La nueva ley de mecenazgo y las microdonaciones

Categoría (El mundo del libro, General) por Manu de Ordoñana el 01-08-2013

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La crisis económica ha creado enormes problemas a muchos ámbitos de la sociedad. Uno de los más perjudicados ha sido el mundo de la cultura, con los recortes que ha introducido la Administración para reducir el déficit, lo que le ha obligado a buscar nuevas fuentes de financiación… y a reducir su catálogo de actividades. El problema es que también los fondos privados andan escasos de recursos, con lo cual dos de las vías que contribuyen a su sostén hacen agua. La tercera es la autofinanciación, pero la subida del IVA y el descenso de los ingresos de las familias tiran también en la misma dirección. El panorama es preocupante.

No olvidemos que el Gobierno tiene la obligación de conservar el patrimonio artístico nacional, lo dice el artículo 46 de la Constitución, pero nadie le impide clausurar teatros y auditorios o retirar las subvenciones a las industrias del cine o a las empresas editoriales. Y parece claro que las directrices que se han marcado van por aplicar recortes a todas las partidas del presupuesto, sin hacer distinciones, así que no sería extraño ver a corto plazo cómo se cierran los museos, como se clausuran los teatros y cómo emigran los cineastas.

Al parecer, los dirigentes de este “paisito” confían en el mecenazgo, como una alternativa real a la financiación pública de la cultura, sin darse cuenta de que eso no es posible, sin modificar el estatuto jurídico de muchas entidades, que tendrían que convertirse en fundaciones para percibir donaciones con derecho a deducción fiscal para el sponsor, porque sin ella el sector privado no va a mostrar interés en ese tipo de inversiones cuyo retorno no provoca un gran entusiasmo, salvo el valor intrínseco que produce la filantropía.

Aun así el gobierno ha renunciado a aprobar a corto plazo una nueva ley de mecenazgo ─y es muy posible que no lo haga en esta legislatura─, a la espera de un equilibrio presupuestario, que no se alcanzará en unos cuantos años. Es preocupante constatar que el debate sobre la nueva ley se haya iniciado a raíz de este retraso y que sólo se invoquen razones económicas. Da la impresión de que la Administración pretende desatender su responsabilidad de financiar la cultura y trasladarla a la iniciativa privada, lo que provocará la creación de obras “dirigidas”, al gusto de quien las patrocina, en detrimento de las producciones “incómodas” que reprueban los abusos del poderoso.

Sólo Navarra se ha atrevido a avanzar por ese camino. A mediados de julio, su gobierno aprobó un anteproyecto de Ley Foral de mecenazgo cultural, que contempla desgravaciones que pueden llegar hasta el 50% de la cuantía subvencionada, con la particularidad de que se amplía el tipo de beneficiarios, ya que da cabida a cualquier empresa, institución, administración pública o particular, con la sola condición de que los proyectos sean declarados de “interés social”. El anteproyecto está abierto a un proceso de participación ciudadana hasta el próximo 15 de septiembre.

Volviendo a la ley nacional del mecenazgo, parece que el borrador está bastante avanzado, pero no cuenta con el favor del ministerio de Hacienda, ya que plantea un incremento importante de las deducciones del 25% (para empresas) y 35% (para personas físicas) hasta el 60-70% respectivamente, un porcentaje similar al que se aplica en Francia y Reino Unido. Además amplia la categoría de los receptores que ahora han de ser entidades sin ánimo de lucro y luego podrán serlo también las empresas y los autónomos, así como las temáticas de los proyectos, lo que supondría una merma importante en los ingresos del Estado.

La nueva ley de mecenazgo

Se comenta que la nueva ley podría incluir una modalidad de microdonaciones de hasta 150 euros con un 100% de deducción para el donante, una fórmula que podría ser de sumo interés para los escritores diletantes, sobre todo si el Estado alentase la sensibilidad ciudadana sobre la importancia que tiene la literatura en la formación de una sociedad culta e independiente.

