canal para adquirir el libro cuyo contenido les ha atraído y de hacer el pedido, cualquiera que fuere el formato, para recogerlo en la tienda si es físico ─con ese plazo de 24 horas, si no lo tiene en stock─, o para descargarlo de la red si es digital, en ambos casos, a través de su sitio en Internet.

¿Sabías que el 36,6% de las librerías tienen web propia (aunque supongo que muy pocas estarán concebidas como redes sociales)? ¿Sabías que el 20% de los que compraron un libro en 2010 consultaron en Internet antes de hacerlo? Pues este porcentaje es todavía pequeño, ya que el ROPO (Research Online Purchase Offline) supone un 60% de las ventas de productos de gran consumo, es decir, un 60% de la gente elige antes el producto en la red y lo compra luego en su establecimiento favorito, frente a un 20% que lo hace directamente online (tienda virtual) y otro 20%, exclusivamente offline (tienda física). ¿Se llegará con el libro a esos porcentajes?

El futuro de las librerías (1)

Categoría (El libro digital, El mundo del libro, General, Publicar un libro) por Manu de Ordoñana el 03-11-2011

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Predecir el futuro es un ejercicio arriesgado. ¿Podrá el libro digital imponerse al libro impreso, como auguran los entendidos y avala la evolución de ventas en cada uno de los sectores? La respuesta es ambigua ─al menos a corto plazo─, los dos tienen sus ventajas y sus inconvenientes. Lo que sí parece evidente es que, durante mucho tiempo, los dos formatos tendrán que convivir, repartirse el mercado y adaptarse a las peticiones del cliente. El resultado final dependerá de cómo cada uno se adecúe a las exigencias de la demanda.

Claro que muchas veces las estadísticas son engañosas: las ventas de libros en papel empezaron a decrecer bastante antes de que irrumpiera el libro electrónico:

  • Primero, porque la educación que recibe la juventud no está orientada a las humanidades, se limita a fomentar el conocimiento teórico y producir profesionales bien preparados para atender las necesidades del mercado de trabajo (lo cual es loable, es el papel que la sociedad moderna asigna a la universidad).
  • Segundo, porque la plebe es incapaz de librarse de esos programas basura que, de manera casi generalizada, nos depara la televisión, reduciendo el tiempo de lectura de los ciudadan@s y recortando sus facultades para disfrutar de un relato con cierto contenido intelectual.
  • Tercero, porque el precio que había que pagar por un libro ha sido, hasta hace poco, tan elevado que, en numerosas ocasiones, retraía al público de tan noble propósito, como es comprar un libro.

Fijaos que estoy hablando en pretérito y no en presente: me da la impresión de que las librerías han bajado los precios. No sé si esto es una apreciación objetiva o más bien una dilección. Si es verdad, vamos por el buen camino, los libreros se han dado cuenta del peligro que les acecha y han optado por escuchar la voz del comprador.

Esta actitud debería de ir acompañada de un nuevo ordenamiento en toda la industria editorial ─editores, promotores, distribuidores y puntos de venta─, para achatar la pirámide y hacer que el libro llegue directamente desde el escritor al lector ─desde el productor al consumidor, ¿os suena?─, eliminando la cadena intermedia que no aporta valor, de manera que el precio final sea proporcionado. En esta transformación, se me ocurre que la figura del “agente literario” debe jugar un rol determinante y convertirse en el protagonista único interpuesto entre el autor y la librería.

Los escritores ─no me refiero aquí a los consagrados, sino a los diletantes, los de “a granel”, con mérito suficiente para crear una obra digna capaz de despertar el interés de un público exigente que huye del “best seller”─ tendrán que acostumbrarse a cofinanciar la publicación de su obra ─esto le obligará a limitar su extensión a no más de 300 páginas, mejor 200─ y dejar el resto en mano del agente, que será el que contacte con las librerías, el que administre la parte comercial, sin renunciar por supuesto al formato digital con el que, como hemos dicho al principio, tendrá que convivir durante unos cuantos años.

Aun así, el futuro de las librerías es incierto. La metamorfosis tendría que ser más profunda, la concepción actual del negocio no parece razonable, habría que plantear otro modelo de organización más apropiado, abierto a las nuevas tecnologías, más en consonancia con el tiempo en que vivimos.                

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