Publicar una novela de 250 páginas puede costar unos 4.000 euros (2.500 por imprimir 1000 ejemplares, 300 por la portada, 1.200 por la corrección del texto y el maquetado por tu cuenta). Se trataría de encontrar 27 personas dispuestas a adelantar ese importe de 150 euros para cubrir el gasto inicial, a cambio de alguna compensación, quizá la sola inclusión del nombre del donante en una de las solapas del libro. ¿Sería tan difícil de convencer a la gente para tan noble menester, sabiendo que luego iba a desgravar la cantidad anticipada en su declaración de la renta? No me extraña que la nueva ley se retrase, quizá sine díe, sería demasiado avanzada.

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Derechos de autor. ¿Hasta cuándo y para quién?

Categoría (Derechos de autor, General) por Manu de Ordoñana el 25-07-2013

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En los últimos meses, apenas se escuchan comentarios sobre las consecuencias de la famosa “ley Sinde-Wert” que protege los derechos de autor contra la piratería en Internet, aprobada el uno de marzo de 2012, con la creación de una Comisión de Propiedad Intelectual con autoridad para cerrar aquellas páginas web que permiten las descargas de archivos protegidos. Claro que noticias de más enjundia ocupan hoy la atención del ciudadano hispánico…

Desde su puesta en marcha un mes más tarde, la comisión ha recibido 361 solicitudes de inspección de contenidos ilícitos. Si descontamos las 200 denuncias que interpuso el músico y miembro de la SGAE, Eme Navarro, para denunciar la inutilidad de la ley y otras 46 que fueron archivadas por defectos de forma, quedan 115 restantes, de las cuales 90 siguen en fase de investigación y 25 terminaron en acuerdo, al ser retirados los contenidos, salvo dos casos en que se produjo la intervención judicial.

Al final, ¿ha merecido la pena organizar tanto lío para conseguir unos resultados tan apurados? ¿A qué se dedican de verdad los diez miembros que forman esta comisión, entre titulares y suplentes? A mí me sorprende la enorme capacidad que tiene el legislativo de este país para perder el tiempo. Aprobar normas de redacción farragosa, texto ambiguo y utilidad incierta es una de las tareas a que se aplica con esmero la clase política española. Porque no sólo es esta ley, otras muchas han visto la luz tras largas discusiones sin que luego hayan tenido repercusión alguna en la solución del problema que se pretendía resolver. Pero volvamos a nuestro caso y analicemos el procedimiento:

  • Si un titular de derechos considera que una página web utiliza sus obras sin permiso podrá denunciar a su propietario ante la Comisión, que tendrá un plazo mínimo de veinte días y máximo de tres meses para tomar su decisión.
  • Si el acusado la cierra, el procedimiento queda archivado.
  • Si no lo hace, la comisión podrá actuar al respecto 72 horas después de que el  Juzgado haya pronunciado su fallo en contra.

Lo notable del caso es que el juez que decide el cierre de una de esas páginas no tiene autoridad para analizar la vulneración del derecho ni el perjuicio causado y debe aceptar la decisión tomada por la dicha Comisión, cuyos miembros han sido nombrados por el gobierno. Y más notable todavía es que el Tribunal Supremo haya validado el procedimiento y se haya limitado a anular la posibilidad de abrir otras vías judiciales contra el intruso, en caso de retirar el contenido denunciado. Algo es algo…

Logo del manifiesto

No es de extrañar que esta curiosa ley haya sido recibida con frialdad por una buena parte de los autores y la protesta generalizada de los internautas, que llegaron a recurrir el reglamento ante el Tribunal Supremo, además de publicar el manifiesto: “En defensa de los derechos fundamentales en Internet”. Y tampoco que haya estado en el punto de mira de EE.UU. que, a primeros de año, estuvo a punto de incorporar de nuevo a España en la lista “301”, por la precariedad de la ley y las deficiencias observadas en el funcionamiento de la comisión encargada, pero que luego quedó en aguas de borraja… por el  momento.

Siempre he defendido el derecho que tienen los creadores a percibir un canon y la obligación de los usuarios a cotizar por el disfrute de su obra. Lo que cuestiono es el enorme beneficio que el negocio produce a la industria multinacional y su privilegio a conservarlo para toda la eternidad (o casi). No hay ningún reconocimiento a la Humanidad por su aportación a la llegada de un genio, a pesar de que la tiene y grande. Parte de esa ganancia tendría que revertir sobre la colectividad, al menos cuando el artista desaparece. Al parecer, eso sólo ocurre cuando han transcurrido setenta años después de su muerte. Mientras tanto, los ingresos que genera su obra revierten a sus herederos que disfrutan de una regalía sin haber tomado parte alguna en su génesis y lo que es peor, poseen el poder absoluto para decidir qué hacer con ella, incluso hacerla invisible.

Durante este último mes, he estado ocupado en el diseño de la portada de mi segunda novela (se titula ”Vivir de rodillas” y saldrá a la venta a finales de agosto). Es un relato que tiene como telón de fondo la “Guerra Civil Española en el País Vasco”, razón por la cual creí conveniente incluir en ella algún detalle del “Guernica” de Picasso. El diseñador encargado del trabajo me advirtió que tuviera cuidado, que la entidad que gestiona los derechos de autor del artista malagueño arremete contra cualquier tipo de reproducción sin permiso de su obra, ya sea la totalidad de un cuadro o sólo una parte y, para confirmarlo, me mostró un artículo aparecido en “El País” hace dieciséis años bajo el título “La entidad que gestiona los derechos de autor de Picasso recauda 300 millones (de pesetas, se supone) al año”. Desistí de la intención, pero nade me impide proclamar que me resulta abusivo el proceder de Claude Ruiz Picasso, hijo del pintor ─un apasionado de las carreras automovilísticas y un coleccionista de fotografías contemporáneas─ que preside la sociedad con afanes de lucro, la única habilitada para administrar el patrimonio legado por su padre hasta el año 2043.

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El Mataburros. Surgir efecto

Categoría (El Mataburros, General) por Manu de Ordoñana el 18-07-2013

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Un lector ha visto escrita la expresión “surgir efecto” y pregunta si es correcta; él opina que hay que decir “surtir efecto”… y parece que tiene razón.

La primera acepción que ofrece el DRAE para el verbo ”surtir” es “proveer a alguien de algo” ─además de “brotar, saltar, o simplemente salir, especialmente hacia arriba”─, con lo cual es válido decir “surtió efecto la medida, el remedio, el consejo” para confirmar que se obtuvo el resultado esperado. Joan Corominas, en su Breve Diccionario Etimológico de la Lengua Castellana dice que “surtir” ─voz emparentada con el sortir catalán, occitano o francés ─ya se utilizaba en 1590 en el sentido de producir (efecto),

Por el contrario, el propio Corominas apunta que el verbo “surgir” se empieza a utilizar a partir del siglo XVIII para designar acciones como “alzarse”, “aparecer”, pero con la connotación marítima de “estar fondeada una nave”: “navis surgit in portu”, para anunciar que la nave aparece, se levanta en el puerto, es decir, “está quieta allí, está fondeada”. Más tarde, se fueron añadiendo nuevas interpretaciones, de forma que el DRAE le adjudica hoy tres significados: Surtir, brotar hacia arriba el agua; dar fondo una nave; y aparecer, brotar, manifestarse. Todas ellas son de carácter intransitivo y no permiten la compañía del complemento directo, con lo cual se hace difícil admitir “surgir efecto”.

El verbo “surgir” proviene del latín “surgere”, formado con la raíz del verbo regere (dirigir, conducir, regir, gobernar) y el prefijo “sub”. Soporta tres traducciones de carácter intransitivo (elevarse, levantarse, ponerse en pie, salir de la cama; crecer, engrandecer, aumentar; y brotar, nacer, aparecer) y una de transitivo (izar, levantar, elevar), como “caput surgere” para “levantar la cabeza”. Por este lado, llegamos también a la misma conclusión.

Veamos lo que dice al respecto Carlos Arroyo en su Dicccionario de Analfañol: “Surgir efecto es una divertida transformación de la locución “surtir efecto” (dar el resultado esperado), por la cercanía ortográfica y semántica entre los verbos “surgir” y “surtir”, que ha obtenido numerosos adeptos en la prensa nacional: «Su enseñanza surgió efecto (El País)», «Esta amenaza surgió su efecto y los agentes se marcharon (El Mundo)». «El batería de Metallica demandó a Napster, pero no surgió efecto (ABC)». «Los italianos se pasaron un poco riendo en la cara de su rival, y la provocación surgió un efecto (El Mundo)».

El diario deportivo AS, en su edición del 1 de mayo de 2013, nos informa que el futbolista del Celta Iago Aspas fue indultado por el Comité de Complicación y podrá jugar el próximo partido de Liga frente al Athletic, tras aceptar las alegaciones presentadas por el club vigués. La iniciativa surgió efecto y los peñistas adquirieron el 83 por ciento de las localidades despachadas, hasta que se agotó el papel.

También el diario ABC utiliza la misma fórmula en su edición del 3 de abril de 2013, para explicar el origen de la palabra “escrache”, que tan de moda se ha puesto ahora en España. El periodista Israel Viana afirma que el término se empezó a utilizar en Argentina, en 1995, para designar el espectáculo que el pueblo solía montar frente a la casa de los responsables de los asesinatos de la dictadura, que no habían sido juzgados: “El escrache pronto surgió efecto, pues Magnacco ─encargado de los partos de las mujeres detenidas en la Escuela de Mecánica de la Armada─ fue despedido y su comunidad de vecinos le pidió que se marchase. Esta práctica siguió “surgiendo efecto” durante el “corralito” de 2001 y se convirtió en una forma de expresar el descontento y la reprobación hacía los políticos y los directivos de los bancos que habían quebrado, abarcando otros delitos como la corrupción. La sufrió incluso el presidente Fernando de la Rúa y los miembros de su Gobierno, a quienes consideraron responsables de la ruinosa situación económica del país.

El Mataburros

Naturaleza de la novela

Categoría (Estafeta literaria, General) por Manu de Ordoñana el 11-07-2013

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Siempre he tenido la impresión de que lo que hoy entendemos por novela, más que un género autónomo, de rasgos claramente definidos y de formación y desarrollo perfectamente delimitados en el tiempo, tiende a ser considerado un producto de aluvión, fruto residual de la evolución de una serie de géneros hoy desaparecidos, epopeya, cantares de gesta, leyendas, libros de caballerías, etc. Es decir: un género de contornos desdibujados, a diferencia, por ejemplo, de la poesía o el teatro, cuya mera mención evoca un concepto incuestionable”. Con este párrafo tan sugestivo inicia Luis Goytisolo (Barcelona, 1935) su libro “Naturaleza de la novela”, premio Anagrama de Ensayo 2013.

Etructura de la novela

Luego su lectura nos descubre que más que el análisis de su estructura, el autor se aplica en investigar el origen de la novela y estudiar su evolución a lo largo del tiempo. El género surge en Occidente como fruto de una lenta y difícil conjunción de las diversas modalidades literarias del mundo grecolatino, por un lado, y de la vida cotidiana impregnada de Cristianismo duranto la Edad Media .

Con la invención de la imprenta, se inició la difusión de los Evangelios ─hasta entonces reducida a los púlpitos y los altares─ en lengua vulgar y en forma de libro, susceptible de ser leído en privado. Por primera vez, los textos sagrados, convertidos en relatos valorables desde un punto de vista literario, propiciaron la formación de un público ─aunque reducido─ capaz de apreciar planteamientos estéticos y conceptuales más avanzados que los que ofrecía la literatura medieval, para hacer posible el nacimiento de un nuevo género llamado novela.

Pero es que además, esos relatos narraban hechos conocidos ─escenas de los tres años de vida pública de Jesucristo─, hechos que resultaban familiares, debido a la educación recibida, muy cercanos a los principios que rigieron la vida cotidiana hasta ese momento. Esa sensación de proximidad que experimenta el lector al acercarse al nuevo género le hace sentirse cómodo, tiene la impresión de entenderlo todo, lo que explica el éxito que alcanza la novela a partir de Erasmo.

La recuperación de la cultura clásica como aportación enriquecedora a la concepción cristiana del periodo anterior hizo que el Humanismo triunfara, y aunque ese triunfo fue conducido por una minoría ilustrada, el resultado fue terminante, ya que esa élite tenía en sus manos todo el poder para influir en la sociedad e imponer el cambio de costumbres, un cambio que afecta tanto a la estructura de la novela como a sus contenidos:

• A la estructura, a través de una serie de matices expresivos y técnicas narrativas nunca utilizados hasta entonces, como el uso de la primera persona, imposible de utilizar en la literatura oral, por la confusión que se originaría entre la figura del protagonista y la de quien cuenta la historia.
• A los contenidos, al explorar nuevos argumentos que pierden su carácter sagrado para hacerse más mundanos, como consecuencia de la secularización de la vida cotidiana y las secuelas que provoca la ruptura de la unidad religiosa.

Así aparece primero El Decamerón, en el siglo XIV, le sigue La Celestina, a finales del XV, y más tarde Lazarillo de Tormes, cuya edición más antigua data de 1554, obra que contiene ya en potencia todos los elementos clave de la novela picaresca, cuyo cultivo no tardaría en extenderse por toda Europa. La piedra angular y, como tal, punto de partida de este nuevo género es, sin duda, El Quijote, un relato en prosa que deja de ser una mera sucesión de actos, hechos y palabras, para dar relieve al entorno y valor al lector, con el fin de no condicionarlo ni imponerle su opinión acerca de la conducta de los personajes.

La consolidación de la novela como género literario se alcanza en el siglo XIX, merced a la concreción de sus rasgos más característicos y a su aceptación por un público lector mucho más amplio que en cualquier época precedente, coincidiendo con el auge del romanticismo, sin que ello presuponga que ambos fenómenos estén asociados.

Y en el siglo XX, la novela alcanza su punto culminante, invadiendo otros muchos ámbitos de la creación literaria, como la poesía y el teatro, al introducir una serie de variantes que van desde el objetivismo o visión cenital al uso más versátil de la primera persona, a un punto de vista expresado en tercera persona o a una transcripción más fiel del pensamiento, el llamado monólogo interior. Es decir, la aplicación de un nuevo estilo para llegar al suprarrelato, con objeto de conseguir el impacto emotivo en el lector, un elemento que no puede faltar en los bestsellers, obras de lectura fácil que, más que hacer pensar, son amenas, entretenidas, de las que “atrapan”, orientadas al gran público y que aportan ingresos millonarios a su autor, cuyo objetivo pasa a ser el de ganar dinero, en detrimento de escribir una novela de calidad.

Ahí empieza el declive. Tras cuatro siglos de esplendor, el futuro de la novela plantea serias dudas. En eso, Goytisolo es poco optimista. Pero este pensamiento bien merece un artículo específico.

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Piratería de libros en la web

Categoría (El libro digital, El mundo del libro, General) por Manu de Ordoñana el 04-07-2013

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Algunas voces mencionan la piratería como una de las causas que explicaría el retraso de la industria editorial española para adaptarse a los cambios profundos que ha ocasionado la llegada de Internet. Parece como si la caída de ventas que experimenta el sector todos los años se debiera exclusivamente a esa razón y justificara esa dejación, cuando debería ser todo lo contrario. La empresa tradicional no ha apostado por el ebook, parece estar esperando a que el mercado se consolide, sin darse cuenta de que cuando quiera reaccionar, ya será tarde.

pirata

Es verdad que la demanda de libros digitales no arranca en España. No hay datos oficiales, sólo se sabe que un 11,7% de la población de más de 14 años ha leído al menos un libro digital en el último trimestre y que un 9,7% de ciudadanos posee un e-reader. Se supone que la irrupción de tabletas y smartphones de nueva generación provocará un crecimiento de la demanda, aunque resulta difícil su cuantificación. Como referencia, en EE.UU, el libro electrónico factura 3.000 millones de US$ ─el 20% del total─, con un crecimiento del 44% en 2012 respecto al año anterior.

¿Por qué se venden tan pocos ebooks en España? Unos apuntan a que su precio es alto, otros al desconocimiento de la tecnología por parte del usuario y otros… a la piratería. El estudio “Hábitos de lectura y compra de libros en España 2102” afirma que sólo un 32% de los que poseen un e-reader los compra pagando, pero no todos, sólo el 45%, ya que el otro 55% lo hace gratuitamente, con lo cual estaríamos hablando de un más del 80% de copias de balde, un porcentaje que resulta excesivamente alto y que el concepto de gratuidad en la web no ayuda a remediar.

Sin embargo, por lo que veo en mi derredor, la piratería en el sector del libro no parece ser importante, sobre todo si su precio es asequible. No creo que esta práctica pueda causar un perjuicio tan importante a la industria editorial que,según su su portavoz, ha dejado de ingresar por ello 250 millones de euros, es decir, un 14% de su facturación. Frente a ese dato, Manuel Gil estima que ese porcentaje no supera en ningún caso el 2,4% y que más bien se sitúa en torno al 1%, según un artículo publicado en su blog el 4 de marzo de 2013, en el que explica la forma en que hace su cálculo.

Se produce así una curiosa paradoja: por un lado, el mundo del libro afirma que la piratería digital le provoca unas pérdidas multimillonarias y es una de las causas de la crisis que padece y, por el otro, no tiene inconveniente en reconocer que el mercado electrónico es todavía pequeño y que no merece la pena hacer un esfuerzo empresarial para posicionarse en él, hasta el momento en que explote y sea masivo el consumo de e-books.

La respuesta que se les ha ocurrido es tan sólo defensiva: implementar sistemas anticopia ─como lo hizo la música con éxito casi nulo─, para evitar que los usuarios compartan la lectura, ofreciendo archivos defectuosos que no se pueden prestar. Con ello, han conseguido el efecto contrario al deseado: el lector se baja un libro de Internet gratis y sin ninguna limitación para, si le gusta, pasárselo a sus amigos sin dar explicación alguna.

Se puede entender que el sector ofrezca resistencia al cambio, pero no que lo rechace de plano. Una transformación de tanto calado como la que está provocando la teconología digital en la esfera del libro debería haber tenido una reacción contundente, una aceptación inmediata de las nuevas reglas que rigen el mercado y no una respuesta tan tibia que ─salvo excepciones─, se ha limitado a poner el grito en el cielo contra la piratería, para justificar así su impotencia a enfrentarse al verdadero problema que es la reconversón hacia nuevos modelos de gestión.

Otra cosa es la discusión que ha surgido sobre la gratuidad en Internet. No creo yo que esta sociedad salga reforzada si todos los contenidos que viven en la nube se puedan descargar sin pagar un céntimo. Habría que encontrar un justo término medio para que todos los que aportan valor puedan seguir viviendo, no sólo los autores, también los productores y quizá reducir el papel de los intermediarios. Ya hemos tratado esta cuestión en artículos anteriores, no merece la pena volver a esa discussión.

¿Y cómo influye el nuevo paradigma sobre el escritor diletante que sólo pretende ver su novela publicada y expuesta en la estantería de novedades de las librerías de la ciudad en que reside? Todo cambio trae consigo una amenaza para el que permanece anclado en la tradición, pero también una oportunidad para el osado que percibe los carriles inexplorados que el nuevo escenario esconde: “Hazlo todo tú”, verás que el recorrido es gratificante, aprenderás cosas nuevas y, a poco que te esmeres, conseguirás un resultado que difícilmente habrías logrado si te hubieras embarcado en el buque de la tradición.

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Categoría (El mundo del libro, General) por Manu de Ordoñana el 27-06-2013

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El laboratorio de ideas sobre el libro publicó el mes pasado el informe “Primera oleada sobre el panorama del libro en España 2013”, un diagnóstico basado en las respuestas que han dado 113 especialistas para conocer el posicionamiento de la industria editorial española en el marco de una sociedad globalizada en la que el avance de la tecnología ha dejado atrás antiguos esquemas que, en su momento, sirvieron para dar esplendor a un sector que consiguió éxitos  notable, pero que hoy está sumido en una profunda crisis de la que nadie sabe cómo salir. He aquí algunas de sus conclusiones y algunas posibles soluciones:

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Perplejidad en el mundo editorial. Existe una actitud de desconcierto y cierto desasosiego ante el nuevo y cambiante panorama socio-comercial en el mundo editorial, cuyas consecuencias no se identifican con claridad, aunque se sabe que las prácticas y los hábitos ya no responden al modelo tradicional que ha servido al sector para alcanzar la importancia que tuvo en su momento. El libro y la lectura electrónicos parecen escapar al conocimiento de los encuestados.

Confusión sobre el papel a jugar. Se percibe una cierta desorientación sobre el rol que deben desempeñar los agentes del libro, y especialmente las editoriales, en un entorno que se está transformando profundamente. Algunas voces la atribuyen a la dificultad que la nueva generación de directivos encuentra para comprender la revolución que se ha producido con la irrupción del e-book y afrontar los cambios que el negocio precisa.

Apuesta tibia por el escenario digital. Aunque la intención es clara y decidida, la adaptación al nuevo escenario es lenta, expectante, en contraste con los veloces cambios que se producen en Internet. No hay una voluntad firme de transformar las organizaciones para priorizar el libro electrónico, sólo esperar a ver qué pasa y adaptarse al modelo que se imponga. El uso de las redes sociales para su promoción y difusión es todavía un proyecto que muy pocos han puesto en marcha.

Falta de recursos para reformular el modelo de negocio. Como consecuencia de esta actitud confusa, se detecta cierta limitación técnica para posicionarse en la red. Sólo los grandes grupos editoriales han prestado atención a este mercado ─aunque con suspicacias notables, no exentas de conservadurismo─,  a pesar de que la oferta de contenidos de descarga inmediata podría suponer una ventaja competitiva para las empresas pequeñas y medianas.

Información incompleta sobre el sector. Aunque son muchos los informes que las distintas instituciones y gremios producen, no hay una puesta en común de las fuentes que permita hacer un análisis crítico de la situación y disponer de datos transparentes. La opacidad dificulta el análisis sobre las nuevas prácticas de lectura, los modelos de gestión empresarial adecuados o su vinculación con la financiación pública. En España se publican más de 60.000 títulos nuevos (sin contar la autopublicación, un fenómeno en alza), una cantidad excesiva que podría tener su explicación en la subvención pública.

Una legislación impropia. La actual legislación sobre el libro supone una desventaja competitiva respecto a otros países, tanto por los problemas derivados de la obligatoriedad de un precio fijo ─aun a sabiendas de que su liberalización beneficiaría a las grandes superficies en detrimento de las librerías─, como por el tipo de IVA que soporta el libro digital (21%) frente al libro impreso (4%), además de la escasa protección ante la piratería y la penetración de multinacionales con sedes en países de fiscalidad atenuada.

Formación reglada de especialistas. Al no existir en el mercado profesionales especializados en el sector editorial que respondan a las nuevas exigencias tecnológicas, los expertos consultados creen que una formación reglada sobre la materia (edición digital, marketing editorial, visibilidad en redes sociales, comercio electrónico, plataformas de distribución virtual y de agregación de contenidos, negociación con intermediarios o propiedad intelectual y nuevas modalidades de contrato) sería la fórmula más adecuada para solucionar el problema. Tal sentir parece vincularse a la casi inexistente existencia de unos saberes académicos que acrediten la capacitación de los agentes vinculados al ámbito del libro.

Fomentar el hábito de lectura. Los expertos reclaman dirigir la mirada hacia el elemento final y fundamental de la cadena del libro: el lector. El desconocimiento de los hábitos de lectura, poco analizados, al menos de forma directa ─cosa que a mí me sorprende enormemente─, hace que la oferta no esté adecuada a la demanda. A este respecto, se apunta la importancia que tienen las bibliotecas públicas en la creación de nuevos clientes ─aunque algunos cuestionan su sistema de préstamos electrónicos─, así como el interés de poner en marcha campañas de educación social para promocionar las prácticas culturales en general y la lectura en particular.

Potenciar el mercado iberoamericano. La presencia en los mercados de habla hispana es pequeña (incluso de las grandes editoriales). No se ha explotado debidamente ese activo que, por otra parte,  contribuiría a la defensa del patrimonio lingüístico y cultural de la lengua castellana. Se propone la creación de una institución que represente a todas las empresas del sector, una especie de Academia del Libro Iberoamericano, como motor para dinamizar la formación tecnológica y generar proyectos innovadores a nivel internacional, que debería contar con la colaboración de las instituciones públicas, a condición de garantizar su independencia.

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